domingo, agosto 31, 2008

La vida agradecida de las palabras


Después de tanto sufrimiento estival. Después de tanto estrés: idas, venidas, encuentros a Mitadelcamino (y al principio, y al final), cenas, celebraciones, eventos y excursiones. Después de tanto dolce far niente, siestas playeras (y en el mi sofá, y en una hamaca prestada), reloj no marques las horas, ponte p’allá, estate quieta, abre la sombrilla (tum, tum, ¿quién es?), cierra el parasol…
Después de todo este sinvivir, por fin (¡Santo Cristo de la Agonía, por fin!), mañana volveré a disfrutar, lo que se dice disfrutar-disfrutar, de la vida.
Sí, amables visitantes y, sobre todo, queridas comentaristas, mañana, uno de septiembre, me reencontraré (D. m.) con la Vida.
En realidad, como el Universoes tan generosísimo conmigo, no tuve por más güevos que reencontrarme con mi yo más productivo y, a la par, eficiente y eficaz, el lunes pasado, por obra y gracia del meracumbé con el que han tenido a bien obsequiarme cuatro de los cinco servicios, de las tres consejerías con las que me relaciono, laboralmente hablando, para sustraerme de tanto sufrimiento y tanto estrés veraniego. Horas al teléfono, decenas de correos, pitos, flautas, y tal y pascual, me han permitido liberarme de la holgazanería y y el relajo que han presidido mi existencia durante demasiado tiempo, justo al día siguiente de mi llegada de Ámsterdam.
Doy gracias al Cielo por tamaño regalo. Tanto frenesí, tanta ilusión (y tanto sueño vano), no son buenos. Tanto vicio (con, o sin, fornicio), no es saludable, ni aconsejable.
A quienes, como yo, os reincorporéis, mañana, a las sagradas tareas laborales; a quienes, como yo, la Vida os da la oportunidad de volver a ser personas (humanas), trabajadoras y responsables, feliz inicio de curso. Al resto, mucho ánimo y mis mejores deseos para la semana que empieza.
¡Adelante con los faroles! ¡Viva el despertador!

viernes, agosto 29, 2008

La vida reveladora de las conexiones mentales

Empecé a colorear mandalas para relajarme antes de ir a currar. Con el tiempo, lo he convertido en un rito. Casi todas las mañanas, después de desayunar, despliego mis lápices de colores, me enchufo al MP3, o no, y coloreo un ratito.
Uno de los objetivos de esta técnica es dejar la mente en blanco, pero, la mente, tan suya, ella, decide ir a su bola y ofrecerme, sin que yo se lo pida, recuerdos e imágenes. Al terminar la sesión escribo lo que se me ha venido a la cabeza. En lo que escribo, suelo encontrar las claves para afrontar aquello que me preocupa, o me inquieta.

Estos días, en los que me ha dado por escuchar, de forma compulsiva, mientras lleno de color los mandalas, el Adagio para cuerdas, de Barber, que, cada vez, me arranca una o varias docenas de lágrimas, he recordado un episodio que ni siquiera es mío, pero que me ha dado un par de claves. He aquí el episodio. Las claves, casi que me las guardo.




Hace varios años, MC, la persona que me libera de realizar las tereas del hogar, las pasó de a kilo (y medio). Su marido no trabajaba, se les había acabado el paro y lo que ella ganaba, limpiando casas ajenas (entre ellas la de una de mis amigas del alma), apenas les daba para pagar las facturas fijas. No pasaban hambre, los padres de ella se ocupaban de que así fuera, pero no podían permitirse ni una sola alegría, ni una sola.
Un domingo por la tarde, a finales de mes, sin un duro en el bolsillo, con la nevera vacía y el ánimo por los suelos, la familia, madre, padre e hijo, que por aquel entonces tenía ocho o nueve años, salió a dar un paseo. Sin saber cómo ni por qué (así me lo contó ella), llegaron hasta una de las pastelerías más famosas de Avilés. Se pararon ante el escaparate. La visión de las tartas, los pasteles, los bollos, las pastas, que no podían permitirse, los hundió más, aún. MC es muy golosa. En aquella época arañaba de las vueltas de la compra las pesetas sueltas hasta que reunía el dinero suficiente para comprarse un pastel. A veces sólo podía permitirse uno a mes, o ninguno, porque, como buena mujer, antes de su pastel estaba la cajetilla de tabaco para él.
Deprimidos por la visión del escaparate, y la consciencia de su realidad, decidieron volver a casa. A mitad de camino, A, el hijo, se encontró mil pesetas en el suelo. Aquel dinero les hubiera arreglado mucho, sin embargo, no lo dudaron ni un instante, volvieron a la pastelería y se lo gastaron todo en chocolate y pasteles.
Aquel mismo verano, MC y J, su marido, volvían de cenar con una pareja amiga y tuvieron un accidente de coche. J se quedó más o menos como estaba, pero con una placa de titanio en las cervicales y el brazo izquierdo inútil. MC anduvo cinco meses con collarín, pero se recuperó perfectamente. Aparte de la pensión por invalidez permanente para J, el seguro del coche les pagó una indemnización millonaria. Lo suficiente para que MC no tuviera que volver a preocuparse de que J, poco aficionado al trabajo, lo encontrara, o no.

lunes, agosto 25, 2008

La vida viajera de las palabras


(Me traje una bolina nueva para mi colección. ¿No ye total?)
Tengo que lo confesar: Ámsterdam me ha atrapado y no me ha quedado por menos que enamorarme perdidamente de ella.
(Puente sobre el Prinsen Gracht)

(Garza real sobre una canoa del Keizers Gracht, a su paso por el Jordaan)
(Puente colgante, leré tan elegante, leré, como el de Bilbao)
Desde mis primeros pasos por Spuistraat, donde teníamos el hotel, hasta los últimos, por el Mercado de las Flores, Leidse-Straat, incluso la Dam, plaza horripenda donde las haya, con su Palacio Real (¿8ª maravilla del mundo?), el Monumento a las Víctimas de la II G. M., el museo de Mme. Tusseaud y su
puerta de entrada al Barrio Rojo, Ámsterdam me ha fascinado.
(Siete puentes de piedra, siete)
Tanto, que no me importó ni un pimiento que nos lloviera casi todos los días, ni que manejarse con el plano se convirtiera en un ejercicio de orientación y paciencia constantes, ni que nuestros pies decidieran seguir arrastrándonos por las calles cuando nuestros cuerpos habían agotado, prácticamente, todas sus reservas, ni que el corazón y el estómago se me hicieran un nudo mientras visitaba la casa de Ana Frank o contemplaba los escaparates en los que las mujeres se ofrecen, de forma brutal, como mercancía de ínfima calidad.
(Pero, ¿esto qué eh lo que eh?)
(Aparcamiento de bicis en Central Station. Over booking)
(Rembrandtplein. Ni un paso más)
(¿Estás segura de que vamos bien?)
Me he enamorado de Ámsterdam. De sus calles, de sus canales, de sus casas (vencidas), de sus fachadas (inclinadas), de sus ventanales (inmensos y siempre abiertos), de las risas que surgen de los Coffe-Shop, de la
amabilidad de sus gentes (y la belleza de sus mujeres, tan estupendas, ellas, montadas en sus bicis, que es que se te va la vista, oyes), de su cerveza de... ¡TODO!
(EL bar de chicas, pegadito a Rembrandt Plein)

miércoles, agosto 13, 2008

La vida variopinta de los momentos veraniegos

No sé si me cambiará el chip cuando me jubile, pero ahora mismo, yo, Mármara, mayor (señora mayor, se entiende) de edad , a trece de julio de los corrientes (tres, cuatro, ocho, cuarto piso, sin ascensor, no hay portero, pero sí vecinos), en posesión de mis facultades mentales (las que sean, que no las vamos a discutir ahora, pero que son las mías propias), puedo asegurar, y aseguro, que me apuntaba a este planazo para el resto de mis días. A éste, o a otro parecido, o similar, al que añadiría, eso sí, un Complemento Específico (no contributivo).
Sea como sea, con Complemento Específico, o sin él (mejor con él, ¡qué tontería!), esto de la vida vacacional me resulta, en dos palabras, fas cinante.

Vale, aún no he encontrado mi swing, pero estoy en un tris, gracias a lamirmana, que me ha dado las claves necesarias para que pueda encontrarlo el día menos pensado (desde aquí te lo digo, hermana, ¿cómo no me habré puesto antes en tus manos?). Ahora bien, lo que yo disfruto en los campos del golf no está en los escritos. Y no quiero pensar lo que disfrutaré cuando vuelva a ejecutar MIS golpes, en vez de perpetrar el 80%, que es lo que hago ahora.
(La perdí en el hoyo 5, a causa de uno de mis golpes erráticos, ¡ains, con lo mona que era!)
Vale, sigo sin descifrar los mensajes que me manda el Universo, en forma de piedrezucas, sueños varios, y tal, y pascual (que es lo que tienen los mensajes del Universo, que son asaz contundentes, pero indescifrables). Sin embargo, ¿y lo bien que me lo paso en el intento del desciframiento, o descifración, de los susodichos?
Vale, el amor me es esquivo. Digo, yo, que por algo será (a ver si soy quién a averiguarlo un día de estos, sin prisa, pero sin pausa), que el Universo no da puntada sin hilo. No obstante, en no pudiendo disfrutar de las mieles del amor, nada mejor que disfrutar del cariño y la compañía de las amistades.

(La historia del evento veraniego por excelencia, en el que J. reúne a sus amistades de toda la vida, en una dinner-party, que para sí quisieran la mi Bette y sus amigas, recogida por J. A.)
(Nuestro anfitrión se esmeró, como siempre, en el menú y la decoración)
Y no tendré (de momentín) un amor de esos que salen en las películas, no,
pero en el terreno de las amistades soy súper-híper-mega afortunada.


(La última bolina de mi colección, regalo de Blasf y Ohne, que han venido a visitarme)
Y, para completar este cuadro veraniego del dolce far niente, las siestas bajo la sombrilla, en el mi Bigaral (de mis entretelas), los paseos por Xagó, las cenas al aire libre, y todo ese largo etcétera en el que no pienso extenderme, me voy de viaje a una de las ciudades que más me apetece conocer.
¿Ye pa quejase? No, no ye. Au contraire, mes amies, ye pa aplaudir hasta con les orelles, y no tien mal que parecer.
NOTA (Es que no me puedo de resistir, oyes): Desde aquí te lo digo, Complemento Específico, si andas por ahí, te me manifiestes, porfa.
Nos vemos a la vuelta,beibis.

jueves, agosto 07, 2008

La vida inquietante de los hallazgos

Este año, Xagó es un pedregal. Del fondo norte hasta la mitad de la playa, la mar ha ido dejando miles de piedras (o bolos, como las llamamos aquí) que forman una franja de unos veinte metros de ancho.
Pues bien, entre esos cientos de miles de piedras, de los más variados tamaños, el lunes me encontré ésta.

Dado que soy de natural crédulo, a la vez que iluso, di en pensar que el Universo anda queriendo darme algún mensaje, o señal, o indirecta.
Si a eso le sumamos que el viernes, en la playa de los Cristales, una cala vecina al mi Bigaral, que es un auténtico pedregal, o pedreo, que le llamaríamos aquí, me encontré esta otra,
y que, según acabo de escuchar por la radio, en China, han elegido el 08.08.08 para inaugurar sus Juegos porque adjudican a este número, el ocho, propiedades mágicas, ya no me ha quedado ninguna duda: el Universo quiere decirme algo. Pero, ¿qué, Santo Cristo, qué?
Desde aquí te lo digo, Universo: te agradezco muchísimo las señales, las pistas y las indirectas, pero casi que prefería algo tangible, ya.
De momento voy a darme un baño al Bigaral, que parece que ha amainado el nordés. Eso sí, con la vista al frente y sin gafas, no vaya a ser.

martes, agosto 05, 2008

La vida mágica de los viajes

En el verano del 2004 volví al Reino Unido después de veinticuatro años (llega un momento en la vida en el que, verdaderamente, veinte años no es nada). Entre mis planes, tres objetivos prioritarios para Londres, a saber, dos puntos,
-Volver al British.


-Conocer la Tate Modern.
(El puente de Foster desde la terraza de la cafetería de la Tate Modern)
-Ir a Stonehenge.
No tuve problema para cumplir mis dos primeros objetivos, pero para el tercero, en el que me empeñé como suelo hacerlo cuando deseo, verdaderamente, algo, me encontré con alguna reticencia que otra. Tal es así, que la noche antes, en una cena a la que nos invitó una amiga irlandesa de mi amigo irlandés (del Norte), S. comentó que, al día siguiente, íbamos a viajar a Salisbury porque yo tenía mucho empeño en visitar Stonehenge, y hubo quien preguntó, con sincera extrañeza, a qué se debía mi desmedido interés por conocer aquel montón de piedras. Ya tengo dicho, en este foro, que mis conocimientos del inglés son muy, pero que muy, rudimentarios, sin embargo logré hilar esta respuesta:

-Because I'm history teacher, bacause I love very much the human history and because I want to be there.

Todo seguidito, con gran decisión, a la par que contundencia, y una pronunciación tan aceptable como para que todo el mundo me entendiera, y como para que mis amigos, un irlandés, un asturiano y un porteño, los tres residentes en la capital de le Güayán Uní (de puán) se plegaran a mis deseos, ya, sin rechistar.

No pude acercarme al círculo mágico ni tocar las piedras. Tuve que conformarme con rodearlo y contemplarlo desde la lejanía, sin embargo, eso no restó un ápice la emoción que sentí al verme allí, después de tantos, tantísimos, años de espera.
Ayer, durante el paseo matinal de Tiza y Bilbo, el relato de Clara Sánchez, en la sección Viajes con suspense, de EPS, El santuario del sol, me recordó las emociones que viví, hace cuatro años, en Stonehenge. Y, sobre todo, me devolvió una sensación que había perdido:
-No te preocupes por la rodilla -le dijo Opra-, se te curará en cuanto creas ciegamente que se te va a curar.
A Umma sólo se le ocurrió murmurar:
-Creer ciegamente.
Sí, se puede creer ciegamente. Sí, se puede tener el convencimiento pleno de que es posible conseguir todo aquello que realmente deseas. Se consigue. Lo sé porque me ha pasado muchas veces. Cuando deseas algo, verdaderamente, el Universo entero conspira para que lo consigas (El Alquimista, Paulo Coelho).
Ahora que lo pienso, quizás mi problema resida en que no tengo claro qué es lo que, verdaderamente, deseo. Quizás.

viernes, agosto 01, 2008

La vida cambiante de los momentos veraniegos


-No mires hacia atrás. Nunca mires hacia atrás en los andenes, te quedarás
con la imagen de una promesa (Fanis).

(Sicilia y la Gran Muralla china a un palmo de distancia)
Cuando empecé esta colección, allá por el año 90, nunca imaginé que, a mayores, atesoraría los pensamientos de quienes me recuerdan en sus viajes, por lo largo y ancho de este mundo, y las buscan, hasta debajo de las piedras, para regalarme con ellas su cariño y un trocito de mundo que, quizás, nunca conoceré. O sí.
Mi hermano nº 4 se estrena en el mundo de las galerías de arte con una instalación de lo suyo. Allá fuimos, su familia y sus amistades, a celebrar con él tan magno acontecimiento. ¡Felicidades, J.!
A la recherche du swing perdu. Tampoco lo encontré aquí. Quizás mañana. Quizás. Hoy, toca playa, que hace un día...

miércoles, julio 23, 2008

La vida oportuna de la meteorología,

o, al mal tiempo buena cara.
El sabado, aprovechando que la meteorología me era favorable (22ºC, viento en calma, nubosidad persistente -o pertinaz-, humedad relativa del aire, 70%, estado de la mar, marejadilla), me fui a jugar al golf.
Hacía tanto tiempo que no jugaba que hasta las ruedas del carro eléctrico (las señoras -mayores- utilizamos este tipo de artilugios) se habían deshinchado. Me importó un bledo. Metí los palos justos en la bolsa de mano y me la cargué al hombro dispuesta a dejarme la piel en el pellejo, que diría Mazagatos, por las cuestas, empinadas donde las haya, de mi campo preferido.

Pero como todo en esta vida tiene su parte positiva, esta circunstancia (adversa) me permitió atajar hacia el green del (maldito) hoyo 3, cuando un tiro errático dio con mi bola justo en mitad de la Tarta, realizar un approach bastante digno y dejar la pelotita a suficiente distancia del hoyo como para completarlo en tropecientos veinticinco golpes, eso sí, dos golpes en green, como mandan los cánones, tengo que lo decir.
No tuve tanta suerte en el (jodido) hoyo 7: dos bolas al agua, hoyo al carajo. Resignación. ¿Será por bolas?
(Vista del hoyo 7 desde el tee. Paralelo al camino, interponiéndose entre el tee y el green, el río Gafo, alias Tragabolas II)
Ahora bien, terminé el recorrido con la cabeza bien alta y más contenta que unas castañulelas. Jugar, jugué de pena, tengo que lo reconocer, pero disfrutar, lo que no está en los escritos. Los golpes largos, para olvidar. Los medianos, uno sí y tres no. En los cortos me manejé bastante mejor, incluso me atrevería a decir que muy bien (¿será que gano en las distancias cortas?).
En días sucesivos, ya con las ruedas hinchadas y toda la ferramienta cargada en la bolsa (que, ¿para qué, Santo Cristo, para qué, si fui descartando, hoyo tras hoyo, la mitad?), mi juego fue empeorando, y empeorando, y empeorando. Tentada estuve de lanzar la bolsa, con palos y todo, carro eléctrico incluido, al lago (que no se aprecia en la foto, pero que está, entre mi bola y la casa club). Me contuve, entre otras cosas por no asustar a una pandilla de patas que nadaban plácidamente en él, ajenas a mi ineptitud y, también, por no contaminar el lago, que qué culpa tendrá el pobre de que yo haya perdido mi swing y más que jugar, perpetre.
(Calle del hoyo 18. Mi bola, la tercera, después de haber dejado dos en el tramo correspondiente del Gafo, frente al lago, alias Tragabolas I. Excuso decir que, después de lanzarla al agua, opté por bordear).
Eso sí, desde aquí lo digo, no me pienso amilanar. Este (jodío) juego no va a poder conmigo. Buena soy yo, que me crezco, que más no puedo, ante las dificultades, o handicaps.
Mañana mismo, si la meteorología me es favorable, vuelvo a intentarlo. Ea.

sábado, julio 19, 2008

La vida mágica de... ¿las piedras?


El otro día me contaba Ohne que Patricia Vico colecciona piedras porque cree que tienen poderes mágicos. Entonces me acordé de esta piedra, que me encontré hace un par de años, en el mi Bigaral.

Cuando la encontré tuve claro lo que significaba. Hoy, ya no estoy tan segura.

sábado, julio 12, 2008

La vida inestable de la climatología, o

De la chancla a la chiruca, del pareo a la cazadora.
Me recibió mi Tierra, a principios de esta semana que se acaba, con tres esplendorosos días de sol, tres, como para compensar lo incompensable; como para que no me pesara demasiado la añoranza de otros días, brillantes y calurosos, vividos lejos de aquí; como para que las mañanas de frenética actividad laboral se diluyeran, por las tardes, entre las olas y la arena de Xagó y la paz de mi Bigaral.

Llegué al viernes exhausta, y mi Tierra me regaló una tarde fresca y lluviosa, para que pudiera recuperarme de la semanita con una buena siesta, antes de que llegara M. a tomar el café y a batirse el cobre conmigo, frente al tapete.
Arreció el temporal, por la noche, mientras veíamos pasar escenas de vida ajenas, y no tan ajenas, en la pantalla de un cine; mientras volvíamos a casa, con los pies encerrados, el cuerpo bien abrigado y el limpia a todo dar.

Hace poco, alguien me preguntó si no pensaba irme a vivir al Sur, en un futuro. Le respondí que no, que mi cuerpo y mi ánimo necesitan los días grises, la lluvia, el frío, el verde, los contrastes. Y (no se lo dije, pero lo pensé), el deseo de sol, cuando se cierra el cielo. Y la nostalgia de la lluvia. Y los horizontes cercanos. Y la añoranza de los cielos inabarcables.

jueves, julio 03, 2008

Los trabajos y los días

Lo que tiene tener amigas con posibles, en las diferentes comunidades del estado español, es que, al menos una vez al año, me invitan a instalarme en su casa y, aparte de tratarme como una reina, puedo permitirme el lujo de pasar una temporadita de relax total-conford-visa, que me viene de perlas para deshacerme del estrés del trabajo, en general, y del de la vida diaria, en particular.
Siendo, como soy, de carácter más bien austero, costumbres sencil-lias y amante de la vida recogida, o recoleta, a esta amiga en concreto (amiga del alma y la niñez) le cuesta un triunfo sacarme de casa y arrastrarme a las calles. Porque, vamos a ver, digo yo, ¿a qué salir, si lo tenemos todo en casa? Y, a mayores, nos tenemos a nosotras mismas, que nos vemos una vez al año y se nos queda corto el tiempo para ponernos al día de nuestros respectivos asuntos. Porque, hay que lo reconocer, no es lo mismo el teléfono que el directo.
Entonces, lo suyo es organizarse y disfrutar de la mutua compañía y de este, para mí (proba funcionaria de a pie), lujo asiático.
Nada mejor que un buen desayuno, en el porche, para empezar el día con energía (que diría Leticia Savater), a pesar de los 38ºC, a la sombra que estamos teniendo a eso de las diez de la mañana.
Con el estómago lleno, después del primer baño (véase nueva imagen de mi perfil), nada mejor que un ratuco mandalero, para aquietar y armonizar el espíritu, y prepararlo para la actividad de la jornada.

Actividad que puede resumirse en pocas palabras: charla, baños (cada cuarto de hora, aproximadamente), cervecita, comida, siesta (a veces, como se puede ver en este gráfico, a la sombra, otras, directamente en la cama, baño (pa despejar la modorra siestil), charla, copita a media tarde, como mandan los cánones, ducha, cena y charla, charla, charla, hasta que se nos cierran los ojucos y nos vamos a la cama más contentas que unas castañuelas.
Y hasta aquí puedo contar, por hoy, que tengo una fame negreira y me espera la cena. Cena que está preparando la mi amiga, del alma y la niñez, muy comprensiva con todas mis adicciones, incluida ésta.

domingo, junio 29, 2008

viernes, junio 27, 2008

Destino: Mitadelcamino


Tenía pensado hacer un bonito post de despedida, pero va a ser que como tengo el cerebro reblandecido y la única neurona que me queda atrofiada (no explico los motivos porque calculo que no le son ajenos a nadie), voy a tener que dejarlo en un escueto: Nos vemos a la vuelta, beibis.

sábado, junio 21, 2008

La vida sorpresiva de las llamadas telefónicas

No me he dado a la bebida porque aún no me ha dado por beber sola (que si no me da después de lo de esta noche, casi estoy por asegurar que no me va a dar nunca) y como M. he tenido que irse rauda a su casa, después de haberme masacrado sin piedad a las cartas y a las letras, me he quedado con las ganas. Que si no se llega a ir, la tranca hubiera sido monumental (de las Ventas). Tal fue la impresión.
Sí, efectivamente, tal y como reza el título de esta entrada, esta noche he recibido una sorpresiva llamada que me ha dejado kaos, completamente kaos. Que, ¿quién me ha llamado para que me encuentre en tal estado?
Ella, la de la bici, me ha llamado. Bueno, ella y , y .
Sí, sí, las tres a la vez. Dejemos los detalles, pero ha sido una conferencia intercomunitaria (de las comunidades autónomas del estado—multinacional— español) a tres bandas.
Y yo, que soy de natural tímido, a la par que asustadizo e impresionable (o influenciable, según la de la bici), me he quedado petrificada, se me han agarrado los nervios al estómago (me consuela saber que un sándwich de Nocilla y un yogur bailaron la capoeira en sus respectivos estómagos, sino tendría que pensar que había dado en roxo*), me he puesto a sudar como un pollo y he tenido que salir a la terraza, teléfono en mano, para evitar que me diera un vahído, o pampurrio.
Bueno, no hay mal que por bien no venga. Así, cuando el próximo viernes (D. m.) nos veamos, las cuatro, cara a cara, en Mitadelcamino, ya me habré (espero) petrificado, sudado y atacado todo lo que me tenía que petrificar, sudar y atacar, eso que llevo de ventaja.

*Dar en roxo. Bable. Pasarse de vueltas.

martes, junio 17, 2008

La vida compensatoria de los acontecimientos

Despues de varios "Si desea tal pulse uno", "si desea cual pulse dos", y un largo "Permanezca a la espera", me atiende Daniel. "Que es que no puedo conectarme a Internet con mi ordenador nuevo, Daniel". Servicio que tengo contratado, nombre, apellidos, dirección, teléfono, DNI, talla de sujetador, nº de pie, dioptrías, nº de usuario... "No tengo nº de usuaria, tengo un nombre..." "Eso es lo que le estoy pidiendo" -impertienente, ya, el muchacho. Doy el nombre y la contraseña. "Pues esto está perfectamente, es que usted ha puesto mal la contraseña". "Lo he intentado treinta y siete veces, Daniel, no es posible que me confunda las treinta y siete"-perdiendo la paciencia, yo. "Pues, es usted la que se está confundiendo, porque esto está perfectamente", insite. Y yo, insisto en el "No es posible que me haya confundido, que llevo haciéndolo siete años, Daniel".
Él en sus trece, yo en las mías. Total: "Como veo que no me lo va a solucionar -le digo con mi tono de voz más áspero-, haga el favor de darme de baja de este servicio", "Es que, si usted se confunde con la contraseña..." "O me da de baja inmediatamente, o de aquí me voy al juzgado", yo, ya, subiéndome por las paredes, en plan Mujer Araña.
"Le paso con cancelación de cuentas, permanezca a la espera". Tic-tac, tic-tac. "Disculpe el retraso, permanezca a la espera". Tic-tac,tic-tac. "Buenos días doña Mármara, la atiende Iris, me dice mi compañero que como usted se confunde con la contraseña...". Sapos y culebras, salen por esta boca, nueva amenaza de denuncia en el juzgado, más sapos, más culebras. "Permanezca a la espera". Tic-tac, tic-tac "Le ruego disculpe la tardanza... ¡Ajjjjjjjjj!
Quince minutos, cuarenta segundos después me graban la conversación y me comunican que mi cuenta será dada de baja, el dos de julio y que, eso sí, aparte de la factura de junio deberé abonar otra por los dos días de julio.
A esas alturas del partido, más que La Mujer Araña me he convertido en el Increíble Hulk. Taquicardia, palpitaciones... Dos valerianas, medio frasco del remedio rescate de las Flores de Bach, respiraciones, menta poleo y tila...
La mañanita de trabajo, paso de relatarla. Graciosa, eso sí.
Pero, lo que son las cosas de la vida. A las tres de la tarde, Marcelilla, Japi, otra amiga y yo, nos dirigimos al

Balneario Real de las Caldas (fundado en 1770, remodelado el 2008) a regalarnos una sesión de pijoterapia por todo lo alto.
Termas húmedas, piscina tibia, terma seca, ducha escocesa, piscinas calientes, templadas, frías, chorros (cervicales, lumbares, podales, muslares, pantorrillares, glutares), "cuello de cisne", cascadas (varias), yacusi, ("Esto, más que salud es vicio"), ducha escocesa, vaporizaciones, más chorros, más piscinas, relax en tumbona, sauna finlandesa, cromoterapia, ducha relajante, despedida y cierre.
Adiós Mujer Araña; ciao, Increíble Hulk; hasta la vista ejecutiva agresiva de tres al cuarto (que es a lo que he jugado toda la mañana).
Vamos, que me he quedado como una malva.
Y, mientras, imagino, Daniel, Iris y el personal de Orange, sacando de quicio a cualquier alma cándida. Que les den.
De que vuelva con estos de dar el paseo, un potito y a la camita, a soñar con las angelitas.
 
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