martes, febrero 05, 2008

La vida traicionera de los fotogramas

Ésta es la escenita por la que llevábamos suspirando (sí, lo confieso, la mitad de mí también suspiraba) cienes y cienes de seguidoras de L desde el final de la 2ª temporada, gracias a la pericia de las guionistas, que fueron alimentando el morbo a base de píldoras convenientemente dosificadas, durante más de una docena de capítulos. Y lo que te rondaré, morena clara, porque esto no acaba aquí, ¿eh?, lo sepáis.
(Quienes no hayáis llegado a la 5ª temporada, abstenerse de da-y al play)
Escenita que, convenientemente aliñada con la iluminación y música adecuadas, va directamente al núcleo duro de nuestras emociones. Emociones que hemos ido construyendo desde la más tierna infancia conducidas, de forma sibilina, por la literatura, el cine, la publicidad, las revistas para adolescentes, las canciones..., y que, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera hemos revisado.
Cienes y cienes de lesbianas de la aldea global, y alguna hetero que otra, nos hemos derretido, emocionado, convulsionado y aplaudido hasta con las orejas al comprobar que sí, ¡leches!, que se quieren, que todavía tienen una oportunidad de volver a reconstruir la ¿ferpecta? pareja que fueron, que el amor verdadero siempre triunfa antes de leer el the end, que por mucho que se empeñen algunas descreídas (fracasadas emocionalmente, sin duda, y solas), la media naranja no es un mito, que, incluso entre las lesbianas, puede darse una relación como ésta: estable, monógama y con proyección de futuro.
¿He dicho pareja ferpecta? Sí, lo he dicho. Rebobinemos. Examinemos el modelín a la luz de la consciencia.
Una, Bette Mariaperfecciones Porter, lleva las riendas de la relación, sostiene la familia con su trabajo, proteje a su señora hasta de sí misma (aunque mirar, lo que se dice mirar, mira muy poquito para ella), la cuida, la mima, le concede todos los caprichos, y hasta la mantiene para que ella, su señora, pueda preparar su cuerpo y su mente para tener descendencia y, así, crear una familia como mandan los cánones. Claro que, llegado el momento y aplastada por el peso de su propia desolación (pierden la criatura que esperaban) y la de la suya, y abrumada por tanta responsabilidad, no le queda por más que echar unos polvos de escándalo con una carpintera cañón que se le pone a tiro.
Otra, Tina Marujaconvencional Kennard, abandona una prometedora carrera como ejecutiva agresiva para dedicar su tiempo y su vida a la concepción de esa criatura que colmará los sueños de ambas. Mientras, que si al gimnasio, que si salir con las amigüitas, que si risas y empujones, que si jugar a las cocinitas (limpiar, limpia la asistenta), que si anteponer sus propias necesidades a las de su señora, pero pasar de ellas en quinta... En fin, lo que se dice el paradigma de la esposa ferpecta.
Pero, claro, de que se da cuenta de que la suya se la está pegando con la carpintera cañón, rompemos la baraja y, a otra cosa, mariposa.
¿Es éste el modelín que queremos? ¿Es esto a lo que, verdaderamente, aspiramos? Y, a mayores, ¿nos creemos que hemos llegado hasta aquí solinas, sin ningún tipo de influencia exterior?

jueves, enero 31, 2008

La vida incoherente de las ideas


Hela aquí, helas de ele. La pareja lésbica perfecta. El paradigma bolleril por excelencia. La que todas querríamos ser, o tener.
Convivencia, estabilidad (económica, social, emocional...), materialización del éxito (personal, social, económico), monogamia garantizada por decreto, persistencia en el tiempo, continuidad genética, transmisión de la propiedad y los valores (morales)... Resumiendo, la glorificación del único modelo admitido por los valores de la sociedad patriarcal imperante: la familia tradicional cristiana que defienden a ultranza las cúpulas peperas y eclesiásticas.
Un siglo de lucha feminista; la reivindicación de la diferencia; el orgullo gay; la construcción de la identidad; los esfuerzos, casi siempre infructuosos, por lograr la igualdad de derechos y oportunidades, el lugar que nos corresponde, a las mujeres, en el ámbito público y en el privado; decenas de años (y los que te rondaré, morena) intentando conseguir la independencia, la autonomía personal, emocional, económica y social, y la valoración de las tareas tradicionalmente femeninas, para hacerlas extensivas a ambos sexos; el cambio de concepto en la masculinidad y la feminidad alejadas de estereotipos perniciosos...
Y llegan estas dos, y babeamos (yo la primera, o la última, que tampoco es plan de pelearse por el orden). Y justificamos (yo no, pero bueno, vale) la opción de Tina, en aras de una maternidad responsable. Y agonizamos (yo también) cuando presenciamos el deterioro y el final de su relación paradigmática. Y condenamos la infidelidad de Bette con la carpintera, pero disfrutamos (en silencio) con el morbazo que nos da. Y odiamos a Helena Peabody. Y se nos abren las carnes (las mías, en canal) cuando se reconcilian para tener juntas a su hijita. Y maldecimos a Jodie (yo no, pero ése será tema de otra entrada). Y castigamos (castigan las guionistas, pero nosotras asentimos complacidas), ora a Bette, ora a Tina, ora a ambas. Y clamamos por su reconciliación definitiva, y una sexta temporada consagrada a la materialización de su amor eterno. Y sólo queremos que nos devuelvan (really, me too) al sueño imposible del amor romántico.

sábado, enero 26, 2008

La vida reveladora de los fotogramas


El jueves pasado, durante la cena a la que lo invité por haberme ayudado a solventar mis problemas con los capítulos mudos de L, discutía con el mi hombrón, el tema de los referentes homosexuales en el cine. Él, que ya había hablado del tema con la suya, con quien yo lo había comentado previamente, venía dispuesto a rebatir todos mis argumentos y destrozarlos, uno a uno.
Una buena historia de amor, por ejemplo, dijo con la rotundidad de quien se ha preparado el temario, no tiene sexo, ni condición. Por ejemplo, en Brokeback mountain, yo mismo..., y bla, bla, bla.
¡Cooooo-rrecto! Nada que objetar. Brokeback mountain. Y, nada menos que dirigida por Ang Lee. ¿Qué coño pedimos? Si es que protestamos de puro vicio, ¡leches! Y eso que él no sabe, o creo que no sabe, nada de Media hora más contigo, La memoria de los peces, Fish, A mi madre le gustan las mujeres, etcétera. Que si llega a ser consciente, vamos, que me trago mis argumentos a palo seco, sin una sola gotita de vino.
Pero, tiene razón, el mi hombrón. Ayer mismo pude comprobarlo, una vez más, en esta maravillosa película: el mundo cinematográfico está lleno de referentes femeninos, plagado de espejos en los que mirarme y ver reflejado el miedo, la indefensión, la inseguridad, el drama, la lucha, la rebeldía, la resignación, el dolor, la incomprensión, la ilusión, la solidaridad, la supervivencia, la alegría, la complicidad..., la gloria de ser mujer en un mundo de hombres.

miércoles, enero 23, 2008

La vida cómplice de las palabras




Esta mañana, mientras mi terapeuta alternativa se esforzaba por deshacer los nudos de mi maltrecha musculatura y armonizar mi espíritu con un profundo, efectivo y doloroso majase shiatsu, tuvimos que hablar, largo y tendido, del suicidio de Ojos Verdes y , ¡oh, sorpresa!, de L. Fue ella la que me tiró de la lengua, que conste. Habla, habla, me dijo, así te centras menos en lo que te estoy haciendo. Lo que me estaba haciendo era ver las estrellas con esas manos que tiene que, a veces, parecen garfios clavándose en mis carnes morenas. Salgo nueva, la verdad, pero pasar, hay veces que las paso de a kilo. Hoy, por ejemplo.
Pero, vamos a lo que vamos.
Cuando le conté lo de Ojos Verdes, le dio la risa floja. Luego me felicitó efusivamente. No hay comparación entre la tu Bette y O. V., afirmó rotunda. Más no digo.
Ya la he apuntado en la lista para dejarle todo lo que tengo, porque ha visto unos pocos capítulos deslabazados y, en sabiendo que los tengo, ya le tarda empezar desde el principio y acabar por el final, así se le duerma su novia, que es de mucho dormir y a sus horas, por las esquinas.
Según íbamos desgranando los temas y yo le contaba la beneficiosa influencia que está ejerciendo la susodicha serie sobre mi ánimo, ella escribía y escribía en mi ficha. Y debió gustarle lo que oía, porque sólo me puso cuatro flores para mi ración semanal: agua de roca, genciana, nogal e impaciencia (de ésta no me libro ni queriendo).
Si no fuera porque lo que es, me hubiera ido a tomar una infusión al Planet, para completar el tratamiento.

sábado, enero 19, 2008

La vida expiatoria de las palabras, y los actos


Se me ha muerto Ojos Verdes, así, de repente, en una semana. Para ser más exacta se me ha hecho el harakiri ella solita.
Sé que habrá alguna que piense que ha sido Bette Porter la que ha empujado el puñal y se lo ha retorcido en las entrañas, o que, bajo su influencia, fui yo misma la que le dio el último empujoncito, pero no. La mi Bette ye demasiado buena como para perpetrar tamaño crimen.
El puñal se lo ha clavado ella misma, poquito a poco, pero con decisión y contundencia, en tres etapas, tres, como mandan los cánones.
No voy a entrar en detalles porque yo, como la mi Bette, soy buena, a la par que discreta y elegante, y no suelo hacer leña del árbol caído, pero estoy segura de que comprenderéis mis motivos cuando os diga que no puedo seguir perdiendo el tiempo con alguien que espera, como agua de mayo, a que llegue el viernes para ir a ver "Expiación: más allá del amor".

martes, enero 15, 2008

La vida endogámica de las relaciones lésbicas


(Aclaración gráfica al post anterior)
Clara tenía una novia oficial, Angus, con la que llevaba unos cuantos años de relación formal, salpicada por las innumerables infidelidades de Clara, de las que ella hacía caso omiso.
Güendy (con quien yo había mantenido, mucho tiempo atrás, una relación de casi tres años) y su novia Viky (a quien yo había tirado los tejos sin ningún éxito durante una crisis de las gordas con mi pareja de entonces) se habían hecho íntimas amigas de la pareja. Para añadir un poco de chispa a sus anodinas vidas, Güendy se lió con Clara y Viky lo intentó con Angus, alias Fielhastaelfinus. Pero a Viky le atraían muchísimo Clara y su BMW que Angus, que ni siquiera sabía conducir, por lo que, aprovechando que Güendy estaba de viaje por el Cono Sur, se lanzó al ataque, con la pretensión de que Clara dejara a Angus y a Güendy y así convertirse ella en la única copiloto de BMW.
Cuando Güendy volvió de su viaje y descubrió la jugada, montó en cólera, se libró por las bravas de Viky e inició su propia estrategia de acoso y derribo, con éxito intermitente.
Y ahí aparecí yo, recién salida de uno de mis habituales retiros espirituales, ajena a todo lo que se cocía por el ambiente ovetense. Y me enamoré perdidamente de Clara.
El centro de operaciones de todo este cacao era el Frida, el bar de Carmen (con quien yo tuve un corto, pero intenso affaire y que, a su vez, había estado liada, sucesivamente, y por este orden, con Viky y Güendy), que le tiraba los tejos a Angus mientras Clara y yo jugábamos al tenis, bajo la atenta mirada de Güendy, erigida en jueza de silla, y Angus se tragaba varios torneos de voley-playa por la tele.
Y hasta aquí puedo aclarar.

lunes, enero 14, 2008

La vida "literaria" de las palabras



Hace unos años escribí una autobiográfica y catártica novela, cuyo máximo valor fue permitir que me distanciara de la onda expansiva producida por el terremoto (9.9 en la escala Richter) que sacudió mi vida durante dos años largos.
La titulé Esperaré por ti y por tu bemeuve hasta los cincuenta, si hace falta, frase mítica que pronunció la amante con pretensiones de mi amante de entonces, causante del cataclismo, cuando intentaba ganarle la partida a su propia novia, mientras ésta realizaba un viaje por el cono sur, y, de paso, librarse definitivamente de la novia oficial de la susodicha, que interfería notablemente en sus planes.
Aparte del consabido repaso a mi agitada vida sentimental y, concretamente, a la relación que traía de cabeza a la totalidad de mis perjudicadas neuronas, describí, con pelos y señales, sin omitir detalle, el ambiente ovetense y el modus operandi de sus personajes más populares entre los que, modestia aparte, me encontraba.
Por razones que no vienen al caso, y después de un vano intento de publicación, la novelita quedó olvidada en un rincón dispuesta a dormir el sueño eterno.
Pero, héteme aquí que, por obra y gracia de una serie sobre lesbianas y demás mujeres, que estoy viendo esta temporada, y de la que ya os comentaré algo en otro momento, he decidido rescatar mi novela, hacerle una última corrección y dársela a Marcela, que lleva pidiéndome una buena temporada, a ver si se puede hacer algo con ella.
Os mantendré informadas.

sábado, enero 12, 2008

La vida monotemática de las palabras


Bueno, después de multitud de vicisitudes, de emplear hasta tres sitios de descargas diferentes, de pedir socorro a propias y extraños, de enterarme de la existencia del Hacha (y utilizarlo sin éxito, porque el capítulo que me bajé de Vagos, a través de rapidshare, a razón de cuatro descargas diferentes a intervalos de hora y media, era mudo), de utilizar el ordenador del curro para mis mariconadas, de mantener el mío encendido día y noche desde el lunes con la Mula y el Ares (que me había negado a utilizar hasta ahora) echando humo, me he hecho, ¡por fin!, con todos los capítulos de la 4ª temporada de L. Incluso los he grabado, ya, en DVD, y todo, no sólo para mí, si no para regalárselos a la mi amiga Marcela, a quien nunca agradeceré bastante el haberme hecho este regalazo.
Estoy exhausta. Exhausta y pelín ansiosa por empezar a ver el capítulo 7, que es por donde voy. Sí, lo reconozco públicamente, me he tragado los seis primeros a través de la pantalla del ordenador (mi moral es tan frágil y quebradiza que no pude resistir la tentación; con deciros que incluso vi dos sin sonido...). Capítulos que pienso volver a ver, como la señora que soy, cómodamente repantingada en mi sofá, en cuanto termine con este visionado, que para eso me he comprado un DVD de los que te leen hasta las galletas María.
Y hasta aquí puedo escribir. Vais a perdonarme que no os visite esta noche, pero pasa de que tengo que tirarme al sofá y la tele, mando en mano, a dejarme abducir.
Nota: Por si os lo estáis preguntando, sí, soy igual para todo, tenaz y persistente.

miércoles, enero 09, 2008

Nessun dorma



(Al final, llovió toda la tarde)

Nessun dorma
nessun dorma
tu pure, o, Principessa
nella tua fredda stanza
guardi le stelle
que tramano d'amore
e di speranza.
Ma il mio mistero e chiuso in me
il nome mio nessun saprá
No, no, sulla tua bocca lo diró
cuando la luce splenderá!

Volvemos a la rutina, bendita rutina. Levantarse tempranín (no tanto como Glora, gracias a Dios), ver amanecer, desayunar con el informativo, un trocito de mandala para armonizar el alma y prepararla para la jornada (esta mañana con el Intermezzo de Cavallería rusticana y Chi mi frena en tal momento, de Luccia de Lammermoor), el paseo por el parque con los peludos y El País, el reencuentro con mi equipo de trabajo, las horas de despacho, actualizar la agenda, reuniones y previsión de reuniones, y, al final de la tarde, la mirada azul, la sonrisa de Ojos Verdes y la presión su mano en mi antebrazo a modo de despedida.
Volvemos a la rutina. Bendita rutina.

sábado, enero 05, 2008

La vida atípica de los acontecimientos


Esta noche entré por la puerta de mi casa a las seis de la mañana. No, no venía de las Urgencias de HC ni de velar al Santísimo,
FUI A UNA FIESTA DE MUJERES
Sí, así como lo leéis. Yo, Mármara, alias Ana Coreta, alias Sta. Mármara del Mar Muerto, pasé la noche bailando, bebiendo, cantando a voz en grito, rodeada de mujeres (que no se parecían demasiado a las de la foto que ilustra este post, pero que qué más da) y, a mayores, coqueteando como una perra.
Me he levantado con una resaca del quince, pero más contenta que unas castañuelas.
Hacía tres años, tres, que no iba a la fiesta de las Reinas Magas que organiza el Tamara, uno de los bares gay con más solera de ésta, mi ciudad. Y, chicas, no sabéis cómo lo disfruté.
Me reí lo que quise, y más, con el mi grupín (mi ex, única mujer con la que he convivido, su mujer, y una de mis más viejas y cómplices amigas, que es hetero, preciso), vi a gente a la que hace años que no veía, que me encantó, charlé por los codos, bebí moderada, pero sistemáticamente, un número de Tankerays con tónica que no puedo precisar, bailé como si tuviera fuego en el cuerpo, canté todas las que me sabía, coreografías incluidas, y coqueteé, ¡Santo Cristo!, cómo coqueteé. No recuerdo desde cuándo no coqueteaba de esa manera (con Ojos Verdes me doy al coqueteo intelectual, que no ye lo mismo). Ni siquiera recordaba cuánto me divertía hacerlo.
Coqueteo intrascentende, cierto, porque con una de 28, enredada en una relación tormentosa con una casada y novicia, por más señas, estudiando judicaturas (sí, efectivamente, hube de enterarme de todo lo que pude) y varias babeando a su alrededor toda la noche, ya me contaréis, pero coqueteo al fin y al cabo.
Sí, sí, ella también puso su granito de arena, no fue unilateral, y si no me arriesgué a dar una vuelta de tuerca más al asunto fue porque he decidido que me apetece que me seduzcan a mí, que ya está bien de ser yo quien dé el primer paso. No fue por otra cosa, que conste.
¿Será un buen presagio para este año? ¿Será una señal de que el Universo me concederá uno de mis deseos?
Quiero pensar que sí. A ver cómo se portan los Reyes Magos.
¡Feliz noche mágica!

jueves, enero 03, 2008

Bette Porter


Tengo que confesarlo públicamente en este foro, aun a costa del perjuicio que esto pueda ocasionar a mi imagen (si es que la tengo, si es que merece ser conservada):
Me he enamorado perdidamente de Bette Porter. No me ha quedado por menos.
Como será que, en cuanto terminé de ver la tercera temporada, tuve que lanzarme a FNAC, ¡antes de comer!, y hacerme con el pack de las tres temporadas que, ahora sí, estoy viendo despacito, repitiendo las escenas que me gustan todas las veces que me apetece.
Desde aquí lo digo, que se quiten todas las Macas, las Veros y las (¡puaj!) Estheres del mundo, una vez que conoces a Bette, el resto se difumina hasta desaparecer sin dejar rastro.
Vale, sí, lo sé, las mujeres como Bette Porter no existen. Es más, soy consciente (no se me han caído las gafas con cristales color lila de repente) de que el personaje concentra todos los ingredientes necesarios para convertirse en el máximo exponente del paradigma del amor romántico lésbico. No obstante, insisto, no he podido resistirme a sus encantos.
Ahora bien, no fue un amor a primera vista, ¿eh?, no. Al principio hasta me parecía un poco repelentuca, y todo. Empecé a prestarle atención en el segundo capítulo de la primera temporada, con el asuntillo de la exposición irreverente. Me tocó, bastantito, la fibra en la escena del hotel con Peggy Peabody. Me sedujo en varios momentos de las dos primeras temporadas, que no voy a comentar porque quiero ser pesada, pero donde me dejó completa y absolutamente kaos fue en la escena del teatro de la Ópera de L. A.
Y hasta aquí puedo leer.

martes, enero 01, 2008

La vida mágica de los ritos


Hacía muchos años que no le pedía nada al Año Nuevo, muchos. En realidad, hacía muchos años que no pedía nada. Porque había pedido mucho en mi vida, y se me había concedido.
Muchos de esos deseos cambiaron mi vida muy positivamente, pero también es verdad que derramé muchas lágrimas por otros, muchas.
Durante muchos años sólo di gracias. Y seguiré dándolas varias veces al día, porque siento que soy una persona afortunada. Pero este año he vuelto a pedir.
No lo tenía previsto, la verdad. Pensaba regalarme un paseo por Xagó, para despedir el año, mojar los pies en el agua gélida del Cantábrico, sumergirme en la paz que siempre me proporciona la mar y dar gracias por todo lo bueno que me ocurrió durante 2007, pero hubo un detalle que me hizo plantearme las cosas.
Encontré una caracola. No es fácil encontrar una de semejante tamaño y con unos colores tan vivos. Tengo mi baño repleto de conchas y piedrecitas que llevo a casa cada día que voy allí, también algunas caracolas pequeñas, rotas y desgastadas. Incluso conservo, en la bandeja del coche, un ikebana que M. fue construyendo durante la primavera: tres conchas, tres piedras y unas cuantas hierbas que sobreviven a las que recogió para mí. Pero es la primera vez que me encuentro una así.
Ese regalo inesperado me recordó que aún tengo la oportunidad de encontrar aquello a lo que he renunciado. Y pedí.
Escribí mis dos deseos en una hoja de papel y la quemé, con los pies metidos en el agua, para que el humo los hiciera llegar al cielo, para que la mar se llevara sus cenizas.

domingo, diciembre 30, 2007

La vida imprevista de los acontecimientos



Está visto que la mujer, en este caso yo, propone y el Universo dispone.
Ayer por la noche planifiqué mi día al milímetro. Levantarme temprano, pintar un trocito de mandala, con los Cuadros para una exposición, de Mussorgsky, de fondo, organizar mis artículos de prensa, planchar, pasear al medio día por Xagó, terminar allí La suma de los días, de Isabel Allende, tirarme en el sofá a ver unos cuántos capítulos The L Word, terminar el artículo que escribo para Ojos Verdes, hacer mi paseo nocturno con Bilbo y Tiza y rematar la jornada con otros cuantos capítulos de la serie en cuestión.
Aunque me acosté a las cuatro de la mañana, a causa de que no podía desengancharme de la pantalla, me levanté a una hora prudente para llevar a cabo mis planes, pero... amaneció lloviendo. La playa, al carajo. Así que decidí desayunar viendo un capítulo. Cayeron tres. Y si no fuera porque este par necesitaba salir a estirar las patas, juro que ni me hubiera levantado del sofá, pero me tiré a la calle a la una y media y, ya que no podía ir la playa, decidí que la mar viniera a mí en forma de percebes y centollo (como se puede ver en este gráfico), por supuesto del Cantábrico.
Puse la mesa, terminé de enfríar el Lambrusco rosado que tenía en la nevera, introduciéndolo en el congelador unos minutos, encendí la tele y el DVD, preparé el capítulo, y me dispuse a disfrutar, en compañía de "mis chicas L", de una comida de lujo.
El postre, dátiles del Mar Rojo, en el sofá, de donde me levanté a las doce menos cuarto, después de siete horas de sesión ininterumpida, para dar mi paseo con este par de almas benditas que no rechistaron en toda la tarde, pero que ya les tocaba salir un ratín.
Y ahora, en cuanto termine de colgar este post, allá voy otra vez, al sofá, la mantina a cuadros, mi sandwich de queso y los capítulos que me apetezca ver hasta que me caiga de sueño.
¡Cuánta razón tenías, Marcela, esta serie ye adictiva onde les haya!

jueves, diciembre 27, 2007

La vida detallista de las amistades


No es que le tuviera ganas a esta serie, no, es que me moría por verla. Pero que como lo de apuntarme al Canal+ no entraba, ni entrará, en mis planes, y como las versiones que andan rulando por ahí, que se descargan de Internet, no son compatibles con el mi deuvedé, que es finísimo y no se come cualquier cosa, ya me había resignado, cuando, héteme aquí, que el otro día va Marcela me llama por teléfono y me dice: Marmarita, que me he comprado las temporadas completas de L Word, ¿las quieres? Por poco me da un pasmo. Claro que las quiero, ¿cómo no las voy a querer?, le respondí, embargada por la emoción.
Y nada, que esta misma tarde, me las ha traído ella misma a mi casa (que ni he tenido que ir a por ellas, ni nada, oyes) y ahí las tengo, esperándome. Sólo con imaginarme la tarde de mañana (sola en casa, sofá, manta...), con semejante planazo a la vista, los ojos me hacen chiribitas.
En un tris estuve de ponerme a verlas según se fue, pero como ya me advirtió de que es una serie sumamente adictiva le dije a la impaciente que hay en mí que mejor poner una lavadora, recoger unas cosillas, contestar el correo, visitar mis blogs favoritos, que no había podido visitar estos días, sacar a Bilbo y a Tiza a dar su paseín y luego, ya, con la tranquilidad, ponerme a ello. Ya me tarda, pero aún me queda el paseo nocturno.
Aprovecho esta ocasión para constatar que quien tiene una amiga tiene un tesoro, es más, abundo, un tesoro que haría palidecer a los mismísimos Piratas del Caribe. Aclaro que no sólo por este detalle, ¿eh?, que conste, pero, ¿no ye pa comela?

sábado, diciembre 22, 2007

La vida melancólica de los recuerdos


(Rodiezmo, verano de 1964)
Hoy hace veintiún años que se murió mi padre. Cada año, por estas fechas, mientras el alumnado del colegio de San Ildefonso da el pistoletazo de salida a las navidades, yo añoro a mi padre.
De las muchas cosas que he heredado de él es el amor por la música. También por los libros, la lectura, la escritura, el arte. Pero, sobre todo, la música clásica y la ópera. Mi padre fue locutor de radio. Tenía un programa muy parecido a los Clásicos Populares de ahora, del que guardamos todos los guiones, y también transmitía la Temporada Oficial de Ópera desde el Teatro Campoamor, de la que conservamos decenas de libretos.
Uno de los primeros regalos que mi padre le hizo a mi madre fue una radio. Me cuenta mi madre que, cuando estaba embarazada de mí, se sentaba en la salita, dejaba una luz indirecta, cerraba los ojos y escuchaba con devoción las piezas que él programaba y los comentarios que hacía con su voz cálida, serena y armoniosa.
Así que, cada mañana del veintidós de diciembre, elijo alguno de sus fragmentos favoritos de ópera y la Rhapsody in Blue, de Gershwin, uno de sus conciertos predilectos para sumergirme en su recuerdo.

miércoles, diciembre 19, 2007

La vida pérfida de los sueños (y II)


Ayer fue el día. No hoy, como estaba previsto, sino ayer. Al final no fueron tres horas de reunión, sino tres porciones en el antes, durante y después, de uno de los cursos que organizo y al que ella (Ojos Verdes) asiste. La tercera porción en plena calle, con un frío ensordecedor, dedicada a quejas y lamentos varios (los suyos) y subirle la moral (yo), que la tiene al nivel de la sexta galería de la mina de La Camocha (ésa que va bajo el mar), la muchacha. O sea, hacerse cargo del panorama.
Claro, llegó un momento en el que ya se nos caía el moquillo y las orejas amenazaban con hacerse trizas a causa de la congelación inminente, así que le dije que estuviera atenta al correo electrónico que le iba a mandar mi opinión sobre los trabajos infantiles que me había enseñado y un comentario reposado sobre las cuestiones que me había planteado. Y nos despedimos.
Total, que esta noche, a eso de las cuatro de la mañana, me despierto y me sorprendo a mí misma recitando las siguientes palabras a modo de letanía: aprendizaje significativo, porfolio, aprendizajes formales e informales, pedagogía del tiempo...
A las seis y veinte: pedagogía del cariño, aprendizaje por proyectos, cooperativo, entre iguales...
A las siete y media: vuelta al aprendizaje significativo, el porfolio, la pedagogía del tiempo, etcétera, etecétera, etcétera.
A las ocho menos diez me levanto, desayuno, pinto un cachito de mandala, me siento al ordenador y pongo en limpio el resultado de mis sueños.
Pedazo de artículo me ha salido, pe-da-zo. Se me va a quedar Ojos Verdes con los ídem como platos, cuando lo lea. Ahora bien, del subidón, del que son responsables los personajes de la foto (ya puedes estar tranquila, Albahaca), ni rastro.
No hay mal que por bien no venga.

martes, diciembre 11, 2007

La vida pérfida de los sueños


La semana pasada soñé DOS veces, DOS, con Ojos Verdes. Pedazo de montaje romántico, oyes, pedazo de montaje romántico, ambas, las dos veces. O sea, lo que se dice, un peliculón-peliculón en toda regla, al estilo de, qué sé yo, ¿Petri Güoman?, que diría mi madre, pero sin la escena obscena de consumismo delirante.
Estoy desconcertada, a qué negarlo, y pelín alarmada. Porque yo, a lo consciente, tengo muy claro que no quiero nada con esa muchacha. ¡Si es que no lo puedo querer! Si es que, ¡no entiende! Y si entendiera, o entendiese, tiene, la pobre, un lagarejo* mental de tal calibre que tira p'atrás a quien logre acercarse hasta allí**, y yo ya no tengo edad, ni humor, para meterme en semejantes berenjenales, que en bastantes me he metido ya, cuando era más joven, aún, y mucho más inexperta.
Eso sí, como la rapaza lo merece y hace sus méritos (que los hace, ¿eh?, los hace), he dado en adjudicarle el papel de Aliciente Oficial. Pero..., Aliciente sin posibilidad alguna de promoción, es decir, que no pienso darme la oportunidad de cambiarla de categoría, o nivel, así me quede calva.
Lo que más me preocupa y, a la par, me desconcierta, es que creía haber alejado de mí el amargo cáliz de los amoríos románticos, que tantos estragos han causado en mí en el pasado. Pero, claro, después de haber soñado semejantes escenitas, dos veces, dos, la misma semana, ya no las tengo todas conmigo.
Y es duro, ¿eh?, es duro. Que llevo muuuuuchos años trabajándome el subconsciente, el inconsciente, el consciente, el ego, el yo y el superyo, para que ahora, así, a lo tonto lo bailo, se me caigan todos los palos del sombrajo, aunque sea a nivel onírico.
Estoy convencida de que la culpa de todo la tiene Hospital Central y la famosa escenita del Taquillazo, que tan magistralmente comenta La Enredadera en su blog. Menos mal que se acaba mañana, el Hospital Central, porque sería bien triste que por causa de una jodía serie televisiva, al nombre de Ojos Verdes le diera por envenenar mis sueños.
* Lagarejo (del galveño). Lío de proporciones descomunales.
** No hay ni un corazón que valga la pena. Miguel Bosé.

viernes, diciembre 07, 2007

La vida evocadora de los fotogramas



Esta semana he enterrado al último de mis tíos varones. Tenía ochenta y cinco años, pero pasó los últimos tres alejado del mundo la mayor parte del tiempo. Había días que ni conocía a mi tía, con la que compartió más de sesenta años, y le pedía que la llamara, que hiciera venir a aquella mujer guapísima de la que se enamoró y con la que envejeció.
Mi tío fue un hombre bueno (con sus cosas, como todo el mundo, pero bueno), recto, comprensivo, conciliador, generoso, alegre, divertido, trabajador honesto y esforzado, que dedicó su vida a su mujer y a sus cuatro hijos. Y a sus amigos, entre los que se encontraba mi padre, con los que se reunía, mientras pudo, cada tarde alrededor de un vaso, o dos, de vino.
Mi prima, con la que crecí, dice que tuvo una vida plena. Y así debió ser. Se desvivió por darles, a su mujer y a sus hijos, todo lo que él creía que necesitaban. Nunca le oí quejarse, ni pretender tener más de lo que podía conseguir con su trabajo. Nunca le oí criticar a nadie. Ni juzgar ni condenar.
En los últimos años, cuando los ictus cerebrales fueron mermando su consciencia y sus momentos de lucidez escaseaban, solía cantar las canciones de mi abuelo cuando estaba contento.
El suyo fue un atardecer muy parecido al que nos relata esta fantástica película que vimos el miércoles. A veces ausente. A veces consciente. A veces refugiándose en el pasado. A veces rebelándose contra la enfermedad que lo condenó a la inconsciencia y una silla de ruedas. A veces disfrutando plácidamente al sol del medio día, con la mirada perdida . A veces tomándose su vasín de vino a la hora del aperitivo, mientras su mujer y su cuñada, mi madre, se quitaban la palabra la una a la otra.
Sé que se fue con una espina muy grande clavada en el corazón, probablemente la misma que tendrá quien se la clavó, su hijo mayor, fruto de la incomprensión mutua, de los abismos que creamos cuando somos incapaces de mirar más allá de nuestras propias narices.

martes, noviembre 27, 2007

La jodida vida de los sueños



Esta noche, hacia las seis de la mañana, me he despertado en plan Arquímedes, convencida de que había dado con la clave para enfocar con éxito un trabajillo que tengo entre manos para, a renglón seguido, percatarme de que las cosas ya se estaban haciendo de esa manera, pero que qué cóño habrían entendido aquellas buenas gentes para desvirtuar lo que yo iba a proponerles como novedosa alternativa.
No sé si mi idea tendrá futuro, pero gracias a este episodio nocturno he tomado una decisión: hasta aquí hemos llegado (lo de "hemos" es un mensaje claro y contundente a un par de sinsustancias de mi pandillita interior que me miran con cara de a mí qué me cuentas, las muy...).
¡Que no, leches, que no! Que no sigo, ni un día más, con este ritmo de trabajo enloquecido que me he autoimpuesto (obligada por las circunstancias, eso sí). Que una cosa es trabajar para vivir y otra, muy diferente, vivir para trabajar. Que la educación de este país no se va a hundir porque yo baje el diapasón. Que hay vida, más allá del trabajo. Que hay otros mundos, pero están en éste, y hay montones (de mundos) que no tienen nada que ver con el curro. Que una cosa es tener vocación de servicio y otra darse al servilismo. Que no se puede pretender abarcarlo todo. Que yo soy funcionaria,¡joder!, y no cobro por horas, ¡leches! Y que, definitivamente, quien sea fea(o) que haga los recaos de noche.
Así que, desde aquí lo digo, hoy mismo empiezo a leer una novela. Y no se hable más.

sábado, noviembre 17, 2007

La vida mágica de los fotogramas


¿Sabéis cómo es esa sensación de salir del cine con el alma ligera y la sonrisa en los labios? ¿Sí, no?
Pues eso.

miércoles, noviembre 14, 2007

Amor romántico (y 3)


No hay ni un corazón que valga la pena


No hay ni un corazón que valga la pena,
ni uno sólo que no venga herido de guerra.
Y sigo aquí... Cuanto silencio hay.
Cuanto silencio. No sé.

El tiempo agotado en compases de espera
Dibuja un desierto por dentro y por fuera
Que tira pa'tras a quien logre acercarse hasta aquí
No quiero pasados cargados de impuestos
Ni busco imposibles en cielos abiertos
Pero algo que valga la paz por lo que hay que apostar.

Amor inmenso y sin herida
Sin historia y a medida
Amor que no haga más preguntas
Preparado a no entender
Amor que mire bien de frente
Suficientemente fuerte
Amor que no busque salida
Y no me cueste la vida.

(Dedicada a mi amiga sufriente, a todas vosotras y a mí misma (por lo que me toca).

sábado, noviembre 10, 2007

A vueltas con el amor romántico

Tal parece que no tengo otro tema de conversación, últimamente. Será que ando yo, también, con lo mío, a causa de las disquisiciones a las que me abocan las vicisitudes amorosas de mi amiga.
El caso es que, esta semana asistí a un Seminario de Coeducación en el que, sin hablar directamente de ello, se tocó el tema.
¿Por qué te interesa la coeducación?, era la pregunta a responder en la presentación de participantes.
-Porque soy mujer, madre, esposa y maestra, y estoy convencida de que le corresponde a la escuela hacer lo posible por romper estereotipos.
-Porque quiero aprender sobre mí misma y los condicionantes que me hacen actuar como lo hago, la mayoría de las veces sin darme cuenta.
-Porque tengo una hija pequeña y quiero intentar ahorrarle lo que yo he sufrido por culpa de mi educación.
-Porque necesito entender y entenderme.
Luego hablamos del enfoque que pretendemos darle este curso, el quinto. Y decidimos que vamos a centrarnos en las emociones, en la educación afectivo-sexual.
Vamos avanzado, con calma, pero avanzado, sin embargo las y los adolescentes de hoy siguen reproduciendo los mismos estereotipos que nosotras, que ya peinamos canas, algunas. ¿Cómo es posible?
Porque hemos enfocado la Coeducación hacia la parte visible (el lenguaje, el reparto de tareas, la presencia de la mujer en la vida pública, la lucha contra la violencia de género...), pero nos olvidamos de lo más complicado, la forma en la que los estereotipos de género influyen en la construcción de la personalidad.
Es necesario cambiar el currículum oculto, modificar las pautas del inconsciente y tomar conciencia de qué partes de lo que tengo grabado a sangre y fuego son realmente mías, o aprendidas. Que diría Morgana, separar el grano de la paja.
Qué difícil se nos antoja. Durante toda nuestra vida hemos construido nuestra personalidad en base a los roles impuestos por la sociedad patriarcal.
La mayoría de las mujeres nos hemos visto abocadas a relaciones en las que primaban luchas de poder que nos desgastaban hasta la extenuación. Hemos sufrido abusos. Nos hemos resignado. Hemos intentado cambiar a nuestra pareja para que se ajustase al cliché preconcebido. Hemos fracasado y hemos vuelto a intentarlo con otra pareja, para terminar cayendo en las mismas trampas. Y cuando nos llegó el momento de decir ¡basta!, algunas, elegimos la soledad, ante la imposibilidad de construir relaciones emocionalmente sanas, que no perfectas. Otras no supieron cómo salir. Ni saben.
Hay quien no comprende como una mujer puede llegar al extremo de ser maltratada durante años y continuar con su pareja y, lo que es peor, morir a sus manos.
Cuando te propones salir de un rol emocional, ¿qué haces? Te quedas en el vacio, no tienes dónde meterte, y eso da mucho miedo, tanto, que prefieres quedarte donde estás antes que enfrentarte a la incertidumbre, a la nada, a lo desconocido. Salir de un patrón emocional precisa construir uno nuevo, dijo sabiamente mi compañera.
La infancia y la adolescencia aún están a tiempo de construir su personalidad al resguardo de la construcción de género que tanto daño ha hecho a unas y a otros. Es nuestra tarea facilitárselo.

domingo, noviembre 04, 2007

La vida irreflexiva de las ideas

Ando revuelta, estos días, muy revuelta, con el asunto del amor romántico. Con la falta de reflexión, de planteamientos. Con la inconsciencia. Con el sufrimiento absurdo.
Tengo a una amiga sufriendo a todo sufrir, por amor. Es una mujer cincuentera, inteligente, independiente, en lo económico, con un nivel cultural medio-alto, luchadora... atrapada en la trampa del amor romántico.
Me paseo por los blogs amigos, casi al cien por cien escritos por mujeres, con un altísimo porcentaje de lesbianas que no han llegado a los cuarenta. Algunas, ni siquiera a la treintena. El mismo panorama.
Clichés a mansalva, frases de bolero (no puedo vivir sin ti; mi vida ha sido una larga espera, hasta encontrarte; sin ti no soy nada; te quiero más que a mí misma; mátame de pena, pero quiéreme), melancólicas reflexiones sobre la amada, expectativas mágicas, exigencias de amor eterno...
La literatura, el cine, la publicidad, nos marcan el camino a seguir, nos ofrecen los modelos, y allá vamos, como corderos, sin una mínima reflexión, sin el menor atisbo de crítica.
Criticamos a esas pijas que se calzan los Manolos y someten a su anatomía a dolorosas torturas en pro de una estética diseñada para materializar fantasías ajenas que terminamos por convertir en propias. Pero somos todas iguales. Ellos, y sus secuaces femeninas, diseñan la moda, el estilo de vida, el concepto del amor, de matrimonio, de pareja, de familia, de sociedad, de economía. Nos dicen cómo tenemos que ser, cómo debemos ordenar nuestra biografía, lo que tenemos que sentir, a qué hemos de dedicar nuestro tiempo y nuestro espacio vital... Nosotras los seguimos sin rechistar.

sábado, noviembre 03, 2007

La vida irónica de las palabras


El martes pasé el día en el vertedero central de Asturias, que gestiona COGERSA, en el Seminario de inauguración de la campaña de este curso de la Red de Escuelas por el Reciclaje.
Volví más impresionada que la otra vez, cuando al valle en el que se ha instalado este monumento a la cultura del despilfarro, le quedaban veinticinco años para llenarse con las basuras que producimos cada día en esta región, que ronda el millón de habitantes. En el 2015 no cabrá más basura en este valle, cuya cota máxima supera los 110 metros de profundidad (como el acantilado del Cabo Peñas, más o menos). ¿Qué haremos, entonces?
En toda España no existe un sistema de recogida y tratamiento de RSU (residuos sólidos urbanos) tan sofisticado como el que tenemos en Asturias (Ni en Navarra, aseguró, orgullosa, una de las monitoras). Lo creo, pero ¿de qué nos sirve? Vale, de algo, puesto que cada día se separa y se recicla más en Asturias, y en toda España, pero de poco. RECICLAR debería ser el último peldaño de una escalera en la que la base, como ocurre siempre, es fundamental. Y la base es REDUCIR. Pero, para REDUCIR, hay que tener conciencia de lo que se está haciendo. Y esa conciencia apenas existe. A las pruebas me remito.

sábado, octubre 20, 2007

La vida extraña de los fotogramas

Debe de ser fantástico tener solvencia económica para trabajar una vez cada catorce meses (esa es la frecuencia que le sale a Jodie esta década); para elegir el tipo de trabajo que quieres hacer (entre cuatrocientas proposiciones), y para que esa elección te permita proyectar al mundo entero (por lo menos al que pague la entrada) tu imagen favorita de ti misma.
Jodie Foster quiere que el mundo la vea como una mujer inteligente, poderosa, solidaria, abierta a la multiculturalidad, segura de sí misma y de sus circunstancias, autónoma, independiente, a veces vulnerable, siempre dispuesta a luchar sola con uñas, dientes y balas de nueve milímetros para defender lo suyo, intimidad incluida. En sus dos últimas películas, incluso se permite hacer alarde de pluma. Correcto. Nada que objetar.

Ahora bien, hay mensajes con los que es peligroso jugar, sobre todo cuando se tiene tanto poder de convocatoria. Y el que lanza La extraña que hay en mí, es muy, pero que muy peligroso. Y muy, pero que muy jodido.
Salí con muy mal cuerpo, ayer, del cine. Es posible que no haya entendido el mensaje, lo admito, porque lo que fui capaz de captar no me ha gustado nada, pero nada, nada.

viernes, octubre 19, 2007

La vida misteriosa de los recuerdos

Estos días me ha pasado algo que ha traído a mi cabeza un sucedío que me ocurrió hace muchos, muchos años, y que luego se me ha vuelto a repetir en un par de ocasiones, quizás por aquello del proverbio árabe que dice que lo que sucede una vez es posible que no vuelva a suceder, pero que si sucede dos, sucederá con seguridad una tercera.
Tenía, yo, una amiga, y esa amiga tenía una hermana pequeña (diecinueve, ella, la hermana, veinticinco, yo) que, a la sazón, ya se sentía atraída por otras mujeres, pero sufría en silencio porque lo que siempre se sufren en silencio este tipo de circunstancias. El caso es que, llegado el momento, la rapaza me confió sus cuitas y yo, ni corta ni perezosa, la ayudé a despejar sus dudas. Tras el susto-trauma inicial, el agradecimiento infinito, las promesas de lealtad eterna, etcétera, etcétera, etcétera.
Sabiéndonos hermanas, nos hicimos más amigas de lo que yo lo había sido de su hermana biológica.
Al poco tiempo, la muchacha abandonó su pequeña villa natal y se trasladó a Madrid a vivir su sexualidad en libertad, de la que estudiaba Periodismo. Por aquel entonces yo cortejaba en la capital del reino y, lógicamente, pasaba mucho tiempo allí. Y, claro, mi amiguina y yo nos veíamos con mucha frecuencia.
Sucedió, entonces, que la rapaza se unió sentimentalmente a la ex novia de mi novia. La suya fue una relación tormentosa. Mi amiguina, como corresponde a un primer amor, se enamoró perdidamente, pero la otra seguía enamorada de su ex y de la que la había sustituido en su corazón, que también la había abandonado, harta de que suspirara por la otra. En fin.
De repente, caí en desgracia. Mi amiguina dejó de llamarme y siempre encontraba alguna disculpa para darme esquinazo, coincidiendo con el hecho de que mi novia me había dejado por otra que, a su vez, había sido novia mía, siguiendo el estricto guión imperante en las endogámicas comunidades lésbicas de aquellos años de la movida (y del cuplé, y el bolero desgarrado…).
Unos años después, me vuelvo a encontrar con mi amiguina en una fiesta. Se me acerca, me abraza y me dice que sólo ha ido a esa fiesta porque sabía que iba a estar yo y que no podía dejar pasar un día más sin pedirme que la perdonara por haberse dejado comer la oreja por su ex y por la mía, pero que aquel par ya se había retratado, y que, por favor, por favor, le perdonara su inexperiencia y su ceguera.
Perdoné a mi amiguina que, efectivamente, era joven e inexperta y las había pasado del quince en aquella relación desigual (su novia terminó abandonándola por la sustituta) y hemos conservado la amistad durante todos estos años. Aunque nos vemos muy poco, cada vez que coincidimos tenemos la impresión de que nos hemos visto ayer.
En los otros dos casos las he tachado a ambas de mi corazón, aunque ellas no lo saben.

lunes, octubre 08, 2007

La vida dramática de las emociones (II)



(Infierno, William Blake)
Antes de quedarse embarazada de su hija pequeña, Ana había convivido nueve años con él. Lo conocía. Sabía cómo funcionaba, lo que daba de sí, hasta dónde podía llegar.
Sabía, por ejemplo, que su infancia había sido tan desgraciada como la suya propia; que su padre era, y es, uno de esos hombres que maltrata a su familia, física y psicológicamente y que él, como ella, reproducía el modelo que había interiorizado durante su niñez; que reaccionaba de forma violenta ante la frustración y el desánimo; que, cuando se enfadaban, la insultaba, la despreciaba y la amenazaba, aunque nunca llegó a tocarla; que trabajaba un año y medio y luego se acogía a los meses de paro que le correspondían hasta agotarlos; que durante ese tiempo se levantaba a medio día y se pasaba la vida tirado en el sofá viendo la televisión o en el bar, con los amigos; que independientemente de que ella también trabajara fuera de casa, nunca hacía la cama, o iba a la compra, o limpiaba; que cuando se acababa el dinero y no había para tomarse una birra en el bar, el sofá seguía siendo una buena opción; que cuando ella no tenía trabajo y no había dinero para hacer frente a los gastos diarios, la suegra proveía hasta que se acababa el paro y no tenía más remedio que ponerse a currar otro año y medio; que, a pesar de pasarse la vida en el sofá o en el bar, le exigía que la comida estuviera hecha a su hora, y su ropa limpia, y la casa en orden, y la cama hecha; que nunca la apoyaba en sus proyectos; que sus cosas eran suyas y las de ella, de los dos, y que no es que no la quisiera, es que él era, y es, así.
Con este panorama, Ana, a regañadientes, aceptó quedarse embarazada. Esperaba que, con la llegada del bebé, él cambiara.

jueves, octubre 04, 2007

La vida dramática de las emociones


(Electra, William Blake)

Esta mañana me encontré a una de mis ex alumnas favoritas, a la que llamaré Ana. Nunca la había visto tan desesperada, ni siquiera cuando se drogaba a diario. Mientras duró nuestra conversación sus ojos se llenaron de lágrimas en varias ocasiones. No se permitio llorar, porque es una mujer dura y luchadora, a la que la vida ha hecho muy pocas concesiones, pero no pudo evitar contener la rabia y el dolor que la consumen cada vez que piensa en lo que se ha convertido su vida.
Cuando estaba en mi tutoría de 8º de EGB, la primera que tuve cuando llegué aquí, se escapó de casa con su mejor amiga, a quien llamaré Belén, y unos muchachos. Entre las dos consiguieron dinero para comprar un coche de enésima mano y se fueron a Bilbao a pillar costo, también con el dinero que ellas habían conseguido reunir. Ana vaciando la caja del bar que sus padres tenían entonces, Belén, vaciando la hucha de su hermano, en la que el muchacho guardaba el dinero que ganaba corriendo en bicicleta.
No llegaron a su destino. Los muchachos las dejaron en Santander, en la parada del autobús, con el dinero justo para el billete. Las recogí en Oviedo y las devolví a sus familias aquí, en Avilés.
Después de esa frustrada aventura, Belén, bajo la férrea vigilancia materna, estudió peluquería. Con sus primeros sueldos devolvió a su hermano las cuatrocientas mil pesetas que le había quitado. Hoy es empresaria de éxito, se ha casado y tiene un hijo de cinco años.
Ana se fue al instituto, pero no llegó a terminar el bachiller. La droga se cruzó en su camino, hasta que se quedó embarazada y se desenganchó para hacerse cargo de su hija. Trabajó en lo que le salía para sacarla adelante con la ayuda de su madre, mientras el padre de la criatura cumplia condena por tráfico de drogas.
Hace doce años conoció a su actual pareja, empezaron a vivir juntos y hace tres años tuvieron una niña que ha empezado a ir al mismo colegio que su madre y su hermana mayor.
Hasta esta mañana, yo pensaba, por lo que me iba contando cada vez que nos encontrábamos por el barrio, que le iba bien con su pareja y relativamente bien con su vida.
Recuerdo cuando me contó, entusiasmada, que había conseguido sacar el carné de primera, su primer trabajo como conductora de autobús escolar, su primer contrato fijo con una empresa seria. Empresa que la exprimió como un limón y la despidió cuando se quedó embarazada. En cuanto pudo, volvió a la carretera, pero los horarios eran tan abusivos que había días en los que no veía a su hija despierta. Lo dejó. De nuevo se buscó la vida en lo que le iba siendo hasta que, hace unos meses, se compró una furgo para montárselo por su cuenta, repartiendo paquetes, por sugerencia de un conocido. Tampoco tuvo suerte. También en esta ocasión la engañaron, así que no le quedó más remedio que entrar de aprendiz de carnicera en una cadena de supermercados en la que le pagan lo justo para afrontar las letras de la furgoneta, mientras espera a que le salga algo decente para poder amortizarla, y poco más.
Pero Ana no se queja del trabajo, ni de los horarios, ni del sueldo de miseria que le pagan por una jornada que nunca es la estipulada. El problema de Ana es él...
(continuará)

sábado, septiembre 29, 2007

La vida fetén de los fotogramas


Cuando salíamos, encandiladas, de ver la última película de Iciar Bollaín, M. comentó: Éste es el tipo de película que seguiría viendo, y seguiría viendo... Por su parte, T. dijo que se le había hecho cortísima, y yo no pude por menos que secundar ambas mociones y seguir rumiando la maravilla que acabábamos de disfrutar.
No voy a hacer ningún comentario técnico sobre la película, eso se lo dejo a Mirito Torreiro, crítico de El País, que lo hace bastante bien, el hombre. Tampoco voy a hacer apología de la mirada femenina y, mucho menos, compararla con la de ciertos directores (como el de Sin Reservas, sin ir más lejos). Sólo diré que, aunque, según palabras de Samuel L. Jackson en San Sebastián, el cine de acción (y las edulcoradas y perniciosas comedias románticas, añado) pague las facturas, son películas como ésta las que me reconcilian con el género humano y, sobre todo, con el cine.

sábado, septiembre 22, 2007

La vida jodida de los fotogramas



(Sin Reservas, un flim de Scott mecagüentumanto so cabrón Hicks)
Cinematográficamente hablando, vivir en una pequeña ciudad de provincias tiene más contras que pros. Las películas llegan tarde, o no llegan, y si son españolas apenas se mantienen una semana en cartelera o, en su defecto, te las ponen a horarios imposibles, como Caótica Ana, que sólo la dan en dos cines, en toda la provincia, y a las siete y media de la tarde.
Esta noche, que nos apetecía ir al cine, sólo pudimos echarnos a la cara esta peli protagonizada por Zeta Jones y el muchacho de la foto, Aaron Eckhart.
Keit es una mujer independiente (vive sola), inteligente, atractiva, de carácter fuerte y decidido, absolutamente segura de sí misma, en lo profesional, que ha conseguido realizar el sueño de su vida: convertirse en chef de un megapijo restaurante de NiuYor.
Pero no está en sus cabales, la pobre, y se ve obligada a hacer terapia para que su jefa no la despida.
No está en sus cabales (llena de manías, tics, rigideces mentales, traumas..., o sea, un dolor de mujer), porque ni tiene pareja, ni la quiere (rechaza constantemente a un vecino que la corteja con insistencia), y hace, por lo menos, tres años que no tiene una relación. Porque, pa qué, si las jode todas.
Por esas circunstancias desgraciadas de la vida, su hermana se muere en un accidente y ella queda al cargo de su sobrina.Y no se hace con ella, oyes. Y la rapacina lo pasa fatal (ni siquiera come las exquisiteces que le cocina su tita), y la susodicha, peor todavía porque no tiene vocación de madre.
Vamos a ver, Keit, hija mía, ¿de qué te sirve triunfar en lo profesional, si en lo personal tu vida no vale ni pa tomar pol culo? Vives sola, no tienes pareja, no la buscas y, para colmo, ni siquiera tienes vocación maternal.
Menos mal que llega Mirloblanco Nick a salvarte de ti misma y tus penosas circunstancias, hija mía, porque a tu edad no sé que hubiera sido de ti, so censo.
Nick, que a pesar de estar como un queso, ser un excelente cocinero, simpático donde los haya, relajao, divertido, ocurrente, detallista, sensible, buena persona (pero buena, buena, ¿eh?) amante de la ópera y entusiasta admirador de Tutto, coincide que también está soltero y solo en la vida (a mí, esto me escamó, pero debe de ser que siendo hombre lo de estar solo no significa lo mismo que siendo mujer) y, para mayor suerte (de Keit) tiene una mano para las criaturas tan tremebunda, que consigue que Zoe, la sobri, se coma un plato de sus espaguetis a los diez minutos de conocerlo y lo adore instantáneamente.
Keit, que es requetetorpe para lo sentimental, está en un tris de perder a Mirloblanco Nick (¿no se le ocurre competir con él, a la muy inconsciente? y pierde el envite porque los clientes saben lo que vale un peine y, en un momento que Keit se despista porque tiene que atender a su sobri, que las está pasando de a kilo, prefieren a Mirloblanco Nick, y su jefa, que es pérfida y desleal, le ofrece el puesto de Keit, que él no acepta porque es bueno y leal, además de monísimo). Menos mal que Cupido Zoe se las apaña para volverlos a juntar y consigue que su tita, por fin, tenga una pareja, le brote la vocación maternal y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Si queréis ir a verla, ir. Me he dejado algunas cosas en el tintero por no destriparos el argumento.

lunes, septiembre 17, 2007

La vida ingrata de la pandillita interior


(Mareonas de San Agustín en El Bigaral)
No me centro. No soy capaz de ponerme las pilas. Vivo en un permanente mañana será otro día. Vagueo, me disipo, vuelvo a vaguear, repaso la lista de ese montón de cosas que me apetecería hacer si no fuera porque la Mármara Perezosa ha vapuleado (como las olas vapulean las peñas de mi rincón favorito) y dejado completamente kaos a la Mármara Responsable, a la Eficiente, a la Organizada, a la Ordenada e, incluso, a Laquedisfrutaconcualquiercosa. Y vuelvo a vaguear, y a disiparme. Repaso mentalmente la lista de cosas que sí tengo que hacer, ¡porque tengo que hacerlas!, y me entra una pereza de tal calibre que ni la palabra tarrecer (vocablo del bable que significa aborrecer, dar pereza infinita) basta para definir el estado en el que me encuentro.
En fin, resumiendo, que no hago carrera de mí misma.
Y encima, para mayor escarnio, se ha puesto a llover, ahora que iba a bajar a darle el paseo de rigor a mi par de almas perrunas, al objeto de cenar temprano, mientras veo Perdidos (lo estoy grabando), e irme a la cama a dormir, a ver si mañana, cuando me levante, se me ha pasado este ataque de vagancia absoluta.

sábado, septiembre 15, 2007

La vida incomprensible de los actos humanos

Últimamente, las bodas nos persiguen, a M. y a mí. Ora en Bayas, ora en Xagó, a última hora de la tarde, cuando empieza a apretar la fresca, hacen su aparición la parejita, con o sin madre solícita, y su fotógrafo, dispuestos a completar el álbum de la boda con unas preciosas y naturales instantáneas en el marco incomparable que ofrecen las playas de éste, nuestro Paraíso Natural.
Hasta ahí, todo correcto. Cada cual se hace las fotos de su boda dónde y como más le plazca.
Ahora bien, digo yo una cosa, ¿hace falta que la pobre novia se tire a los pies del novio (con la carga simbólica que ello conlleva), sobre la arena seca, o mojada, como en este caso concreto, y se reboce, cual croqueta? Y, a mayor abundamiento, ¿es preciso que se metan en el agua, se dejen azotar por las olas y acaben calados hasta los huesos y congelados como cubitos? Porque el agua está fría, ¿eh?, fría, fría (si lo sabré yo que me he bañado el jueves y el viernes). Concretamente, el día de autos, a 13º se nos puso, a causa de los vientos del nordeste que azotaron nuestras costas durante diez días seguidos. ¿Tiene alma, ese fotógrafo? Y cabeza, ¿tienen cabeza las parejitas recién casadas que se prestan a semejante dislate? O, ¿será que el bodorrio les nubla el juicio, y el entendimiento?
No me he casado, y dudo mucho de que lo haga algún día, pero, desde aquí lo digo, en el muy improbable caso de que esto ocurriera, yo, ni por un gochu.

martes, septiembre 11, 2007

La vida mágica de los atardeceres


Ayer fui sola a Xagó. ¡Qué regalo, Santo Cristo, qué regalo! Para el cuerpo y, sobre todo, para el alma.
Pensé llevarme el mp3 para que me acompañaran María Callas, Teresa Berganza, Renatta Tebaldi, Joan Sutherland, Montserrat Caballé, Mario del Mónaco, Plácido Domingo, Pavarotti... Sobre todo, Pavarotti, por razones obvias. Pero se quedó en el coche, quizás porque lo que me venía bien era caminar y ser consciente de lo contenta que estoy, de la suerte que tengo en esta vida.
Vale, no tengo pareja (que ya dice M. que es el estado perfecto del ser humano y un punto muy importante en esto del crecimiento personal, por no hablar del tema del sexo, que es punto y aparte), pero en lo demás, no es que sea rica, es que me siento como Rothschild, o el dueño de IKEA, que es su versión contemporánea.
Y decidí que sí, que quiero enamorarme otra vez. Llevaba casi cinco años cerrada en banda. ¿Para qué, me dije, si lo único que atraigo son adictas? Pero, adictas-adictas, ¿eh? Mucho más adictas que yo, que ya es decir.
Bueno, pues, se conoce que, o bien sigo tan inconsciente como hace cinco años, o he mejorado lo suficiente para que me vuelva a apetecer, sin miedo a que se me acerque alguien con la tipología acostumbrada. Y allí mismo, en Xagó, se lo he encomendado al Universo.
Ojos Verdes no me sirve. La muchacha es adicta-adicta y, a mayores, herero-hetero. Además, como dice Paula, una ya no está en edad de enamorarse si no es de una lesbiana y aunque para lo del platonismo (que se lo puede permitir una en cualquier edad, incluso en una tan provecta como la mía), Ojos Verdes, es perfecta, yo, lo que quiero es un Amor con mayúsculas.
Queda dicho. Y como la mía es una fe de esas que mueve montañas, no tengo la menor duda de que el Universo ya está conspirando para que lo consiga. ¿Que por qué estoy tan segura? Porque ayer me encontré una pegatina con una mariquita roja (que dice Anaka que son las que más suerte dan) y una piedra con un arco iris.

jueves, septiembre 06, 2007

La vida festiva de los eventos laborales


Hela aquí (henos de Pravia). Ésta es la bola que me ha regalado Ojos Verdes. Estoy que no quepo en mí de gozo, o sea, que como cantaba Marisol (a la que oigo entonar la cancioncilla en la tele, en este momento, porque tengo a mi madre conmigo y ella ve los programas que ve y no tien mal que parecer), tengo el corazón contento, el corazón contento, lleno de alegría.
Según me contaba ayer, cuando me la dio, en cuanto la vio, pensó en mí y se dijo: "Así vamos a acabar este curso (me la compró a finales del curso pasado), como cabras, con los ojos desorbitados y arrastrando los colmillos por los pasillos".
Pero, no, oyes, no, el curso lo acabamos en sus marcas y éste lo hemos empezado (por lo menos por mis partes) dabuten y con muy buenas perspectivas, también por mis partes, y calculo que por las suyas, porque ya me dijo este medio día, al despedirnos, después de haber invertido media hora en el proceso (y porque me esperaba mi madre, que sino me hubiera ido a comer con ella), con una sonrisa de oreja a oreja, y después de haber hecho mil planes conjuntos (todos ellos en el ámbito de lo laboral, no mos precipitemos), que nos vamos a jartar de vernos. ¡Cooooooooorrecto! ¡Jartémonos, leches!
De todas formas, centrémonos: la muchacha es hetero-hetero, o sea: perspectivas de ligoteo, cero patatero. Clarinete lo tengo. Ahora bien, desde aquí os lo digo, en habiéndola declarado aliciente oficial, todos esos planes conjuntos me requete chiflan, y la perspectiva de jartarnos de vernos, más todavía.
No obstante, he de confesarlo, me temo. Porque me conozco, me temo. Y ya, cagüenmimanto, me he dado motivos para temerme.
Y hasta aquí puedo leer.

viernes, agosto 31, 2007

La vida pública de las palabras

Sabía de la existencia de esta distinción, pero nunca pensé que mi blog pudiera llegar a tenerla, entre otras cosas porque, el mío, no es un blog ni demasiado visitado ni profusamente comentado. Y hoy me he llevado la inmensa sorpresa de que Ripley me ha hecho el gran honor de incluirme en la lista de los blogs que la hacen pensar. Desde aquí te lo digo, Ripley, un millón de gracias. No puedes hacerte una idea de la ilusión que me ha hecho.
Verdaderamente, esto de que te den una distinción, sobre todo si es puramente honorífica, es algo gratificante. Lo que más me ha gustado es la categoría del premio, o distinción: hacer pensar. Siendo maestra de vocación y profesión, siempre he agradecido mucho que mi alumnado me dijera que una de las cosas que más les gustaba de mis clases es que hacían pensar. Ahora, que estoy alejada de las aulas, echo mucho de menos ese tipo de estímulos. Y, mira tú por dónde, resulta que también hago pensar a una persona adulta y que, por más señas, es colega. En fin, que estoy encantada.
El Thinking Blogger Award es una especie de premio o reconocimiento, surgido de la iniciativa de un blogger estadounidense con la única finalidad de dar a conocer otros blogs que nos hacen pensar. Si el tuyo es uno de los escogidos... puedes (o no) seguir estas instruciones:
1.- Si alguien te otorga el premio, escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
2.- Enlaza el post original, así la gente puede encontrar el origen del mismo.
3.- Exhibe o muestra el "Thinking Blogger Awards" con un enlace del post que tu mismo escribas. Hay dos modelos de botón para mostrarlo en el blog, plateado o dorado.
Y ahora, siguiendo con el protocolo, procedo a dar la lista de los cinco blogs que me hacen pensar. Hay más, claro, pero como sólo me piden cinco, allá van, en riguroso orden alfabético:

lunes, agosto 27, 2007

La vida estéril de las palabras




Playa La Griega (Colunga)
Vivimos en el país de las prohibiciones. En cuanto no sabemos qué hacer con algún tema, prohibimos. En vez de sugerir, indicar, solicitar, es decir educar, prohibimos. Antes de legislar, prohibimos, a pesar de que es bien sabido aquello de: contra la prohibición, rebelión.
Y como nos incomodan tanto las prohibiciones, en cuando cazamos a alguien vulnerando una de las que no nos afectan directamente, nos erigimos en guardianes de la fe y nos creemos con el derecho a reclamar, increpar (incluso agredir verbalmente), juzgar y, por supuesto condenar.
Los perros están prohibidos en la mayoría de los lugares públicos, así que lo normal es que cualquiera, sobre todo los especimenes del género masculino, se sienta en el derecho de decirnos lo que tenemos que hacer con nuestras mascotas, cómo debemos llevarlas y dónde pueden, o no, estar, situación que puede llegar a tal grado de violencia, que si no fuera por lo que es, lo más probable es que desembocara en una agresión física. Ahora bien, la agresión verbal está garantizada. Y si eres mujer, más.
El otro día sufrí un desagradable episodio de esta índole en los alrededores de esta bonita playa, a la que, por supuesto, no dejé bajar a Bilbo. Insultos, advertencias, amenazas..., en fin, lo de siempre. Incluso llegó a retarme, el hombre, a que me atreviera a probar lo que le iba a hacer a mi perro, si lo pillaba. Menos mal, y así se lo dije, que como (gracias a Dios) no tengo testosterona no necesito ir por ahí violentando a quien creo más débil, ni demostrar que soy la más fuerte de la manada. Ahora bien, poner, lo puse de vuelta y media. Eso sí que soy capaz de hacerlo. Y lo hago, maldita sea.
 
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