sábado, marzo 29, 2008

La vida equilibrada de los acontecimientos
















Ayer, quizás en compensación por la última partida del trimestre anterior en la que no me comí una rosca, gané la partidita de Continental y dos de las tres de Scrabble (abocetad, por ejemplo, me dio 98 puntos del ala). A cambio, por aquello de mantener el equilibrio entre el yin y el yan, me cayeron dos rapapolvos, como dos castillos de Castilla-La Mancha.
Uno, por defender a la mi Bette (que qué le voy a hacer, ¡leches!, si me pierde y doy en justificar todas y cada una de sus acciones), y otro porque se me ocurrió decir que mi vida sentimental había sido divertida.
Según M., Bette es una cabrona de tomo y lomo, rastrera, retorcida, mema, cuadriculada, mentirosa y desleal, que se merece con creces la venganza de Jodie, a la que trató de asco. También dice que vaya como nos pusimos (hace extensiva la opinión al conjunto del bollerio planetario) cuando lo de la carpintera, y que ahora nos parece de perlas que se la haya pegado a Jodie con Tina. Y más cosas que me callo, porque sólo de rememorarlas se me abren las carnes. Yo me defendí como gata panza arriba, pero me cayeron de todos los colores.

Luego, de la que nos íbamos al cine a ver Juntos nada más, que no voy a comentar ahora, pero que recomiendo encarecidamente, se me ocurre decir aquello de que, pensándolo bien, mi trayectoria sentimental ha sido divertida, y ya, el chaparrón adquirió categoría de aguacero. Hay que oírla, le dice a T2, ¡cómo si no hubiéramos sido testigas! Pues, ¡anda que no has sufrido tú ni nada, guapina!, a mí, indignada en tonos superlativos. ¿Qué me dices, que con Clara lo pasaste de puta madre? (T2, asentía y aportaba datos contundentes de sus recuerdos particulares para sustentar las palabras de M.), todo el día pendiente del teléfono, que si iba, que si venía, que si te dejaba, que si te cogía... Y lo de Bárbara, ¡anda que no lloraste por Bárbara ni nada! ¿Y aquella gallega?, apunta T2, ¡menudo drama, el de la hija de puta de la gallega! Porque con de Belén, no llegó la sangre al río, pero anda que con X, y con B, y con Z... Lo tuyo, para lo chungo, memoria de pez, Marmarita, remachó M. Menos mal, pensé yo, porque con semejante panorama, como para instalarme en el celibato de por vida.

Total, que me vi en la obligación de admitir que mi vida sentimental se parecía más a un via crucis que a otra cosa y que el adjetivo que mejor la definía era ajetreada, y que juraba y perjuraba que si el amor volvía a llamar a mi puerta procuraría no reeditar ninguno de mis desastres precedentes. Por tu bien y por el nuestro, concluyó M.

Y nos metimos en el cine y salimos con el alma ligera y la sonrisa en los labios.

Y ahora me voy a Xagó con M., que ha llegado la primavera y no sólo al Corte Inglés.

miércoles, marzo 26, 2008

A grandes males, grandes remedios



Aun a riesgo de ser pesada, tengo que lo decir: Je suis désolé y, a mayores, I'm really broken to pieces. Se me ha acabado L y con ella, la ilusión de vivir y melrouspleis.
Es un hecho que la mi Bette no me va a llamar (con esa carina que me deja completamente kaos) para decirme aquello de I'm really to want to see you, Marmarita.
Y es otro hecho que no puedo permitirme ni darme a las voces ni seguir debatiéndome entre lo de meter muchacha o ponerme a servir eternamente. Entre otras cosas porque, siguiendo todas las recomendaciones que habéis tenido a bien hacerme, ya me he decidido a meter muchacha y, en breve, muy en breve, pienso de iniciar (con el permiso de Morgana y su pie) el anunciado casting. O lo que es lo mismo, que voy a deshacerme, con la ayuda inestimable de mi terapeuta (alternativa), del pánico que me atenaza y voy a ligar. Ea.
Mientras ligo, o no, y me mentalizo de que, como me recomienda Onhe, he de acostumbrarme a vivir con ello (sin ella), lo dicho: a grandes males, grandes remedios. ¿No tengo, yo, una novela monísima, autobiográfica y catártica, durmiendo el sueño de las justas? ¿No mostrarais, o mostraseis, algunas, un cierto interés cuando os adelanté una mínima parte de su contenido?
Pues, ¡hala!, aquí la tenéis. ¿Entera? ¡No, por Dios! De momento, una pequeña píldora, un fragmento del segundo capítulo, que he titulado Rápida y Mortal. Ya me diréis si os apetece seguir leyendo, o, en su defecto, no.

lunes, marzo 24, 2008

La vida cruel de los seriales televisivos


Estoy desolada, a la par que confusa y contrita. Aún no me han emitido el último capítulo de la quinta temporada de L y ya se me está sobreviniendo una especie de depresión que amenaza con dejarme la moral, de por sí frágil y quebradiza, a la altura de la sexta galería de la mina de La Camocha.
¿Qué qué va a ser de mi vida? ¿A qué dedicaré mi (escaso) tiempo libre? ¿Con quién voy a cenar los miércoles? ¿Cómo me las voy a apañar sin sufrir, semana tras semana, con las vicisitudes de la mi Bette? ¿Qué, o quién, me tendrá, ahora, con el alma en vigo? ¿Con qué me devanaré los sesos?
Estoy tan desesperada, que no sé si meter muchacha o ponerme a servir.

miércoles, marzo 19, 2008

La vida reconfortate de las palabras: vacaciones



Hace unos meses, en uno de sus múltiples concursos, Blau nos pidió las fotos de nuestros pies. Por supuesto (la vida de la absurda-sinsorgo*-ejecutiva-agresiva de los c... es muy, pero que muy, sacrificada), no tuve tiempo ni ocasión para hacerme una foto decente de los susodichos.
Pero como todo llega, en esta vida, esta mañana he tenido el tiempo y la ocasión para fotografiarme los pies en una de mis posturas favoritas, haciendo lo que no he podido hacer en este jodío trimestre.
Es más, esta monería (de foto) tiene el mérito añadido de haber sido hecha durante este día que me estoy regalando con todas las de la ley, a costa de haberle mentido a mi madre (¡Santo Cristo, a lo que ha de llegar una!).
Sí, amigas mías, sí, una es hija mayor y soltera de madre viuda y semi-anciana, experta en las artes del chantaje emocional. Dramática circunstancia, ésta, que implica, no sólo la obligación de hacerse cargo de la matriarca del clan, mientras el resto de sus vástagos emparejados viajan despreocupados por los bonitos pueblos de la geografía de España y del mundo, sino, a mayores, tener un chip defectuoso en el jodío cerebro que te aboca a una corrosiva y nefasta culpabilidad.
Menos mal que, de vez en cuando, esta hija mayor, soltera, masoca, roja, impar y pasa, tiene un rapto de lucidez y se pone el mundo por montera en su propio beneficio.
Total, que le dije a la madre que me parió que hoy me tocaba trabajar, le pedí a mi hermano número dos (soltero, él, también) que se hiciera cargo de la madre y de Tiza y Bilbo, so pretexto de que mañana tengo la visita de dos blogueras y quería atenderlas como se merecen, y que los mis perrinos me iban a dificultar mucho la jornada, y me vine a mi caaaaaasa (toy como ET), dispuesta a disfrutar de una bien merecida y ansiada soledad en la paz de mi hogar avilesino.
Llegué tempranito de Oviedo, directa a mi masaje semanal, me compré unas exquisiteces para comer, alquilé Juegos secretos, de la mi Jennifer Connelly, llegué a casa, puse a bajar el capítulo 11 de L (lo primerito), me puse el pijama y me tumbé en el sofá ¡a leer!, con la Misa en Si Menor, de Bach, de fondo.
Y ahora, voy a comer y a pasar la tarde haciendo lo que me salga del mismísimo arco del triunfo: que si viendo la peli, que si echando una siesta, que si leyendo, que si visitando a mis amistades blogueras, que si viendo el capítulo 11 de L, que está bajando como una posta, que si...
¡Feliz día!
*Sinsorgo. Dicho de una persona: insustancial y de poca formalidad. Término con el que Amelia Valcarcel se refirió a Arturo Pérez-Reverte en su conferencia del día 7 sobre Simone de Beauvoir. ¿No ye total?
¡ATENCIÓN, TEMA!: El cadáver exquisito continúa en el blog de Errante.
¡ATENCIÓN, TEMA! (II): Parez que después de la incursión de la anónima de Errante, del corre corre que te pillo de Morgana y la desaparición misteriosa de Dintel, andamos por Irreverens. Yo, como he dicho en el blog de Morgana, me lavo los pies.

domingo, marzo 16, 2008

Cadáveres no tan exquisitos

















O tengo la jodía ameba del cadáver exquisito de Onhe intalada en el cerebro, o se me ha reblandecido (el cerebro) de tanto darle caña, o este maldito bimestre me está pasando factura, o las tres cosas a la vez. El caso es que tenía dos cosas en la cabeza, antes de salir de casa: llevarme el papel y los plásticos para proceder a su reciclado y coger la cámara para registrar los efectos del temporal en mi playa favorita. La cámara se quedó en casa. Menos mal que llevaba el móvil, pero no es lo mismo, ni es igual.
Debió ser de órdago a la grande, el temporal, porque la línea de la marea subió sesenta metros más arriba de la habitual. Los restos, a pedir de boca: envases plásticos como para hacer un catálogo, peluches, macetas, redes, neumáticos, juguetes, puntos de amarre (dos), cuerdas, marañas de cuerdas de plástico, tampones, compresas, salvaslips, zapatillas de deporte, cascos de obra, aletas de surfistas... y montañas de palos y troncos.
Eso sí, se ha llevado, la mar, parte de los miles de piedras que jalonaban la orilla y la convertían en un natural, eficaz e incómodo pediluvio. También, toneladas de arena.
La mar nunca se queda con nada que no sea suyo y, a veces, se lleva lo que le pertenece.

viernes, marzo 14, 2008

La vida exquisita de las palabras


Antes que yo, se han cebado en este cadáver exquisito, Onhenick, Blasfuemia, Marcela y Errante.
"Vive en aguas dulces y cálidas, se introduce en el cuerpo humano a través de la nariz y comienza a devorar el cerebro de su víctima hasta provocarle la muerte. El aumento de las muertes por culpa del Naegleria fowleri,un parásito microscópico y, hasta el momento, raro, está alarmando a las autoridades sanitarias estadounidenses. En el último año, el parásito ha matado a seis niños y jóvenes en Estados Unidos".
"Desde luego, era bastante improbable que hubiera estado expuesta, si podíamos exceptuar los chapuzones veraniegos en la piscina comunitaria. El agua de la piscina estaba cristalina y el socorrista, un muchacho musculoso y siempre dispuesto, solía repasar minuciosamente cada milímetro de los azulejos con un pequeño cepillo por las tardes. En el pantano o el río jamás. Sólo probó una vez a bañarse en el río, si es un río esa balsa alargada que bordea los pueblos cercanos, porque los ríos son corrientes de agua, y ese agua no corre, como nada de por aquí. Tuvo que ser en la piscina, sí, no hay otra manera. Seguro que esa infantil manía suya de dar volteretas dentro del agua le facilitó el camino, le dió el impulso necesario para subir sin esfuerzo por sus fosas nasales y alojarse en el cerebro. Porque desde que leyó la noticia a una columna en la sección de curiosidades científicas del periódico, tuvo claro que era eso lo que le pasaba: tenía una ameba viviendo en su cerebro.(Ohnenick)Yo me tenía por una persona con arrojo, no es que no me asustara, aún me recuerdan los gritos que di en la última reunión de vecinos, en el garaje, cuando unas cucarachas hicieron su aparición (a saber si tenían alguna propuesta que aportar a la comunidad..). Pero eso eran cosas sin importancia, en las grandes cosas jamás tenía miedo. Esa ausencia de temor era lo que me daba la libertad de hacer lo que me viniera en gana, de hecho.
Pero lo de la ameba me tenía inesperadamente atemorizada, hasta el punto de que me pasaba el tiempo tumbada, por temor a que con el movimiento la ameba taladrara aún más mi cerebro. Pero lo cierto es que había algo de esta situación que me encantaba: Lola estaba realmente preocupada por mí. Normalmente no soportaría este estado vegetativo, dejando que sean los demás quienes resuelven. Pero si los demás son Lola, entonces es otra cosa, entonces prefiero alimentar esa sensación de debilidad, de dejarme proteger..- He estado investigando sobre la ameba esa, Najwa Nimri.. dijo Lola con una sonrisa.- Naegleria Fowleri, Lola, Naegleria Fowleri Y no me hagas reír que me cuesta mucho hacerlo sin moverme.. –le contesté. (Blasfuemia)
No moverme, no moverme, no moverme ¿pero cómo no me voy a mover cuando veo cómo Lola se me acerca para preguntarme cómo me va la ameba? ¿cómo aguantar las manos para no tocar ese pecho que se me echa encima con tanta frescura?No moverme, no moverme, no dar a la ameba comida, no moverme, no dejarla penetrar más en mi cerebro, no mirar a Lola, no buscarle los pechos, no tentar a la suerte ni a mí misma.No moverme, no moverme, no moverme, que la ameba se vaya de puro aburrimiento, pero que se quede Lola, cuidándome, protegiéndome de la ameba del agua, inclinándose sobre mí para acariciarme. No moverme, ay...(Marcela)

Ayyy!! esta ameba además de parásita estaba hecha toda una castradora, pues a medida que Lola se acercaba a mí aquélla protestaba aguijoneándome en mi querida y en otro tiempo libre cabecita. Se vé que aquel protozoo okupa no iba a dejarme ni un resquicio para poder deleitarme con la caricia que el movimiento de Lola prometía. Sin embargo, Lola no me acarició entonces, se limitó a mirar dentro de los agujeros de mi nariz, que ante mi sorpresa dilatados estaban.- ¿Y si atacaramos por aquí?, preguntó Lola.Los ojos verdes más bonitos de toda la oficina me miraban interrogantes y directos.No respondí. Parecía que nadie me hubiera hablado. Es más, hubiera jurado que la ameba era verde, como sus ojos, como mi coche, como...- Digo, que si llamáramos a un otorrino, con unas pinzas o un fórceps, -todo el mundo sabe que hay amebas más grandes que otras-, quizás te librarías de ese bicho que te está sorbiendo el seso.- Claro, claro, dije yo, buena idea.También sería buena idea olvidarme de esos ojos verdes que se sientan a mi lado de lunes a viernes, pensé. Porque, qué pensaba que era para mí Lola, es más, qué pensaba que era yo para ella. Compañeras. Llevábamos años trabajando juntas, nos llevábamos bien porque nuestros caracteres eran totalmente opuestos y nos compensábamos. No era lógico ir enamorándome de toda aquella que por circunstancias, -en este caso, laborales- cayera cerca de mí en este tiempo. Querer estar enamorada no es motivo para enamorarse. Y fundamentalmente no me gustaba Lola. Sólo sus ojos. Espectaculares. Pero no conozco a nadie que se haya casado por unos ojos.Todo ésto son bobadas, pensé en voz alta. Ya me enamoraría, o no. Lo realmente importante era librarse del parásito. Amores y parásitos, dije mirando al techo, bonito título para una tesis, y aparecían ante mí dos tochos encuadernados en verde, y en relieve, Amores y parásitos en los albores del s XXI. Bobadas, bobadas, se ve que la ameba se alimentaba bien porque mis pensamientos cada vez eran más incoherentes.Mientras yo cavilaba, Lola fue hacia su bolso para buscar el móvil. Tenía una amiga que conocía a un otorrino muy bueno -eso se dice siempre que se conoce a algún médico, para presumir, presumo- y se disponía a llamarla...

Errante

Amores y parásitos, amores parásitos, amores, parásitos, ojos verdes, garfio, cerebro, ameba…
Mi mente parecía haber entrado en una especie de bucle vertiginoso que me arrastraba hacia un abismo cada vez más profundo. Mientras repetía, una y otra vez, las mismas palabras, con la vista fija en la espalda de Lola, las imágenes se hacían más y más nítidas. Era su silueta, no tenía la menor duda, la que me protegía del sol abrasador, la que se recortaba contra los juncos de la orilla. Eran sus hombros, la forma en la ladeaba la cabeza…¡Dios Santo, su cabeza!
—Deja, deja, no llames.
Debió sorprenderle el tono imperativo de mi voz porque cerró el móvil con un golpe seco, se volvió, con la misma cadencia que lo había hecho entonces, y clavó sus ojos en los míos. Sus ojos. Eran sus ojos lo único que deseaba ver al despertar, los que me acompañaban en la soledad de las noches en las que no me reclamaba a su lado. Sus ojos, en los que me reflejaba cuando reíamos, los que me buscaban en medio de la multitud, los que me desnudaban, exigían, suplicaban. Sus ojos.
Me interrogó con la mirada. La misma mirada con la que me había interrogado aquella mañana, a principios de verano, hacía una eternidad, pocas horas antes de iniciar el ritual que la separaría de mí, ¿para siempre?

Tu turno,
Morgana.

sábado, marzo 08, 2008

¿Cuándo podremos dejar de "celebrarlo"?



Este año, la Consejería de Presidencia del Principado de Asturias, de la que depende el Instituto Asturiano de la Mujer, ha decidido dedicar todos los actos del 8 de Marzo al centenario del nacimiento de Simone de Beauvoir.
La conferencia inaugural la dio Amelia Valcarcel, a quien acompañaron en la mesa la Alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, a la izquierda en la imagen, la Consejera de Presidencia y Vicepresidenta de éste, nuestro Principado, Mª José Ramos, y lo más granado del feminismo regional, en la sala. Luego, se inauguró la exposición dedicada a la figura del año, con un concierto de Maite Hierro, artista local, y una sidra impresión, que es una nueva modalidad de sidra que no tienes que escanciar y que se ha puesto de supermoda en los saraos cool de la región, que se acompaña por bombones (en vez de los tradicionales quesu Cabrales, chorizos a la sidra, lacón con patatines...) .
Crónica social aparte, unas frases para la reflexión:
Ser mujer no tiene definición autónoma, sino que viene definida por otra conciencia. Ser mujer es ser lo otro.
Lo que está admitido para la generalidad de la raza humana no está admitido para la mujer.
Ser mujer es una situación. Situación que proviene del concepto que otros han definido. Esta definición es tan fuerte, tan poderosa, que cuando se es mujer el significado se te viene encima.
Cuando las mujeres salimos de nuestra situación nos encontramos, directamente, con la violencia.
No se nace mujer, una llega a serlo.

jueves, marzo 06, 2008

La vida vengativa de los fotogramas (I)

Si se hubiera publicado mi "novela" (autobiográfica y catártica) en los términos en los que la escribí, lo más seguro es que no hubiera podido salir por Oviedo en una buena temporada y, muy probablemente, hubiera tenido que vigilar mis espaldas. ¿Por qué? Porque lo conté todo con pelos y señales, sin omitir detalle. Y eso, cuando se es una cerda (nada contra la raza porcina, conste), no gusta, oyes, no gusta. Incluso me atreví a cargar las tintas, de manera muy inocente, con alguna que otra personajilla que, con el tiempo, demostró ser de bastante peor calaña de como yo la había retratado, aunque como, por aquel entonces, la mala era yo, hubiera quedado expuesta a todo tipo de críticas y escarnios varios.
Es decir, que me vengué, un poquitín, de alguna que otra impresentable. Poco, ¿eh?, poco. No como Ilene Chaiken, que se está vengando con saña de una ex amante que la abandonó y se las hizo pasar de tonelada y media, a través del personaje de Bette Porter. ¿Que no?
Pero, vamos a ver, si esta pobre rapaza no tiene un momento de sosiego, ¡leches!; si no ha hecho más que de sufrir y de sufrir, y de llorar y de llorar desde que le fue infiel a la su Tina con la carpintera, allá por la primera temporada; si ha pagado esa infidelidad a precio de oro; si hace capítulos y capítulos que no se ríe con ganas, esconcretamente hablando, desde el 8º episode de la 4ª season, como se puede ver en este gráfico, excepto cuando se fumó los porros en la fiesta aquella; si, cuando no está pidiendo perdón, está disculpándose, y si no arrastrándose perdida, sin rumbo y en el lodo (como se puede ver en estos otros, gráficos).













Me acuerdo, yo, de cuando estaba, ella, tan feliz y tan mona (porque mira que estaba mona en aquellos capítulos), al principio de lo suyo con Jodie (que ligó con ella a lágrima viva, ¿eh?), que echan unos polvos de escándalo, que le prepara el desayuno, y todo, Jodie, y le ponía la mesa ideal de la muerte, y, para Jodie, era todo deseo. ¿Cuánto le duró la tranquilidad? Hasta que fueron a consolar a Phyllis, que terminó invitándola a un bombón, Phyllis, en previsión de la que se le venía encima con Amy, la amante deaf de Jodie.
Y cuando el primer dinner-party con las amigas de Bette, que Jodie termina poniéndola de hoja de perejil. Y cuando llega Jodie de Niuyor, que le pone la mesa tan ideal, Bette, y a la otra le parece de asco, pero terminan dándonos un espectáculo medio de dominación (pero sin el medio). Y cuando me la tiran al lago aquel, vestida y todo. Y cuando Jodie prefiere ir a echar un baile y me la deja descamisada y caliente como una perra sobre la cama (que hay que estar de los nervios, para preferir un baile a un polvo con Bette Porter). Y cuando Tina le dice que se arrepiente del beso en el baño del She Bar... Y podría seguir hasta el infinito, pero que como no hay más que verle las caritas de cervatillo asustado, que no hay capítulo en el que no nos regale media docena, no quiero ser pesada.
No voy a contar más, que sé de algunas que no me llevan los capítulos al día y no quiero spoileárselos. Pero, vamos, que Ilene está ensañando, es un hecho. Que Bette no es ella ni su sombra, otro. Y que le está haciendo pasar a Bette lo que le hubiera gustado hacerle pasar a esa que la abandonó, otro, a mayores.
Es más, tengo mis razones para pensar que Ilene es el espíritu redivivo de Alfred Hitchcock, concretamente, del Hitchcock de Los Pájaros. Pero eso, lo dejo para otra entrega.

lunes, marzo 03, 2008

Amores que matan


(En el atril, junto al ordenador, el catálogo de ya sabéis qué exposición)
En un principio íbamos a ir las tres, lamirmana, la mi prima y yo, a celebrar el cumple de una de las dos primas que tenemos en Madrid. Perfecto. Nos llevamos fenomenal, las tres, y lo pasamos bomba juntas. Bueno, pues, la altura del jueves se me presenta, sin avisar, y se autoinvita.
¡No me jodas!, le dije bastante mosqueada, para una vez que me remango... ¡Que llevo sin salir de casa desde el verano. leches!
Le dio igual. Ni me contestó. Se fue haciendo un huequito, como quien no quiere la cosa y el viernes, por la mañana, ya la tenía instalada a mi vera dispuesta a no despegarse de mí en todo el finde.
Se portó bastante bien durante el vuelo, y durante el ratito de compras al que me arrastraron lamirmana y la mi prima (que son de natural gastizo, ambas). Durante la cena, en "El Paraguas", que fue el sitio que escogió mi prima, la del cumple, para agasajarnos, estuvo discreta. Menos mal. Ideal, el restaurante. Un poquitín escasos, los platos, aunque, eso sí, la presentación, fantástica. Las croquetas de fabada y los chipirones "a la sartén", exquisitos. La lasaña de centollo con caviar de oricios... inenarrable. Escasita, como todo, pero i-ne-na-rra-ble.
La copita me la fastidió, eso sí, porque es lo que tiene, que, o le das lo que quiere, o te amarga. Nos fuimos a la cama pelín enfurruñadas. Lo agradecí. No tenía el cuerpo de jota.


Por la mañana tuvimos unas palabras. No estaba dispuesta a que me jodiera la exposición de Modigliani. ¡Eso sí que no!
En la visita a la ampliación de "El Prado" la noté inquieta, pero no le hice ni caso. Subimos al Claustro, bajamos a comprobar los efectos del lucernario en los pisos inferiores, volvimos a subir, salimos a ver el seto de boj y las puertas, a criticar a Moneo (yo no, conste, que me gustó todo mucho, incluidas las susodichas puertas). Ni palabrita. Se conoce que le hicieron efecto las palabras que tuvimos por la mañana, porque no rechistó durante todo el viaje, y eso que estuvimos casi una hora dentro del avión antes del despegue, que bien podía haberse cabreado, ¿eh? Pues no.



Ahora bien, en cuanto puse los pies en casa de mi madre, a media tarde del sábado, se vengó de mí que más no se ha podido vengar. He tosido tanto, tanto, que hasta tengo agujetas; he llorado tanto que se me quedaron los ojos como los de un besugo; me he sonado tantísimo, que se me ha despellejado la nariz y, no sé si de las toses o de qué coño, se me ha quedado una voz de cazalla que da gusto oírme. Y luego, que como no termina de bajarme la fiebre, no hay parte de mi anatomía que no me duela.
Así que, a estas bonitas horas, me voy a la cama con el mi Harry Potter, mañana será otro día (digo yo).


miércoles, febrero 27, 2008

Pero, ¿dónde estás, Bette?*


Esta mañana, entre masaje y masaje, entre cuita y cuita (todas mías, las cuitas), comentábamos, la mi masajista, y terapeuta, alternativa, y yo, la evolución de la mi Bette. Y las dos coincidíamos en que me la tienen hecha una llaceria**.
¿Dónde está aquella Bette, me y le preguntaba, que conocimos en anteriores temporadas? ¿Dónde ha quedado la ejecutiva agresiva, todo el santo día colgada del móvil, a la que no se le ponía nada ni nadie por delante, que lo mismo le daba enfrentarse al Consejo de Dirección del CAC, que a una petarda, que a un senador de los mismísimos Yunitesteis of America en una Comisión del sacrosanto Senado de los ídem? ¿Dónde el carácter? ¿Dónde la resolutiva?
¿Qué ha sido de la mujer segura de sí misma, decidida, independiente, autónoma, capaz de seducir a propias (Alice, la fontanera, la senadora de Ohio, la muchacha de la boite-que me la mira un par de veces y se la lleva a la cama sin mediar palabra, cargadita de Absolut Martini, eso sí-, las tropecientas que hacían cola en la barra de The Planet para pedirle una cita…) y extrañas (Peggy-Guggenheim-Peabody)? ¿De la líder a la que todas pedían consejo, y opinión? ¿La triunfadora? ¿La borrachurcia y fumadora? ¿La del personal trainer? ¿Qué fue de sus convicciones inamovibles? ¿De su moral inquebrantable? ¿Dónde ha quedado, en fin, la personalidad arrolladora de Bette Porter?
Yo, conste, tengo mi teoría.

*Post que dedico a la mi amiga de la adolescencia M. D., que no me leerá nunca, que en la escena del linchamiento de Johnny Guitar, cuando están a punto de colgar a Joan Crawford, en medio del silencio sepulcral del, entonces cine, teatro Campoamor de Oviedo, se arrancó, a voz en grito, con aquel, ya mítico entre mis amistades, Pero, ¿dónde estás, Johnny?, haciendo estallar en una monumental carcajada a todo el patio de butacas.

**Llaceria (del bable). Desastre, despropósito máximo, destrozo, desgracia, calamidad, conjunto de males (sin mezcla de bien alguno, como el pecado, según el padre Astete) que se padecen salió de la peluquería fecha una llaceria (que, ya, peor no me lo puedes poner, oyes).

sábado, febrero 23, 2008

La vida empática de los fotogramas

No sólo he sobrevivido a la semanita, si no que hasta me ha dado tiempo (la falta de tiempo es una leyenda urbana) a ver estas tres pelis, por este orden, de viernes a viernes:
La Soledad
¿Por qué las mujeres siempre queremos más?, en cuatro cómodos plazos a lo largo de la semana, intercalándola con los correspondientes capítulos de L, y
En un mundo libre.
Y ahora me voy a Xagó.

sábado, febrero 16, 2008

La vida cansina de las palabras, y los actos

Estoy hasta el mismísimo arco del triunfo de los victimismos (de los míos, los primeros); de quienes no encuentran otra manera de obtener lo que quieren de mí si no es victimizándose y chantajeándome. Y, estoy hasta el mismísimo arco del triunfo de caer, como una imbécil, en sus trampas.
Estoy hasta las cejas de los ombligos del mundo (del mío, el primero); de quienes se creen en la posesión de la verdad absoluta (yo, la primera) y se sienten con el derecho de juzgarme, condenarme y, a mayores, reconvenirme y decirme lo que tengo que hacer. Y estoy hasta las cejas de permitírselo.
Estoy hasta la punta de la caipirinha de tener que pedir perdón (a mí misma, la primera) por ser como soy, por sentir lo que siento (y, a veces, hasta tener la osadía de manifestarlo), por pensar lo que pienso, por decir lo que digo, por hacer lo que hago.
Estoy hasta la coronilla de pasarme el día templando gaitas (las mías, las primeras) para que todo el mundo a mi alrededor (menos yo), se sienta a gusto.
Estoy hasta el c...o de atender a las necesidades de las (y los) demás antes que las mías.
Estoy harta, harta, ¡harta!, de pasarme el día demostrando lo responsable, lo eficaz, lo trabajadora, lo estupenda que soy. Que lo soy, lo cortés no quita lo caliente, pero que, a estas alturas de partido, me subleva sentirme en la necesidad de demostrarlo.
Estoy hasta la coronilla de pasarme el día justificándome.
Estoy más que harta, de mí misma, la primera.
PD: Y estoy hasta los c…s, que no tengo, de dejarme el pellejo en el curro, pero que como no me queda otra, porque para eso, ya me ocupé yo solita de cargarme como una mula, os veré, más o menos, al final de la semana que viene. Que las diosas os sean propicias.

miércoles, febrero 13, 2008

Ridi, Pagliaccio

Para Eduardo. Y para Blasfuemia. Y para Dintel. Y para Errante.


Recitar! Mentre preso dal delirio,
non so più quel che dico,
e quel che faccio!
Eppur è d'uopo, sforzati!
Bah! sei tu forse un uom?
Tu se' Pagliaccio!
Vesti la giubba,
e la faccia in farina.
La gente paga, e rider vuole qua.
E se Arlecchin t'invola Colombina,
ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
in una smorfia il singhiozzo e 'l dolor, Ah!
Ridi, Pagliaccio,
sul tuo amore infranto!
Ridi del duol, che t'avvelena il cor!

lunes, febrero 11, 2008

La vida demoledora de las meditaciones


(Capítulo 3x10. Bette abandona el retiro voluntario sin conseguir, la inocente, arreglar toda su vida)
En un tris estuve de salir huyendo de mi retiro, como alma que lleva el diablo, al menos cien veces, durante la jornada del sábado. En un tris.
Llegué a mi casa hecha fosfatina. Revuelta como una mona. Removida como qué se yo. Dormí fatal. Entre sueño y sueño, hasta soñé que Ojos Verdes se me avalanzaba y me pegaba un morreo de escándalo, no digo más.
El domingo me levanté tempranísimo y di vueltas por mi casa como una leona enjaulada, hasta que decidí que no quería volver allí. Que no, que no, y que no.
Cuando M. me recogió, antes de las 9 a.m., se lo solté a bocajarro: ¡No quiero ir! Esto no va conmigo. Hay técnicas y técnicas, y ésta no es la mía. No quiero ir.
Ni siquiera me dio opción (conducía ella). Eso sí, me ofreció un par de argumentos de solidez indiscutible y me arrastró hasta allí, a que terminara de removerme, revolverme y convulsionar, so pretexto de que sería mucho peor para mí si no cerraba el círculo.
¡Y yo que pensaba que iba a recolocar los palos del sombrajo! ¡Ah, mísera de mí! ¡Ah, infelice! Si, ya, ni siquiera sé lo que es ¡un palo!
Porque, cerrar, cerré el círculo. ¡Hostia, que si lo cerré! Y, desde aquí te lo digo, M., sabes que te agradezco en el alma que me arrastraras a aquel infierno, pero es que no siento las piernas, ni los brazos, ni el torax, ni el abdomen, ni la cabeza...
Lo que sí sentí, durante este fin de semana, fue todo el catálogo de emociones disponibles. A ver lo que hago ahora con ellas. A ver lo que hago ahora con los jodíos palos del sombrajo (si doy con ellos). A ver lo que hago ahora.

viernes, febrero 08, 2008

Meditando, que es gerundio



A falta de monasterio budista en el que encerrarme diez días a sufrir en silencio, dar vueltas alrededor de un templete, pelarme de frío, ducharme a la intemperie y llorar a moco tendido, en un vano intento por recuperar mi vida (ver capítulo 3x08 de L), no me ha quedado más remedio que proceder a retirarme (y destilar mi glamour), durante todo el fin de semana, a un centro de yoga de la capital del Principado, a fin de intentar reencontrarme con mi niña interior y liberarme, a mí misma, de los lastres que, con seguridad, arrastro desde la infancia. Confío en que este periodo de meditación me ayude a recolocar los palos del sombrajo, que los tengo manga por hombro, la verdad, sobre todo en lo que se refiere al espinoso mundo de mis emociones.
Sé que me espera un arduo trabajo, pero me consuela pensar que la distancia, desde la adolescencia recalcitrante en la que me encuentro en estos momentos, hasta esa infancia perdida en el canto de la memoria, no es mucha.
Ya os contaré.
Happy weekend (lez) girls. See you monday.

martes, febrero 05, 2008

La vida traicionera de los fotogramas

Ésta es la escenita por la que llevábamos suspirando (sí, lo confieso, la mitad de mí también suspiraba) cienes y cienes de seguidoras de L desde el final de la 2ª temporada, gracias a la pericia de las guionistas, que fueron alimentando el morbo a base de píldoras convenientemente dosificadas, durante más de una docena de capítulos. Y lo que te rondaré, morena clara, porque esto no acaba aquí, ¿eh?, lo sepáis.
(Quienes no hayáis llegado a la 5ª temporada, abstenerse de da-y al play)
Escenita que, convenientemente aliñada con la iluminación y música adecuadas, va directamente al núcleo duro de nuestras emociones. Emociones que hemos ido construyendo desde la más tierna infancia conducidas, de forma sibilina, por la literatura, el cine, la publicidad, las revistas para adolescentes, las canciones..., y que, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera hemos revisado.
Cienes y cienes de lesbianas de la aldea global, y alguna hetero que otra, nos hemos derretido, emocionado, convulsionado y aplaudido hasta con las orejas al comprobar que sí, ¡leches!, que se quieren, que todavía tienen una oportunidad de volver a reconstruir la ¿ferpecta? pareja que fueron, que el amor verdadero siempre triunfa antes de leer el the end, que por mucho que se empeñen algunas descreídas (fracasadas emocionalmente, sin duda, y solas), la media naranja no es un mito, que, incluso entre las lesbianas, puede darse una relación como ésta: estable, monógama y con proyección de futuro.
¿He dicho pareja ferpecta? Sí, lo he dicho. Rebobinemos. Examinemos el modelín a la luz de la consciencia.
Una, Bette Mariaperfecciones Porter, lleva las riendas de la relación, sostiene la familia con su trabajo, proteje a su señora hasta de sí misma (aunque mirar, lo que se dice mirar, mira muy poquito para ella), la cuida, la mima, le concede todos los caprichos, y hasta la mantiene para que ella, su señora, pueda preparar su cuerpo y su mente para tener descendencia y, así, crear una familia como mandan los cánones. Claro que, llegado el momento y aplastada por el peso de su propia desolación (pierden la criatura que esperaban) y la de la suya, y abrumada por tanta responsabilidad, no le queda por más que echar unos polvos de escándalo con una carpintera cañón que se le pone a tiro.
Otra, Tina Marujaconvencional Kennard, abandona una prometedora carrera como ejecutiva agresiva para dedicar su tiempo y su vida a la concepción de esa criatura que colmará los sueños de ambas. Mientras, que si al gimnasio, que si salir con las amigüitas, que si risas y empujones, que si jugar a las cocinitas (limpiar, limpia la asistenta), que si anteponer sus propias necesidades a las de su señora, pero pasar de ellas en quinta... En fin, lo que se dice el paradigma de la esposa ferpecta.
Pero, claro, de que se da cuenta de que la suya se la está pegando con la carpintera cañón, rompemos la baraja y, a otra cosa, mariposa.
¿Es éste el modelín que queremos? ¿Es esto a lo que, verdaderamente, aspiramos? Y, a mayores, ¿nos creemos que hemos llegado hasta aquí solinas, sin ningún tipo de influencia exterior?

jueves, enero 31, 2008

La vida incoherente de las ideas


Hela aquí, helas de ele. La pareja lésbica perfecta. El paradigma bolleril por excelencia. La que todas querríamos ser, o tener.
Convivencia, estabilidad (económica, social, emocional...), materialización del éxito (personal, social, económico), monogamia garantizada por decreto, persistencia en el tiempo, continuidad genética, transmisión de la propiedad y los valores (morales)... Resumiendo, la glorificación del único modelo admitido por los valores de la sociedad patriarcal imperante: la familia tradicional cristiana que defienden a ultranza las cúpulas peperas y eclesiásticas.
Un siglo de lucha feminista; la reivindicación de la diferencia; el orgullo gay; la construcción de la identidad; los esfuerzos, casi siempre infructuosos, por lograr la igualdad de derechos y oportunidades, el lugar que nos corresponde, a las mujeres, en el ámbito público y en el privado; decenas de años (y los que te rondaré, morena) intentando conseguir la independencia, la autonomía personal, emocional, económica y social, y la valoración de las tareas tradicionalmente femeninas, para hacerlas extensivas a ambos sexos; el cambio de concepto en la masculinidad y la feminidad alejadas de estereotipos perniciosos...
Y llegan estas dos, y babeamos (yo la primera, o la última, que tampoco es plan de pelearse por el orden). Y justificamos (yo no, pero bueno, vale) la opción de Tina, en aras de una maternidad responsable. Y agonizamos (yo también) cuando presenciamos el deterioro y el final de su relación paradigmática. Y condenamos la infidelidad de Bette con la carpintera, pero disfrutamos (en silencio) con el morbazo que nos da. Y odiamos a Helena Peabody. Y se nos abren las carnes (las mías, en canal) cuando se reconcilian para tener juntas a su hijita. Y maldecimos a Jodie (yo no, pero ése será tema de otra entrada). Y castigamos (castigan las guionistas, pero nosotras asentimos complacidas), ora a Bette, ora a Tina, ora a ambas. Y clamamos por su reconciliación definitiva, y una sexta temporada consagrada a la materialización de su amor eterno. Y sólo queremos que nos devuelvan (really, me too) al sueño imposible del amor romántico.

sábado, enero 26, 2008

La vida reveladora de los fotogramas


El jueves pasado, durante la cena a la que lo invité por haberme ayudado a solventar mis problemas con los capítulos mudos de L, discutía con el mi hombrón, el tema de los referentes homosexuales en el cine. Él, que ya había hablado del tema con la suya, con quien yo lo había comentado previamente, venía dispuesto a rebatir todos mis argumentos y destrozarlos, uno a uno.
Una buena historia de amor, por ejemplo, dijo con la rotundidad de quien se ha preparado el temario, no tiene sexo, ni condición. Por ejemplo, en Brokeback mountain, yo mismo..., y bla, bla, bla.
¡Cooooo-rrecto! Nada que objetar. Brokeback mountain. Y, nada menos que dirigida por Ang Lee. ¿Qué coño pedimos? Si es que protestamos de puro vicio, ¡leches! Y eso que él no sabe, o creo que no sabe, nada de Media hora más contigo, La memoria de los peces, Fish, A mi madre le gustan las mujeres, etcétera. Que si llega a ser consciente, vamos, que me trago mis argumentos a palo seco, sin una sola gotita de vino.
Pero, tiene razón, el mi hombrón. Ayer mismo pude comprobarlo, una vez más, en esta maravillosa película: el mundo cinematográfico está lleno de referentes femeninos, plagado de espejos en los que mirarme y ver reflejado el miedo, la indefensión, la inseguridad, el drama, la lucha, la rebeldía, la resignación, el dolor, la incomprensión, la ilusión, la solidaridad, la supervivencia, la alegría, la complicidad..., la gloria de ser mujer en un mundo de hombres.

miércoles, enero 23, 2008

La vida cómplice de las palabras




Esta mañana, mientras mi terapeuta alternativa se esforzaba por deshacer los nudos de mi maltrecha musculatura y armonizar mi espíritu con un profundo, efectivo y doloroso majase shiatsu, tuvimos que hablar, largo y tendido, del suicidio de Ojos Verdes y , ¡oh, sorpresa!, de L. Fue ella la que me tiró de la lengua, que conste. Habla, habla, me dijo, así te centras menos en lo que te estoy haciendo. Lo que me estaba haciendo era ver las estrellas con esas manos que tiene que, a veces, parecen garfios clavándose en mis carnes morenas. Salgo nueva, la verdad, pero pasar, hay veces que las paso de a kilo. Hoy, por ejemplo.
Pero, vamos a lo que vamos.
Cuando le conté lo de Ojos Verdes, le dio la risa floja. Luego me felicitó efusivamente. No hay comparación entre la tu Bette y O. V., afirmó rotunda. Más no digo.
Ya la he apuntado en la lista para dejarle todo lo que tengo, porque ha visto unos pocos capítulos deslabazados y, en sabiendo que los tengo, ya le tarda empezar desde el principio y acabar por el final, así se le duerma su novia, que es de mucho dormir y a sus horas, por las esquinas.
Según íbamos desgranando los temas y yo le contaba la beneficiosa influencia que está ejerciendo la susodicha serie sobre mi ánimo, ella escribía y escribía en mi ficha. Y debió gustarle lo que oía, porque sólo me puso cuatro flores para mi ración semanal: agua de roca, genciana, nogal e impaciencia (de ésta no me libro ni queriendo).
Si no fuera porque lo que es, me hubiera ido a tomar una infusión al Planet, para completar el tratamiento.

sábado, enero 19, 2008

La vida expiatoria de las palabras, y los actos


Se me ha muerto Ojos Verdes, así, de repente, en una semana. Para ser más exacta se me ha hecho el harakiri ella solita.
Sé que habrá alguna que piense que ha sido Bette Porter la que ha empujado el puñal y se lo ha retorcido en las entrañas, o que, bajo su influencia, fui yo misma la que le dio el último empujoncito, pero no. La mi Bette ye demasiado buena como para perpetrar tamaño crimen.
El puñal se lo ha clavado ella misma, poquito a poco, pero con decisión y contundencia, en tres etapas, tres, como mandan los cánones.
No voy a entrar en detalles porque yo, como la mi Bette, soy buena, a la par que discreta y elegante, y no suelo hacer leña del árbol caído, pero estoy segura de que comprenderéis mis motivos cuando os diga que no puedo seguir perdiendo el tiempo con alguien que espera, como agua de mayo, a que llegue el viernes para ir a ver "Expiación: más allá del amor".

martes, enero 15, 2008

La vida endogámica de las relaciones lésbicas


(Aclaración gráfica al post anterior)
Clara tenía una novia oficial, Angus, con la que llevaba unos cuantos años de relación formal, salpicada por las innumerables infidelidades de Clara, de las que ella hacía caso omiso.
Güendy (con quien yo había mantenido, mucho tiempo atrás, una relación de casi tres años) y su novia Viky (a quien yo había tirado los tejos sin ningún éxito durante una crisis de las gordas con mi pareja de entonces) se habían hecho íntimas amigas de la pareja. Para añadir un poco de chispa a sus anodinas vidas, Güendy se lió con Clara y Viky lo intentó con Angus, alias Fielhastaelfinus. Pero a Viky le atraían muchísimo Clara y su BMW que Angus, que ni siquiera sabía conducir, por lo que, aprovechando que Güendy estaba de viaje por el Cono Sur, se lanzó al ataque, con la pretensión de que Clara dejara a Angus y a Güendy y así convertirse ella en la única copiloto de BMW.
Cuando Güendy volvió de su viaje y descubrió la jugada, montó en cólera, se libró por las bravas de Viky e inició su propia estrategia de acoso y derribo, con éxito intermitente.
Y ahí aparecí yo, recién salida de uno de mis habituales retiros espirituales, ajena a todo lo que se cocía por el ambiente ovetense. Y me enamoré perdidamente de Clara.
El centro de operaciones de todo este cacao era el Frida, el bar de Carmen (con quien yo tuve un corto, pero intenso affaire y que, a su vez, había estado liada, sucesivamente, y por este orden, con Viky y Güendy), que le tiraba los tejos a Angus mientras Clara y yo jugábamos al tenis, bajo la atenta mirada de Güendy, erigida en jueza de silla, y Angus se tragaba varios torneos de voley-playa por la tele.
Y hasta aquí puedo aclarar.

lunes, enero 14, 2008

La vida "literaria" de las palabras



Hace unos años escribí una autobiográfica y catártica novela, cuyo máximo valor fue permitir que me distanciara de la onda expansiva producida por el terremoto (9.9 en la escala Richter) que sacudió mi vida durante dos años largos.
La titulé Esperaré por ti y por tu bemeuve hasta los cincuenta, si hace falta, frase mítica que pronunció la amante con pretensiones de mi amante de entonces, causante del cataclismo, cuando intentaba ganarle la partida a su propia novia, mientras ésta realizaba un viaje por el cono sur, y, de paso, librarse definitivamente de la novia oficial de la susodicha, que interfería notablemente en sus planes.
Aparte del consabido repaso a mi agitada vida sentimental y, concretamente, a la relación que traía de cabeza a la totalidad de mis perjudicadas neuronas, describí, con pelos y señales, sin omitir detalle, el ambiente ovetense y el modus operandi de sus personajes más populares entre los que, modestia aparte, me encontraba.
Por razones que no vienen al caso, y después de un vano intento de publicación, la novelita quedó olvidada en un rincón dispuesta a dormir el sueño eterno.
Pero, héteme aquí que, por obra y gracia de una serie sobre lesbianas y demás mujeres, que estoy viendo esta temporada, y de la que ya os comentaré algo en otro momento, he decidido rescatar mi novela, hacerle una última corrección y dársela a Marcela, que lleva pidiéndome una buena temporada, a ver si se puede hacer algo con ella.
Os mantendré informadas.

sábado, enero 12, 2008

La vida monotemática de las palabras


Bueno, después de multitud de vicisitudes, de emplear hasta tres sitios de descargas diferentes, de pedir socorro a propias y extraños, de enterarme de la existencia del Hacha (y utilizarlo sin éxito, porque el capítulo que me bajé de Vagos, a través de rapidshare, a razón de cuatro descargas diferentes a intervalos de hora y media, era mudo), de utilizar el ordenador del curro para mis mariconadas, de mantener el mío encendido día y noche desde el lunes con la Mula y el Ares (que me había negado a utilizar hasta ahora) echando humo, me he hecho, ¡por fin!, con todos los capítulos de la 4ª temporada de L. Incluso los he grabado, ya, en DVD, y todo, no sólo para mí, si no para regalárselos a la mi amiga Marcela, a quien nunca agradeceré bastante el haberme hecho este regalazo.
Estoy exhausta. Exhausta y pelín ansiosa por empezar a ver el capítulo 7, que es por donde voy. Sí, lo reconozco públicamente, me he tragado los seis primeros a través de la pantalla del ordenador (mi moral es tan frágil y quebradiza que no pude resistir la tentación; con deciros que incluso vi dos sin sonido...). Capítulos que pienso volver a ver, como la señora que soy, cómodamente repantingada en mi sofá, en cuanto termine con este visionado, que para eso me he comprado un DVD de los que te leen hasta las galletas María.
Y hasta aquí puedo escribir. Vais a perdonarme que no os visite esta noche, pero pasa de que tengo que tirarme al sofá y la tele, mando en mano, a dejarme abducir.
Nota: Por si os lo estáis preguntando, sí, soy igual para todo, tenaz y persistente.

miércoles, enero 09, 2008

Nessun dorma



(Al final, llovió toda la tarde)

Nessun dorma
nessun dorma
tu pure, o, Principessa
nella tua fredda stanza
guardi le stelle
que tramano d'amore
e di speranza.
Ma il mio mistero e chiuso in me
il nome mio nessun saprá
No, no, sulla tua bocca lo diró
cuando la luce splenderá!

Volvemos a la rutina, bendita rutina. Levantarse tempranín (no tanto como Glora, gracias a Dios), ver amanecer, desayunar con el informativo, un trocito de mandala para armonizar el alma y prepararla para la jornada (esta mañana con el Intermezzo de Cavallería rusticana y Chi mi frena en tal momento, de Luccia de Lammermoor), el paseo por el parque con los peludos y El País, el reencuentro con mi equipo de trabajo, las horas de despacho, actualizar la agenda, reuniones y previsión de reuniones, y, al final de la tarde, la mirada azul, la sonrisa de Ojos Verdes y la presión su mano en mi antebrazo a modo de despedida.
Volvemos a la rutina. Bendita rutina.

sábado, enero 05, 2008

La vida atípica de los acontecimientos


Esta noche entré por la puerta de mi casa a las seis de la mañana. No, no venía de las Urgencias de HC ni de velar al Santísimo,
FUI A UNA FIESTA DE MUJERES
Sí, así como lo leéis. Yo, Mármara, alias Ana Coreta, alias Sta. Mármara del Mar Muerto, pasé la noche bailando, bebiendo, cantando a voz en grito, rodeada de mujeres (que no se parecían demasiado a las de la foto que ilustra este post, pero que qué más da) y, a mayores, coqueteando como una perra.
Me he levantado con una resaca del quince, pero más contenta que unas castañuelas.
Hacía tres años, tres, que no iba a la fiesta de las Reinas Magas que organiza el Tamara, uno de los bares gay con más solera de ésta, mi ciudad. Y, chicas, no sabéis cómo lo disfruté.
Me reí lo que quise, y más, con el mi grupín (mi ex, única mujer con la que he convivido, su mujer, y una de mis más viejas y cómplices amigas, que es hetero, preciso), vi a gente a la que hace años que no veía, que me encantó, charlé por los codos, bebí moderada, pero sistemáticamente, un número de Tankerays con tónica que no puedo precisar, bailé como si tuviera fuego en el cuerpo, canté todas las que me sabía, coreografías incluidas, y coqueteé, ¡Santo Cristo!, cómo coqueteé. No recuerdo desde cuándo no coqueteaba de esa manera (con Ojos Verdes me doy al coqueteo intelectual, que no ye lo mismo). Ni siquiera recordaba cuánto me divertía hacerlo.
Coqueteo intrascentende, cierto, porque con una de 28, enredada en una relación tormentosa con una casada y novicia, por más señas, estudiando judicaturas (sí, efectivamente, hube de enterarme de todo lo que pude) y varias babeando a su alrededor toda la noche, ya me contaréis, pero coqueteo al fin y al cabo.
Sí, sí, ella también puso su granito de arena, no fue unilateral, y si no me arriesgué a dar una vuelta de tuerca más al asunto fue porque he decidido que me apetece que me seduzcan a mí, que ya está bien de ser yo quien dé el primer paso. No fue por otra cosa, que conste.
¿Será un buen presagio para este año? ¿Será una señal de que el Universo me concederá uno de mis deseos?
Quiero pensar que sí. A ver cómo se portan los Reyes Magos.
¡Feliz noche mágica!

jueves, enero 03, 2008

Bette Porter


Tengo que confesarlo públicamente en este foro, aun a costa del perjuicio que esto pueda ocasionar a mi imagen (si es que la tengo, si es que merece ser conservada):
Me he enamorado perdidamente de Bette Porter. No me ha quedado por menos.
Como será que, en cuanto terminé de ver la tercera temporada, tuve que lanzarme a FNAC, ¡antes de comer!, y hacerme con el pack de las tres temporadas que, ahora sí, estoy viendo despacito, repitiendo las escenas que me gustan todas las veces que me apetece.
Desde aquí lo digo, que se quiten todas las Macas, las Veros y las (¡puaj!) Estheres del mundo, una vez que conoces a Bette, el resto se difumina hasta desaparecer sin dejar rastro.
Vale, sí, lo sé, las mujeres como Bette Porter no existen. Es más, soy consciente (no se me han caído las gafas con cristales color lila de repente) de que el personaje concentra todos los ingredientes necesarios para convertirse en el máximo exponente del paradigma del amor romántico lésbico. No obstante, insisto, no he podido resistirme a sus encantos.
Ahora bien, no fue un amor a primera vista, ¿eh?, no. Al principio hasta me parecía un poco repelentuca, y todo. Empecé a prestarle atención en el segundo capítulo de la primera temporada, con el asuntillo de la exposición irreverente. Me tocó, bastantito, la fibra en la escena del hotel con Peggy Peabody. Me sedujo en varios momentos de las dos primeras temporadas, que no voy a comentar porque quiero ser pesada, pero donde me dejó completa y absolutamente kaos fue en la escena del teatro de la Ópera de L. A.
Y hasta aquí puedo leer.

martes, enero 01, 2008

La vida mágica de los ritos


Hacía muchos años que no le pedía nada al Año Nuevo, muchos. En realidad, hacía muchos años que no pedía nada. Porque había pedido mucho en mi vida, y se me había concedido.
Muchos de esos deseos cambiaron mi vida muy positivamente, pero también es verdad que derramé muchas lágrimas por otros, muchas.
Durante muchos años sólo di gracias. Y seguiré dándolas varias veces al día, porque siento que soy una persona afortunada. Pero este año he vuelto a pedir.
No lo tenía previsto, la verdad. Pensaba regalarme un paseo por Xagó, para despedir el año, mojar los pies en el agua gélida del Cantábrico, sumergirme en la paz que siempre me proporciona la mar y dar gracias por todo lo bueno que me ocurrió durante 2007, pero hubo un detalle que me hizo plantearme las cosas.
Encontré una caracola. No es fácil encontrar una de semejante tamaño y con unos colores tan vivos. Tengo mi baño repleto de conchas y piedrecitas que llevo a casa cada día que voy allí, también algunas caracolas pequeñas, rotas y desgastadas. Incluso conservo, en la bandeja del coche, un ikebana que M. fue construyendo durante la primavera: tres conchas, tres piedras y unas cuantas hierbas que sobreviven a las que recogió para mí. Pero es la primera vez que me encuentro una así.
Ese regalo inesperado me recordó que aún tengo la oportunidad de encontrar aquello a lo que he renunciado. Y pedí.
Escribí mis dos deseos en una hoja de papel y la quemé, con los pies metidos en el agua, para que el humo los hiciera llegar al cielo, para que la mar se llevara sus cenizas.

domingo, diciembre 30, 2007

La vida imprevista de los acontecimientos



Está visto que la mujer, en este caso yo, propone y el Universo dispone.
Ayer por la noche planifiqué mi día al milímetro. Levantarme temprano, pintar un trocito de mandala, con los Cuadros para una exposición, de Mussorgsky, de fondo, organizar mis artículos de prensa, planchar, pasear al medio día por Xagó, terminar allí La suma de los días, de Isabel Allende, tirarme en el sofá a ver unos cuántos capítulos The L Word, terminar el artículo que escribo para Ojos Verdes, hacer mi paseo nocturno con Bilbo y Tiza y rematar la jornada con otros cuantos capítulos de la serie en cuestión.
Aunque me acosté a las cuatro de la mañana, a causa de que no podía desengancharme de la pantalla, me levanté a una hora prudente para llevar a cabo mis planes, pero... amaneció lloviendo. La playa, al carajo. Así que decidí desayunar viendo un capítulo. Cayeron tres. Y si no fuera porque este par necesitaba salir a estirar las patas, juro que ni me hubiera levantado del sofá, pero me tiré a la calle a la una y media y, ya que no podía ir la playa, decidí que la mar viniera a mí en forma de percebes y centollo (como se puede ver en este gráfico), por supuesto del Cantábrico.
Puse la mesa, terminé de enfríar el Lambrusco rosado que tenía en la nevera, introduciéndolo en el congelador unos minutos, encendí la tele y el DVD, preparé el capítulo, y me dispuse a disfrutar, en compañía de "mis chicas L", de una comida de lujo.
El postre, dátiles del Mar Rojo, en el sofá, de donde me levanté a las doce menos cuarto, después de siete horas de sesión ininterumpida, para dar mi paseo con este par de almas benditas que no rechistaron en toda la tarde, pero que ya les tocaba salir un ratín.
Y ahora, en cuanto termine de colgar este post, allá voy otra vez, al sofá, la mantina a cuadros, mi sandwich de queso y los capítulos que me apetezca ver hasta que me caiga de sueño.
¡Cuánta razón tenías, Marcela, esta serie ye adictiva onde les haya!

jueves, diciembre 27, 2007

La vida detallista de las amistades


No es que le tuviera ganas a esta serie, no, es que me moría por verla. Pero que como lo de apuntarme al Canal+ no entraba, ni entrará, en mis planes, y como las versiones que andan rulando por ahí, que se descargan de Internet, no son compatibles con el mi deuvedé, que es finísimo y no se come cualquier cosa, ya me había resignado, cuando, héteme aquí, que el otro día va Marcela me llama por teléfono y me dice: Marmarita, que me he comprado las temporadas completas de L Word, ¿las quieres? Por poco me da un pasmo. Claro que las quiero, ¿cómo no las voy a querer?, le respondí, embargada por la emoción.
Y nada, que esta misma tarde, me las ha traído ella misma a mi casa (que ni he tenido que ir a por ellas, ni nada, oyes) y ahí las tengo, esperándome. Sólo con imaginarme la tarde de mañana (sola en casa, sofá, manta...), con semejante planazo a la vista, los ojos me hacen chiribitas.
En un tris estuve de ponerme a verlas según se fue, pero como ya me advirtió de que es una serie sumamente adictiva le dije a la impaciente que hay en mí que mejor poner una lavadora, recoger unas cosillas, contestar el correo, visitar mis blogs favoritos, que no había podido visitar estos días, sacar a Bilbo y a Tiza a dar su paseín y luego, ya, con la tranquilidad, ponerme a ello. Ya me tarda, pero aún me queda el paseo nocturno.
Aprovecho esta ocasión para constatar que quien tiene una amiga tiene un tesoro, es más, abundo, un tesoro que haría palidecer a los mismísimos Piratas del Caribe. Aclaro que no sólo por este detalle, ¿eh?, que conste, pero, ¿no ye pa comela?

sábado, diciembre 22, 2007

La vida melancólica de los recuerdos


(Rodiezmo, verano de 1964)
Hoy hace veintiún años que se murió mi padre. Cada año, por estas fechas, mientras el alumnado del colegio de San Ildefonso da el pistoletazo de salida a las navidades, yo añoro a mi padre.
De las muchas cosas que he heredado de él es el amor por la música. También por los libros, la lectura, la escritura, el arte. Pero, sobre todo, la música clásica y la ópera. Mi padre fue locutor de radio. Tenía un programa muy parecido a los Clásicos Populares de ahora, del que guardamos todos los guiones, y también transmitía la Temporada Oficial de Ópera desde el Teatro Campoamor, de la que conservamos decenas de libretos.
Uno de los primeros regalos que mi padre le hizo a mi madre fue una radio. Me cuenta mi madre que, cuando estaba embarazada de mí, se sentaba en la salita, dejaba una luz indirecta, cerraba los ojos y escuchaba con devoción las piezas que él programaba y los comentarios que hacía con su voz cálida, serena y armoniosa.
Así que, cada mañana del veintidós de diciembre, elijo alguno de sus fragmentos favoritos de ópera y la Rhapsody in Blue, de Gershwin, uno de sus conciertos predilectos para sumergirme en su recuerdo.

miércoles, diciembre 19, 2007

La vida pérfida de los sueños (y II)


Ayer fue el día. No hoy, como estaba previsto, sino ayer. Al final no fueron tres horas de reunión, sino tres porciones en el antes, durante y después, de uno de los cursos que organizo y al que ella (Ojos Verdes) asiste. La tercera porción en plena calle, con un frío ensordecedor, dedicada a quejas y lamentos varios (los suyos) y subirle la moral (yo), que la tiene al nivel de la sexta galería de la mina de La Camocha (ésa que va bajo el mar), la muchacha. O sea, hacerse cargo del panorama.
Claro, llegó un momento en el que ya se nos caía el moquillo y las orejas amenazaban con hacerse trizas a causa de la congelación inminente, así que le dije que estuviera atenta al correo electrónico que le iba a mandar mi opinión sobre los trabajos infantiles que me había enseñado y un comentario reposado sobre las cuestiones que me había planteado. Y nos despedimos.
Total, que esta noche, a eso de las cuatro de la mañana, me despierto y me sorprendo a mí misma recitando las siguientes palabras a modo de letanía: aprendizaje significativo, porfolio, aprendizajes formales e informales, pedagogía del tiempo...
A las seis y veinte: pedagogía del cariño, aprendizaje por proyectos, cooperativo, entre iguales...
A las siete y media: vuelta al aprendizaje significativo, el porfolio, la pedagogía del tiempo, etcétera, etecétera, etcétera.
A las ocho menos diez me levanto, desayuno, pinto un cachito de mandala, me siento al ordenador y pongo en limpio el resultado de mis sueños.
Pedazo de artículo me ha salido, pe-da-zo. Se me va a quedar Ojos Verdes con los ídem como platos, cuando lo lea. Ahora bien, del subidón, del que son responsables los personajes de la foto (ya puedes estar tranquila, Albahaca), ni rastro.
No hay mal que por bien no venga.

martes, diciembre 11, 2007

La vida pérfida de los sueños


La semana pasada soñé DOS veces, DOS, con Ojos Verdes. Pedazo de montaje romántico, oyes, pedazo de montaje romántico, ambas, las dos veces. O sea, lo que se dice, un peliculón-peliculón en toda regla, al estilo de, qué sé yo, ¿Petri Güoman?, que diría mi madre, pero sin la escena obscena de consumismo delirante.
Estoy desconcertada, a qué negarlo, y pelín alarmada. Porque yo, a lo consciente, tengo muy claro que no quiero nada con esa muchacha. ¡Si es que no lo puedo querer! Si es que, ¡no entiende! Y si entendiera, o entendiese, tiene, la pobre, un lagarejo* mental de tal calibre que tira p'atrás a quien logre acercarse hasta allí**, y yo ya no tengo edad, ni humor, para meterme en semejantes berenjenales, que en bastantes me he metido ya, cuando era más joven, aún, y mucho más inexperta.
Eso sí, como la rapaza lo merece y hace sus méritos (que los hace, ¿eh?, los hace), he dado en adjudicarle el papel de Aliciente Oficial. Pero..., Aliciente sin posibilidad alguna de promoción, es decir, que no pienso darme la oportunidad de cambiarla de categoría, o nivel, así me quede calva.
Lo que más me preocupa y, a la par, me desconcierta, es que creía haber alejado de mí el amargo cáliz de los amoríos románticos, que tantos estragos han causado en mí en el pasado. Pero, claro, después de haber soñado semejantes escenitas, dos veces, dos, la misma semana, ya no las tengo todas conmigo.
Y es duro, ¿eh?, es duro. Que llevo muuuuuchos años trabajándome el subconsciente, el inconsciente, el consciente, el ego, el yo y el superyo, para que ahora, así, a lo tonto lo bailo, se me caigan todos los palos del sombrajo, aunque sea a nivel onírico.
Estoy convencida de que la culpa de todo la tiene Hospital Central y la famosa escenita del Taquillazo, que tan magistralmente comenta La Enredadera en su blog. Menos mal que se acaba mañana, el Hospital Central, porque sería bien triste que por causa de una jodía serie televisiva, al nombre de Ojos Verdes le diera por envenenar mis sueños.
* Lagarejo (del galveño). Lío de proporciones descomunales.
** No hay ni un corazón que valga la pena. Miguel Bosé.
 
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