miércoles, julio 23, 2008

La vida oportuna de la meteorología,

o, al mal tiempo buena cara.
El sabado, aprovechando que la meteorología me era favorable (22ºC, viento en calma, nubosidad persistente -o pertinaz-, humedad relativa del aire, 70%, estado de la mar, marejadilla), me fui a jugar al golf.
Hacía tanto tiempo que no jugaba que hasta las ruedas del carro eléctrico (las señoras -mayores- utilizamos este tipo de artilugios) se habían deshinchado. Me importó un bledo. Metí los palos justos en la bolsa de mano y me la cargué al hombro dispuesta a dejarme la piel en el pellejo, que diría Mazagatos, por las cuestas, empinadas donde las haya, de mi campo preferido.

Pero como todo en esta vida tiene su parte positiva, esta circunstancia (adversa) me permitió atajar hacia el green del (maldito) hoyo 3, cuando un tiro errático dio con mi bola justo en mitad de la Tarta, realizar un approach bastante digno y dejar la pelotita a suficiente distancia del hoyo como para completarlo en tropecientos veinticinco golpes, eso sí, dos golpes en green, como mandan los cánones, tengo que lo decir.
No tuve tanta suerte en el (jodido) hoyo 7: dos bolas al agua, hoyo al carajo. Resignación. ¿Será por bolas?
(Vista del hoyo 7 desde el tee. Paralelo al camino, interponiéndose entre el tee y el green, el río Gafo, alias Tragabolas II)
Ahora bien, terminé el recorrido con la cabeza bien alta y más contenta que unas castañulelas. Jugar, jugué de pena, tengo que lo reconocer, pero disfrutar, lo que no está en los escritos. Los golpes largos, para olvidar. Los medianos, uno sí y tres no. En los cortos me manejé bastante mejor, incluso me atrevería a decir que muy bien (¿será que gano en las distancias cortas?).
En días sucesivos, ya con las ruedas hinchadas y toda la ferramienta cargada en la bolsa (que, ¿para qué, Santo Cristo, para qué, si fui descartando, hoyo tras hoyo, la mitad?), mi juego fue empeorando, y empeorando, y empeorando. Tentada estuve de lanzar la bolsa, con palos y todo, carro eléctrico incluido, al lago (que no se aprecia en la foto, pero que está, entre mi bola y la casa club). Me contuve, entre otras cosas por no asustar a una pandilla de patas que nadaban plácidamente en él, ajenas a mi ineptitud y, también, por no contaminar el lago, que qué culpa tendrá el pobre de que yo haya perdido mi swing y más que jugar, perpetre.
(Calle del hoyo 18. Mi bola, la tercera, después de haber dejado dos en el tramo correspondiente del Gafo, frente al lago, alias Tragabolas I. Excuso decir que, después de lanzarla al agua, opté por bordear).
Eso sí, desde aquí lo digo, no me pienso amilanar. Este (jodío) juego no va a poder conmigo. Buena soy yo, que me crezco, que más no puedo, ante las dificultades, o handicaps.
Mañana mismo, si la meteorología me es favorable, vuelvo a intentarlo. Ea.

sábado, julio 19, 2008

La vida mágica de... ¿las piedras?


El otro día me contaba Ohne que Patricia Vico colecciona piedras porque cree que tienen poderes mágicos. Entonces me acordé de esta piedra, que me encontré hace un par de años, en el mi Bigaral.

Cuando la encontré tuve claro lo que significaba. Hoy, ya no estoy tan segura.

sábado, julio 12, 2008

La vida inestable de la climatología, o

De la chancla a la chiruca, del pareo a la cazadora.
Me recibió mi Tierra, a principios de esta semana que se acaba, con tres esplendorosos días de sol, tres, como para compensar lo incompensable; como para que no me pesara demasiado la añoranza de otros días, brillantes y calurosos, vividos lejos de aquí; como para que las mañanas de frenética actividad laboral se diluyeran, por las tardes, entre las olas y la arena de Xagó y la paz de mi Bigaral.

Llegué al viernes exhausta, y mi Tierra me regaló una tarde fresca y lluviosa, para que pudiera recuperarme de la semanita con una buena siesta, antes de que llegara M. a tomar el café y a batirse el cobre conmigo, frente al tapete.
Arreció el temporal, por la noche, mientras veíamos pasar escenas de vida ajenas, y no tan ajenas, en la pantalla de un cine; mientras volvíamos a casa, con los pies encerrados, el cuerpo bien abrigado y el limpia a todo dar.

Hace poco, alguien me preguntó si no pensaba irme a vivir al Sur, en un futuro. Le respondí que no, que mi cuerpo y mi ánimo necesitan los días grises, la lluvia, el frío, el verde, los contrastes. Y (no se lo dije, pero lo pensé), el deseo de sol, cuando se cierra el cielo. Y la nostalgia de la lluvia. Y los horizontes cercanos. Y la añoranza de los cielos inabarcables.

jueves, julio 03, 2008

Los trabajos y los días

Lo que tiene tener amigas con posibles, en las diferentes comunidades del estado español, es que, al menos una vez al año, me invitan a instalarme en su casa y, aparte de tratarme como una reina, puedo permitirme el lujo de pasar una temporadita de relax total-conford-visa, que me viene de perlas para deshacerme del estrés del trabajo, en general, y del de la vida diaria, en particular.
Siendo, como soy, de carácter más bien austero, costumbres sencil-lias y amante de la vida recogida, o recoleta, a esta amiga en concreto (amiga del alma y la niñez) le cuesta un triunfo sacarme de casa y arrastrarme a las calles. Porque, vamos a ver, digo yo, ¿a qué salir, si lo tenemos todo en casa? Y, a mayores, nos tenemos a nosotras mismas, que nos vemos una vez al año y se nos queda corto el tiempo para ponernos al día de nuestros respectivos asuntos. Porque, hay que lo reconocer, no es lo mismo el teléfono que el directo.
Entonces, lo suyo es organizarse y disfrutar de la mutua compañía y de este, para mí (proba funcionaria de a pie), lujo asiático.
Nada mejor que un buen desayuno, en el porche, para empezar el día con energía (que diría Leticia Savater), a pesar de los 38ºC, a la sombra que estamos teniendo a eso de las diez de la mañana.
Con el estómago lleno, después del primer baño (véase nueva imagen de mi perfil), nada mejor que un ratuco mandalero, para aquietar y armonizar el espíritu, y prepararlo para la actividad de la jornada.

Actividad que puede resumirse en pocas palabras: charla, baños (cada cuarto de hora, aproximadamente), cervecita, comida, siesta (a veces, como se puede ver en este gráfico, a la sombra, otras, directamente en la cama, baño (pa despejar la modorra siestil), charla, copita a media tarde, como mandan los cánones, ducha, cena y charla, charla, charla, hasta que se nos cierran los ojucos y nos vamos a la cama más contentas que unas castañuelas.
Y hasta aquí puedo contar, por hoy, que tengo una fame negreira y me espera la cena. Cena que está preparando la mi amiga, del alma y la niñez, muy comprensiva con todas mis adicciones, incluida ésta.

domingo, junio 29, 2008

viernes, junio 27, 2008

Destino: Mitadelcamino


Tenía pensado hacer un bonito post de despedida, pero va a ser que como tengo el cerebro reblandecido y la única neurona que me queda atrofiada (no explico los motivos porque calculo que no le son ajenos a nadie), voy a tener que dejarlo en un escueto: Nos vemos a la vuelta, beibis.

sábado, junio 21, 2008

La vida sorpresiva de las llamadas telefónicas

No me he dado a la bebida porque aún no me ha dado por beber sola (que si no me da después de lo de esta noche, casi estoy por asegurar que no me va a dar nunca) y como M. he tenido que irse rauda a su casa, después de haberme masacrado sin piedad a las cartas y a las letras, me he quedado con las ganas. Que si no se llega a ir, la tranca hubiera sido monumental (de las Ventas). Tal fue la impresión.
Sí, efectivamente, tal y como reza el título de esta entrada, esta noche he recibido una sorpresiva llamada que me ha dejado kaos, completamente kaos. Que, ¿quién me ha llamado para que me encuentre en tal estado?
Ella, la de la bici, me ha llamado. Bueno, ella y , y .
Sí, sí, las tres a la vez. Dejemos los detalles, pero ha sido una conferencia intercomunitaria (de las comunidades autónomas del estado—multinacional— español) a tres bandas.
Y yo, que soy de natural tímido, a la par que asustadizo e impresionable (o influenciable, según la de la bici), me he quedado petrificada, se me han agarrado los nervios al estómago (me consuela saber que un sándwich de Nocilla y un yogur bailaron la capoeira en sus respectivos estómagos, sino tendría que pensar que había dado en roxo*), me he puesto a sudar como un pollo y he tenido que salir a la terraza, teléfono en mano, para evitar que me diera un vahído, o pampurrio.
Bueno, no hay mal que por bien no venga. Así, cuando el próximo viernes (D. m.) nos veamos, las cuatro, cara a cara, en Mitadelcamino, ya me habré (espero) petrificado, sudado y atacado todo lo que me tenía que petrificar, sudar y atacar, eso que llevo de ventaja.

*Dar en roxo. Bable. Pasarse de vueltas.

martes, junio 17, 2008

La vida compensatoria de los acontecimientos

Despues de varios "Si desea tal pulse uno", "si desea cual pulse dos", y un largo "Permanezca a la espera", me atiende Daniel. "Que es que no puedo conectarme a Internet con mi ordenador nuevo, Daniel". Servicio que tengo contratado, nombre, apellidos, dirección, teléfono, DNI, talla de sujetador, nº de pie, dioptrías, nº de usuario... "No tengo nº de usuaria, tengo un nombre..." "Eso es lo que le estoy pidiendo" -impertienente, ya, el muchacho. Doy el nombre y la contraseña. "Pues esto está perfectamente, es que usted ha puesto mal la contraseña". "Lo he intentado treinta y siete veces, Daniel, no es posible que me confunda las treinta y siete"-perdiendo la paciencia, yo. "Pues, es usted la que se está confundiendo, porque esto está perfectamente", insite. Y yo, insisto en el "No es posible que me haya confundido, que llevo haciéndolo siete años, Daniel".
Él en sus trece, yo en las mías. Total: "Como veo que no me lo va a solucionar -le digo con mi tono de voz más áspero-, haga el favor de darme de baja de este servicio", "Es que, si usted se confunde con la contraseña..." "O me da de baja inmediatamente, o de aquí me voy al juzgado", yo, ya, subiéndome por las paredes, en plan Mujer Araña.
"Le paso con cancelación de cuentas, permanezca a la espera". Tic-tac, tic-tac. "Disculpe el retraso, permanezca a la espera". Tic-tac,tic-tac. "Buenos días doña Mármara, la atiende Iris, me dice mi compañero que como usted se confunde con la contraseña...". Sapos y culebras, salen por esta boca, nueva amenaza de denuncia en el juzgado, más sapos, más culebras. "Permanezca a la espera". Tic-tac, tic-tac "Le ruego disculpe la tardanza... ¡Ajjjjjjjjj!
Quince minutos, cuarenta segundos después me graban la conversación y me comunican que mi cuenta será dada de baja, el dos de julio y que, eso sí, aparte de la factura de junio deberé abonar otra por los dos días de julio.
A esas alturas del partido, más que La Mujer Araña me he convertido en el Increíble Hulk. Taquicardia, palpitaciones... Dos valerianas, medio frasco del remedio rescate de las Flores de Bach, respiraciones, menta poleo y tila...
La mañanita de trabajo, paso de relatarla. Graciosa, eso sí.
Pero, lo que son las cosas de la vida. A las tres de la tarde, Marcelilla, Japi, otra amiga y yo, nos dirigimos al

Balneario Real de las Caldas (fundado en 1770, remodelado el 2008) a regalarnos una sesión de pijoterapia por todo lo alto.
Termas húmedas, piscina tibia, terma seca, ducha escocesa, piscinas calientes, templadas, frías, chorros (cervicales, lumbares, podales, muslares, pantorrillares, glutares), "cuello de cisne", cascadas (varias), yacusi, ("Esto, más que salud es vicio"), ducha escocesa, vaporizaciones, más chorros, más piscinas, relax en tumbona, sauna finlandesa, cromoterapia, ducha relajante, despedida y cierre.
Adiós Mujer Araña; ciao, Increíble Hulk; hasta la vista ejecutiva agresiva de tres al cuarto (que es a lo que he jugado toda la mañana).
Vamos, que me he quedado como una malva.
Y, mientras, imagino, Daniel, Iris y el personal de Orange, sacando de quicio a cualquier alma cándida. Que les den.
De que vuelva con estos de dar el paseo, un potito y a la camita, a soñar con las angelitas.

sábado, junio 14, 2008

La vida evocadora de los fotogramas



[...]
-Quizás tu concierto acabe así, de repente. No tiene por qué finalizar con violines y trompetas. Tu concierto puede ser como esta habitación, pequeña, con una cama, una lámpara, un niño durmiendo...
Y demasiada soledad.

sábado, junio 07, 2008

La vida perniciosa de los fotogramas

Esta noche me he perdío. Vamos, que de aquí a que las mis amigas me dejen elegir una película va a pasar tiempo. Pero tiempo, ¿eh?, tiempo. Y lo peor es que no voy a poder ni rechistar.
Lo que hemos visto hoy no llega ni a la categoría de los telefilmes que suele emitir Antena 3 los domingos por la tarde. ¡Más quisiera!
Y todo por mi causa. Y todo porque como hacía un cameo el malogrado Sidney Pollack y leí una crírica favorable, no digo dónde, me empeciné. Y todo, porque, he de confesarlo, aun a riesgo de dejar mi imagen a la altura del betún, aun a riesgo de desplomarme en cierto casting (secreto), de vez en cuando, el cuerpo me pide una comedia romántica americana (Nadie es perfecto, que ya lo dijo Willie Wilder en aquella archifamosa película, no vayamos, ahora, a rasgarnos las vestiduras). Y todo porque hoy, se conoce, me la pedía bastantito, el cuerpo, la susodicha comedia, maldita sea. Que ya me la había pedido, el cuerpo, allá por octubre, o así, y arrastre a M. a ver esto, so pretexto de que una actriz de la talla de Scarlett no iba a embarcarse en una sinsustanciada. Erré.
Hoy me lo ha recordado, sin acritud y sin apenas retintín (M. es que es muy buena y, aunque tenga motivos tan poderosos como estos, jamás me restriega las cosas, ni nada).
Ahora bien, lo de esta noche ni es comedia, ni es romántica, ni es nada de nada. Es una memez de tomo y lomo, dirigida por un sinsorgo paradigmático, previsible desde la primera escena, cargada de tópicos y estereotipos que más no puede, sin guión, sin banda sonora, sin fundamento y, lo que es más dramático, sin perejil. Eso sí, la fotografía, muy bonita. Los paisajes de Escocia, muy bonitos, también. Los animales (varios perros, unas cuantas vacas, varias ovejas y un caballo) no han sufrido daño, y el elenco, incluido el malogrado, no ha desgastado ni un ápice su talento interpretativo, caso que lo tuviera, que va a ser que ni eso.

Desde aquí lo digo: no ir a verla. Si en algo apreciais mi opinión, no ir.
Yo, por mis partes, pagaré mi penitencia y no elegiré película hasta que S. Juan baje el dedo, como mínimo.

miércoles, junio 04, 2008

La metafísica de los tubos

De un tiempo a esta parte, unos meses, ya no sé cuántos, no hacen más que aparecer tubos en Avilés.
Al principo pensamos, M. y yo, que los utilizarían para las canalizaciones que van a dejar la ría como cuando yo era pequeña, que te podías bañar en ella, y todo, y se pescaban unos peces que sólo sabían a eso, a peces, y no a mierda, que es a lo que saben ahora.
Pero luego empezaron a reproducirse, y a reproducirse. Esta circunstancia, o evidencia palpable, nos hizo sospechar. No queda tanto por canalizar, después de los tropecientos años que llevan canalizando los ríos que hay debajo de las calles de Avilés. ¿Pensarán utilizarlos para los parques eólicos?
Sea como sea, el caso es que, con el tiempo, se han convertido en una auténtica colonia de tubos.
Como ya no caben más (tubos), en los terrenos que ocupará el futuro Centro Cultural Niemeyer, la colonia se ha ido extendiendo por la margen derecha de la ría, la que lleva a Xagó, al faro de San Juan de Nieva y a La Peñona, que es un sitio en el que se contempla, en los días despejados, una puesta de sol espectacular (el sol se queda colgado entre el acantilado y La Peñona).

Para que estén cómodos, los tubos, les están haciendo unas explanadas muy apañadas, que rodean de vallas, para su seguridad (para la de los tubos, por supuesto).
Total, que como sigamos así, nos vamos a convertir en la Capital del Tubo, si es que no lo somos ya.
Y, a mayores, en mi vida cada día aparecen más tubos.

martes, junio 03, 2008

La vida errática de las emociones


(Perchas. Ana Laura Aláez. Pabellón de Escultura. MUSAC. León)
A veces se me olvida el miedo. A veces, incluso puedo llegar convencerme de que he conseguido mantenerlo a raya y hasta me permito vivir como si no existiera.
Pero, es muy jodido, el miedo. Y yo, muy ingenua.

miércoles, mayo 28, 2008

La vida mágica de los atardeceres


(Xagó, fondo norte)

Mira que suelo llevar la camaruca encima por si las moscas. Mira que ayer, cuando salía de casa, dudé si cogerla o no. Bueno, pues lo que sí cogí fue el paraguas. Paraguas que, gracias a la tregua que nos proporcionaron los cielos, dejamos en el coche. Al llegar a Xagó, M., que es oriunda de la Meseta, pero lleva viviendo la mitad de su vida en Asturias, contempló el panorama y dijo: No parece (que vaya a llover). Efectivamente, ayer nos ahorramos la mojadura. No así el jueves pasado, que hicimos la playa enterita del bracete, debajo del paraguas y cuando llegamos a casa tuvimos que cambiarnos hasta la ropa interior (por no decir las bragas, que no sé por qué suena tan ordinario).
A lo que iba. Que me dejé la cámara y tuve que usar la del móvil para capturar la imagen que nos regaló el atardecer, a eso de las diez menos cuarto, (pi em).

miércoles, mayo 21, 2008

La vida clarificadora de las imágenes


(Jenni Ferbeals en su época de Flash Dance)
El otro día va Ohne y manda un correo al grupillo Mitadelcamino en el que, junto con esta foto de Jenni Ferbeals, apunta: ¿No se os parece aquí a la foto de Mármara en su época progre?
Yo, que andaba pelín distraída de este mundo, y del mundo, en general, por aquello de la maratón de curro que me estoy metiendo entre pecho y espalda por causa de mi mala cabeza (que si tuviera, un suponer, la de la propia Ohne, otro gallo me estaría cantando), miro la foto, la comparo mentalmente con la que dice Ohne y pienso que qué más quisiera, yo, que parecerme a Jenne Ferbeals.
Errante dice que le parece que yo soy/era más guapa que la susodicha, para luego descolgarse con un Pero qué cabroncilla la Onhe..., Ohne insiste con que, efectivamente, me doy un aire a Jenni, o ella a mí, que para eso es más joven, y aporta sus pruebas, a lo que Ms Baggesen responde Qué cabeza tiene la cabroncilla, sí..., y se retrotrae a la época en cuestión, que en mi caso eran veintiocho y en el suyo, digamos, por decir algo, unos cuantos menos.
Ayer, en plena vorágine, y sobrecarga cognitiva, después de haber subido los setenta escalones que separan la calle de mi hogar, releyendo un artículo sobre El discurso indagador: cómo co-construir el conocimiento, después de haber asistido, en Oviedo, a la ponencia sobre las Comunidades de Aprendizaje, de uno de mis popes favoritos, haber despachado el correo electrónico y haber planificado, minuto a minuto, con mi compañera Happy, la reunión del seminario que nos tocaba coordinar por la tarde (que para eso releía el artículo sobre la co-construcción), mientras abría la puerta (motivo por el cual tuve que dejar de leer)se me vienen a la cabeza las fotos y pienso, ¡Leches!, pues no sólo es que nos demos un aire, Jenni y yo, es que, como bien dice Errante, yo era bastante más mona, de aquella. ¿O no?
Lo que, parece ser, le intriga a Ms Baggesen, que se perdió la foto actual-actual que puse en el Messeger un día que ella no estaba, es si seguiré pareciéndome a Jenni o, en su defecto, no.
Para darle una pista, aquí dejo este testimonio gráfico al objeto de que puedan realizarse las comparaciones pertinentes.
NOTA: Las imágenes que contenía esta entrada se han autodestruido.

jueves, mayo 15, 2008

Un soneto me manda hacer Violante

Bueno, Violante no, Frabisa, y no un soneto, vaya, un meme, pero me pone en el mismo aprieto.
En fin, como todo el mundo ya sabe lo que es un meme, sólo diré que este trata de, dos puntos,
-6 cosas que no te importe hacer
-6 cosas que te guste mucho hacer
Yo lo paso a otras seis personas, sin compromiso alguno, y así sucesivamente.

6 de las cosas que no me importa hacer, tengo alguna más, son:
1. Tomarme los yogures caducados.
2. Que mi masajista me vea las piernas sin depilar.
3. Vivir en un 4º piso sin ascensor.

4. Que Bilbo me haya cambiado la vida.
5. Perder.
6. Pedir perdón.

6 de las cosas que más me gustan, tengo muchísimas más, son:
1. Las camisetas muy, muy, viejas de algodón para dormir.
2. Desayunar café con leche, pan y mantequilla.
3. Sentir a Tiza a los pies de mi cama cuando me despierto por la noche.
4. Levantarme sin prisa y hacer un cachito de mandala mientras escucho música (clásica).
5. Jugar.
6. Vivir sola. Sin compañía humana, aclaro, que compartir mi hogar con mis dos peludos, me encanta.
Y ahora yo se lo paso a:
Si seguís este meme, recordad que hay que citar la fuente en el post correspondiente.
Aprovecho esta oportunidad para deciros que me he despistado en el curro, que me sale el trabajo por las orejas y que, hasta que no me ponga al día, me veo en la necesidad de restringir mi vida bloguera.
Dado que soy bastante eficiente, cuando me lo propongo, confío en que esta parada programada no me dure mucho, cuatro o cinco días, a lo sumo, espero.
Hasta muy pronto, pues.

lunes, mayo 12, 2008

¡Eleeeeeeeee!

Acabo de recibir, procedente de los Yunaited Quindon, chu poins; Guayán Uní, de puán, la revista G3 (Free Lesbian Guide), que se distribuye de forma gratuita en cualquier local de ambiente que se precie.
Es una publicación con muchas páginas, ciento catorce, más de la mitad dedicadas a publicidad, y con las secciones típicas de una revista cualesquiera, sólo que, dedicada, esclusivamente a lesbianas.

Que te quieres comprar una casa, te ofrecen las mejores para lesbianas. Que piensas casarte, te ofrecen unos modelos, que ni la mi Bette, como se puede observar en este gráfico, aunque también puedes elegir este otro look, como más bollo, pero sin el como, que diría la mi Marcela, y así todo.


Incluso te trae un cuadernillo central que dedica a lo del sexo. Vibradores (no los pongo, que me da no sé qué), lencería, modeleos sexys (para quien se lo parezca, a mí me han dejado tibia, los modeleos, y la lencería), y hasta estas muñecas hinchables espantosas, para mi escaso gusto (digo para mi escaso, ¿eh?, que a lo mejor hay alguna a la que le gustan y no quisiera ofender), que te las puedes comprar a través de internet, por si te da corte ir al sexshop.




Como no sé inglés, no me enteré prácticamente de nada, ni de la entrevista en profundidad que le hacen a Scarlett Johansson, ni del horóscopo, que si, por favor, hay un alma caritativa angloparlante y me lo quiera traducir, se lo agradeceré eternamente, que ando yo preocupada con un asunto, y por ver si me dice algo.


Pero, vamos, que me trajo al pairo, porque por lo que mi amigo S. me mandó el ejemplar de mayo fue por esto. Ya estoy pensando en reservar un par de moscosos y comprar los billetes de avión, no sea que me quede sin ellos.

sábado, mayo 10, 2008

La vida subjetiva de los fotogramas


Al principio de la película, David Kepesh, profesor de crítica literaria, le dice a su alumnado algo así:
-Cuando vuelvan a leer Guerra y Paz dentro de diez años, leerán otro libro, porque ustedes habrán cambiado.
Podía haber añadido, para completar la teoría, que cada libro tiene tantas lecturas como personas que lo lean.
Ocurre lo mismo con la pintura, la escultura, la arquitectura, la música..., el cine.
Así que hoy no voy a decir demasiado sobre esta película. Lo más seguro es que mi interpretación no coincida con la vuestra, como no coincidió con la de M. y T.
Salí del cine rebotada, pero no supe el porqué hasta que M. me dio la clave.
-¿Qué es lo que no te ha llegado? -me espetó- ¿La soledad?
Podía haber sido, pero no, no fue la soledad lo que impactó directamente en mi línea de flotación y me hizo revolverme en el asiento durante toda la película, sino algo que me ha lastrado desde que me alcanza la memoria.
___________
George. Las mujeres bellas son invisibles.
David. ¿Cómo van a ser invisibles, si todo el mundo las mira?
George. Las miran, pero no las ven. Sólo se fijan en el envoltorio.
[...]
George. ¿Conseguiste verla?
David. Sí, pero no supe interpretar lo que veía.

jueves, mayo 08, 2008

La vida mágica de los momentos













Amasar el barro, colocarlo sobre el torno, mojar las manos, centrar la pella, abrirla, sonreír, no pensar, sentir, dejarse llevar, sentir el barro entre los dedos, empezar a subir, fluir, dejar que el corazón elija la forma, adelgazar las paredes, visualizar, pasar la riñorera, alisar el borde, pulir la pieza con la esponja, sonreír.
Hace ocho años que no me sentaba al torno. No he sabido realmente cuánto lo echaba de menos hasta esta tarde.

martes, mayo 06, 2008

La vida clarificadora de las palabras

(Post dedicado, y por este orden, a: Ms Cañondelcolorado Baggesen, Errante, Ohnenick y Blasfuemia) Aclaremos unas cosillas.
De acuerdo, tengo que lo reconocer: muero por la mi Bette, me pirrio por sus huesos, sueño con esa sonrisa, esas manos, ese cuerpazo, y, declaro, no me importaría nada de nada ocupar el lugar de Tina, sobre todo en ciertos momentos, por ejemplo, éste:





Vale, sí, tengo que lo reconocer, soy pija, lo he sido siempre y no voy a cambiar ahora. Me gusta vivir bien, dentro de mis posibilidades y de que, aparte de pija soy bastante austera. Prefiero un cuatro estrellas (o un cinco, si se tercia) a uno inferior; un buen vino, aunque sea para mezclarlo con gaseosa; el taxi al autobús; Armani a Hermés, Adolfo Domínguez a Carolina Herrera; un original (aunque sea de artista sin nombre reconocido) a una lámina, etcétera.
Como soy pija, qué le vamos a hacer, cuando me atrae una mujer, me fijo en ciertos detallucos significativos para mí, por ejemplo, los zapatos. Me fijo mucho en los zapatos (sí, yo también, Ms Baggesen, hija mía), sobre los que tengo una teoría que, hasta el momento, no me ha fallado.
Ahora bien, que me chale la mi Bette (que no Jenni Ferbeals, que diría Ratapelá), no significa que no matara a su estilista si me la, o lo, echara a la cara. Desde aquí lo digo, ME ESPANTA el estilín de la mi Bette, si exceptuamos los momentos en los que está en su casa, con la cara lavada y recienpeiná, bien con el hato negro, bien con el hato blanco, bien con la camisetuca de tirantín y el pareo, que me pone a mil.
Entonces, que no me gustan, nada de nada, las mujeres emperifolladas ni pintadas, ni llenas de abalorios. Que los collares de perlas y los pendientes de brillantes, para mi señora madre. Que una pulsera de cuero, mil veces antes que un brazalete de oro. Que el reloj TagHeuer que le regala Jodie a la mi Bette, no me lo pongo ni hat¡rta de grifa. Que donde estén los vaqueros las camisas blancas, o las camisetas, que se quiten las mangas de farolillo. Que los tacones, me dan repelús. Que las boquitas pintadas, ni en pintura. Que las uñas largas y, a mayores, lacadas en rojo pasión, me dan un estrizo, o perceguera, que más no me pueden dar.
Pues eso.

viernes, mayo 02, 2008

La vida engañosa de las palabras



Hay que se joder, oyes, me ha fallado hasta el refranero. Yo, que siempre había creído a pies juntillas en la sabiduría que encierra, hoy reniego de él y de todas sus patrañas. Desde A quien madruga, Dios le ayuda, hasta Quien hace incesto, hace un ciento, pasando por Afortunada en el amor, desafortunada en el juego, y viceversa. De este último, en concreto, reniego mil veces. Forradita, tendría que estar si estas palabras no fueran una burda patraña, fo-rra-di-ta.
Y no hablo de que me toque la Primitiva, o el Cuponazo, ya que no me como una rosca, o de que me salgan tropecientas pretendientas en el casting, ya que no gano ni cinco céntimos. Me conformaría con no pringar siempre en los juegos del azahar en los que me juego la pasta, además de la honra. Ayer, por ejemplo, que tuvimos nuestra partida bimensual de póquer en casa de mi ex (ex mujer, puntualizo, no ex novia, ni ex amante, ni ex circunstancia) y su señora, volví a perder, por enésima vez. Desde que organizamos estas partidas, al poco tiempo de que ellas llamaran al camión de mudanzas, hace más de dos años, sólo gané una vez, la primera, a partir de ese día, entre las otras tres, Váyolet completa el cuarteto, se reparten mis fichas.
Y no es que me importe demasiado perder, es más, estaría encantadita de seguir perdiendo si, aunque fuera por una vez, se me cumpliera lo que dice el refrán. Bueno, pues no. Ni lo uno ni lo otro.
Y eso que ayer daba por bien empleados los once eurazos que me habían pulido porque tenía ciertas perspectivas. ¡Qué inocencia, la mía! Esta mañana, cuando me conecté, después de desayunar, pude constatar, una vez más, la falsedad del jodío refranero.
Resulta que, en un alarde de osadía sin precedentes, siguiendo las indicaciones de mi Celestina particular, traiciono a la mi Bette de mis entretelas y le tiro un picao, a la bloguera con la boca más sugerente del hiperespacio, dejándole ver que ocupa un lugar destacado en el mi casting, por si andaba despistada, la zagala. A mayor abundamiento, y por facilitar las cosas, hasta le sugiero que un luk a lo Bette, le daría los puntos necesarios para deshacerse de todas sus rivales. Bueno, pues va ella y me responde que no quiere saber nada de collares ni pendientes de perlas, ni de mangas de farolillo, ni de tacones de ocho centímetros ni de nada de nada, que ella no es mi tipo y que me vaya buscando otra que sí lo sea.
Total, todas mis ilusiones por el sumidero, junto con los once eurazos.
Así que, como ni en el amor ni en el juego, a la mierda con el refranero.

sábado, abril 26, 2008

La vida controvertida de los fotogramas


Se conoce que Javier Ocaña y yo no hemos visto la misma película. No me ha de extrañar, siendo él un Crítico y yo una simple aficionaduca, de tres al cuarto, que ni siquiera llega a la categoría de cinéfila.
Es lo que tiene ser Crítico, que sueltas perlas como esta y te quedas tan pancho: "Cobardes, con el acoso escolar como núcleo central, es un discurso en toda regla; pero un discurso ramplón e intrascendente".
Entiendo que al conjunto de Críticos de El País les parezcan más trascendentes realizaciones como Spirit, con un plantel de Beldades, que diría el nuestro Firmin, de quitar el hipo: Scarlett Johanson, Eva Mendes y Paz Vega, mostrando generosamente sus anatomías, o Lars y una chica de verdad, a las que dedican cuatro artículos, dos a cada, en la edición de ayer, viernes.
Que yo no digo que Lars y una chica de verdad no sea una obra maestra, comparable a Tamaño natural, de Berlanga y Azcona, según Rocío Ayuso, que nos ofrece su crónica desde la mismísima LA; que yo no digo que Lars, según comenta la propia Ayuso, no sea "una especie de Quijote para el que no hay más verdad que la que él ve. ¡Y quién le va a negar que esas prostitutas no son princesas!", y mucho menos me atrevo a contradecir a Jordi Acosta cuando afirma que Lars, un "perfecto arquetipo de nuestro tiempo, adquiere una hiperrealista muñeca hinchable y la reformula: el fetiche sexual se convierte en sus manos en prótesis afectiva…" .
Lo que digo es que en la mierda de película que vio Javier Ocaña, yo vi una obra redonda.
Es cierto, Corbacho y Cruz no muestran Beldades lujuriosas, ni arquetipos de nuestro tiempo, ni fetiches sexuales, ni héroes dispuestos a combatir el crimen sin superpoderes ni pistola, ni siquiera las de culpa, y redención, y amor, que protagonizan Halle Berry y Benicio del Toro, en Cosas que perdimos en el fuego.
Corbacho y Cruz muestran otras historias. Historias en las que he podido reconocerme y reconocer los hilos que manejan las relaciones familiares, laborales, amistosas, de pareja...; historias presididas por el miedo, por las luchas de poder entre adultos, entre adultos y adolescentes, entre la propia adolescencia que, sí, Javier Ocaña, sí, reproduce nuestros modelos; historias de dolor y de impotencia, personalizadas en padres y madres que no tienen ni la menor idea de lo que les pasa a sus hijos por la cabeza, y mucho menos por la vida; historias de un profesorado incapaz de conectar con sus estudiantes, enrocado en una concepción trasnochada de la educación y, lo que es peor, de la Vida.
Historias de los cobardes que llevamos dentro.
Y hasta aquí puedo contar. Si os atrevéis, verla.

miércoles, abril 23, 2008

La vida festiva de los acontecimientos





















No recuerdo cuándo aprendí a leer, pero sí que lo cogí con ganas, como se puede apreciar en estos documentos gráficos que aporto como prueba.
Leía todo lo que caía en mis manos: cuentos, tebeos (de aquella todavía no se llamaban cómics), revistas, el Reader’s Digest, que coleccionaba mi padre, las Vidas Ejemplares, de la mi prima, sus novelas, las novelas de mi madre, los libros que comprábamos el mi hermano L. y yo, a medias, los que nos compraba mi padre, los que intercambiábamos con las amistades…
Devoraba, uno tras otro, sin transición, sin orden ni concierto, sin método, sin medida. Sin un atisbo de visión crítica.
Pasaba de Enid Blyton, a Verne,y de ahí a Twain, Stevenson, Dickens, Conrad…, para volver a Blyton, Saville (el de El club del Pino Solitario), Martín Vigil, Christie, Salgari, y de ahí a Sagan, Somerset Smaughan, Hemingway, Buck… Vamos, lo que me echaran.
Y, claro, ese vicio impenitente, me llevó a la ruina. Primero a la académica, luego, ya, con el tiempo, a otro tipo de ruina.
Por culpa de mi adicción (¡qué malas son todas, las adicciones!) fui fracaso escolar. Suspendía a diestro y siniestro, entre otras cosas, porque, aparte de devorar libro tras libro, conjuraba el aburrimiento que me producían las clases escribiendo, desde la última fila, a la que me relegaba la inicial de mi apellido, novelitas que eran un trasunto fiel de lo que estuviera leyendo en aquel momento. Si hasta tuve que repetir un curso, 4º de bachillerato (hoy, 2º de ESO) y todo.
Como ya de pequeña era bovarista, vivía dentro, para, por, según, sobre, tras, lo que estuviera leyendo. Y me lo creía todo, todo. Es decir, que fui construyendo mi identidad sobre la visión del mundo que me ofrecía mi caótico abordaje de la lectura. Y, lo que es peor, ese mundo ficticio alimentó mi imaginación, de por sí desbordante, y me hizo albergar ciertas expectativas sobre el mundo, las personas, el amor, las relaciones..., incluso las cosas. Expectativas ficticias, por supuesto.
Si hubiera contado con una visión más crítica no me hubiera creído a pies juntillas todo lo que me contaban los libros (aderezado convenientemente por lo que veía en el cine, y más tarde también en la tele) y ahora no tendría que pasarme el día deconstruyendo mi identidad para librarla de tanto estereotipo y tanta mandanga como me tragué.
Por eso, por lo de la visión crítica, por lo de ofrecer otra interpretación del mundo, de los sentimientos, de las personas, quiero dedicar esta entrada, del Día del Libro, a Adela Turín que, con sus cuentos, ofrece a nuestra infancia la posibilidad de poner en solfa lo que yo no tuve la oportunidad ni de vislumbrar.
¡Va por ti, Adela!

(Portada de Una feliz catástrofe, de Adela Turín)

viernes, abril 18, 2008

La vida mágica de las palabras


Dibujo obtenido de la Web de El País.
Resulta que la Universidad de Oviedo ha recibido las cinco toneladas del legado de Augusto Monterroso (congratuleisions an selebrisions). Al leer la noticia lo primero que se me vino a la cabeza fue una anécdota que protagonizó J., un alumno que tuve hace años en uno de los IES en los que he trabajado.
J. tenía, a la sazón, trece años y hacía 2º de ESO. Su madre, separada del padre del muchacho, trabajaba en la rula (DRAE.3. f. Ast. y Mál. Lonja de contratación del pescado) y J. se levantaba con ella, a las cinco de la mañana, para ayudarla y, de paso, ganarse unas pesetillas extra. Después de acabar en la rula, J. se daba una ducha y se iba al instituto. No era un buen alumno (aunque, como diría uno de mis más querido amigos, cualquier juez lo absolvería), pero era, y supongo que seguirá siendo, un paisano. Suspendía casi todo. De hecho, dudo que haya acabado los estudios obligatorios. Sin embargo, aquel año, J. aprobó Lengua Castellana y Literatura, mi asignatura, gracias, entre otras cosas, a su contribución en un proyecto común a todos los segundos.
Como actividad final del curso trabajamos en un proyecto sobre Ana Mª Matute, que titulamos "Reescribimos El Jorobado". Con nuestros cuentos editamos un libro que le enviamos, como regalo de cumpleaños a la escritora. Leímos muchos cuentos, aparte del volumen, Los niños tontos, en el que se incluía el que íbamos a reescribir: Cortazar, Monzó, Monterroso...
Excuso decir lo muchísimo que les sorprendió El dinosaurio, y el juego que nos dio en clase.
Cuando J. me enseñó su cuento, uno de los más cortos del volumen, me dijo: "Profe, no llego a lo de Monterroso, pero casi".
"Era un niño que estaba siempre muy apagado. Su aspecto dejaba mucho que desear porque no salía de la caravana. Su padre no lo dejaba salir porque al tener joroba se avergonzaba de él. Siempre hacía lo mismo para tenerlo contento, le llevaba comida cara y juguetes. Pero el niño sólo quería salir al teatro y hacer de guiñol para que los niños se rieran con él". J. G.
Sí, esta temporada echo mucho de menos el aula.

martes, abril 15, 2008

La vida mágica de las aulas


M. hace hace el inventario con la ayuda de D.
A M. y a D. les ha tocado hacer el inventario de la Frutería. Entre los dos han identificado las frutas y las verduras (M. no las conocía todas), las han clasificado, han contado las piezas y las han colocado en cestas diferentes. Luego, M. ha ido escribiendo los nombres y anotando las cantidades, con la colaboración de D., que le dictaba los nombres que no recordaba. Como no era la versión definitiva, la que compartirían con el resto del grupo, M. escribió las palabras como sabía, algunas ajustándose a la norma, otras según sus posibilidades. D. sólo lo ayudó cuando M. se lo pidió.
Al día siguiente, en el ordenador, pasaron la lista a limpio. Gracias al corrector ortográfico y al botón derecho del ratón, entre M. y D., dejaron el inventario de la Frutería niquelado.
Dos semanas después, M. fue capaz de recordar, sin tenerlas delante, los nombres de las frutas y verduras.
M. es gitano. Acaba de cumplir siete años. Es el mayor de seis hermanos. Su padre es alcohólico y violento. Asiste a un centro en el que el 98% del alumnado es gitano. El tiempo que pasa en el colegio es el único en el que alguien se ocupa de él, lo atiende y le da cariño. Es un niño nervioso y asustadizo, pero cuando trabaja con D., que también está con él cuando se ducha, los viernes, suele estar tranquilo y alegre. También se enfada por nada, se pelea con los compañeros, los insulta. Otras veces juega como cualquier niño de su edad.
Me gustaría que vierais la complicidad que hay entre M. y D., la cara de arrobo con la que M. mira a D.
Me gustaría que pudierais ver la sonrisa de M.
 
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