Resulta que hoy el es cumple de Aurora, alias La Bella Durmiente. No la de Perrault, o la de los Hermanos Grimm, ni siquiera la de los cuentos de hadas que se transmitieron durante siglos gracias a la tradición oral. No. La que hoy cumple cincuenta tacos es la de Disney, la única que cuenta, por aquello de que las imágenes cinematográficas, esas que van directamente al núcleo duro de nuestras emociones sin pasar por el filtro de la razón, valen más que cienes y cienes de palabras.
Es decir, que gracias a don Disney, varias generaciones de mujeres, hemos crecido construyendo nuestro imaginario sentimental, incluso nuestra imagen como mujeres y (futuras) esposas, sobre las premisas que marcaron un par de misóginos (Parrault y el susodicho). Varias generaciones de mujeres hemos soñado, alguna vez (y la que lo niegue ya se lo está haciendo mirar), con que un príncipe encantador nos rescatara de nosotras mismas y diera sentido a nuestras inútiles vidas. Porque ésa, y no otra, es la moraleja del cuento.


(Barbie y Kent en el papel de Aurorina y el su Príncipe Azul)
Veamos. Resulta que el papá y la mamá de Aurorina, de profesión monarcas, no pueden tener descendencia. Gracias a las artes máginas, se embarazan, pero en vez de dar a luz a un varón, legítimo heredero del reino, van y tienen una rapaza. Primer contratiempo: las mujeres no estamos preparadas para reinar y no les va a quedar más remedio que entrar en negociaciones con algún reino vecino, que terminará por anexionarse al de Aurorina.
Veamos. Resulta que el papá y la mamá de Aurorina, de profesión monarcas, no pueden tener descendencia. Gracias a las artes máginas, se embarazan, pero en vez de dar a luz a un varón, legítimo heredero del reino, van y tienen una rapaza. Primer contratiempo: las mujeres no estamos preparadas para reinar y no les va a quedar más remedio que entrar en negociaciones con algún reino vecino, que terminará por anexionarse al de Aurorina.
Y luego va, y resulta que la chavala les sale atolondrada (segúndo, y peor, contratiempo), díscola (que no autónoma), bordeline (entre las gracias que le concedieron las hadas no estaba la de la inteligencia), curiosona (chungo, si eres mujer la curiosidad te está vedada) y, lo que es peor, desobediente. Porque, vamos a ver, ¿quién le mandó subir hasta la torreta aquella y ponerse a hilar? Que, mira que se lo habían advertido, ¿eh?, pues, oyes, que no hubo forma. Y, claro, se pinchó y la pició. Menos mal que tuvo la suerte de que un príncipe se fijó en ella y la salvó, a ella y a todo su reino, de la desgracia.
O lo que es lo mismo: si eres mujer, lo tuyo es estarte quietecita, que estás más mona, hacer lo que te manden sin rechistar y dejarte de andar curioseando por ahí, que te pierdes, como el gato.
(La atolondrada, rubia, alta, mona de la muerte, cinturina de avispa, 100B, haciendo de las suyas por el palacio)
Y todavía hay algunas (infelices) que piensan que son ellas mismas, consigo mismas, las que deciden dejar los cargos directivos de los centros educativos en manos de tres de los cinco varones que componen su claustro (25/5), o que no entran en la Real Academia de la Lengua, por ejemplo, porque es mucho más importante dedicarse a al sostenimiento de la intendencia del hogar y la crianza de sus vástagos (que se conoce que no han oido hablar nunca de María Moliner). O que las que traspasan el techo de cristal, o son unas solteronas amargadas, o unas insatisfechas con su vida familiar.
En fin.
Dicho todo ello, y como no nos queda otra que darle una vueltecita de tuerca a nuestro (ideal) acervo cultural, aquí os dejo una versión moderna de La Cenicienta mucho más constructiva y edificante que la de Disney y compañía, escrita e ilustrada por Nunilo López Salamero (palabra) y Myriam López Salamero (imagen), para que, si alguna vez tenéis que contar alguno de estos cuentos, os sirva de inspiración, les deis una patada en el trasero a Perrault y a Disney y, de paso, contribuyáis a desmontar los estereotipos que tanto daño han hecho, y siguen haciendo, al género femenino. Y al masculino.
(Pincha sobre la imagen para seguir el enlace)
PD: Y ahora sí, me voy a ver los DOS capítulos de la sexta temporada de L que he grabado y atesorado para regalármelos hoy mismo, que llevo unas semanitas trabajando cual Cenicienta y, encima, sin una princesita lila que echarme al coleto.










































