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-Quizás tu concierto acabe así, de repente. No tiene por qué finalizar con violines y trompetas. Tu concierto puede ser como esta habitación, pequeña, con una cama, una lámpara, un niño durmiendo...
Y demasiada soledad.





Incluso te trae un cuadernillo central que dedica a lo del sexo. Vibradores (no los pongo, que me da no sé qué), lencería, modeleos sexys (para quien se lo parezca, a mí me han dejado tibia, los modeleos, y la lencería), y hasta estas muñecas hinchables espantosas, para mi escaso gusto (digo para mi escaso, ¿eh?, que a lo mejor hay alguna a la que le gustan y no quisiera ofender), que te las puedes comprar a través de internet, por si te da corte ir al sexshop.
agradeceré eternamente, que ando yo preocupada con un asunto, y por ver si me dice algo.
Pero, vamos, que me trajo al pairo, porque por lo que mi amigo S. me mandó el ejemplar de mayo fue por esto. Ya estoy pensando en reservar un par de moscosos y comprar los billetes de avión, no sea que me quede sin ellos.



Ahora bien, que me chale la mi Bette (que no Jenni Ferbeals, que diría Ratapelá), no significa que no matara a su estilista si me la, o lo, echara a la cara. Desde aquí lo digo, ME ESPANTA el estilín de la mi Bette, si exceptuamos los momentos en los que está en su casa, con la cara lavada y recienpeiná, bien con el hato negro, bien con el hato blanco, bien
con la camisetuca de tirantín y el pareo, que me pone a mil.


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(Portada de Una feliz catástrofe, de Adela Turín)







