
Balneario Real de las Caldas (fundado en 1770, remodelado el 2008) a regalarnos una sesión de pijoterapia por todo lo alto.






Incluso te trae un cuadernillo central que dedica a lo del sexo. Vibradores (no los pongo, que me da no sé qué), lencería, modeleos sexys (para quien se lo parezca, a mí me han dejado tibia, los modeleos, y la lencería), y hasta estas muñecas hinchables espantosas, para mi escaso gusto (digo para mi escaso, ¿eh?, que a lo mejor hay alguna a la que le gustan y no quisiera ofender), que te las puedes comprar a través de internet, por si te da corte ir al sexshop.
agradeceré eternamente, que ando yo preocupada con un asunto, y por ver si me dice algo.
Pero, vamos, que me trajo al pairo, porque por lo que mi amigo S. me mandó el ejemplar de mayo fue por esto. Ya estoy pensando en reservar un par de moscosos y comprar los billetes de avión, no sea que me quede sin ellos.



Ahora bien, que me chale la mi Bette (que no Jenni Ferbeals, que diría Ratapelá), no significa que no matara a su estilista si me la, o lo, echara a la cara. Desde aquí lo digo, ME ESPANTA el estilín de la mi Bette, si exceptuamos los momentos en los que está en su casa, con la cara lavada y recienpeiná, bien con el hato negro, bien con el hato blanco, bien
con la camisetuca de tirantín y el pareo, que me pone a mil.


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(Portada de Una feliz catástrofe, de Adela Turín)











Luego, de la que nos íbamos al cine a ver Juntos nada más, que no voy a comentar ahora, pero que recomiendo encarecidamente, se me ocurre decir aquello de que, pensándolo bien, mi trayectoria sentimental ha sido divertida, y ya, el chaparrón adquirió categoría de aguacero. Hay que oírla, le dice a T2, ¡cómo si no hubiéramos sido testigas! Pues, ¡anda que no has sufrido tú ni nada, guapina!, a mí, indignada en tonos superlativos. ¿Qué me dices, que con Clara lo pasaste de puta madre? (T2, asentía y aportaba datos contundentes de sus recuerdos particulares para sustentar las palabras de M.), todo el día pendiente del teléfono, que si iba, que si venía, que si te dejaba, que si te cogía... Y lo de Bárbara, ¡anda que no lloraste por Bárbara ni nada! ¿Y aquella gallega?, apunta T2, ¡menudo drama, el de la hija de puta de la gallega! Porque con de Belén, no llegó la sangre al río, pero anda que con X, y con B, y con Z... Lo tuyo, para lo chungo, memoria de pez, Marmarita, remachó M. Menos mal, pensé yo, porque con semejante panorama, como para instalarme en el celibato de por vida.
Total, que me vi en la obligación de admitir que mi vida sentimental se parecía más a un via crucis que a otra cosa y que el adjetivo que mejor la definía era ajetreada, y que juraba y perjuraba que si el amor volvía a llamar a mi puerta procuraría no reeditar ninguno de mis desastres precedentes. Por tu bien y por el nuestro, concluyó M.
Y nos metimos en el cine y salimos con el alma ligera y la sonrisa en los labios.
Y ahora me voy a Xagó con M., que ha llegado la primavera y no sólo al Corte Inglés.




