sábado, marzo 08, 2008

¿Cuándo podremos dejar de "celebrarlo"?



Este año, la Consejería de Presidencia del Principado de Asturias, de la que depende el Instituto Asturiano de la Mujer, ha decidido dedicar todos los actos del 8 de Marzo al centenario del nacimiento de Simone de Beauvoir.
La conferencia inaugural la dio Amelia Valcarcel, a quien acompañaron en la mesa la Alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, a la izquierda en la imagen, la Consejera de Presidencia y Vicepresidenta de éste, nuestro Principado, Mª José Ramos, y lo más granado del feminismo regional, en la sala. Luego, se inauguró la exposición dedicada a la figura del año, con un concierto de Maite Hierro, artista local, y una sidra impresión, que es una nueva modalidad de sidra que no tienes que escanciar y que se ha puesto de supermoda en los saraos cool de la región, que se acompaña por bombones (en vez de los tradicionales quesu Cabrales, chorizos a la sidra, lacón con patatines...) .
Crónica social aparte, unas frases para la reflexión:
Ser mujer no tiene definición autónoma, sino que viene definida por otra conciencia. Ser mujer es ser lo otro.
Lo que está admitido para la generalidad de la raza humana no está admitido para la mujer.
Ser mujer es una situación. Situación que proviene del concepto que otros han definido. Esta definición es tan fuerte, tan poderosa, que cuando se es mujer el significado se te viene encima.
Cuando las mujeres salimos de nuestra situación nos encontramos, directamente, con la violencia.
No se nace mujer, una llega a serlo.

jueves, marzo 06, 2008

La vida vengativa de los fotogramas (I)

Si se hubiera publicado mi "novela" (autobiográfica y catártica) en los términos en los que la escribí, lo más seguro es que no hubiera podido salir por Oviedo en una buena temporada y, muy probablemente, hubiera tenido que vigilar mis espaldas. ¿Por qué? Porque lo conté todo con pelos y señales, sin omitir detalle. Y eso, cuando se es una cerda (nada contra la raza porcina, conste), no gusta, oyes, no gusta. Incluso me atreví a cargar las tintas, de manera muy inocente, con alguna que otra personajilla que, con el tiempo, demostró ser de bastante peor calaña de como yo la había retratado, aunque como, por aquel entonces, la mala era yo, hubiera quedado expuesta a todo tipo de críticas y escarnios varios.
Es decir, que me vengué, un poquitín, de alguna que otra impresentable. Poco, ¿eh?, poco. No como Ilene Chaiken, que se está vengando con saña de una ex amante que la abandonó y se las hizo pasar de tonelada y media, a través del personaje de Bette Porter. ¿Que no?
Pero, vamos a ver, si esta pobre rapaza no tiene un momento de sosiego, ¡leches!; si no ha hecho más que de sufrir y de sufrir, y de llorar y de llorar desde que le fue infiel a la su Tina con la carpintera, allá por la primera temporada; si ha pagado esa infidelidad a precio de oro; si hace capítulos y capítulos que no se ríe con ganas, esconcretamente hablando, desde el 8º episode de la 4ª season, como se puede ver en este gráfico, excepto cuando se fumó los porros en la fiesta aquella; si, cuando no está pidiendo perdón, está disculpándose, y si no arrastrándose perdida, sin rumbo y en el lodo (como se puede ver en estos otros, gráficos).













Me acuerdo, yo, de cuando estaba, ella, tan feliz y tan mona (porque mira que estaba mona en aquellos capítulos), al principio de lo suyo con Jodie (que ligó con ella a lágrima viva, ¿eh?), que echan unos polvos de escándalo, que le prepara el desayuno, y todo, Jodie, y le ponía la mesa ideal de la muerte, y, para Jodie, era todo deseo. ¿Cuánto le duró la tranquilidad? Hasta que fueron a consolar a Phyllis, que terminó invitándola a un bombón, Phyllis, en previsión de la que se le venía encima con Amy, la amante deaf de Jodie.
Y cuando el primer dinner-party con las amigas de Bette, que Jodie termina poniéndola de hoja de perejil. Y cuando llega Jodie de Niuyor, que le pone la mesa tan ideal, Bette, y a la otra le parece de asco, pero terminan dándonos un espectáculo medio de dominación (pero sin el medio). Y cuando me la tiran al lago aquel, vestida y todo. Y cuando Jodie prefiere ir a echar un baile y me la deja descamisada y caliente como una perra sobre la cama (que hay que estar de los nervios, para preferir un baile a un polvo con Bette Porter). Y cuando Tina le dice que se arrepiente del beso en el baño del She Bar... Y podría seguir hasta el infinito, pero que como no hay más que verle las caritas de cervatillo asustado, que no hay capítulo en el que no nos regale media docena, no quiero ser pesada.
No voy a contar más, que sé de algunas que no me llevan los capítulos al día y no quiero spoileárselos. Pero, vamos, que Ilene está ensañando, es un hecho. Que Bette no es ella ni su sombra, otro. Y que le está haciendo pasar a Bette lo que le hubiera gustado hacerle pasar a esa que la abandonó, otro, a mayores.
Es más, tengo mis razones para pensar que Ilene es el espíritu redivivo de Alfred Hitchcock, concretamente, del Hitchcock de Los Pájaros. Pero eso, lo dejo para otra entrega.

lunes, marzo 03, 2008

Amores que matan


(En el atril, junto al ordenador, el catálogo de ya sabéis qué exposición)
En un principio íbamos a ir las tres, lamirmana, la mi prima y yo, a celebrar el cumple de una de las dos primas que tenemos en Madrid. Perfecto. Nos llevamos fenomenal, las tres, y lo pasamos bomba juntas. Bueno, pues, la altura del jueves se me presenta, sin avisar, y se autoinvita.
¡No me jodas!, le dije bastante mosqueada, para una vez que me remango... ¡Que llevo sin salir de casa desde el verano. leches!
Le dio igual. Ni me contestó. Se fue haciendo un huequito, como quien no quiere la cosa y el viernes, por la mañana, ya la tenía instalada a mi vera dispuesta a no despegarse de mí en todo el finde.
Se portó bastante bien durante el vuelo, y durante el ratito de compras al que me arrastraron lamirmana y la mi prima (que son de natural gastizo, ambas). Durante la cena, en "El Paraguas", que fue el sitio que escogió mi prima, la del cumple, para agasajarnos, estuvo discreta. Menos mal. Ideal, el restaurante. Un poquitín escasos, los platos, aunque, eso sí, la presentación, fantástica. Las croquetas de fabada y los chipirones "a la sartén", exquisitos. La lasaña de centollo con caviar de oricios... inenarrable. Escasita, como todo, pero i-ne-na-rra-ble.
La copita me la fastidió, eso sí, porque es lo que tiene, que, o le das lo que quiere, o te amarga. Nos fuimos a la cama pelín enfurruñadas. Lo agradecí. No tenía el cuerpo de jota.


Por la mañana tuvimos unas palabras. No estaba dispuesta a que me jodiera la exposición de Modigliani. ¡Eso sí que no!
En la visita a la ampliación de "El Prado" la noté inquieta, pero no le hice ni caso. Subimos al Claustro, bajamos a comprobar los efectos del lucernario en los pisos inferiores, volvimos a subir, salimos a ver el seto de boj y las puertas, a criticar a Moneo (yo no, conste, que me gustó todo mucho, incluidas las susodichas puertas). Ni palabrita. Se conoce que le hicieron efecto las palabras que tuvimos por la mañana, porque no rechistó durante todo el viaje, y eso que estuvimos casi una hora dentro del avión antes del despegue, que bien podía haberse cabreado, ¿eh? Pues no.



Ahora bien, en cuanto puse los pies en casa de mi madre, a media tarde del sábado, se vengó de mí que más no se ha podido vengar. He tosido tanto, tanto, que hasta tengo agujetas; he llorado tanto que se me quedaron los ojos como los de un besugo; me he sonado tantísimo, que se me ha despellejado la nariz y, no sé si de las toses o de qué coño, se me ha quedado una voz de cazalla que da gusto oírme. Y luego, que como no termina de bajarme la fiebre, no hay parte de mi anatomía que no me duela.
Así que, a estas bonitas horas, me voy a la cama con el mi Harry Potter, mañana será otro día (digo yo).


miércoles, febrero 27, 2008

Pero, ¿dónde estás, Bette?*


Esta mañana, entre masaje y masaje, entre cuita y cuita (todas mías, las cuitas), comentábamos, la mi masajista, y terapeuta, alternativa, y yo, la evolución de la mi Bette. Y las dos coincidíamos en que me la tienen hecha una llaceria**.
¿Dónde está aquella Bette, me y le preguntaba, que conocimos en anteriores temporadas? ¿Dónde ha quedado la ejecutiva agresiva, todo el santo día colgada del móvil, a la que no se le ponía nada ni nadie por delante, que lo mismo le daba enfrentarse al Consejo de Dirección del CAC, que a una petarda, que a un senador de los mismísimos Yunitesteis of America en una Comisión del sacrosanto Senado de los ídem? ¿Dónde el carácter? ¿Dónde la resolutiva?
¿Qué ha sido de la mujer segura de sí misma, decidida, independiente, autónoma, capaz de seducir a propias (Alice, la fontanera, la senadora de Ohio, la muchacha de la boite-que me la mira un par de veces y se la lleva a la cama sin mediar palabra, cargadita de Absolut Martini, eso sí-, las tropecientas que hacían cola en la barra de The Planet para pedirle una cita…) y extrañas (Peggy-Guggenheim-Peabody)? ¿De la líder a la que todas pedían consejo, y opinión? ¿La triunfadora? ¿La borrachurcia y fumadora? ¿La del personal trainer? ¿Qué fue de sus convicciones inamovibles? ¿De su moral inquebrantable? ¿Dónde ha quedado, en fin, la personalidad arrolladora de Bette Porter?
Yo, conste, tengo mi teoría.

*Post que dedico a la mi amiga de la adolescencia M. D., que no me leerá nunca, que en la escena del linchamiento de Johnny Guitar, cuando están a punto de colgar a Joan Crawford, en medio del silencio sepulcral del, entonces cine, teatro Campoamor de Oviedo, se arrancó, a voz en grito, con aquel, ya mítico entre mis amistades, Pero, ¿dónde estás, Johnny?, haciendo estallar en una monumental carcajada a todo el patio de butacas.

**Llaceria (del bable). Desastre, despropósito máximo, destrozo, desgracia, calamidad, conjunto de males (sin mezcla de bien alguno, como el pecado, según el padre Astete) que se padecen salió de la peluquería fecha una llaceria (que, ya, peor no me lo puedes poner, oyes).

sábado, febrero 23, 2008

La vida empática de los fotogramas

No sólo he sobrevivido a la semanita, si no que hasta me ha dado tiempo (la falta de tiempo es una leyenda urbana) a ver estas tres pelis, por este orden, de viernes a viernes:
La Soledad
¿Por qué las mujeres siempre queremos más?, en cuatro cómodos plazos a lo largo de la semana, intercalándola con los correspondientes capítulos de L, y
En un mundo libre.
Y ahora me voy a Xagó.

sábado, febrero 16, 2008

La vida cansina de las palabras, y los actos

Estoy hasta el mismísimo arco del triunfo de los victimismos (de los míos, los primeros); de quienes no encuentran otra manera de obtener lo que quieren de mí si no es victimizándose y chantajeándome. Y, estoy hasta el mismísimo arco del triunfo de caer, como una imbécil, en sus trampas.
Estoy hasta las cejas de los ombligos del mundo (del mío, el primero); de quienes se creen en la posesión de la verdad absoluta (yo, la primera) y se sienten con el derecho de juzgarme, condenarme y, a mayores, reconvenirme y decirme lo que tengo que hacer. Y estoy hasta las cejas de permitírselo.
Estoy hasta la punta de la caipirinha de tener que pedir perdón (a mí misma, la primera) por ser como soy, por sentir lo que siento (y, a veces, hasta tener la osadía de manifestarlo), por pensar lo que pienso, por decir lo que digo, por hacer lo que hago.
Estoy hasta la coronilla de pasarme el día templando gaitas (las mías, las primeras) para que todo el mundo a mi alrededor (menos yo), se sienta a gusto.
Estoy hasta el c...o de atender a las necesidades de las (y los) demás antes que las mías.
Estoy harta, harta, ¡harta!, de pasarme el día demostrando lo responsable, lo eficaz, lo trabajadora, lo estupenda que soy. Que lo soy, lo cortés no quita lo caliente, pero que, a estas alturas de partido, me subleva sentirme en la necesidad de demostrarlo.
Estoy hasta la coronilla de pasarme el día justificándome.
Estoy más que harta, de mí misma, la primera.
PD: Y estoy hasta los c…s, que no tengo, de dejarme el pellejo en el curro, pero que como no me queda otra, porque para eso, ya me ocupé yo solita de cargarme como una mula, os veré, más o menos, al final de la semana que viene. Que las diosas os sean propicias.

miércoles, febrero 13, 2008

Ridi, Pagliaccio

Para Eduardo. Y para Blasfuemia. Y para Dintel. Y para Errante.


Recitar! Mentre preso dal delirio,
non so più quel che dico,
e quel che faccio!
Eppur è d'uopo, sforzati!
Bah! sei tu forse un uom?
Tu se' Pagliaccio!
Vesti la giubba,
e la faccia in farina.
La gente paga, e rider vuole qua.
E se Arlecchin t'invola Colombina,
ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
in una smorfia il singhiozzo e 'l dolor, Ah!
Ridi, Pagliaccio,
sul tuo amore infranto!
Ridi del duol, che t'avvelena il cor!

lunes, febrero 11, 2008

La vida demoledora de las meditaciones


(Capítulo 3x10. Bette abandona el retiro voluntario sin conseguir, la inocente, arreglar toda su vida)
En un tris estuve de salir huyendo de mi retiro, como alma que lleva el diablo, al menos cien veces, durante la jornada del sábado. En un tris.
Llegué a mi casa hecha fosfatina. Revuelta como una mona. Removida como qué se yo. Dormí fatal. Entre sueño y sueño, hasta soñé que Ojos Verdes se me avalanzaba y me pegaba un morreo de escándalo, no digo más.
El domingo me levanté tempranísimo y di vueltas por mi casa como una leona enjaulada, hasta que decidí que no quería volver allí. Que no, que no, y que no.
Cuando M. me recogió, antes de las 9 a.m., se lo solté a bocajarro: ¡No quiero ir! Esto no va conmigo. Hay técnicas y técnicas, y ésta no es la mía. No quiero ir.
Ni siquiera me dio opción (conducía ella). Eso sí, me ofreció un par de argumentos de solidez indiscutible y me arrastró hasta allí, a que terminara de removerme, revolverme y convulsionar, so pretexto de que sería mucho peor para mí si no cerraba el círculo.
¡Y yo que pensaba que iba a recolocar los palos del sombrajo! ¡Ah, mísera de mí! ¡Ah, infelice! Si, ya, ni siquiera sé lo que es ¡un palo!
Porque, cerrar, cerré el círculo. ¡Hostia, que si lo cerré! Y, desde aquí te lo digo, M., sabes que te agradezco en el alma que me arrastraras a aquel infierno, pero es que no siento las piernas, ni los brazos, ni el torax, ni el abdomen, ni la cabeza...
Lo que sí sentí, durante este fin de semana, fue todo el catálogo de emociones disponibles. A ver lo que hago ahora con ellas. A ver lo que hago ahora con los jodíos palos del sombrajo (si doy con ellos). A ver lo que hago ahora.

viernes, febrero 08, 2008

Meditando, que es gerundio



A falta de monasterio budista en el que encerrarme diez días a sufrir en silencio, dar vueltas alrededor de un templete, pelarme de frío, ducharme a la intemperie y llorar a moco tendido, en un vano intento por recuperar mi vida (ver capítulo 3x08 de L), no me ha quedado más remedio que proceder a retirarme (y destilar mi glamour), durante todo el fin de semana, a un centro de yoga de la capital del Principado, a fin de intentar reencontrarme con mi niña interior y liberarme, a mí misma, de los lastres que, con seguridad, arrastro desde la infancia. Confío en que este periodo de meditación me ayude a recolocar los palos del sombrajo, que los tengo manga por hombro, la verdad, sobre todo en lo que se refiere al espinoso mundo de mis emociones.
Sé que me espera un arduo trabajo, pero me consuela pensar que la distancia, desde la adolescencia recalcitrante en la que me encuentro en estos momentos, hasta esa infancia perdida en el canto de la memoria, no es mucha.
Ya os contaré.
Happy weekend (lez) girls. See you monday.

martes, febrero 05, 2008

La vida traicionera de los fotogramas

Ésta es la escenita por la que llevábamos suspirando (sí, lo confieso, la mitad de mí también suspiraba) cienes y cienes de seguidoras de L desde el final de la 2ª temporada, gracias a la pericia de las guionistas, que fueron alimentando el morbo a base de píldoras convenientemente dosificadas, durante más de una docena de capítulos. Y lo que te rondaré, morena clara, porque esto no acaba aquí, ¿eh?, lo sepáis.
(Quienes no hayáis llegado a la 5ª temporada, abstenerse de da-y al play)
Escenita que, convenientemente aliñada con la iluminación y música adecuadas, va directamente al núcleo duro de nuestras emociones. Emociones que hemos ido construyendo desde la más tierna infancia conducidas, de forma sibilina, por la literatura, el cine, la publicidad, las revistas para adolescentes, las canciones..., y que, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera hemos revisado.
Cienes y cienes de lesbianas de la aldea global, y alguna hetero que otra, nos hemos derretido, emocionado, convulsionado y aplaudido hasta con las orejas al comprobar que sí, ¡leches!, que se quieren, que todavía tienen una oportunidad de volver a reconstruir la ¿ferpecta? pareja que fueron, que el amor verdadero siempre triunfa antes de leer el the end, que por mucho que se empeñen algunas descreídas (fracasadas emocionalmente, sin duda, y solas), la media naranja no es un mito, que, incluso entre las lesbianas, puede darse una relación como ésta: estable, monógama y con proyección de futuro.
¿He dicho pareja ferpecta? Sí, lo he dicho. Rebobinemos. Examinemos el modelín a la luz de la consciencia.
Una, Bette Mariaperfecciones Porter, lleva las riendas de la relación, sostiene la familia con su trabajo, proteje a su señora hasta de sí misma (aunque mirar, lo que se dice mirar, mira muy poquito para ella), la cuida, la mima, le concede todos los caprichos, y hasta la mantiene para que ella, su señora, pueda preparar su cuerpo y su mente para tener descendencia y, así, crear una familia como mandan los cánones. Claro que, llegado el momento y aplastada por el peso de su propia desolación (pierden la criatura que esperaban) y la de la suya, y abrumada por tanta responsabilidad, no le queda por más que echar unos polvos de escándalo con una carpintera cañón que se le pone a tiro.
Otra, Tina Marujaconvencional Kennard, abandona una prometedora carrera como ejecutiva agresiva para dedicar su tiempo y su vida a la concepción de esa criatura que colmará los sueños de ambas. Mientras, que si al gimnasio, que si salir con las amigüitas, que si risas y empujones, que si jugar a las cocinitas (limpiar, limpia la asistenta), que si anteponer sus propias necesidades a las de su señora, pero pasar de ellas en quinta... En fin, lo que se dice el paradigma de la esposa ferpecta.
Pero, claro, de que se da cuenta de que la suya se la está pegando con la carpintera cañón, rompemos la baraja y, a otra cosa, mariposa.
¿Es éste el modelín que queremos? ¿Es esto a lo que, verdaderamente, aspiramos? Y, a mayores, ¿nos creemos que hemos llegado hasta aquí solinas, sin ningún tipo de influencia exterior?

jueves, enero 31, 2008

La vida incoherente de las ideas


Hela aquí, helas de ele. La pareja lésbica perfecta. El paradigma bolleril por excelencia. La que todas querríamos ser, o tener.
Convivencia, estabilidad (económica, social, emocional...), materialización del éxito (personal, social, económico), monogamia garantizada por decreto, persistencia en el tiempo, continuidad genética, transmisión de la propiedad y los valores (morales)... Resumiendo, la glorificación del único modelo admitido por los valores de la sociedad patriarcal imperante: la familia tradicional cristiana que defienden a ultranza las cúpulas peperas y eclesiásticas.
Un siglo de lucha feminista; la reivindicación de la diferencia; el orgullo gay; la construcción de la identidad; los esfuerzos, casi siempre infructuosos, por lograr la igualdad de derechos y oportunidades, el lugar que nos corresponde, a las mujeres, en el ámbito público y en el privado; decenas de años (y los que te rondaré, morena) intentando conseguir la independencia, la autonomía personal, emocional, económica y social, y la valoración de las tareas tradicionalmente femeninas, para hacerlas extensivas a ambos sexos; el cambio de concepto en la masculinidad y la feminidad alejadas de estereotipos perniciosos...
Y llegan estas dos, y babeamos (yo la primera, o la última, que tampoco es plan de pelearse por el orden). Y justificamos (yo no, pero bueno, vale) la opción de Tina, en aras de una maternidad responsable. Y agonizamos (yo también) cuando presenciamos el deterioro y el final de su relación paradigmática. Y condenamos la infidelidad de Bette con la carpintera, pero disfrutamos (en silencio) con el morbazo que nos da. Y odiamos a Helena Peabody. Y se nos abren las carnes (las mías, en canal) cuando se reconcilian para tener juntas a su hijita. Y maldecimos a Jodie (yo no, pero ése será tema de otra entrada). Y castigamos (castigan las guionistas, pero nosotras asentimos complacidas), ora a Bette, ora a Tina, ora a ambas. Y clamamos por su reconciliación definitiva, y una sexta temporada consagrada a la materialización de su amor eterno. Y sólo queremos que nos devuelvan (really, me too) al sueño imposible del amor romántico.

sábado, enero 26, 2008

La vida reveladora de los fotogramas


El jueves pasado, durante la cena a la que lo invité por haberme ayudado a solventar mis problemas con los capítulos mudos de L, discutía con el mi hombrón, el tema de los referentes homosexuales en el cine. Él, que ya había hablado del tema con la suya, con quien yo lo había comentado previamente, venía dispuesto a rebatir todos mis argumentos y destrozarlos, uno a uno.
Una buena historia de amor, por ejemplo, dijo con la rotundidad de quien se ha preparado el temario, no tiene sexo, ni condición. Por ejemplo, en Brokeback mountain, yo mismo..., y bla, bla, bla.
¡Cooooo-rrecto! Nada que objetar. Brokeback mountain. Y, nada menos que dirigida por Ang Lee. ¿Qué coño pedimos? Si es que protestamos de puro vicio, ¡leches! Y eso que él no sabe, o creo que no sabe, nada de Media hora más contigo, La memoria de los peces, Fish, A mi madre le gustan las mujeres, etcétera. Que si llega a ser consciente, vamos, que me trago mis argumentos a palo seco, sin una sola gotita de vino.
Pero, tiene razón, el mi hombrón. Ayer mismo pude comprobarlo, una vez más, en esta maravillosa película: el mundo cinematográfico está lleno de referentes femeninos, plagado de espejos en los que mirarme y ver reflejado el miedo, la indefensión, la inseguridad, el drama, la lucha, la rebeldía, la resignación, el dolor, la incomprensión, la ilusión, la solidaridad, la supervivencia, la alegría, la complicidad..., la gloria de ser mujer en un mundo de hombres.

miércoles, enero 23, 2008

La vida cómplice de las palabras




Esta mañana, mientras mi terapeuta alternativa se esforzaba por deshacer los nudos de mi maltrecha musculatura y armonizar mi espíritu con un profundo, efectivo y doloroso majase shiatsu, tuvimos que hablar, largo y tendido, del suicidio de Ojos Verdes y , ¡oh, sorpresa!, de L. Fue ella la que me tiró de la lengua, que conste. Habla, habla, me dijo, así te centras menos en lo que te estoy haciendo. Lo que me estaba haciendo era ver las estrellas con esas manos que tiene que, a veces, parecen garfios clavándose en mis carnes morenas. Salgo nueva, la verdad, pero pasar, hay veces que las paso de a kilo. Hoy, por ejemplo.
Pero, vamos a lo que vamos.
Cuando le conté lo de Ojos Verdes, le dio la risa floja. Luego me felicitó efusivamente. No hay comparación entre la tu Bette y O. V., afirmó rotunda. Más no digo.
Ya la he apuntado en la lista para dejarle todo lo que tengo, porque ha visto unos pocos capítulos deslabazados y, en sabiendo que los tengo, ya le tarda empezar desde el principio y acabar por el final, así se le duerma su novia, que es de mucho dormir y a sus horas, por las esquinas.
Según íbamos desgranando los temas y yo le contaba la beneficiosa influencia que está ejerciendo la susodicha serie sobre mi ánimo, ella escribía y escribía en mi ficha. Y debió gustarle lo que oía, porque sólo me puso cuatro flores para mi ración semanal: agua de roca, genciana, nogal e impaciencia (de ésta no me libro ni queriendo).
Si no fuera porque lo que es, me hubiera ido a tomar una infusión al Planet, para completar el tratamiento.

sábado, enero 19, 2008

La vida expiatoria de las palabras, y los actos


Se me ha muerto Ojos Verdes, así, de repente, en una semana. Para ser más exacta se me ha hecho el harakiri ella solita.
Sé que habrá alguna que piense que ha sido Bette Porter la que ha empujado el puñal y se lo ha retorcido en las entrañas, o que, bajo su influencia, fui yo misma la que le dio el último empujoncito, pero no. La mi Bette ye demasiado buena como para perpetrar tamaño crimen.
El puñal se lo ha clavado ella misma, poquito a poco, pero con decisión y contundencia, en tres etapas, tres, como mandan los cánones.
No voy a entrar en detalles porque yo, como la mi Bette, soy buena, a la par que discreta y elegante, y no suelo hacer leña del árbol caído, pero estoy segura de que comprenderéis mis motivos cuando os diga que no puedo seguir perdiendo el tiempo con alguien que espera, como agua de mayo, a que llegue el viernes para ir a ver "Expiación: más allá del amor".

martes, enero 15, 2008

La vida endogámica de las relaciones lésbicas


(Aclaración gráfica al post anterior)
Clara tenía una novia oficial, Angus, con la que llevaba unos cuantos años de relación formal, salpicada por las innumerables infidelidades de Clara, de las que ella hacía caso omiso.
Güendy (con quien yo había mantenido, mucho tiempo atrás, una relación de casi tres años) y su novia Viky (a quien yo había tirado los tejos sin ningún éxito durante una crisis de las gordas con mi pareja de entonces) se habían hecho íntimas amigas de la pareja. Para añadir un poco de chispa a sus anodinas vidas, Güendy se lió con Clara y Viky lo intentó con Angus, alias Fielhastaelfinus. Pero a Viky le atraían muchísimo Clara y su BMW que Angus, que ni siquiera sabía conducir, por lo que, aprovechando que Güendy estaba de viaje por el Cono Sur, se lanzó al ataque, con la pretensión de que Clara dejara a Angus y a Güendy y así convertirse ella en la única copiloto de BMW.
Cuando Güendy volvió de su viaje y descubrió la jugada, montó en cólera, se libró por las bravas de Viky e inició su propia estrategia de acoso y derribo, con éxito intermitente.
Y ahí aparecí yo, recién salida de uno de mis habituales retiros espirituales, ajena a todo lo que se cocía por el ambiente ovetense. Y me enamoré perdidamente de Clara.
El centro de operaciones de todo este cacao era el Frida, el bar de Carmen (con quien yo tuve un corto, pero intenso affaire y que, a su vez, había estado liada, sucesivamente, y por este orden, con Viky y Güendy), que le tiraba los tejos a Angus mientras Clara y yo jugábamos al tenis, bajo la atenta mirada de Güendy, erigida en jueza de silla, y Angus se tragaba varios torneos de voley-playa por la tele.
Y hasta aquí puedo aclarar.

lunes, enero 14, 2008

La vida "literaria" de las palabras



Hace unos años escribí una autobiográfica y catártica novela, cuyo máximo valor fue permitir que me distanciara de la onda expansiva producida por el terremoto (9.9 en la escala Richter) que sacudió mi vida durante dos años largos.
La titulé Esperaré por ti y por tu bemeuve hasta los cincuenta, si hace falta, frase mítica que pronunció la amante con pretensiones de mi amante de entonces, causante del cataclismo, cuando intentaba ganarle la partida a su propia novia, mientras ésta realizaba un viaje por el cono sur, y, de paso, librarse definitivamente de la novia oficial de la susodicha, que interfería notablemente en sus planes.
Aparte del consabido repaso a mi agitada vida sentimental y, concretamente, a la relación que traía de cabeza a la totalidad de mis perjudicadas neuronas, describí, con pelos y señales, sin omitir detalle, el ambiente ovetense y el modus operandi de sus personajes más populares entre los que, modestia aparte, me encontraba.
Por razones que no vienen al caso, y después de un vano intento de publicación, la novelita quedó olvidada en un rincón dispuesta a dormir el sueño eterno.
Pero, héteme aquí que, por obra y gracia de una serie sobre lesbianas y demás mujeres, que estoy viendo esta temporada, y de la que ya os comentaré algo en otro momento, he decidido rescatar mi novela, hacerle una última corrección y dársela a Marcela, que lleva pidiéndome una buena temporada, a ver si se puede hacer algo con ella.
Os mantendré informadas.

sábado, enero 12, 2008

La vida monotemática de las palabras


Bueno, después de multitud de vicisitudes, de emplear hasta tres sitios de descargas diferentes, de pedir socorro a propias y extraños, de enterarme de la existencia del Hacha (y utilizarlo sin éxito, porque el capítulo que me bajé de Vagos, a través de rapidshare, a razón de cuatro descargas diferentes a intervalos de hora y media, era mudo), de utilizar el ordenador del curro para mis mariconadas, de mantener el mío encendido día y noche desde el lunes con la Mula y el Ares (que me había negado a utilizar hasta ahora) echando humo, me he hecho, ¡por fin!, con todos los capítulos de la 4ª temporada de L. Incluso los he grabado, ya, en DVD, y todo, no sólo para mí, si no para regalárselos a la mi amiga Marcela, a quien nunca agradeceré bastante el haberme hecho este regalazo.
Estoy exhausta. Exhausta y pelín ansiosa por empezar a ver el capítulo 7, que es por donde voy. Sí, lo reconozco públicamente, me he tragado los seis primeros a través de la pantalla del ordenador (mi moral es tan frágil y quebradiza que no pude resistir la tentación; con deciros que incluso vi dos sin sonido...). Capítulos que pienso volver a ver, como la señora que soy, cómodamente repantingada en mi sofá, en cuanto termine con este visionado, que para eso me he comprado un DVD de los que te leen hasta las galletas María.
Y hasta aquí puedo escribir. Vais a perdonarme que no os visite esta noche, pero pasa de que tengo que tirarme al sofá y la tele, mando en mano, a dejarme abducir.
Nota: Por si os lo estáis preguntando, sí, soy igual para todo, tenaz y persistente.

miércoles, enero 09, 2008

Nessun dorma



(Al final, llovió toda la tarde)

Nessun dorma
nessun dorma
tu pure, o, Principessa
nella tua fredda stanza
guardi le stelle
que tramano d'amore
e di speranza.
Ma il mio mistero e chiuso in me
il nome mio nessun saprá
No, no, sulla tua bocca lo diró
cuando la luce splenderá!

Volvemos a la rutina, bendita rutina. Levantarse tempranín (no tanto como Glora, gracias a Dios), ver amanecer, desayunar con el informativo, un trocito de mandala para armonizar el alma y prepararla para la jornada (esta mañana con el Intermezzo de Cavallería rusticana y Chi mi frena en tal momento, de Luccia de Lammermoor), el paseo por el parque con los peludos y El País, el reencuentro con mi equipo de trabajo, las horas de despacho, actualizar la agenda, reuniones y previsión de reuniones, y, al final de la tarde, la mirada azul, la sonrisa de Ojos Verdes y la presión su mano en mi antebrazo a modo de despedida.
Volvemos a la rutina. Bendita rutina.

sábado, enero 05, 2008

La vida atípica de los acontecimientos


Esta noche entré por la puerta de mi casa a las seis de la mañana. No, no venía de las Urgencias de HC ni de velar al Santísimo,
FUI A UNA FIESTA DE MUJERES
Sí, así como lo leéis. Yo, Mármara, alias Ana Coreta, alias Sta. Mármara del Mar Muerto, pasé la noche bailando, bebiendo, cantando a voz en grito, rodeada de mujeres (que no se parecían demasiado a las de la foto que ilustra este post, pero que qué más da) y, a mayores, coqueteando como una perra.
Me he levantado con una resaca del quince, pero más contenta que unas castañuelas.
Hacía tres años, tres, que no iba a la fiesta de las Reinas Magas que organiza el Tamara, uno de los bares gay con más solera de ésta, mi ciudad. Y, chicas, no sabéis cómo lo disfruté.
Me reí lo que quise, y más, con el mi grupín (mi ex, única mujer con la que he convivido, su mujer, y una de mis más viejas y cómplices amigas, que es hetero, preciso), vi a gente a la que hace años que no veía, que me encantó, charlé por los codos, bebí moderada, pero sistemáticamente, un número de Tankerays con tónica que no puedo precisar, bailé como si tuviera fuego en el cuerpo, canté todas las que me sabía, coreografías incluidas, y coqueteé, ¡Santo Cristo!, cómo coqueteé. No recuerdo desde cuándo no coqueteaba de esa manera (con Ojos Verdes me doy al coqueteo intelectual, que no ye lo mismo). Ni siquiera recordaba cuánto me divertía hacerlo.
Coqueteo intrascentende, cierto, porque con una de 28, enredada en una relación tormentosa con una casada y novicia, por más señas, estudiando judicaturas (sí, efectivamente, hube de enterarme de todo lo que pude) y varias babeando a su alrededor toda la noche, ya me contaréis, pero coqueteo al fin y al cabo.
Sí, sí, ella también puso su granito de arena, no fue unilateral, y si no me arriesgué a dar una vuelta de tuerca más al asunto fue porque he decidido que me apetece que me seduzcan a mí, que ya está bien de ser yo quien dé el primer paso. No fue por otra cosa, que conste.
¿Será un buen presagio para este año? ¿Será una señal de que el Universo me concederá uno de mis deseos?
Quiero pensar que sí. A ver cómo se portan los Reyes Magos.
¡Feliz noche mágica!

jueves, enero 03, 2008

Bette Porter


Tengo que confesarlo públicamente en este foro, aun a costa del perjuicio que esto pueda ocasionar a mi imagen (si es que la tengo, si es que merece ser conservada):
Me he enamorado perdidamente de Bette Porter. No me ha quedado por menos.
Como será que, en cuanto terminé de ver la tercera temporada, tuve que lanzarme a FNAC, ¡antes de comer!, y hacerme con el pack de las tres temporadas que, ahora sí, estoy viendo despacito, repitiendo las escenas que me gustan todas las veces que me apetece.
Desde aquí lo digo, que se quiten todas las Macas, las Veros y las (¡puaj!) Estheres del mundo, una vez que conoces a Bette, el resto se difumina hasta desaparecer sin dejar rastro.
Vale, sí, lo sé, las mujeres como Bette Porter no existen. Es más, soy consciente (no se me han caído las gafas con cristales color lila de repente) de que el personaje concentra todos los ingredientes necesarios para convertirse en el máximo exponente del paradigma del amor romántico lésbico. No obstante, insisto, no he podido resistirme a sus encantos.
Ahora bien, no fue un amor a primera vista, ¿eh?, no. Al principio hasta me parecía un poco repelentuca, y todo. Empecé a prestarle atención en el segundo capítulo de la primera temporada, con el asuntillo de la exposición irreverente. Me tocó, bastantito, la fibra en la escena del hotel con Peggy Peabody. Me sedujo en varios momentos de las dos primeras temporadas, que no voy a comentar porque quiero ser pesada, pero donde me dejó completa y absolutamente kaos fue en la escena del teatro de la Ópera de L. A.
Y hasta aquí puedo leer.
 
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