martes, noviembre 27, 2007

La jodida vida de los sueños



Esta noche, hacia las seis de la mañana, me he despertado en plan Arquímedes, convencida de que había dado con la clave para enfocar con éxito un trabajillo que tengo entre manos para, a renglón seguido, percatarme de que las cosas ya se estaban haciendo de esa manera, pero que qué cóño habrían entendido aquellas buenas gentes para desvirtuar lo que yo iba a proponerles como novedosa alternativa.
No sé si mi idea tendrá futuro, pero gracias a este episodio nocturno he tomado una decisión: hasta aquí hemos llegado (lo de "hemos" es un mensaje claro y contundente a un par de sinsustancias de mi pandillita interior que me miran con cara de a mí qué me cuentas, las muy...).
¡Que no, leches, que no! Que no sigo, ni un día más, con este ritmo de trabajo enloquecido que me he autoimpuesto (obligada por las circunstancias, eso sí). Que una cosa es trabajar para vivir y otra, muy diferente, vivir para trabajar. Que la educación de este país no se va a hundir porque yo baje el diapasón. Que hay vida, más allá del trabajo. Que hay otros mundos, pero están en éste, y hay montones (de mundos) que no tienen nada que ver con el curro. Que una cosa es tener vocación de servicio y otra darse al servilismo. Que no se puede pretender abarcarlo todo. Que yo soy funcionaria,¡joder!, y no cobro por horas, ¡leches! Y que, definitivamente, quien sea fea(o) que haga los recaos de noche.
Así que, desde aquí lo digo, hoy mismo empiezo a leer una novela. Y no se hable más.

sábado, noviembre 17, 2007

La vida mágica de los fotogramas


¿Sabéis cómo es esa sensación de salir del cine con el alma ligera y la sonrisa en los labios? ¿Sí, no?
Pues eso.

miércoles, noviembre 14, 2007

Amor romántico (y 3)


No hay ni un corazón que valga la pena


No hay ni un corazón que valga la pena,
ni uno sólo que no venga herido de guerra.
Y sigo aquí... Cuanto silencio hay.
Cuanto silencio. No sé.

El tiempo agotado en compases de espera
Dibuja un desierto por dentro y por fuera
Que tira pa'tras a quien logre acercarse hasta aquí
No quiero pasados cargados de impuestos
Ni busco imposibles en cielos abiertos
Pero algo que valga la paz por lo que hay que apostar.

Amor inmenso y sin herida
Sin historia y a medida
Amor que no haga más preguntas
Preparado a no entender
Amor que mire bien de frente
Suficientemente fuerte
Amor que no busque salida
Y no me cueste la vida.

(Dedicada a mi amiga sufriente, a todas vosotras y a mí misma (por lo que me toca).

sábado, noviembre 10, 2007

A vueltas con el amor romántico

Tal parece que no tengo otro tema de conversación, últimamente. Será que ando yo, también, con lo mío, a causa de las disquisiciones a las que me abocan las vicisitudes amorosas de mi amiga.
El caso es que, esta semana asistí a un Seminario de Coeducación en el que, sin hablar directamente de ello, se tocó el tema.
¿Por qué te interesa la coeducación?, era la pregunta a responder en la presentación de participantes.
-Porque soy mujer, madre, esposa y maestra, y estoy convencida de que le corresponde a la escuela hacer lo posible por romper estereotipos.
-Porque quiero aprender sobre mí misma y los condicionantes que me hacen actuar como lo hago, la mayoría de las veces sin darme cuenta.
-Porque tengo una hija pequeña y quiero intentar ahorrarle lo que yo he sufrido por culpa de mi educación.
-Porque necesito entender y entenderme.
Luego hablamos del enfoque que pretendemos darle este curso, el quinto. Y decidimos que vamos a centrarnos en las emociones, en la educación afectivo-sexual.
Vamos avanzado, con calma, pero avanzado, sin embargo las y los adolescentes de hoy siguen reproduciendo los mismos estereotipos que nosotras, que ya peinamos canas, algunas. ¿Cómo es posible?
Porque hemos enfocado la Coeducación hacia la parte visible (el lenguaje, el reparto de tareas, la presencia de la mujer en la vida pública, la lucha contra la violencia de género...), pero nos olvidamos de lo más complicado, la forma en la que los estereotipos de género influyen en la construcción de la personalidad.
Es necesario cambiar el currículum oculto, modificar las pautas del inconsciente y tomar conciencia de qué partes de lo que tengo grabado a sangre y fuego son realmente mías, o aprendidas. Que diría Morgana, separar el grano de la paja.
Qué difícil se nos antoja. Durante toda nuestra vida hemos construido nuestra personalidad en base a los roles impuestos por la sociedad patriarcal.
La mayoría de las mujeres nos hemos visto abocadas a relaciones en las que primaban luchas de poder que nos desgastaban hasta la extenuación. Hemos sufrido abusos. Nos hemos resignado. Hemos intentado cambiar a nuestra pareja para que se ajustase al cliché preconcebido. Hemos fracasado y hemos vuelto a intentarlo con otra pareja, para terminar cayendo en las mismas trampas. Y cuando nos llegó el momento de decir ¡basta!, algunas, elegimos la soledad, ante la imposibilidad de construir relaciones emocionalmente sanas, que no perfectas. Otras no supieron cómo salir. Ni saben.
Hay quien no comprende como una mujer puede llegar al extremo de ser maltratada durante años y continuar con su pareja y, lo que es peor, morir a sus manos.
Cuando te propones salir de un rol emocional, ¿qué haces? Te quedas en el vacio, no tienes dónde meterte, y eso da mucho miedo, tanto, que prefieres quedarte donde estás antes que enfrentarte a la incertidumbre, a la nada, a lo desconocido. Salir de un patrón emocional precisa construir uno nuevo, dijo sabiamente mi compañera.
La infancia y la adolescencia aún están a tiempo de construir su personalidad al resguardo de la construcción de género que tanto daño ha hecho a unas y a otros. Es nuestra tarea facilitárselo.

domingo, noviembre 04, 2007

La vida irreflexiva de las ideas

Ando revuelta, estos días, muy revuelta, con el asunto del amor romántico. Con la falta de reflexión, de planteamientos. Con la inconsciencia. Con el sufrimiento absurdo.
Tengo a una amiga sufriendo a todo sufrir, por amor. Es una mujer cincuentera, inteligente, independiente, en lo económico, con un nivel cultural medio-alto, luchadora... atrapada en la trampa del amor romántico.
Me paseo por los blogs amigos, casi al cien por cien escritos por mujeres, con un altísimo porcentaje de lesbianas que no han llegado a los cuarenta. Algunas, ni siquiera a la treintena. El mismo panorama.
Clichés a mansalva, frases de bolero (no puedo vivir sin ti; mi vida ha sido una larga espera, hasta encontrarte; sin ti no soy nada; te quiero más que a mí misma; mátame de pena, pero quiéreme), melancólicas reflexiones sobre la amada, expectativas mágicas, exigencias de amor eterno...
La literatura, el cine, la publicidad, nos marcan el camino a seguir, nos ofrecen los modelos, y allá vamos, como corderos, sin una mínima reflexión, sin el menor atisbo de crítica.
Criticamos a esas pijas que se calzan los Manolos y someten a su anatomía a dolorosas torturas en pro de una estética diseñada para materializar fantasías ajenas que terminamos por convertir en propias. Pero somos todas iguales. Ellos, y sus secuaces femeninas, diseñan la moda, el estilo de vida, el concepto del amor, de matrimonio, de pareja, de familia, de sociedad, de economía. Nos dicen cómo tenemos que ser, cómo debemos ordenar nuestra biografía, lo que tenemos que sentir, a qué hemos de dedicar nuestro tiempo y nuestro espacio vital... Nosotras los seguimos sin rechistar.

sábado, noviembre 03, 2007

La vida irónica de las palabras


El martes pasé el día en el vertedero central de Asturias, que gestiona COGERSA, en el Seminario de inauguración de la campaña de este curso de la Red de Escuelas por el Reciclaje.
Volví más impresionada que la otra vez, cuando al valle en el que se ha instalado este monumento a la cultura del despilfarro, le quedaban veinticinco años para llenarse con las basuras que producimos cada día en esta región, que ronda el millón de habitantes. En el 2015 no cabrá más basura en este valle, cuya cota máxima supera los 110 metros de profundidad (como el acantilado del Cabo Peñas, más o menos). ¿Qué haremos, entonces?
En toda España no existe un sistema de recogida y tratamiento de RSU (residuos sólidos urbanos) tan sofisticado como el que tenemos en Asturias (Ni en Navarra, aseguró, orgullosa, una de las monitoras). Lo creo, pero ¿de qué nos sirve? Vale, de algo, puesto que cada día se separa y se recicla más en Asturias, y en toda España, pero de poco. RECICLAR debería ser el último peldaño de una escalera en la que la base, como ocurre siempre, es fundamental. Y la base es REDUCIR. Pero, para REDUCIR, hay que tener conciencia de lo que se está haciendo. Y esa conciencia apenas existe. A las pruebas me remito.

sábado, octubre 20, 2007

La vida extraña de los fotogramas

Debe de ser fantástico tener solvencia económica para trabajar una vez cada catorce meses (esa es la frecuencia que le sale a Jodie esta década); para elegir el tipo de trabajo que quieres hacer (entre cuatrocientas proposiciones), y para que esa elección te permita proyectar al mundo entero (por lo menos al que pague la entrada) tu imagen favorita de ti misma.
Jodie Foster quiere que el mundo la vea como una mujer inteligente, poderosa, solidaria, abierta a la multiculturalidad, segura de sí misma y de sus circunstancias, autónoma, independiente, a veces vulnerable, siempre dispuesta a luchar sola con uñas, dientes y balas de nueve milímetros para defender lo suyo, intimidad incluida. En sus dos últimas películas, incluso se permite hacer alarde de pluma. Correcto. Nada que objetar.

Ahora bien, hay mensajes con los que es peligroso jugar, sobre todo cuando se tiene tanto poder de convocatoria. Y el que lanza La extraña que hay en mí, es muy, pero que muy peligroso. Y muy, pero que muy jodido.
Salí con muy mal cuerpo, ayer, del cine. Es posible que no haya entendido el mensaje, lo admito, porque lo que fui capaz de captar no me ha gustado nada, pero nada, nada.

viernes, octubre 19, 2007

La vida misteriosa de los recuerdos

Estos días me ha pasado algo que ha traído a mi cabeza un sucedío que me ocurrió hace muchos, muchos años, y que luego se me ha vuelto a repetir en un par de ocasiones, quizás por aquello del proverbio árabe que dice que lo que sucede una vez es posible que no vuelva a suceder, pero que si sucede dos, sucederá con seguridad una tercera.
Tenía, yo, una amiga, y esa amiga tenía una hermana pequeña (diecinueve, ella, la hermana, veinticinco, yo) que, a la sazón, ya se sentía atraída por otras mujeres, pero sufría en silencio porque lo que siempre se sufren en silencio este tipo de circunstancias. El caso es que, llegado el momento, la rapaza me confió sus cuitas y yo, ni corta ni perezosa, la ayudé a despejar sus dudas. Tras el susto-trauma inicial, el agradecimiento infinito, las promesas de lealtad eterna, etcétera, etcétera, etcétera.
Sabiéndonos hermanas, nos hicimos más amigas de lo que yo lo había sido de su hermana biológica.
Al poco tiempo, la muchacha abandonó su pequeña villa natal y se trasladó a Madrid a vivir su sexualidad en libertad, de la que estudiaba Periodismo. Por aquel entonces yo cortejaba en la capital del reino y, lógicamente, pasaba mucho tiempo allí. Y, claro, mi amiguina y yo nos veíamos con mucha frecuencia.
Sucedió, entonces, que la rapaza se unió sentimentalmente a la ex novia de mi novia. La suya fue una relación tormentosa. Mi amiguina, como corresponde a un primer amor, se enamoró perdidamente, pero la otra seguía enamorada de su ex y de la que la había sustituido en su corazón, que también la había abandonado, harta de que suspirara por la otra. En fin.
De repente, caí en desgracia. Mi amiguina dejó de llamarme y siempre encontraba alguna disculpa para darme esquinazo, coincidiendo con el hecho de que mi novia me había dejado por otra que, a su vez, había sido novia mía, siguiendo el estricto guión imperante en las endogámicas comunidades lésbicas de aquellos años de la movida (y del cuplé, y el bolero desgarrado…).
Unos años después, me vuelvo a encontrar con mi amiguina en una fiesta. Se me acerca, me abraza y me dice que sólo ha ido a esa fiesta porque sabía que iba a estar yo y que no podía dejar pasar un día más sin pedirme que la perdonara por haberse dejado comer la oreja por su ex y por la mía, pero que aquel par ya se había retratado, y que, por favor, por favor, le perdonara su inexperiencia y su ceguera.
Perdoné a mi amiguina que, efectivamente, era joven e inexperta y las había pasado del quince en aquella relación desigual (su novia terminó abandonándola por la sustituta) y hemos conservado la amistad durante todos estos años. Aunque nos vemos muy poco, cada vez que coincidimos tenemos la impresión de que nos hemos visto ayer.
En los otros dos casos las he tachado a ambas de mi corazón, aunque ellas no lo saben.

lunes, octubre 08, 2007

La vida dramática de las emociones (II)



(Infierno, William Blake)
Antes de quedarse embarazada de su hija pequeña, Ana había convivido nueve años con él. Lo conocía. Sabía cómo funcionaba, lo que daba de sí, hasta dónde podía llegar.
Sabía, por ejemplo, que su infancia había sido tan desgraciada como la suya propia; que su padre era, y es, uno de esos hombres que maltrata a su familia, física y psicológicamente y que él, como ella, reproducía el modelo que había interiorizado durante su niñez; que reaccionaba de forma violenta ante la frustración y el desánimo; que, cuando se enfadaban, la insultaba, la despreciaba y la amenazaba, aunque nunca llegó a tocarla; que trabajaba un año y medio y luego se acogía a los meses de paro que le correspondían hasta agotarlos; que durante ese tiempo se levantaba a medio día y se pasaba la vida tirado en el sofá viendo la televisión o en el bar, con los amigos; que independientemente de que ella también trabajara fuera de casa, nunca hacía la cama, o iba a la compra, o limpiaba; que cuando se acababa el dinero y no había para tomarse una birra en el bar, el sofá seguía siendo una buena opción; que cuando ella no tenía trabajo y no había dinero para hacer frente a los gastos diarios, la suegra proveía hasta que se acababa el paro y no tenía más remedio que ponerse a currar otro año y medio; que, a pesar de pasarse la vida en el sofá o en el bar, le exigía que la comida estuviera hecha a su hora, y su ropa limpia, y la casa en orden, y la cama hecha; que nunca la apoyaba en sus proyectos; que sus cosas eran suyas y las de ella, de los dos, y que no es que no la quisiera, es que él era, y es, así.
Con este panorama, Ana, a regañadientes, aceptó quedarse embarazada. Esperaba que, con la llegada del bebé, él cambiara.

jueves, octubre 04, 2007

La vida dramática de las emociones


(Electra, William Blake)

Esta mañana me encontré a una de mis ex alumnas favoritas, a la que llamaré Ana. Nunca la había visto tan desesperada, ni siquiera cuando se drogaba a diario. Mientras duró nuestra conversación sus ojos se llenaron de lágrimas en varias ocasiones. No se permitio llorar, porque es una mujer dura y luchadora, a la que la vida ha hecho muy pocas concesiones, pero no pudo evitar contener la rabia y el dolor que la consumen cada vez que piensa en lo que se ha convertido su vida.
Cuando estaba en mi tutoría de 8º de EGB, la primera que tuve cuando llegué aquí, se escapó de casa con su mejor amiga, a quien llamaré Belén, y unos muchachos. Entre las dos consiguieron dinero para comprar un coche de enésima mano y se fueron a Bilbao a pillar costo, también con el dinero que ellas habían conseguido reunir. Ana vaciando la caja del bar que sus padres tenían entonces, Belén, vaciando la hucha de su hermano, en la que el muchacho guardaba el dinero que ganaba corriendo en bicicleta.
No llegaron a su destino. Los muchachos las dejaron en Santander, en la parada del autobús, con el dinero justo para el billete. Las recogí en Oviedo y las devolví a sus familias aquí, en Avilés.
Después de esa frustrada aventura, Belén, bajo la férrea vigilancia materna, estudió peluquería. Con sus primeros sueldos devolvió a su hermano las cuatrocientas mil pesetas que le había quitado. Hoy es empresaria de éxito, se ha casado y tiene un hijo de cinco años.
Ana se fue al instituto, pero no llegó a terminar el bachiller. La droga se cruzó en su camino, hasta que se quedó embarazada y se desenganchó para hacerse cargo de su hija. Trabajó en lo que le salía para sacarla adelante con la ayuda de su madre, mientras el padre de la criatura cumplia condena por tráfico de drogas.
Hace doce años conoció a su actual pareja, empezaron a vivir juntos y hace tres años tuvieron una niña que ha empezado a ir al mismo colegio que su madre y su hermana mayor.
Hasta esta mañana, yo pensaba, por lo que me iba contando cada vez que nos encontrábamos por el barrio, que le iba bien con su pareja y relativamente bien con su vida.
Recuerdo cuando me contó, entusiasmada, que había conseguido sacar el carné de primera, su primer trabajo como conductora de autobús escolar, su primer contrato fijo con una empresa seria. Empresa que la exprimió como un limón y la despidió cuando se quedó embarazada. En cuanto pudo, volvió a la carretera, pero los horarios eran tan abusivos que había días en los que no veía a su hija despierta. Lo dejó. De nuevo se buscó la vida en lo que le iba siendo hasta que, hace unos meses, se compró una furgo para montárselo por su cuenta, repartiendo paquetes, por sugerencia de un conocido. Tampoco tuvo suerte. También en esta ocasión la engañaron, así que no le quedó más remedio que entrar de aprendiz de carnicera en una cadena de supermercados en la que le pagan lo justo para afrontar las letras de la furgoneta, mientras espera a que le salga algo decente para poder amortizarla, y poco más.
Pero Ana no se queja del trabajo, ni de los horarios, ni del sueldo de miseria que le pagan por una jornada que nunca es la estipulada. El problema de Ana es él...
(continuará)

sábado, septiembre 29, 2007

La vida fetén de los fotogramas


Cuando salíamos, encandiladas, de ver la última película de Iciar Bollaín, M. comentó: Éste es el tipo de película que seguiría viendo, y seguiría viendo... Por su parte, T. dijo que se le había hecho cortísima, y yo no pude por menos que secundar ambas mociones y seguir rumiando la maravilla que acabábamos de disfrutar.
No voy a hacer ningún comentario técnico sobre la película, eso se lo dejo a Mirito Torreiro, crítico de El País, que lo hace bastante bien, el hombre. Tampoco voy a hacer apología de la mirada femenina y, mucho menos, compararla con la de ciertos directores (como el de Sin Reservas, sin ir más lejos). Sólo diré que, aunque, según palabras de Samuel L. Jackson en San Sebastián, el cine de acción (y las edulcoradas y perniciosas comedias románticas, añado) pague las facturas, son películas como ésta las que me reconcilian con el género humano y, sobre todo, con el cine.

sábado, septiembre 22, 2007

La vida jodida de los fotogramas



(Sin Reservas, un flim de Scott mecagüentumanto so cabrón Hicks)
Cinematográficamente hablando, vivir en una pequeña ciudad de provincias tiene más contras que pros. Las películas llegan tarde, o no llegan, y si son españolas apenas se mantienen una semana en cartelera o, en su defecto, te las ponen a horarios imposibles, como Caótica Ana, que sólo la dan en dos cines, en toda la provincia, y a las siete y media de la tarde.
Esta noche, que nos apetecía ir al cine, sólo pudimos echarnos a la cara esta peli protagonizada por Zeta Jones y el muchacho de la foto, Aaron Eckhart.
Keit es una mujer independiente (vive sola), inteligente, atractiva, de carácter fuerte y decidido, absolutamente segura de sí misma, en lo profesional, que ha conseguido realizar el sueño de su vida: convertirse en chef de un megapijo restaurante de NiuYor.
Pero no está en sus cabales, la pobre, y se ve obligada a hacer terapia para que su jefa no la despida.
No está en sus cabales (llena de manías, tics, rigideces mentales, traumas..., o sea, un dolor de mujer), porque ni tiene pareja, ni la quiere (rechaza constantemente a un vecino que la corteja con insistencia), y hace, por lo menos, tres años que no tiene una relación. Porque, pa qué, si las jode todas.
Por esas circunstancias desgraciadas de la vida, su hermana se muere en un accidente y ella queda al cargo de su sobrina.Y no se hace con ella, oyes. Y la rapacina lo pasa fatal (ni siquiera come las exquisiteces que le cocina su tita), y la susodicha, peor todavía porque no tiene vocación de madre.
Vamos a ver, Keit, hija mía, ¿de qué te sirve triunfar en lo profesional, si en lo personal tu vida no vale ni pa tomar pol culo? Vives sola, no tienes pareja, no la buscas y, para colmo, ni siquiera tienes vocación maternal.
Menos mal que llega Mirloblanco Nick a salvarte de ti misma y tus penosas circunstancias, hija mía, porque a tu edad no sé que hubiera sido de ti, so censo.
Nick, que a pesar de estar como un queso, ser un excelente cocinero, simpático donde los haya, relajao, divertido, ocurrente, detallista, sensible, buena persona (pero buena, buena, ¿eh?) amante de la ópera y entusiasta admirador de Tutto, coincide que también está soltero y solo en la vida (a mí, esto me escamó, pero debe de ser que siendo hombre lo de estar solo no significa lo mismo que siendo mujer) y, para mayor suerte (de Keit) tiene una mano para las criaturas tan tremebunda, que consigue que Zoe, la sobri, se coma un plato de sus espaguetis a los diez minutos de conocerlo y lo adore instantáneamente.
Keit, que es requetetorpe para lo sentimental, está en un tris de perder a Mirloblanco Nick (¿no se le ocurre competir con él, a la muy inconsciente? y pierde el envite porque los clientes saben lo que vale un peine y, en un momento que Keit se despista porque tiene que atender a su sobri, que las está pasando de a kilo, prefieren a Mirloblanco Nick, y su jefa, que es pérfida y desleal, le ofrece el puesto de Keit, que él no acepta porque es bueno y leal, además de monísimo). Menos mal que Cupido Zoe se las apaña para volverlos a juntar y consigue que su tita, por fin, tenga una pareja, le brote la vocación maternal y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Si queréis ir a verla, ir. Me he dejado algunas cosas en el tintero por no destriparos el argumento.

lunes, septiembre 17, 2007

La vida ingrata de la pandillita interior


(Mareonas de San Agustín en El Bigaral)
No me centro. No soy capaz de ponerme las pilas. Vivo en un permanente mañana será otro día. Vagueo, me disipo, vuelvo a vaguear, repaso la lista de ese montón de cosas que me apetecería hacer si no fuera porque la Mármara Perezosa ha vapuleado (como las olas vapulean las peñas de mi rincón favorito) y dejado completamente kaos a la Mármara Responsable, a la Eficiente, a la Organizada, a la Ordenada e, incluso, a Laquedisfrutaconcualquiercosa. Y vuelvo a vaguear, y a disiparme. Repaso mentalmente la lista de cosas que tengo que hacer, ¡porque tengo que hacerlas!, y me entra una pereza de tal calibre que ni la palabra tarrecer (vocablo del bable que significa aborrecer, dar pereza infinita) basta para definir el estado en el que me encuentro.
En fin, resumiendo, que no hago carrera de mí misma.
Y encima, para mayor escarnio, se ha puesto a llover, ahora que iba a bajar a darle el paseo de rigor a mi par de almas perrunas, al objeto de cenar temprano, mientras veo Perdidos (lo estoy grabando), e irme a la cama a dormir, a ver si mañana, cuando me levante, se me ha pasado este ataque de vagancia absoluta.

sábado, septiembre 15, 2007

La vida incomprensible de los actos humanos

Últimamente, las bodas nos persiguen, a M. y a mí. Ora en Bayas, ora en Xagó, a última hora de la tarde, cuando empieza a apretar la fresca, hacen su aparición la parejita, con o sin madre solícita, y su fotógrafo, dispuestos a completar el álbum de la boda con unas preciosas y naturales instantáneas en el marco incomparable que ofrecen las playas de éste, nuestro Paraíso Natural.
Hasta ahí, todo correcto. Cada cual se hace las fotos de su boda dónde y como más le plazca.
Ahora bien, digo yo una cosa, ¿hace falta que la pobre novia se tire a los pies del novio (con la carga simbólica que ello conlleva), sobre la arena seca, o mojada, como en este caso concreto, y se reboce, cual croqueta? Y, a mayor abundamiento, ¿es preciso que se metan en el agua, se dejen azotar por las olas y acaben calados hasta los huesos y congelados como cubitos? Porque el agua está fría, ¿eh?, fría, fría (si lo sabré yo que me he bañado el jueves y el viernes). Concretamente, el día de autos, a 13º se nos puso, a causa de los vientos del nordeste que azotaron nuestras costas durante diez días seguidos. ¿Tiene alma, ese fotógrafo? Y cabeza, ¿tienen cabeza las parejitas recién casadas que se prestan a semejante dislate? O, ¿será que el bodorrio les nubla el juicio, y el entendimiento?
No me he casado, y dudo mucho de que lo haga algún día, pero, desde aquí lo digo, en el muy improbable caso de que esto ocurriera, yo, ni por un gochu.

martes, septiembre 11, 2007

La vida mágica de los atardeceres


Ayer fui sola a Xagó. ¡Qué regalo, Santo Cristo, qué regalo! Para el cuerpo y, sobre todo, para el alma.
Pensé llevarme el mp3 para que me acompañaran María Callas, Teresa Berganza, Renatta Tebaldi, Joan Sutherland, Montserrat Caballé, Mario del Mónaco, Plácido Domingo, Pavarotti... Sobre todo, Pavarotti, por razones obvias. Pero se quedó en el coche, quizás porque lo que me venía bien era caminar y ser consciente de lo contenta que estoy, de la suerte que tengo en esta vida.
Vale, no tengo pareja (que ya dice M. que es el estado perfecto del ser humano y un punto muy importante en esto del crecimiento personal, por no hablar del tema del sexo, que es punto y aparte), pero en lo demás, no es que sea rica, es que me siento como Rothschild, o el dueño de IKEA, que es su versión contemporánea.
Y decidí que sí, que quiero enamorarme otra vez. Llevaba casi cinco años cerrada en banda. ¿Para qué, me dije, si lo único que atraigo son adictas? Pero, adictas-adictas, ¿eh? Mucho más adictas que yo, que ya es decir.
Bueno, pues, se conoce que, o bien sigo tan inconsciente como hace cinco años, o he mejorado lo suficiente para que me vuelva a apetecer, sin miedo a que se me acerque alguien con la tipología acostumbrada. Y allí mismo, en Xagó, se lo he encomendado al Universo.
Ojos Verdes no me sirve. La muchacha es adicta-adicta y, a mayores, herero-hetero. Además, como dice Paula, una ya no está en edad de enamorarse si no es de una lesbiana y aunque para lo del platonismo (que se lo puede permitir una en cualquier edad, incluso en una tan provecta como la mía), Ojos Verdes, es perfecta, yo, lo que quiero es un Amor con mayúsculas.
Queda dicho. Y como la mía es una fe de esas que mueve montañas, no tengo la menor duda de que el Universo ya está conspirando para que lo consiga. ¿Que por qué estoy tan segura? Porque ayer me encontré una pegatina con una mariquita roja (que dice Anaka que son las que más suerte dan) y una piedra con un arco iris.

jueves, septiembre 06, 2007

La vida festiva de los eventos laborales


Hela aquí (henos de Pravia). Ésta es la bola que me ha regalado Ojos Verdes. Estoy que no quepo en mí de gozo, o sea, que como cantaba Marisol (a la que oigo entonar la cancioncilla en la tele, en este momento, porque tengo a mi madre conmigo y ella ve los programas que ve y no tien mal que parecer), tengo el corazón contento, el corazón contento, lleno de alegría.
Según me contaba ayer, cuando me la dio, en cuanto la vio, pensó en mí y se dijo: "Así vamos a acabar este curso (me la compró a finales del curso pasado), como cabras, con los ojos desorbitados y arrastrando los colmillos por los pasillos".
Pero, no, oyes, no, el curso lo acabamos en sus marcas y éste lo hemos empezado (por lo menos por mis partes) dabuten y con muy buenas perspectivas, también por mis partes, y calculo que por las suyas, porque ya me dijo este medio día, al despedirnos, después de haber invertido media hora en el proceso (y porque me esperaba mi madre, que sino me hubiera ido a comer con ella), con una sonrisa de oreja a oreja, y después de haber hecho mil planes conjuntos (todos ellos en el ámbito de lo laboral, no mos precipitemos), que nos vamos a jartar de vernos. ¡Cooooooooorrecto! ¡Jartémonos, leches!
De todas formas, centrémonos: la muchacha es hetero-hetero, o sea: perspectivas de ligoteo, cero patatero. Clarinete lo tengo. Ahora bien, desde aquí os lo digo, en habiéndola declarado aliciente oficial, todos esos planes conjuntos me requete chiflan, y la perspectiva de jartarnos de vernos, más todavía.
No obstante, he de confesarlo, me temo. Porque me conozco, me temo. Y ya, cagüenmimanto, me he dado motivos para temerme.
Y hasta aquí puedo leer.

viernes, agosto 31, 2007

La vida pública de las palabras

Sabía de la existencia de esta distinción, pero nunca pensé que mi blog pudiera llegar a tenerla, entre otras cosas porque, el mío, no es un blog ni demasiado visitado ni profusamente comentado. Y hoy me he llevado la inmensa sorpresa de que Ripley me ha hecho el gran honor de incluirme en la lista de los blogs que la hacen pensar. Desde aquí te lo digo, Ripley, un millón de gracias. No puedes hacerte una idea de la ilusión que me ha hecho.
Verdaderamente, esto de que te den una distinción, sobre todo si es puramente honorífica, es algo gratificante. Lo que más me ha gustado es la categoría del premio, o distinción: hacer pensar. Siendo maestra de vocación y profesión, siempre he agradecido mucho que mi alumnado me dijera que una de las cosas que más les gustaba de mis clases es que hacían pensar. Ahora, que estoy alejada de las aulas, echo mucho de menos ese tipo de estímulos. Y, mira tú por dónde, resulta que también hago pensar a una persona adulta y que, por más señas, es colega. En fin, que estoy encantada.
El Thinking Blogger Award es una especie de premio o reconocimiento, surgido de la iniciativa de un blogger estadounidense con la única finalidad de dar a conocer otros blogs que nos hacen pensar. Si el tuyo es uno de los escogidos... puedes (o no) seguir estas instruciones:
1.- Si alguien te otorga el premio, escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
2.- Enlaza el post original, así la gente puede encontrar el origen del mismo.
3.- Exhibe o muestra el "Thinking Blogger Awards" con un enlace del post que tu mismo escribas. Hay dos modelos de botón para mostrarlo en el blog, plateado o dorado.
Y ahora, siguiendo con el protocolo, procedo a dar la lista de los cinco blogs que me hacen pensar. Hay más, claro, pero como sólo me piden cinco, allá van, en riguroso orden alfabético:

lunes, agosto 27, 2007

La vida estéril de las palabras




Playa La Griega (Colunga)
Vivimos en el país de las prohibiciones. En cuanto no sabemos qué hacer con algún tema, prohibimos. En vez de sugerir, indicar, solicitar, es decir educar, prohibimos. Antes de legislar, prohibimos, a pesar de que es bien sabido aquello de: contra la prohibición, rebelión.
Y como nos incomodan tanto las prohibiciones, en cuando cazamos a alguien vulnerando una de las que no nos afectan directamente, nos erigimos en guardianes de la fe y nos creemos con el derecho a reclamar, increpar (incluso agredir verbalmente), juzgar y, por supuesto condenar.
Los perros están prohibidos en la mayoría de los lugares públicos, así que lo normal es que cualquiera, sobre todo los especimenes del género masculino, se sienta en el derecho de decirnos lo que tenemos que hacer con nuestras mascotas, cómo debemos llevarlas y dónde pueden, o no, estar, situación que puede llegar a tal grado de violencia, que si no fuera por lo que es, lo más probable es que desembocara en una agresión física. Ahora bien, la agresión verbal está garantizada. Y si eres mujer, más.
El otro día sufrí un desagradable episodio de esta índole en los alrededores de esta bonita playa, a la que, por supuesto, no dejé bajar a Bilbo. Insultos, advertencias, amenazas..., en fin, lo de siempre. Incluso llegó a retarme, el hombre, a que me atreviera a probar lo que le iba a hacer a mi perro, si lo pillaba. Menos mal, y así se lo dije, que como (gracias a Dios) no tengo testosterona no necesito ir por ahí violentando a quien creo más débil, ni demostrar que soy la más fuerte de la manada. Ahora bien, poner, lo puse de vuelta y media. Eso sí que soy capaz de hacerlo. Y lo hago, maldita sea.

domingo, agosto 19, 2007

La vida entrañable de los aniversarios




Cuando era pequeña, a mi hermana la llamábamos Ratita. El mote se lo puso mi padre porque era menuda, inquieta, lista como una ardilla y pelín desastraduca.

Sigue siendo inquieta y lista como una ardilla, se mantiene delgada y ágil, pero lo de desastraduca ha pasado a la historia. Historia familiar que ayer rememoramos , como tenemos por costumbre cada vez que cumplimos años, con la ayuda, en esta ocasión, de una PowerPoint que le regalé, en la que hice un repaso completo de sus cincuenta años de vida.

Me he pasado una semana digitalizando fotos, trayendo a la memoria los recuerdos de cuando éramos pequeños, rememorando nuestras andanzas, y las suyas, los veraneos eternos, los juegos en el Campo S. Francisco, los días en casa de LAS tías (nuestras titas del alma), las amistades de entonces, que siguen siendo las de ahora... Su noviazgo (en enero celebraron sus treinta y cinco años juntos) y matrimonio (en abril hicieron las Bodas de Plata), el nacimiento e infancia de mi sobri, sus éxitos profesionales, sus logros personales.

No creo que haya muchas personas que puedan sentirse tan satisfechas de su vida como mi hermana. Quizás no sea del todo consciente, nunca lo somos, pero os aseguro que aquella Ratita, que salía de casa como una princesa y llegaba hecha un desastre, se ha convertido en un pedazo de mujer.

Por eso, y por mucho más:


¡Felicidades, Ratita!

martes, agosto 07, 2007

Lo prometido, es deuda


Lo primero que hice al llegar a Florencia, hace 26 años, fue subir a S. Miniato. Ni Duomo, ni Piazza de la Signoria, ni Ponte Vechio, ni nada de nada. Lo primerito, S. Miniato. Y casi lo último, también, porque según bajaba las tropecientas escaleras, que habíamos subido con el consiguiente calor de justicia, y la total y absoluta perplejidad de Váyolet, mi compañera de viaje, que no acertaba a comprender mi interés por una iglesia vacía, me sobrevino una hemorragia procedente de una incómoda e inoportuna hemorroide (que había sufrido en silencio durante los últimos días de estancia en Roma), que dio con mis huesos en las urgencias del hospital.
El amable doctor que me atendió, después de valorar el asunto y preguntarme de dónde era, sentenció:
-Ritorno súbito a l'Espagna.
Y otra retahila más de la que sólo pude comprender la palabra cirugía.
Por poco me da un pasmo. Cómo sería la desesperación con la que le supliqué al médico que me ofreciera otra solución, porque sólo llevaba una semana en su país y no estaba dispuesta a abandonarlo tan repentinamente, que se apiadó de mí, me recetó una pomada y me dijo que debía hacer reposo hasta que la herida estuviera completamente cicatrizada, no sin antes recomendarme que visitara a mi doctor nada más llegar.
Durante tres días, tres, permanecí en el hotel, tirada en la cama. Sólo salía a dar cortos paseos al atardecer (por aquello de evitarme la calorina) para ver alguno de los lugares que llevaba en mi lista, entre ellos el Palazo Pitti (que me había caído en un examen y me moría por ver en vivo y en directo) y, por supuesto, Il Duomo. Sobre el resto no me quedó más remedio que cubrir un tupido velo.
Hartas del reposo, del hotel y de nuestra mala suerte, abandonamos Florencia, al cuarto día, y nos dirigimos a Padua a rezarle a S. Antonio y pedirle que, por favor, me curara definitivamente la almorrana.
Y me la curó (nunca podré agradecérselo bastante, al médico y a S. Antonio). Y pudimos seguir viaje como si nada hubiera ocurrido.
Mientras permanecía en el lecho del dolor, reprochándole a S. Miniato la jugarreta, me juré que volvería a Florencia lo primero que pudiera.
No fue un ritorno súbito el mío, no. Necesité veintiséis años para regresar, pero no a S. Miniato, que se me quedó, con alguna que otra cosilla más, en el tintero. Circunstancia que he interpretado como un guiño del santo para que no me quede por más que volver, una vez más, y dedicarle mi primera visita.
 
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