jueves, septiembre 06, 2007

La vida festiva de los eventos laborales


Hela aquí (henos de Pravia). Ésta es la bola que me ha regalado Ojos Verdes. Estoy que no quepo en mí de gozo, o sea, que como cantaba Marisol (a la que oigo entonar la cancioncilla en la tele, en este momento, porque tengo a mi madre conmigo y ella ve los programas que ve y no tien mal que parecer), tengo el corazón contento, el corazón contento, lleno de alegría.
Según me contaba ayer, cuando me la dio, en cuanto la vio, pensó en mí y se dijo: "Así vamos a acabar este curso (me la compró a finales del curso pasado), como cabras, con los ojos desorbitados y arrastrando los colmillos por los pasillos".
Pero, no, oyes, no, el curso lo acabamos en sus marcas y éste lo hemos empezado (por lo menos por mis partes) dabuten y con muy buenas perspectivas, también por mis partes, y calculo que por las suyas, porque ya me dijo este medio día, al despedirnos, después de haber invertido media hora en el proceso (y porque me esperaba mi madre, que sino me hubiera ido a comer con ella), con una sonrisa de oreja a oreja, y después de haber hecho mil planes conjuntos (todos ellos en el ámbito de lo laboral, no mos precipitemos), que nos vamos a jartar de vernos. ¡Cooooooooorrecto! ¡Jartémonos, leches!
De todas formas, centrémonos: la muchacha es hetero-hetero, o sea: perspectivas de ligoteo, cero patatero. Clarinete lo tengo. Ahora bien, desde aquí os lo digo, en habiéndola declarado aliciente oficial, todos esos planes conjuntos me requete chiflan, y la perspectiva de jartarnos de vernos, más todavía.
No obstante, he de confesarlo, me temo. Porque me conozco, me temo. Y ya, cagüenmimanto, me he dado motivos para temerme.
Y hasta aquí puedo leer.

viernes, agosto 31, 2007

La vida pública de las palabras

Sabía de la existencia de esta distinción, pero nunca pensé que mi blog pudiera llegar a tenerla, entre otras cosas porque, el mío, no es un blog ni demasiado visitado ni profusamente comentado. Y hoy me he llevado la inmensa sorpresa de que Ripley me ha hecho el gran honor de incluirme en la lista de los blogs que la hacen pensar. Desde aquí te lo digo, Ripley, un millón de gracias. No puedes hacerte una idea de la ilusión que me ha hecho.
Verdaderamente, esto de que te den una distinción, sobre todo si es puramente honorífica, es algo gratificante. Lo que más me ha gustado es la categoría del premio, o distinción: hacer pensar. Siendo maestra de vocación y profesión, siempre he agradecido mucho que mi alumnado me dijera que una de las cosas que más les gustaba de mis clases es que hacían pensar. Ahora, que estoy alejada de las aulas, echo mucho de menos ese tipo de estímulos. Y, mira tú por dónde, resulta que también hago pensar a una persona adulta y que, por más señas, es colega. En fin, que estoy encantada.
El Thinking Blogger Award es una especie de premio o reconocimiento, surgido de la iniciativa de un blogger estadounidense con la única finalidad de dar a conocer otros blogs que nos hacen pensar. Si el tuyo es uno de los escogidos... puedes (o no) seguir estas instruciones:
1.- Si alguien te otorga el premio, escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
2.- Enlaza el post original, así la gente puede encontrar el origen del mismo.
3.- Exhibe o muestra el "Thinking Blogger Awards" con un enlace del post que tu mismo escribas. Hay dos modelos de botón para mostrarlo en el blog, plateado o dorado.
Y ahora, siguiendo con el protocolo, procedo a dar la lista de los cinco blogs que me hacen pensar. Hay más, claro, pero como sólo me piden cinco, allá van, en riguroso orden alfabético:

lunes, agosto 27, 2007

La vida estéril de las palabras




Playa La Griega (Colunga)
Vivimos en el país de las prohibiciones. En cuanto no sabemos qué hacer con algún tema, prohibimos. En vez de sugerir, indicar, solicitar, es decir educar, prohibimos. Antes de legislar, prohibimos, a pesar de que es bien sabido aquello de: contra la prohibición, rebelión.
Y como nos incomodan tanto las prohibiciones, en cuando cazamos a alguien vulnerando una de las que no nos afectan directamente, nos erigimos en guardianes de la fe y nos creemos con el derecho a reclamar, increpar (incluso agredir verbalmente), juzgar y, por supuesto condenar.
Los perros están prohibidos en la mayoría de los lugares públicos, así que lo normal es que cualquiera, sobre todo los especimenes del género masculino, se sienta en el derecho de decirnos lo que tenemos que hacer con nuestras mascotas, cómo debemos llevarlas y dónde pueden, o no, estar, situación que puede llegar a tal grado de violencia, que si no fuera por lo que es, lo más probable es que desembocara en una agresión física. Ahora bien, la agresión verbal está garantizada. Y si eres mujer, más.
El otro día sufrí un desagradable episodio de esta índole en los alrededores de esta bonita playa, a la que, por supuesto, no dejé bajar a Bilbo. Insultos, advertencias, amenazas..., en fin, lo de siempre. Incluso llegó a retarme, el hombre, a que me atreviera a probar lo que le iba a hacer a mi perro, si lo pillaba. Menos mal, y así se lo dije, que como (gracias a Dios) no tengo testosterona no necesito ir por ahí violentando a quien creo más débil, ni demostrar que soy la más fuerte de la manada. Ahora bien, poner, lo puse de vuelta y media. Eso sí que soy capaz de hacerlo. Y lo hago, maldita sea.

domingo, agosto 19, 2007

La vida entrañable de los aniversarios




Cuando era pequeña, a mi hermana la llamábamos Ratita. El mote se lo puso mi padre porque era menuda, inquieta, lista como una ardilla y pelín desastraduca.

Sigue siendo inquieta y lista como una ardilla, se mantiene delgada y ágil, pero lo de desastraduca ha pasado a la historia. Historia familiar que ayer rememoramos , como tenemos por costumbre cada vez que cumplimos años, con la ayuda, en esta ocasión, de una PowerPoint que le regalé, en la que hice un repaso completo de sus cincuenta años de vida.

Me he pasado una semana digitalizando fotos, trayendo a la memoria los recuerdos de cuando éramos pequeños, rememorando nuestras andanzas, y las suyas, los veraneos eternos, los juegos en el Campo S. Francisco, los días en casa de LAS tías (nuestras titas del alma), las amistades de entonces, que siguen siendo las de ahora... Su noviazgo (en enero celebraron sus treinta y cinco años juntos) y matrimonio (en abril hicieron las Bodas de Plata), el nacimiento e infancia de mi sobri, sus éxitos profesionales, sus logros personales.

No creo que haya muchas personas que puedan sentirse tan satisfechas de su vida como mi hermana. Quizás no sea del todo consciente, nunca lo somos, pero os aseguro que aquella Ratita, que salía de casa como una princesa y llegaba hecha un desastre, se ha convertido en un pedazo de mujer.

Por eso, y por mucho más:


¡Felicidades, Ratita!

martes, agosto 07, 2007

Lo prometido, es deuda


Lo primero que hice al llegar a Florencia, hace 26 años, fue subir a S. Miniato. Ni Duomo, ni Piazza de la Signoria, ni Ponte Vechio, ni nada de nada. Lo primerito, S. Miniato. Y casi lo último, también, porque según bajaba las tropecientas escaleras, que habíamos subido con el consiguiente calor de justicia, y la total y absoluta perplejidad de Váyolet, mi compañera de viaje, que no acertaba a comprender mi interés por una iglesia vacía, me sobrevino una hemorragia procedente de una incómoda e inoportuna hemorroide (que había sufrido en silencio durante los últimos días de estancia en Roma), que dio con mis huesos en las urgencias del hospital.
El amable doctor que me atendió, después de valorar el asunto y preguntarme de dónde era, sentenció:
-Ritorno súbito a l'Espagna.
Y otra retahila más de la que sólo pude comprender la palabra cirugía.
Por poco me da un pasmo. Cómo sería la desesperación con la que le supliqué al médico que me ofreciera otra solución, porque sólo llevaba una semana en su país y no estaba dispuesta a abandonarlo tan repentinamente, que se apiadó de mí, me recetó una pomada y me dijo que debía hacer reposo hasta que la herida estuviera completamente cicatrizada, no sin antes recomendarme que visitara a mi doctor nada más llegar.
Durante tres días, tres, permanecí en el hotel, tirada en la cama. Sólo salía a dar cortos paseos al atardecer (por aquello de evitarme la calorina) para ver alguno de los lugares que llevaba en mi lista, entre ellos el Palazo Pitti (que me había caído en un examen y me moría por ver en vivo y en directo) y, por supuesto, Il Duomo. Sobre el resto no me quedó más remedio que cubrir un tupido velo.
Hartas del reposo, del hotel y de nuestra mala suerte, abandonamos Florencia, al cuarto día, y nos dirigimos a Padua a rezarle a S. Antonio y pedirle que, por favor, me curara definitivamente la almorrana.
Y me la curó (nunca podré agradecérselo bastante, al médico y a S. Antonio). Y pudimos seguir viaje como si nada hubiera ocurrido.
Mientras permanecía en el lecho del dolor, reprochándole a S. Miniato la jugarreta, me juré que volvería a Florencia lo primero que pudiera.
No fue un ritorno súbito el mío, no. Necesité veintiséis años para regresar, pero no a S. Miniato, que se me quedó, con alguna que otra cosilla más, en el tintero. Circunstancia que he interpretado como un guiño del santo para que no me quede por más que volver, una vez más, y dedicarle mi primera visita.

miércoles, agosto 01, 2007

La vida mágica de los recuerdos



Aquí mi bola nº 84 (la 83 me la ha regalado Ojos Verdes, pero tendré que esperar a septiembre para que pase a engrosar oficialmente mi colección), aquí mi amable concurrencia.
Pues sí, no podía ser de otra manera, ésta me la he comprado yo misma, allí mismo, concretamente en el Mercado de S. Lorenzo, el del cuero, después de haberme extasiado ante el David, la Piedad de Palestrina y la serie de esclavos para la tumba del papa Julio II, que nunca llegó a terminar (ni falta que le hizo), de camino al hotel a recoger las maletas y viajar hasta Venecia, donde no me compré un jersey a rayas ni me bañé en la playa, pero viajé en vaporetto lo que no está en los escritos, y más.
Resulta que ahora las bolas vuelven a estar de moda. A nivel de bola lo tienes casi todo. Por supuesto, el David, el Palazzo de la Signoria, el mismísimo Ponte Vechio, y el de los Suspiros, y las góndolas con San Marcos de fondo..., en fin, todo.
Si no fuera porque llevaba las ideas muy claras, a este respecto, y me obligué a mí misma a no ceder a la tentación del cosumismo bolil (ni a ningún otro), hubiera venido cargadita. Pero me traje ésta, y sólo ésta, por varias razones: porque es la única que tengo con la peana de madera (se vuelva) de las bolas clásicas, por todas las veces que pasé por la Piazz del Duomo (el puto Duomo; todos los caminos conducen al Duomo) y, sobre todo, para poder volver, antes de que pasen otros veintiséis años, y traerme a David o a S. Miniato, al que tuve que conformarme con contemplar desde la lejanía.
(Música recomendada para este post, of course, O mio babbino caro, por María Callas, Sarah Brigthman o, preferiblemente, Kiri Te Kanawa)

sábado, julio 21, 2007

La vida mágica de las palabras


Pues eso...
Ci vediamo, caras(os).

jueves, julio 19, 2007

La vida mágica de los viajes


Vuelvo a Italia. Por fin, después de veintiséis años, veintiséis, vuelvo.
No sé que habrá sido de estos trozos de Constantino, el Grande, si seguirán aparcados en el mismo sitio, si se los habrán llevado a otro más digno. Y no podré comprobarlo porque esta vez no voy a Roma. Vuelvo a Florencia y a Venecia, ciudades que visité un poco de pasada en aquel primer viaje en el que recorrí, entrando por Génova, media Italia.
Acababa de licenciarme en Historia del Arte, pero sabía muy poquito de la vida, en general, y de la nocturna, en particular. Mi compañera de viaje, y gran amiga (nombre de guerra Váyolet), absolutamente lega en la materia, soportó con estoicismo el tute que nos dimos recorriendo los lugares que había llegado a aprenderme de memoria mientras estudiaba la carrera. Sólo se quejó dos veces. Una, cuando después de recorrer media Roma, a pie, llegamos a San Carlino alle Quattro Fontane. No daba crédito a que la hubiera arrastrado hasta allí para contemplar una fachada, para ella, insignificante, y cuatro fuentes mugrientas y que, para mayor escarnio, de la puerta colgara un cartel que nos encontramos demasiadas veces, aquel verano: chiuso per restauro. Otra, cuando después de ascender por la escalinata de S. Miniato al Monte, con un calor de justicia, se encontró una iglesia desnuda y, siempre según su particular visión, humilde.
Pero lo pasamos de miedo. Yo le mostré lo que sabía y ella me inició en los secretos de la noche, absolutamente desconocidos para mí, en aquella época.
Cuando me encuentre, de nuevo, frente a S. Miniato, no podré por menos que llamarla por teléfono. Y nos reíremos juntas del episodio que vivimos allí y que os contaré a la vuelta, en un post que ilustraré con una de las cientos de fotos que sacaré con mi cámara nueva, que para eso me la he comprado.

domingo, julio 15, 2007

La vida peculiar de los paseos dominicales


Esta mañana he salido tempranito a buscar el periódico y a darle el primer paseo a estos dos. De camino hacia el parque me he tropezado con algunos de los habituales, "Paco", "Coqui", "Luna"..., acompañados por los maridos de sus dueñas, también con el periódico, y el pan.
Se conoce que a ninguno de ellos les hubiera apetecido salir, pero, claro, es domingo, y mientras la parienta prepara la paella, o la bolsa de la playa, no les ha quedado más remedio que abandonar el dolce far niente y hacerle los recados. Y no les gusta, oyes, no quieren. Aceptan, porque no les queda otra, pero no quieren. Prefieren quedarse en el sofá viendo las motos o tocándose los güevos, que diría Jesús Quesada, de Cámera Café, mientras ellas hacen las camas, limpian el baño, les preparan la ropa (que previamente han lavado, planchado y guardado en el armario), hacen la comida y dejan la cocina como un pincel, antes de arreglarse comilfó y salir al aperitivo, la playa, o lo que toque.
Pero como no les queda otra, salen malhumorados, arrastrando a los perros, dándoles órdenes imperiosas y tajantes, impidiéndoles relacionarse con sus semejantes, como tienen por costumbre cuando salen con su Mari, que ya dejó las faenas hechas antes de regalarse el paseo.
He observado la misma actitud en las parejas que salen al paseo dominguero con su prole: el gesto adusto, las manos en los bolsillos, o aferrándose al periódico, el reproche en la punta de la lengua, los improperios a las criaturas... Y ellas, monas de la muerte, tacones imposibles, temerosas, sumisas, un par de pasos por detrás, cargando con el cochecito, la bolsa, el juguete despreciado, no sabiendo qué hacer para que él no se despegue más que esos dos pasos, para que no siga increpándola, para que no les grite más a los chiquillos, que ya se encarga ella de gritarles para que el rey de la casa no le monte el enésimo pollo antes de comer.

martes, julio 10, 2007

La vida mágica de las tecnologías


Bueno, pues sí, no me ha quedado más remedio, por fin he tenido que claudicar y me he comprado una cámara digital. Compacta, eso sí, pero con óptica Leica (28/100), estabilizador de imagen, 7,2 megapíxeles..., en fin, una cosa espectacular, para mi escaso gusto que, desde que dejé de utilizar mi Practika y la sustituí por una Olimpus automática, no había tenido en mis manos una cámara con tantas posibilidades.
Y como soy más infantil que una peseta de cromos, tengo que lo reconocer, ando por ahí con mi cámara nueva en ristre, capturando a todo capturar, todo lo que se me pone por delante. Por ejemplo, a mi Bilbo esperando que dejara de jugar con mi nueva adquisición y me tirara al agua.
No lo hice esperar, me tiré y nadamos juntinos un buen rato, mientras Tiza nos esperaba, como siempre, a la orilla ladrando sin descanso (debe de tener miedo a que me pase algo, porque no se calla hasta que salgo).
Ya sé que parecerá mentira, pero tuve, como la mayoría de los días, excepto en pleno agosto, todo este pedazo de cala para mí solita. Lujazo, ¿eh?
P.D.: ¿No hace unas fotos espectaculares, la mi cámara nueva?

lunes, julio 02, 2007

La vida mágica del agua


Este fin de semana ha tocado balneario. Hace varios años que, mis amigas y yo, decidimos clausurar el curso regalándonos un fin de semana de paz, relax, risas, campeonato de Continental (que este año he vuelto a ganar yo, tengo que lo decir), charlas interminables, Tarot, paseos, baños y masajes.
Es decir, un fin de semana que nos dedicamos a nosotras mismas porque sí, porque nos apetece, porque nos lo merecemos y porque nos encanta juntarnos y cuidarnos, y dejar que nos cuiden.
Hemos recorrido unos cuantos, ya. Desde Galicia a La Mancha, pasando por Cantabria, Asturias y, como en ésta y otras ocasiones, Castilla y León.
No tengo palabras para explicar cómo he disfrutado de cada uno de ellos, lo contenta, relajada y renovada que he vuelto, lo muchísimo que me gusta compartir estos días con estas cuatro impresionantes mujeres que tengo la suerte de que sean mis amigas, lo que nos hemos reído, lo que he aprendido de ellas y con ellas, lo que ha significado, y significa, para mí sentirme cómplice de sus vidas.
Pero este año, en Almeida, he sentido, como en ningún otro, el poder de la magia. La magia del lugar, que la tiene, y la que surge cuando unas cuantas mujeres se juntan y son ellas mismas, sin reservas, sin miedo. Sobre todo, sin miedo.

sábado, junio 23, 2007

La vida paradójica de las palabras


Profesor,a. Persona que enseña un arte u oficio.
Maestro, tra. Dicho de una persona o de una obra: De mérito relevante entre las de su clase.
El otro día un taxista me explicaba la diferencia entre profesor y maestro. Según él, el profesor es el que más sabe, el experto en alguna materia, y el maestro el que no necesita saber tanto porque enseña a los más pequeños.
Excepto en la enseñanza, Maestro es quien destaca entre los de su clase. Al director de orquesta se le llama maestro, mientras que a los músicos que componen la orquesta se les conoce como profesores. Hay maestros del torero, del cante jondo, de la pintura..., y hasta de la ebanistería.
En educación, el maestro es el último peldaño de un escalafón que presiden los catedráticos de universidad, expertos entre los expertos; el último mono, el que menos cobra, el de menor categoría, social y profesional. Para maestro de escuela vale cualquiera. Y para maestra...

viernes, junio 15, 2007

La vida absurda de los pensamientos


Las personas (humanas) tenemos la cosa de que pensamos. O sea, que tenemos ideas flotando en la cabeza y según las vamos necesitando, las vamos utilizando. Por ejemplo, ante un acontecimiento, suceso, incidencia o circunstancia, se nos presenta, procedente de nuestro archivo, un pensamiento ad hoc.
Acontecimiento: suena el móvil.
Pensamiento(s): Es la mi moza, descuelgo; es mi jefe, que le den.
De este simple (en toda la acepción del término) ejemplo se deduce que cualquier acontecimiento, suceso, incidencia o circunstancia precisa de una reflexión, por mínima que ésta sea.
Sin embargo, cuando se trata de cuestiones complejas, incluso trascendentes, oyes, va y resulta que la reflexión brilla por su ausencia. O sea, que echamos la lengua a pacer, que diríamos en Asturias. Y cuando echamos la lengua a pacer, lo que nos salen son los pensamientos automáticos.
Y, ¿qué son los pensamientos automáticos? Según Luis Rojas Marcos (El País, 09.06.07), son los pensamientos que se forjan con prejuicios o generalizaciones irreflexivas (i-rre-fle-xi-vas) y suelen derivar en juicios tan negativos como desacertados.
Es decir, vamos por ahí dando consejos, sentenciando, hablando ex cátedra, diciéndole a todo el mundo lo que tiene que hacer (porque no tenemos ni puta idea de lo que tendríamos que hacer nosotros), a base de pensamientos automáticos.
¡Hay que se joder, hostia, hay que se joder!

martes, junio 05, 2007

La vida mágica de las caminatas playeras



¡Ay, mae mííía, qué paliííza (que diría Cañizares)!
Tocaba inaugurar, comilfó, la temporada de caminatas playeras y a T. se le ocurrió que semejante acontecimiento sólo podía tener lugar en El Playón de Bayas. Siempre vamos a Bayas por esta época, dijo, y no es cosa de andar variando las costumbres. No, no, respondí al instante (hemos hecho de ciertas costumbres nuestra seña de identidad), pero solemos ir en fin de semana, añadí, temiéndome lo peor. Y acerté: la realidad superó con creces la fantasía.
Como su propio nombre indica, Bayas tiene un tamaño descomunal (el doble de Xagó, aproximadamente) y para más INRI, entramos a un tercio de distancia del lado norte, llegamos al fondo sur, volvemos a tocar las piedras del norte y regresamos al punto de partida. Total, dos horas largas caminando por la arena blanda. Triple esfuerzo. Dice T. que si lo hacemos todos los días se nos van a quedar las piernas (y los glúteos, puntualicé) como peñas del mismísimo Cantábrico. El cerebro, pelín perjudicado a estas alturas de curso, también se nos va a arreglar bastante.
Yo no quiero decir nada, que luego se me entiende todo, y menos quejarme, pero tengo los pies como palometes (pescado que en la Meseta se conoce como japuta), en sus dos modalidades (las hay rojas y negras). Rojas se me quedaron las plantas a causa de la activación circulatoria, negras a causa del carbón, procedente de la desembocadura del Nalón, que da tonalidad característica en algunas zonas de la playa. Y las piernas..., que no las siento, vaya.
Ahora bien, desde aquí lo digo, qué bien que hayas tenido esta ocurrencia, T. Ha sido una inauguración en toda regla, amenizada por el fragor del oleaje, el viento del nordés, una puesta de sol requetebonita (a las pruebas me remito), un espectáculo de danza protagonizado por una pandilla de pajarinos preciosos, que se deslizan por la orilla a toda velocidad picoteando la arena, y hasta una pareja de recién casados, haciendo su reportaje de boda en este incomparable marco natural. A ella, tengo que lo decir, daba pena verla, con su trajecito blanco azotado por el viento, su rebequita por los hombros para combatir el frío entre instantánea e instantánea, sus tacones clavándose en la arena..., un dolor. Pero que nos dio la risa.
No me arrepiento de haber comenzado la temporada con semejante palizón-palizón, muy al contrario. Terminamos agotadas por el triple esfuerzo, pero contentas, que más contenta no cabe.
Mañana (si Dios quiere, que querrá), Xagó.

sábado, junio 02, 2007

La vida indescriptible de los fotogramas


(Música recomendada para la lectura de este post: Cyndi Lauper, Girls just want to have fun)

Ayer, una compañera, educadora social municipal, por más señas, en medio de una reunión, me preguntó airada que qué era eso de la perspectiva de género. Que estaba harta de que si la coeducación, que si el lenguaje sexista, que si... Tiene veinticinco, la muchacha. Y es educadora social municipal.
Y por la noche voy al cine. Entre mujeres fue nuestra única opción. No quiero ser cruel, la peli se deja ver. Es ¿agradable?, ¿inocua?, ¿amable?, ¿con pretensiones?, ¿voy a ver si me sale como a papá en Gran Cañón, pero en Michigan, sin existencialismos inútiles?
Bueno, el caso es que (ojo, que destripo) al veinteañero protagonista, escritor de porno blando, lo abandona la suya (Elena Anaya), un bellezón, actriz, modelo, inestable, desorientada, egoísta y pelín borracha. Para olvidarla, se va a cuidar a su abuela (Olimpia Dukakis) demente senil (que qué otra cosa puede ser una mujer a su edad) a los suburbios de Michigan (él es moribundo y vecino de L.A.) con la intención de, mientras protege a la su güelita de sí misma, escribir el libro que siempre quiso escribir (tiene veintiséis, el escritor de porno blando). Allí, en los suburbios, conoce a Sarah (Meg Ryan, labios nuevos, pómulos nuevos, seis costillas menos, ojos permanentemente vidriosos...), una ama de casa que a causa que su inútil y vacía existencia (si eres ama de casa, qué vida quieres tener, leches), unida al descubrimiento de que el suyo tiene un lío con otra, se fabrica un cáncer de mama. El ama de casa tiene dos hijas: una niña prodigio y una adolescente anorexica-pintora-rebelde (¡fuma!)-inteligentísima-mona, pero que muy mona (alta, melenaza rubia, delgada, ojo claro, desgarbaduca-indolente), permanentemente cabreada contra su madre, a la que responsabiliza de un oscuro episodio de abuso sexual de su colega del cole a los once años (se conoce que jugaban a médicas y enfermeros, o viceversa, y se les fue la bola), enamorada de la estrella de fútbol (americano) de su instituto que se la pega con otra, pero que menos mal que el amigo íntimo del futbolista, que es un muchacho adorable-sensato-responsable, está secretamente enamorado de ella, aunque ella no puede por más que enamorarse del veinteañero escritor de porno blando, igual que mamá.
Y hasta aquí puedo leer.
El próximo día que vea a mi compa educadora social municipal le voy a recomendar esta peli, y luego haremos un cine forum.

miércoles, mayo 30, 2007

Hace falta valor


(Luanco 1984)
Arde la calle al sol de Poniente
hay tribus ocultas cerca del río
esperando que caiga la noche.
Hace falta valor, hace falta valor,
ven a la escuela de calor.
Sé lo que tengo que hacer
para conseguir que tú estés loca por mí,
ven a mi lado
y comprueba el tejido,
más, cuida esas manos, chica.
Esa paloma sobrevuela el peligro,
aprendio en una escuela de calor.
Vas por ahí sin prestar atención
y cae sobre ti una maldición.
En las piscinas privadas
las chicas desnudan sus cuerpos al sol.
No des un paso,
no des un mal paso,
esto es una escuela de calor.

A principios de los 80 mi vida dio un giro de 180º. De vivir en el mismísimo limbo pasé, directamente, a esperar a que cayera la noche para unirme a las tribus ocultas que había cerca de no sé qué río. Aprendí (mal) a sobrevolar el peligro, pero como iba por ahí sin prestar atención di un mal paso y cayó sobre mí la maldición.
No podía ser de otra manera, llegaron malos tiempos para la lírica y me encontré, fumando varios cigarros y llorando a lágrima viva, en un Dyane6 solitario deseando matarla. Es cierto, sí, crucé el mar en su compañía, pero no volvió a llamarme. Y la olvidé.
Sin embargo, la maldición me ha acompañado desde entonces.
A estas alturas casi estoy por asegurar que todas las secuencias han llegado a su conclusión y que el tiempo no puede esperar. Va siendo hora de que atraviese el mundo, llegue volando hasta el espacio exterior y me busque (y me encuentre) a mí misma sin necesidad de viajar a Groenlandia, ni a Perú, ni al Tibet, ni a Japón, ni a Isla de Pascua, ni a las selvas de Borneo, ni, mucho menos, a los cráteres del mar de los anillos de Saturno.
Y me deshaga, por fin, de ella (de la maldita maldición).
Al fin y al cabo, y espero que no se me vuelva a olvidar, I'm the first, my last, my everything.

sábado, mayo 26, 2007

Immaculate Fools




We talk of changes
We talk of any things
When there is sadness
We re-arrange the dream
Those tainted promises
They fade and die
We forget so easily
The love insade
We are enchanted
We are immaculate
We are selected


El Vainilla, el TIK, la Santa Sebe, el Comercial, El Pilón (que no conocí, pero estaba allí), el Sol de Mayo, ...
Objetivo Birmania, Zombies, Esclarecidos, Loquillo, Peor Imposible, La Unión, Golpes Bajos, Miguel Bosé, Tino Casal, Alaska, (y los Pegamoides, y Dinarama), Madness, ABC, Spandau Ballet, Immaculate Fools...
Güi ar enchated, güi ar immaquiuleit, we ar sele-e-e-et
Immaquiulet fuls
Immaquiulet fuls

viernes, mayo 18, 2007

La vida trágica de las imágenes


Foto: Sebastiáo Salgado

Qué tremendas han de ser las heridas que desgarran el alma de quienes gobiernan este mundo.
Y qué inmenso el miedo de quienes nos dejamos gobernar y aprobamos con nuestro silencio.

sábado, mayo 05, 2007

La vida mágica de las imágenes



Nos han enseñado que somos la única especie racional que hay en este planeta. No es cierto. Cuando convives con otras especies y las conoces te das cuenta de que todas tienen su propia racionalidad.
Pasé tres meses en las Galápagos, mucho más que Darwin, que sólo estuvo allí cuarenta días. Al principio pensaba que las iguanas no tenían nada que ver conmigo -su sangre es fría, su piel tiene escamas...-, incluso me producían una cierta repulsión. Mirad esta pata. Mirad vuestra mano. ¿Son tan diferentes? En esa pata estoy viendo la de una prima hermana. Todas las especies tienen que ver con todas. Cuando consentimos en la extinción de las ballenas, de los gorilas de montaña, de la foresta del Amazonas..., y pensamos que no tiene nada que ver con nosotros, nos equivocamos, estamos destruyendo nuestra propia casa, nuestra propia familia.
El Proyecto Génesis nace para trabajar con la infancia y transmitirle nuestro parentesco y nuestra relación con todas las especies del planeta. Es necesario cambiar la mirada, la conciencia; abrir la cabeza, preguntarnos ¿dónde estamos?, ¿cómo podemos actuar así?
Cuando oyes a alguien hablar con la pasión con la que lo hace este hombre, sus palabras llegan al alma. Y la conmueven. Lo único que sentí, aparte del inmenso privilegio de escucharlo, fue no estar en el aula, para compartir mi alumnado las sensaciones que tuve ayer. No me atreví a decírselo, ni delante de tanta gente, ni después, durante la comida, cuando se paseaba entre las mesas charlando con quien se acercaba a él. Cómo me arrepiento. Sobre todo, porque después de presentar su proyecto la primera pregunta que se le hizo fue:
En España, los programas son muy cerrados. Las materias tienen unos contenidos muy concretos que tenemos que desarrollar y va a resultar muy problemático encajarlo. ¿Cómo cree usted que se puede integrar su proyecto en el currículo?

martes, mayo 01, 2007

Escultura y monumento







La historia de Avilés se asemeja a una montaña rusa. Desde que fuera fundada, allá por el siglo IX, épocas de gran esplendor se han alternado con momentos de penuria y hambre. De ser el puerto más importante del Cantábrico, gracias al monopolio de la sal , que le concedió Alfonso VI en su Fuero, hasta la fundación y posterior desmantelamiento de ENSIDESA, nuestra Villa cayó y se levantó en multitud de ocasiones. Incendios, terremotos, guerras, malas gestiones, intereses políticos y económicos, contribuyeron a hundirla, literalmente, en la miseria.
De todo se recuperó Avilés, con el esfuerzo y el trabajo de quienes nacieron aquí y de quienes vinieron en busca una vida mejor. A veces con ayuda de la monarquía, por su condición de Villa Regia, otras con la de gobernantes indeseables y otras, como ahora, por decisión de un gobierno que parece decidido a devolverle lo que es suyo por derecho.
Simbolo de la nueva época que nos espera es esta escultura, Avilés, de Benjamín Menéndez, que se alza en el recuperado Paseo de la Ría, monumento a una ciudad que vuelve a resurgir de sus cenizas con la mirada puesta en una ría en la que los barcos de carga y los pesqueros convivirán con los barcos deportivos y, sobre todo, con la obra que Niemeyer nos ha regalado para que, por fin, Avilés deje de ser la Gran Desconocida.
 
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