jueves, julio 29, 2010

La vida confusa de los concetos


Yo también quiero mi best-seller, si termino de escribir, claro.
Al hilo del post de Tantaria, La trabajera de ligar, que ya pasa de los cien comentarios, del desternillante de Jirafas en gerundio, Salvando muebles, que le valió un bollogossip extra de Farala, de la lectura de la primera novela de la trilogía de Libertad Morán, A por todas, que me prestó la mi Marcela, y de las zambullidas que me estoy pegando en mi propia memoria, al rescatar una novelita que empecé a escribir, y no terminé, para variar, hace doce o trece años (aún tengo la mitad de los capítulos en WordPerfect*), he llegado a la conclusión de que el término “normal”, o se ha desvirtuado, o hay un confusionismo muy grande sobre su significado, o cada cual tiene su propio conceto. Y ahí sí que la hemos jodido.
La que suscribe a punto de zambillirse en los recovecos de su memoria
Lo que yo quiero es una mujer normal, afirma la totalidad de las bolloblogueras solteras que voy conociendo, las bolleras a secas, y la del correntío de bollitos y petisuis que describe Libertad Morán en su mencionado éxito editorial.
Un suponer, Tantaria, no concibe ni un revolcón a lo forestal con alguien que no utilice adecuadamente las tildes (ortográficas, no me vayáis a pensar mal, que ya os voy conociendo, cacho perras).
Si, hasta Marta Sánchez cantaba aquello de soy una mujer normal, a lo que añadía, una rosa blanca de metal (que ye lo más normal del mundo, y no tien mal que parecer), para concluir en que estaba ¡Desesperada! La pobre.


Estoy convencida de que el quid de la cuestión radica en que cada cual tenemos nuestro propio conceto de normalidad, lo que justificaría, no sólo la desesperación de Marta Sánchez, si no la de cienes y cienes de bollosingles, yo la primera, que para eso soy la mayor, que autojustifican su soltería con aquello de que es que no encuentro ninguna normal, oyes.
Entonces, desde aquí os emplazo a que vayáis rascándoos las neuronas y defináis vuestra propia normalidad, a ver si de una puta vez llegamos a un acuerdo y, a mayores, yo encuentro una amante normal (novia, lo que se dice novia, no quiero) con la que proceder al desarrollo exhaustivo mi propio conceto**, y el de la presunta, of course.
*Procesador de textos de la Suite de Corel, caída en desgracia por culpa de don Gates.
**Que si no he iniciado mi, cien veces, anunciado casting es porque ni yo misma tengo claro el conceto.

domingo, julio 25, 2010

La vida agotadora de los eventos veraniegos

Tengo, por qué no decirlo, una pandilla petarda. Un grupo de seres humanos que conocí en los ochenta, cuando aún no había salido del armario, a pesar de que media ciudad —la media ciudad gay, por supuesto— hacía apuestas sobre mi opción sexual, con el que me reúno un par, o tres, de veces al año.
El viernes pasado, uno de los miembros de esta pandilla, tuvo la gentileza de organizar una cena en su casita de campo (todo ideal, corazón, todo ideal) en la que reunió a una decena de miembros del susodicho grupo.
Mi anfitrión en el ejercicio de sus funciones
Me resultan entrañables, estos encuentros, sin embargo, me preparo para ellos cual gladiadora espacial, haciendo acopio de escudos protectores, ya sea contra armas láser, ya contra aguijones radioactivos. No ha habido ni una sola vez, sobre todo desde que, hace varios años, di en retirarme del mundanal, que no haya tenido que utilizar mi arsenal defensivo al completo.
El viernes no fue una excepción. Si algo tiene en común este grupín, en general, con honrosísimas excepciones, son unos intereses sempiternos y concretos, por este orden:
— Cuánto tienes
— Cuánto follas
— Cuánto viajas
— Cuánto te drogas
Así que llego vestida para la ocasión (también se mira mucho el modeleo) y mi batería de escudos, dispuesta a repeler las andanadas:
— Sí, puedo permitirme el lujo de, por ejemplo, dilapidar unas decenas de euros en el bingo, no sé si tantos como tú te gastas en cocaína.
— No, no tengo novia. Sí, sigo sin follar desde la última vez que nos vimos.
— He estado aquí, allí y en este otro sitio desde que nos vimos la última vez.
— ¿Coca? ¿Chocolate? No gracias, me quité en el 92.
Mi ex, su actual y la mi Váyolet* intercambiando opiniones sobre el corte de pelo de Bimba Bosé
Este viernes me resultó especialmente intenso. Entre la cantidad de caipirinha que ingerí (aún me dura la resaca), que preparó la actual de mi ex (con alguna sí que me llevo, Libertad Morán), una encantadora girl from Sao Paulo, que las prepara de escándalo, es un escándalo, el tercer grado al que me sometió uno al que hacía años que no veía, empeñado en rescatar del olvido alguno de los episodios más truculentos (sí, tengo más de uno) de mi biografía sentimental, en plan anda mamá, cuéntame otra vez ese cuento, pero hija, si ya te lo sabes de memoria, es igual me gusta mucho que me lo cuentes, y el relato pormenorizado de las aventuras y desventuras de un maricón en Ipanema (contextualizando), La Habana y los cuartos oscuros de los antros locales, volví a mi casa exhausta.
Un día de estos voy y me lo cargo, al kaos
Menos mal que una tiene sus recursos, incluida la paz de mi hogar y el caos de mi estudio. También mi terracita al Cantábrico, a la que me marcho en este instante con mis santos.
Bilbo y Tiza en nuestra terracina marinera
*Véase "La mi novela por entregas"

jueves, julio 22, 2010

La vida inspiadora de los fotogramas

El otro día, estudiando con la mi Marcelilla la técnica del approach en un libro de Severiano Ballesteros, "Golf natural" que hacía ni sé el tiempo que no repasaba, me encontré, después de no sé cuántos años de búsqueda infructuosa por todas las carpetas de mis escritos, tres paginitas que había perpetrado hace casi treinta años. Un horror, por qué no decirlo, las páginitas, pero, ¡oh, pero!, contenían una frase de Juan Gil-Albert, que refleja como ninguna, mi vínculo con la escritura:

Escribimos por llenar el vacío de unos hechos irrealizables,
por transgredir los límites de la existencia.


Don Juan Gil-Albert, que era, también, un poquitito gay
El día en el que, fiel a mis propósitos de hacer lo que me salga de la fañagüeta, dediqué el tiempo que me dio la gana a indagar sobre la trayectoria profesional de Stana Katic, alias lamiBeckett, y me encontré su participación en Feast of love, mi cerebro hizo clic y me transportó a una novelita que escribí hace quince años y que, como el resto, dormía el sueño eterno en el disco duro de mi ordenador. La Jenny de Feast of love era el vivo, vivísimo, retrato de la Alejandra de "Suite para cello", título provisional que le di, entonces, a la susodicha novelita.
No sé si os pasa, a las que escribís, pero yo tengo que ponerle cara a los personajes de mis novelas y, claro, las escojo entre lo que tengo a mano. Durante algún tiempo, Alejandra tuvo el aspecto de Jenny que, lo que son las cosas, se parecía bastantito al que tenía una de mis amantes el primer día que la vi y no pude por menos que enamorarme perdidamente de ella en ese mismo instante, pero no tenía cara. No la ha tenido hasta que volví a ver LA escena.
La primera vez que vi a I. tenía el mismo largo de melena que J y llevaba una cazadora de una universidad americana, no recuerdo cuál, ¿sería la de Wisconsin? A I. la conocí cinco años después de escribir la novelita en cuestión. Aclaro.
Entre una cosa, la frase de Gil-Albert que aparece en la primera página de “Los arcángeles: parábola”, obra de 1981 que devoré en los momentos previos a mi salida del armario, y otra, la inspiradora visión de la escena que protagonizan Jenny & Katherine, Stana & Selma (Selma Blair, otro de mis grandes amores del celuloide), en Feast of love, mi imaginación, bloqueada por estos años de estrés permanente, se desató.

En verdad, en verdad os digo que, a veces, a una no le dan los ojos.
Rescaté las cien páginas de mi novelita de la copia de seguridad de mi primer ordenador, un Pentium 120, que he ido trasportando de un disco duro a otro, y me he puesto a escribir. Más bien a corregir, reestructurar, suprimir o aumentar, según las necesidades de aquel texto con el que, como he hecho siempre, desde que me alcanza la memoria, he intentado llenar el vacío de unos hechos irrealizables y también, por qué no, transgredir los límites de una existencia que, por temporadas, se me antoja carente de emoción.
Y en ésas ando, escribiendo como una posesa, más contenta que unas castañuelas. Cómo será, que esta mañana he realizado las tareas propias del hogar, bailando (ni recuerdo el tiempo que no lo hacía) “Oh very young”, de Cat Stevens, con el espíritu de morning has broken, like the first morning.

Amanecer otoñal desde la terracina de mi casa

Estoy que me salgo.
Thank you so much, Juan, Seve & Stana. Y también, cómo no, a la mi Marcelilla, que tanto me ha machacado el cerebro para que me ponga a escribir de una puta vez, entre hoyo y hoyo.

sábado, julio 17, 2010

La vida sorpresiva de los fotogramas

Es oficial: estoy de vacaciones. Aún me quedan algunos flecos, es cierto, que liquidaré, perdón por la ordinariez, cuando me salga de la fañagüeta, de aquí al día 30, pero ESTOY DE VACACIONES.

(Aspecto de mi lugar de trabajo, arreglado para la ocasión)
Y como estoy de vacaciones y, a mayores, cuando llegue septiembre y todo sea maravilloso no tendré que volver a ese puesto de trabajo del que estoy hasta la punta de la caipirinha que tantas satisfacciones y quebraderos de cabeza me ha proporcionado, he decidido celebrarlo como me salga de la fañagüeta (habéis de perdonarme de nuevo, pero es que siento una querencia especial por esta palabra procedente del bable, que no creo necesario traducir, oyes, pero si alguna no la adivina por el contexto que me lo diga).
(Green del hoyo 3)
Para empezar, ayer me fui con la mi Marcelilla a Las Caldas Golf Clab, a meternos 18 hoyos entre pecho y espalda. Luego echamos unas partidillas al Scrabble (me había pedido públicamente la revancha y una es muy seria para según qué cosas), 2-1 a su favor, quedamos ayer, y después me tumbé en mi sofá, manta eléctrica en las cervicales mediante, al objeto de fijar en mi retina las secuencias en las que aparece la mi Beckett repasar el último capítulo de Castle.
(¡Maminina, maminina!)
Esta mañana, después de desayunar opíparamente, fiel a mi actitud de hacer lo que me salga de la fañagüeta en cada momento, me lancé al ordenador a empaparme de la actividad profesional de Stana Katic, más conocida como la mi Beckett, y, ¡oh sorpresa!, me he encontrado con esto*.

Desde aquí os lo digo: aún me tiemblan las piernas, circunstancia que he de arreglar inmediatli, si no quiero que la mi Marcelilla y lamirmana me den un monumental repaso en la partidita de golf que vamos a jugar esta tarde.
Ya me había impactado en su momento, cuando vi la peli que, por cierto, es estupenda, a la par que edificante, y muy recomendable. Pero, claro, descubrir a la mi Beckett en semejantes circunstancias me ha dejado completamente y absolutamente kaos.
Voy a zamparme unas andariquinas y una ensalada de pasta a ver si consigo quitarme de la cabeza la escenita recomponerme para afrontar con dignidad la partida de esta tarde. Aunque, si he de ser sincera, me temo lo peor.
*Dedico esta secuencia al mi Cañón del Colorado con motivo de su cumple: no te has de preocupar, beibi, como podrás comprobar por este bonito post, el avance del calendario es inexorable, sus efectos sobre la anatomía, a veces, devastadores, pero la mente, ¡oh, la mente!, permanece impertérrita. La mía, concretamente, anclada en la adolescencia, así que no desesperes, bombón.

sábado, julio 10, 2010

La vida agradecida de las palabras

Ya sé que estaréis pensando que soy una desaboría, que con todas las palabras tan ideales que me habéis dedicado a raíz de mi post anterior no he encontrado ni un minutín para responderos ni para devolveros la visita a vuestros blogs.
Tenéis razón. Bueno, un poquitín de razón.
El caso es que, tener, voy teniendo un poco más de tiempo. Como el trabajo que he desarrollado durante estos cinco últimos cursos ya me tira del aire y, a mayores, fruto de mi mala cabeza las tensiones laborales se me ha revuelto la hernia discal y estoy yendo a rehabilitación, porque tengo la espalda plagadita de contracturas, tal que un cocido madrileño de garbanzos gigantes, como los de Gulliver en el país de los ídem, pero no he pedido la baja porque, total, pal tiempo que me queda en ese convento no me merez la pena y, oyes, con el trimestrito que he tenido, que tal pareciera que me pagaran el mismo sueldo que al director de la Agencia F, que me cae estupendo y todo, Álex Grijelmo, pero que para mí quisiera yo sus retribuciones, me estoy tomando las cosas con más calma y dedicándome a otros menesteres, a saber, dos puntos,
-Jugar al golf con la mi Marcelilla todo lo que puedo.

Subida al tee del 8 en Las Caldas

-Pasarme cinco días, cinco, en un balneario, a todo lujo y alcanfor con la mi M, a fin de reponernos, ambas, del trajín de este jodío curso y, de paso,

La mi M en la habitación del hotel del Balneario
aprovechar para hacer un recorrido turístico y cultural por la zona.

El mi S. Martín de Frómista de mis entretelas
Luego, por qué no decirlo, es que como estoy tan hartita de ordenador, pues, que no lo enciendo, en mi casa. Y, claro, si no lo enciendo, mal voy a responder a vuestros cariñosos, a la par que jocosos, comentarios, a actualizar ni a visitaros.
Ahora bien, desde aquí os lo digo, la auténtica y verdadera causa por la que estoy alejada de esta panalla, es porque el tiempo que me queda libre se lo dedico a ella.

La mi Becket (¿no ye una monada?)
Sí, queridas amigas, amables lectoras, público en general, la tele ha vuelto a regalarme (¡Loada sea la Señora, loado sea su Santo Nombre!) un personaje de ficción con el que alimentar mis fantasías erótico festivas de transición al celibato total (XXXVIII): la inspectora de homicidios Kate Becket, de la serie Castle. Serie que desprecié en su día por el tema del hartazgo de los protagonismos masculinos, pero que, ¡oh sorpresa!, resulta que un día, haciendo zapping durante la publicidad de otra serie, cuyo nombre se me ha borrado de la memoria a causa del impacto visual, voy y, ¡zas!, me encuentro con ELLA. Y prendeme, oyes, pren-de-me. Así que, aquí estoy, prendada y con la gran suerte de que como la pillé a más de la mitad de la segunda temporada, y me están reponiendo la primera, téngolo casi todo por ver, y contemplar. A esto lo llamo yo tener suerte en esta vida.
¡Hala, guapinas!, voy a hacer las tareas propias de mi condición, que he quedado con lamirmana y la mi Marcelilla para hacer dieciocho hoyos, dieciocho, a primera hora de la tarde.
Japi güi ken, beibis.

sábado, junio 19, 2010

La vida cansina de las propias mismiedades

Así, a lo tonto lo bailo, resulta que llevo casi tres meses sin tocar este blog.
¿Por qué?, os preguntaréis.
¿Porque me he cansado de este mundo bloguero, que tantas satisfacciones, risas, empujones y estupendos ratucos de ocio me ha proporcionado? No.
¿Por qué me he enamorado de una mujer de carne y hueso, que me tiene sorbido el sexo seso y no me queda ni un instante para sentarme ante el teclado, a causa de que tengo otras teclas más estimulantes que tocar? No, cagunmimanto, no. Ojalá, pero no.
¿Por qué se me ha acabado la cuerda y no tengo nada que contar? Pues va a ser que tampoco, oyes.
Lo que me ha pasado esta temporada es que he llegado a la cota máxima del hartazgo, con sus correspondientes daños colaterales: desánimo, inapetencia, aburrición, cascancia...
Sí, queridas amigas, amables lectoras, público en general, estoy tan harta que más no lo puedo estar.
Harta, por qué no decirlo, de mí misma. De mi misma y mis propias mismiedades.
Podría parapetarme tras la idea de que mi hartazgo se debe a la estulticia generalizada que me rodea (que es mucha), pero no, que esté harta y disminuida en mis facultades no significa que haya perdido el norte.

Lo que me jode es que la estulticia, la grisura, la estrechez de miras, la mezquindad que me rodea me hayan afectado como lo han hecho. Lo que me jode es haberme dejado arrebatar el humor.
Lo que me jode, ¡hostia, cómo me jode!, es haberme dejado comer el hato.
Pero como todo tiene un límite en esta vida y, a mayores, mis propias mismiedades son mías y de mi solita depende mantenerlas a ralla, hasta aquí hemos llegado, mis mismiedades y yo.
Y quien no esté conforme, que se ponga, o no, que a mi me trae al pairo.
Y la que sea fea, que haga los recaos de noche.

sábado, abril 10, 2010

La vida conmovedora de los fotogramas


La crítica, como siempre, dirá lo que quiera de esta película, basada en un hecho real, por cierto. De hecho, ya lo ha dicho, como pude comprobar ayer, cuando llegué del cine y me lancé, cual posesa, a la Internet a leer todo lo que pude sobre ella.
Lo que yo digo es que la única pena que tengo es no haber podido averiguar, aún, quién toca ESE violín.
Y luego, ya, para quienes penséis lo que estáis pensando: pues sí, oyes, SÍÍÍÍÍÍ.
(Si no váis a ver la peli, habéis de ver el trailer y me decís. Mejor la peli, of course, beibis)
PD: Mientras escribo este post escucho la versión del Concierto para violín y orquesta en Re mayor, op. 35, de Tchaikovsky que grabó, en 1977, la Filarmónica de Berlín, bajo la dirección de Ferdinand Leitner y David Oistrach al violín. Sí, en vinilo.
PD2: Calvin, fía, mira a ver si vas a ver la peli y averiguas quién toca el violín. En su defecto, cualquier versión que se aproxime a la de la peli, estará bien.

sábado, marzo 20, 2010

jueves, marzo 04, 2010

La vida gloriosa de las decisiones

Tengo que lo decir aquí, a la bendita pública, estoy que no quepo en mí del gozo.
Resulta que, como ya explicó la mi
Marcelilla en el su blog, he retomado mi deporte favorito de los últimos tiempos.
Harta ya de estar harta de pasarme los domingos en el sofá de casa de mi santa madre, ora sentada, portátil sobre las piernas, ora tumbada cuan larga soy, mantita a cuadros mediante, roncando como Pepe Pótamo, decidí volver al golf, deporte que fui abandonando progresivamente desde hace casi tres años, a causa de la pérdida irremediable de mi magnífico, a la par que efectivo, swing, en un momento en el que, por fin, comenzaba a bajar hándicap. Semejante y desastrosa vicisitud me abocó a una profunda crisis golfística y, cansada de dar rabazos por los campos, me instalé en el sofá de mi madre los sábados y domingos invernales. A pudrirme.
Pero como llega un momento, en la vida de toda persona humana, en el que, o bien rompes con la inercia del tedio, o bien te destroza ella a ti, decidí poner coto a mis propios desmanes y hacer caso a lamirmana, que llevaba dándome la brasa año y medio para que diera unas clases, a fin de recuperar el swing perdido. Iba a lanzarme sola al estrellato cuando se me iluminó el bombillo y le sugerí a la mi Marcelilla que acompañara a probar suerte a ver si, de paso, dejaba de destrozarme las camisas con el rimel, cuando se apoyaba en mi hombro a llorar sus males de amores.
Aceptó.
El martes dimos la primera clase. Ella de iniciación, yo a lo de la recherche du swing perdu. Y, muy bien, oyes, muy bien. Ella, muy bien, yo, no pienso hacer declaraciones. Pero terminamos muy contentinas, ambas, cada cual por sus propias razones.
Ayer, miércoles, a eso de las dos y pico, que estaba, yo, disponiéndome a cerrar el chiringo para venir a comer, cuando me suena el móvil.
—¿A qué no sabes de dónde vengo?
No me lo podía creer. No daba crédito.
—¡Ah zorra! (desde el cariño)
—Dos cubos de bolas (cincuenta) me acabo de ventilar. Y no veas lo bien que me salieron. Marmarita, creo (vivan los eufemismos) que me estoy enganchando
Así que, esta tarde, nada más salir de trabajar, allá nos fuimos, las dos, a poner en práctica las enseñanzas de nuestro profe.
(La que suscribe, cuando le sacaba virutas a la madera 5 de calle)
Desde aquí los digo, soy consciente de que recuperar mi magnífico, a la par que efectivo, swing no va a ser tarea fácil y de que, como me descuide, la mi Marcelilla me va a dar sopas con honda.
Pero estoy encantada de la vida. Uno, porque he conseguido romper mi propia inercia y, dos, porque como enganchar se enganche vamos a ganar todos los trofeos por parejas que se jueguen en cualesquiera de los campos de Asturias, y parte del extranjero. Y sino, al tiempo.

sábado, febrero 27, 2010

La vida equívoca de las críticas cinematográficas

Hacía muchos viernes que no compraba El País. En realidad, llevaba sin comprarlo desde que sus responsables tuvieron a bien regalarnos aquella primera estúpida portada, del primer EPS del año, en la que se veía a Natalia Verbeke semidesnuda en una cama, en ese tipo de actitud que tanto gusta al género masculino. Portada que, a mayores, compensaron (para que no nos quejemos) con una contraportada del diario en la que aparecía el torso desnudo de un muchacho anunciando no sé qué colonia.
Que ya está una harta, oiga.
Pero ayer, lo compré (el libro que estoy leyendo es demasiado gordo para manejarlo en la calle, mientras paseo con mi par de almas peludas) y, cómo no, me dirigí a la sección de las críticas de cine.
Ataco, con fruición, la que nos ofrece Javier Ocaña de An education, que titula La universidad de la vida. El primer párrafo me atrapa. Es más, me emociona. Don Ocaña me ha dado en todo el ojo; veo reflejadas en sus palabras mis propias ideas sobre el tema: [...] "Se nos va el tiempo en palabrería disfrazada de terminología técnica, en subterfugios conceptuales..., en inamovibles programaciones. Y se olvida la base: la motivación".

Cuando llego al momento en el que califica a Lone Scherfig como “una narradora poderosa” y, a mayores, no sólo no desguaza a la novelista Lynn Barber, en cuya biografía se basa la historia, si no que la pone por las nubes, ya, NODO y crédito, y hasta decido que voy a convencer a la mi M para que vayamos a verla, la echen donde la echen (Oviedo o Gijón, porque en Avilés ya sé yo que no va a ser).
Pero, ¡oh, pero! Llego al último párrafo y el castillo de naipes que había ido construyendo se me cae sin necesidad de ciclogénesis alguna.
¿Cómo he podido ser TAN ingenua? ¿Cómo he podido creerme que ESE hombre podía apreciar el trabajo de, no una, sino DOS mujeres, así, por las buenas?
Adiós a su certera visión de la educación; adiós a sus loas sobre la novelista y la directora; adiós a su apoyo sobre la forma en la que la pelçicula trata el papel de la mujer en el hogar,y fuera de él. Adiós, arrivederci, adieu, good bye Lenin, sayonara beibi:
[…] "An education puede desconcertar a una parte del público por las veladas intenciones de esa especie de pigmalión que dobla la edad a la joven, y que acaba ejerciendo de mentor, compañero, amante, hermano mayor y profesor de la existencia".
¿Así que era eso, eh? ¡Cagun mi máquina!
Hace poco, un querido amigo me dijo que encontraba mis reflexiones sobre este tema del machismo pelín neuróticas, que mi razón producía monstruos machistas, que mejor me lo hacía mirar.
Será eso, oyes, será eso.
Fuimos a ver Precious. Y me enamoré de Miss Rain (que no de Paula Patton). Y deseé, por un momento, que al llegar a casa alguien me recibiera de la misma manera que la reciben a ella; que alguien me apoyara, como la apoyan a ella; que alguien me mirara como la miran a ella; que...
Sobre el resto de las sensaciones y emociones que me produjo la película no voy a hacer declaraciones.

sábado, febrero 06, 2010

La vida misteriosa de las conexiones neuronales

Desde aquí lo digo, y lo confieso: no veo los documentales de La2*, y no tien mal que parecer. Soy consumidora de series (Bones, Perdidos, House, Vaya semanita y, este año, de nuevo GH) y de Informativos.
Pero, ¡oh, pero!, esta mañana, mientras desayunaba, vi el programa nº 32 de Redes, que trata de la misteriosa vida de las conexiones neuronales, o sinapsis, y de la energía que gasta el cerebro en su funcionamiento.
(Neuronas cerebrales en plena y enloquecida sinapsis mientras te dedicas a pensar en las musarañas)
El hombre al que entrevistaba Punset, ha comprobado que el cerebro gasta el 20% de la energía (glucosa) que consume nuestro cuerpo al completo.
¿Cómo? ¿Haciendo sudokus, crucigramas, o resolviendo intrincados problemas matemáticos? No. Resulta que, cuando más consume es cuando dejamos la mente en blanco, cuando nos entregamos a ensoñaciones varias, cuando se nos va la santa al cielo, momentos, estos, que el cerebro aprovecha para crear nuevas sinapsis.
Parece ser que estos estados propician que el hipocampo, que es el que maneja nuestros recuerdos (memoria), se ponga en contacto con la corteza pre-frontal, encargada de nuestros planes de futuro, y, entre las dos, producen unas asociaciones que nos permiten anticipar futuras acciones, sobre la base de informaciones que hemos almacenado, pero de las que no somos conscientes. Semejante trabajazo tira de la glucosa a todo tirar y, a mayores, aprovecha los datos almacenados para crear nuevas realidades, asaz beneficiosas para nuestros intereses.
(Unos de mis rinconcillos favoritos para lo del dolce far niente)
De todo ello he deducido que, ahora que me he puesto en plan de liberarme de esos kilos de más, que desvirtúan mi silueta, y que he acumulado haciendo trabajar mi cerebro como una mula de carga, cuanto más tiempo dedique al dolce far niente, cuantos más mandalas pinte, cuantas más horas emplee en pensar en las musarañas, más glucosa consumiré, o, lo que es lo mismo, más adelgazaré.
¿No es ideal, el descubrimiento?

*Dato que aporto para las posibles candidatas que den en presentarse al casting que abriré en breve.

miércoles, enero 13, 2010

La vida gratificante de las actividades profesionales

Tengo que lo decir, aquí, a la bendita pública: esta tarde, la mi Marcela y yo, sobre todo la mi Marcela, hemos triunfado. Si llamamos triunfar a dar toda la trascendencia que estaba en nuestras manos a un tema de capital importancia para nosotras.
Sí, amables lectoras, queridas amigas blogueras, hemos triunfado y, a mayores, la hemos montado. Y bien montada. Porque nos apeteció, porque nos dio la gana, porque nosotras (y vosotras, mujeres del mundo mundial) lo valemos, y, sobre todo, porque podemos.
El caso fue que esta tarde inauguramos, a bombo y platillo, dos actividades de Educación para la Igualdad (un curso, que imparte la mi Marcela, y un Seminario que coordino yo), con una conferencia de la mi Marcela: Análisis del sexismo en los materiales de aula y los medios de comunicación.
Y como el tema lo vale (como nosotras), que ya está bien, ¡leches!, de tanta invisibilidad, de tanto menosprecio, de tanta ignorancia, de tantas aviesas intenciones, de tanta minusvalorización y tanta mala educación en todo lo que atañe al mundo femenino, y de tanta violencia contra las mujeres, quisimos darle la relevancia que se merece e invitamos a las autoridades, para dar más realce, aún, al evento. Y llamamos a la prensa, para que se hiciera eco de ello.
Oyes, y vinieron, las autoridades y la prensa. No todas las autoridades, porque la Directora del Instituto Asturiano de la Mujer agarró uno de esos virus malignos que andan circulando por ahí y está postrada, la pobre, pero sí que estuvo la Alcaldesa de Avilés, a la que acompañó la Concejala de la Mujer.
(La que suscribe, junto a la Alcaldesa y la Concejala de la Mujer)
Fantástica, la Concejala. Regia, como siempre, nuestra Alcaldesa que, desde aquí lo digo, es un pedazo de persona, de mujer y de regidora. Regia, cercana, afable y, lo que también es importante, transmitiendo la importancia que tiene la educación para acabar con la lacra del sexismo brutal que azota ésta, nuestra sociedad, trasnochadamente machista y patriarcal, aún.
Y la mi Marcela dio una ponencia brillante, a la par que certera, con su gracejo, desparpajo y buen hacer habitual, que no solo arrancó carcajadas al nutrido auditorio, sino que, como es habitual en ella, abrió ojos, y mentes, y sembró la semilla de la conciencia crítica que tanta falta hace en este mundo, en general, y en nuestra profesión, en particular.
(La mi Marcela en un momento de su intervención estelar. ¿Qué digo estelar? INTERESTELAR)
Desde aquí te lo digo, Marcela mía, yes oro molido, fía. Y no tien mal que parecer.
PD: Aprovecho esta oportunidad para deciros que ésta, y otras actividades no tan gratificantes, aunque necesarias para mi trabajo, son las que me apartan de mi ventana, y de las vuestras, y que es por ello, oyes, que no me prodigo más, ni en vuetros blogs ni en el mío. Pero... la vida es así, que no la he inventado yo. Ahora bien, en cuanto tenga un ratín libre, allá voy.

miércoles, enero 06, 2010

La vida decepcionante de los contubernios familiares

Siendo, como soy, más infantil que una peseta de cromos, una de mis fiestas favoritas siempre ha sido ésta, la de Reyes.
(La que suscribe y su hermano nº2 el 6 de enero de 1962)
Hubo un tiempo en el que mi familia, ésa que me ha tocado en suerte en la lotería de la vida, ésa a la que hemos venido a aprender las lecciones que dejamos pasar en nuestras vidas anteriores (hartita estoy de tanta lección, ¡hostia!), la celebraba por todo lo alto, y como manda la tradición: escribíamos nuestra carta y la dejábamos encima de la tele de la casa familiar. Mientras vivió mi padre, era él quien compraba los regalos para toda la familia, a pesar de lo mayorcísimos que éramos (yo tenía treinta y un años cuando se murió).
Un par de años después de que él se fuera, decidimos reconvertir la historia y lo organizamos en plan Amigo Invisible.
Seguimos dejando la carta sobre la tele de la casa de la madre y cada cual cogía la de quien le había tocado en suerte. El día 6 nos reuníamos para desayunar, titas del alma incluidas, chocolate con churros y roscón, ora en casa de la madre, ora en la de lamirmana, ora en la de mis hermanos 4 y 6, abríamos los regalos con gran ceremonial, comíamos cocido y pasábamos la tarde viendo unas pelis y jugando a la canasta* con las titas.
Pero, ¡oh pero!, hace cuatro años, mi hermano nº 4 decidió que le suponía mucho esfuerzo emplear su tiempo en buscar y comprar regalos, mi hermano nº 2 secundó la moción, al resto le pareció que si no jugábamos todos se rompía la baraja, y cagüentooloquesemenea mi fiesta favorita se fue al garete.
Seguimos reuniéndonos para comer, en un restaurante, eso sí, y regalarle a la madre, pero el resto pasó a la historia y yo, que ni tengo familia propia, porque para estos temas Tiza y Bilbo no cuentan, ni siquiera una novia, o amanta, con quien poder intercambiar unos regalinos, no he vuelto a escribir mi carta, ni a tirarme a las calles, en medio de la vorágine propia de estas fechas, carta ajena en ristre, a buscar lo que más ilusión pudiera hacerle a quien me hubiera tocado en suerte, ni a abrir regalos, ni a ná.
(Queridas Reinas Magas: este año me pido...)
Ahora bien, desde aquí lo digo, este año he vuelto a escribir mi carta, esta vez a las Reinas Magas y, aunque sé que no recibiré mi regalo mañana mismo, porque por muy Reinas y Magas que sean, no les va a dar tiempo, sé que recibiré mi regalo a lo largo de este año. Lo sé.
(... mi Bette Porter particular, que ya va siendo hora, ¡leches!)

*Juego de naipes.

domingo, enero 03, 2010

La vida espectacular de los fotogramas


(Pedazo de selva, pedazo de imaginación forestal, la de James Cameron)
Esta noche he ido a ver Avatar con mi hermano nº 5, con el que comparto afición por la Ciencia-ficción.
En cuando leí la crítica en El País, perpetrada por no sé cuál de mis críticos favoritos, que tituló "Involución cinematográfica", o algo así, presentí que me gustaría, pero la verdad es que me ha fascinado.
Vamos a ver, la historia es floja, ¿eh?, muy floja. Y, desde luego, apenas resiste una mirada a través de los cristales violeta: marine meid in Iuesei (hay que se joder, oiga, con lo del marine), se convierte en caudillo y salvador de una civilización de gente pura y auténtica donde la haya, conectada con la Madre Naturaleza, que ya quisieran Ecologistas en acción, amenazada por el imperialismo y la codicia yanqui, por mor del amor que siente por la rapaza, que viene a ser como Pocajontas, en versión confines siderales, y del Bosque en el que viven, allá, en el planeta Pandora.

(Los bichucos no me dieron más, pero el despliegue de especies vegetales es espectacular, y los paisajes, pa qué-pa qué)
Ahora bien, desde aquí lo digo, análisis de género aparte, aunque lo cierto es que el papel de las mujeres, alienígenas y aborígenes, está tratado con bastante corrección, la peli es una orgía visual y un portento de la tecnología que, al mirmanu y a mí, nos atrapó desde el primer fotograma y nos mantuvo embelesados durante las dos horas y media de metraje. Vale, el argumento es flojuco, a la par que previsible, que tiene su ración de violencia excesiva, también meid in Iuesei , amén de la consabida historia de amor facilona. Pero, otros bodrios argumentales nos hemos tragado porque venían con el marchamo de intelectualoides. Y, a mayores, no sólo de argumentos impecables se nutre el cine actual, oyes.
(Zöe Saldaña, en el papel de Neytiri, al Pojacontas de los confines siderales)
Y luego, que tiene otra cosa: la filosofía, de la que sólo voy a comentar un aspecto, de los muchos que me llegaron al alma. Estas gentes buenas y sencillas, que viven en comunión con la Naturaleza, utilizan una expresión para saludarse:TE VEO.
No, holaquétalestás,yomuybien,gracias,ytú. No.TE VEO.
Te veo A TI, y te acepto, tal y como eres. No me monto películas sobre ti; no intento que seas como yo quiero; no me creo expectativas delirantes, fruto de mi imaginación; no pretendo que compenses mis carencias; no te exijo que des respuestas a mis preguntas. TE VEO y te acepto. TE VEO y te respeto. Y porque TE VEO, te quiero.
Por esto, y por lo demás, ¡ole por ti, James Cameron! Por esto, y por todo lo demás, que les den mucho a todos los Ocaña y Boyero del mundo mundial, y de los confines siderales.

jueves, diciembre 31, 2009

Adiós 2009, tanta gloria lleves como descanso me dejas, jodío*.

El 2009, por qué no decirlo, no ha sido el mejor año de mi vida. No es que los que lo precedieron fueran para tirar voladores, no, pero éste, además de todas esas cosas con la que la vida suele sorprendernos, desagradablemente, de vez en cuando, ha sido un año de grandísimas pérdidas, para mí. De pérdidas que me han dejado tocada. Muy tocada. Tan tocada, que no sólo he perdido el humor, si no que me han dejado un poso de tristeza del que me está costando deshacerme.
Soy consciente, por mucho que me duela, por mucho que la eche de menos, que mi tita del alma, mi tía E., tenía noventa y nueve años y estaba tan harta de vivir que, verdaderamente, descansó.
Pero J. tenía cincuenta y cinco, y era de esas personas que disfrutan tanto con todo que hacía disfrutar a quien tenía cerca. Era cariñoso, divertido, gracioso, entrañable, amigo de sus amigos y muy, muy generoso. Con él compartí algunos de los mejores momentos de mi vida; me reí hasta la extenuación, me emborraché hasta la inconsciencia, me puse hasta las trancas, amanecí, desayuné, comí, merendé, cené y disfruté; hablamos de lo divino y lo humano en interminables veladas, en su casa, en la mía, en la de amigos comunes, aquí, en Madrid, donde vivía; disfruté de su hospitalidad y con su compañía; me cuidó, cuando lo necesité, y estaba cerca, porque pasó la mayor parte de su vida viajando por todo el mundo; me apoyó, animó, valoró. Fue cómplice y compañero. Y me quiso, como yo lo quiero a él, como lo querré siempre, sin fisuras.
(J. en la Santa Sebe, el 23 de diciembre de 2008, la última noche que compartimos)
El 2009 no ha sido un buen año para mí. Casi diría que ha sido el año de los desencuentros, aunque también el de los maravillosos encuentros. He tenido muchos desencuentros, algunos dolorosos, con personas en las que confiaba; y broncas; problemas en el trabajo y por el trabajo. También ha habido buenos momentos y algún que otro logro profesional muy gratificante.
Pero lo que me ha salvado el año, gracias a los momentos inolvidables, llenos de risas, confidencias y, sobre todo, complicidades comico-cósmicas, han sido los encuentros con algunas de vosotras, a las que ya considero parte de mi vida.
Quizás por eso, este jodido 2009 quiso poner la guinda, o colofón, a estos encuentros y regalarme un día mágico, del que la mi Marcela ha hecho cumplida crónica, en el que ella misma, Calvin, alias la mi Canyon of Colorado, Prófuga y yo, nos encontramos a Mitadelcamino entre Galicia y Asturias, un Mitadelcamino muy entrañable para mí, para darnos un
homenaje gastronómico, en forma de arroz con bogavante, el homenaje de nuestra conexión cósmica, a la par que cómica y, lo que es más importante, el de nuestra amistad.
(Rememorando a Blau, y su Drac)
(Langostino sadomaso momentos antes de ser devorado por la mi Marcelilla)
*Que si no fuera por lo de las conexiones comico-cósmicas, y algún detalluco más, que me has regalado era para tacharte del mapa.
Que el 2010 sea benévolo y generoso con nosotras y nos regale muchos momentos tan mágicos, o más, como los que hemos vivido, juntas, este año.
¡BAI, BAI, 2009, GÜELCOM 2010!

domingo, diciembre 13, 2009

La vida significativa de la numerología

Hace unos años, cuando Marcela y yo trabajábamos juntas, nuestra amiga, y compañera, Japi se plantó ante la mesa de Marcela, pegada a la mía, y, sin mediar explicación previa le espetó:
—Este fin de semana me han hablado fatal del 9.
A lo que Marcela respondió:
—Desde luego, la gente ya no sabe de qué hablar. Cualquier día ponen verde al rojo.
Las carcajadas fueron de tal calibre que hasta tuvo que subir el jefe a ver qué nos pasaba porque se nos oía reírnos desde la calle.
Después de pasarme cinco días, cinco, concentrada, junto con otras sesenta y cuatro personas, más cinco profesionales, en un albergue, a la sombra del Montseny, iniciándome en el conocimiento de esta poderosa herramienta de autoconocimiento y buceando en mis interioridades más profundas, puedo afirmar con rotundidad que NO SOY UN NUEVE.
En realidad, a qué negarlo, ya sabía que no era un nueve. Coqueteé con el Eneagrama hace diez años en un intento por comprender las motivaciones que me abocaban a relaciones sentimentales desastrosas, por no decir catastróficas (como las desdichas de Lemony Snicket), y he de reconocer que si bien no me ayudó lo más mínimo a evitarlas, sí que me proporcionó unas cuantas pistas sobre mí misma, y mi forma de relacionarme. Pistas que, llegado el momento, me decidieron a evitar la tentación, y con ella el peligro, de seguir embarcándome en relaciones desdichadas (como las catástrofes de Lemony) y me retiré del mundanal, harta de tropezarme con mujeres más adictas que yo.
Números aparte, éste ha sido el mejor Puente de la Constitución de mi vida, desde que existe la Constitución. Y no sé por qué me late que, aparte de todo lo que me he traído, que ha sido mucho; de todas las personas que conocí, cuyo recuerdo me conmueve y me hace sonreír, de la paz interior que siento. Aparte de todo lo que no tengo palabras para expresar, me late que esta vez las pistas me van a conducir al lugar adecuado.

martes, diciembre 01, 2009

Bilbo y Tiza en el blog de Farala

Pues no, no llegué a tiempo para participar en el concurso de Farala porque como vivo sin vivir en mí, etcétera, sólo encontré momento para redactar el texto que debía acompañar las fotos cuando supe que la entrada que estaba leyendo era la penúltima y que como no me diera prisa me quedaba fuera de concurso.
Luego la MQLP, a Farla, sufrió un ictus, que menos mal que se quedó en susto, y buena estaba ella para preocuparse de concuros y zarandajas, que bastante tenía con sobreponerse y atenderla, como para ponerse a pensar en tonterías tales como que yo le había mandado mi aportación al límite del tiempo.
Así soy yo, que lo dejo todo para el último instante, y luego me pasa lo que me pasa. Desde aquí te lo digo, Faralita, la culpa fue mia, y solo mía, no te has de preocupar.
Pero lo que no quiero dejar pasar es esta oportunidad para contar, o relatar, una pequeña y entrañable anésdota que protagonizaron la inigualable Elenita Faraláez y Bilbo este verano, después de que Elenita se convirtiera, por méritos propios, en dueña de mis peludos.
(Faraláez en Mármara's house mostrando sus dotes de artista)
(Obsérvese el detalle de la dedicatoria)
Un día, a finales de agosto, me llama Farala y me dice que estaban jugando a “Los Personajes”, ella, Kali y Elenita, y que la rapacina les había propuesto un miembro de su familia, varón. Dado que los miembros masculinos de la familia de Faraláez son más bien escasos, a Farala y a Kali no les quedó más remedio querendirse y preguntar en quén habia pensado Elenita:
—¡Es Bilbo! —afirmó la niña, como si no pudiera caber ninguna duda— Porque Bilbo es de nuestra familia, mamá —aclaró—, que Mármara me ha dicho que Bilbo y Tiza también son míos.
Total, que se pone Elena al teléfono y, después darle cumplida cuenta de las actvidades de mis peludos (que si Bilbo se había estado bañando, pero Tiza no, que si Bilbo ya había apredido a subirse al coche, que si nos habíamos comido un helado entre los tres, que si tal y pascual) le digo que voy a poner el teléfono en la oreja a Bilbo para que lo llame a ver qué hace.
Y, héteme aquí que, en cuanto Bilbo, que ya sabéis que tiene un oído prodigioso, oyó la voz de la niña, se puso a ladrar como un loco, y a correr de un lado a otro, calle arriba, calle abajo, buscándola, y mirándome como preguntando: "Pero, ¿dónde está Elenita, que la oigo y no la veo?".

Así que sí, Faraláez, puedes decirle a todo el mundo que Bilbo y Tiza también son tuyos, porque lo son.
PD: Me voy de puente a Barcelona, al objeto de realizar un bonito curso, que tiene como tema "El eneagrama para docentes", del que espero volver mucho más sabia y, sobre todo, completamente desestresada. Nos vemos a la vuelta. Feliz puente.

viernes, noviembre 27, 2009

La vida apasionante de los momentos televisivos

Esta mañana, poco antes de la hora del Angelus recibí en mi móvil el siguiente mensaje de mi asistenta:


Han expulsado a Indhira por pegarse con Carol

Corrí hacia Secretaría en busca de A, la limpiadora, que en aquellos momentos se disponía a dar buena cuenta de su ración de fruta de media mañana, con la que ya había comentado las nominaciones nada más llegar, porque ella se había dormido, como yo, sólo que yo, como lo grabo todo las había visto mientras desayunaba (que, mil veces las nominaciones antes de volver a tragarme el asunto del editorial de todos los periódicos catalanes, o las muertes de criaturas a manos de sus progenitores, o a Soraya Saenz de Santamaría despotricar contra ZP y culparlo hasta de la extinción de los dinosaurios), y no se había enterado, aunque pensaba enterarse de todo de que llegara a su casa y se conectara a La7, amén de tragarse al completo el resumen en Sálvame.
—¡Han expulsado a Indhira por pegarse con Carol!
—¿A Indhira? Si ya decía yo que lo de Carol iba a traer cola...
Inmediatamente nos dirigimos, cual posesas, al ordenador de R, la administrativa de la tarde que estaba vacío, en busca de la Web de Tele5, bajo la mirada estupefacta del personal administrativo (Como se conoce que no está el jefe —comentó L, la administrativa, con una sonrisita cómplice).
Efectivamente, allí, ante nuestros ojos apareció el titular, pero, ¡oh, pero!, se conoce que todo el país, sediento de carnaza fervientemente interesado en tan apasionante temazo, como nosotras, andaba en las mismas, porque el video no se descargaba ni a la de tres. Menos mal que M, la ordenanza, tuvo la brillante idea de conectar con el blog de una amante de los gatos, seguidora del programa que, tal y como sospechaba M, ya tenía colgada la versión de YouTube.
Efectivamente, queridas apigas blogueras, este año me he enganchado a GH. Y no me duelen prendas al reconocerlo aquí, públicamente. Me he enganchado. Y me he enganchado.
Yo, es lo que tengo, que soy de naturaleza más bien tirando a adicta y cuando me engancho a algo, me engancho. Y no tien mal que parecer.
En otro orden de cosas, el ratito que pasé con el personal administrativo, la ordenanza y la limpiadora, con la que, inmediatamente después de haber visto el susodicho video, salí a la calle a fumar un pitillo y comentar la jugada, fue el mejor de la mañana.
De la bronca monumental que provocó la expulsión de Indhira no voy a hacer comentarios, por ahora. Y no porque no se me ocurra nada, no, que vaya si se me ocurre, si no porque casi prefiero que lo veáis y luego, ya, si procede, establezcamos un bonito debate, o chirla*-coloquio***.

Sobre por qué pasé el mejor momento de la mañana con este sucedío no voy a hacer declaraciones. De momentín.
*Chirla: almeja pequeña.
**Almeja: molusco bivalbo de exquisito sabor.
***Chirla-coloquio: debate protagonizado exclusivamente por mujeres.

martes, noviembre 24, 2009

La vida mentideira de las ideas, o "concetos"

Una de las cosas que me revienta, que más no me puede reventar, es comprobar que ciertas ideas, o concetos, o como quiera que se les llame, del agorerismo van, y se cumplen, cuando menos falta hace que se cumplan, que es nunca.
Por ejemplo: “No se puede tener todo en esta vida”. Pero, vamos a ver, ¡hostia!, ¿quién ha dicho que no se puede tener todo? Y, a mayores, ¿por qué no? ¿Por qué no podemos ser felices, aunque sea a ráfagas, o en pequeñas diócesis, que es como, de forma habitual, viene manifestándose esta magnitud abstracta?
O sea, que parece ser que hay una ley, escrita no sé dónde, que dice que si te va bien en lo profesional, olvídate de la estabilidad emocional. O que si tienes éxito en el amor, ya puedes dejar de jugar a cualquier juego del azahar, porque no te va a tocar ni el reintegro de la Primitiva, que para qué te empeñas en jugar, si ya se sabe que no vas a oler ni un euro extra.
Bueno, pues, yo me niego. ME NIEGO. Uno, porque me pasa como a Camilo Sesto, es decir, que no tengo ni pizquita de suerte en el amor y, en sin embargo, no estoy forrada, que debería de estarlo, si tenemos en cuenta aquello de “desafortunada en amor…”; dos, porque, quejar, no me he de quejar, porque, de momentín, gozo de una salud aceptable, tengo un trabajo estable, bastante bien remunerado (a pasar de los 17.1 puntos de poder adquisitivo que hemos perdido, el gremio del funcionariado, desde 1993, que se dice pronto), mi familia y mis animales están bien, gracias, pero tampoco es que vaya por ahí de sobrada, y, tres, porque conozco gente a la que le va todo, toditito, de p. m., y no son ni más ni menos que yo.
Así que, amiga mía, hazme el favor de alejar de ti ciertos fantasmas, producto, más que nada, de los malditos agorerismos de los cojones, y créete que TIENES DERECHO a tenerlo TODO: TODO lo que imagines, TODO lo que quieras, TODO lo que se te antoje.
Que, a lo peor, es que el problema es que no nos lo creemos del todo, eso de que TENEMOS DERECHO, y por eso nos sale el sol por Antequera.
Desde aquí te lo digo: tú vales mucho, nena, MUCHO, así que vete empezando a creértelo que, a lo mejor, van los agorerismos a tomar por donde yo te diga.
Y, la que sea fea que haga los recaos de noche. ¡Joder!

domingo, noviembre 08, 2009

La vida conmemorativa de las palabras

Resulta que ayer estuve de cumpleblog y ni me enteré. Y eso que, aprovechando la circunstancia de que un frente borrascoso está atravesando la península con el consabido derroche de lluvia, granizo y vientos huracanados, me pasé la tarde en casita, que si dormitando, que si viendo la tele, que si merendando con la madre y el hermano, que si de paseo por los blogs amigos…
Cuatro años, cuatro, en los que este blog no me ha dado más que satisfacciones. Ahora bien, desde aquí lo digo, la mayor, de las satisfacciones, ha sido tener la oportunidad de conectar con quienes, si no llega a ser por este medio, jamás hubiera llegado a conocer.
Porque eso de escribir lo que le salga a una de las entretelas y saber que va a tener eco —el que sea, pero ECO, al fin y al cabo—, está muy requetebién; las risas, las complicidades, incluso las diferencias de opinión, son fantásticas, pero eso de asomarse a las casas ajenas, sabiendo que se es bienvenida, y tener la certeza de que, incluso a miles de kilómetros de distancia, alguien se va a asomar a la mía, para compartir mis alegrías y solidarizarse con mis penas, eso, queridas amigas blogueras, no tiene precio.
Así que ahora, cuando salga, me voy a comprar unos pastelinos para el postre, les voy a poner encima cuatro velas y voy a soplarlas por vosotras, por mí y por el maravilloso mundo de los blogs.
 
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