miércoles, septiembre 29, 2010

La vida personal de las palabras


Sí, me he puesto en huelga. Lo dudé mucho, es cierto, pero al final me decidí, sobre todo porque me produce un asco infinito que al gobierno socialista, al que yo he votado, le traiga al pairo la Educación Pública y se la esté cargando a golpe de recortes. Recortes en personal que suponen, no sólo la supresión de puestos de trabajo, si no la sobrecarga horaria para el resto, que afecta directamente a la calidad educativa y a la atención necesaria a los segmentos más desfavorecidos de nuestra sociedad; en recursos materiales para los centros; en proyectos educativos a los que se les corta la subvención de raíz sin mediar explicación; en etapas fundamentales, como la Educación 0-3, que han arrojado a los pies de los caballos; en la implantación del Plan Bolonia, que si se descuidan, ni ponen en práctica; en la Formación de Profesorado; en las ayudas a las familias con escasos recursos materiales; en I+D+I. Etcétera, etcétera, etcétera.
Para compensar este aciago día, Alson me ha concedido este premio, que ya he recogido y por el que, desde aquí, le doy las gracias.

sábado, septiembre 25, 2010

La vida soporífera de los fotogramas

Desde aquí os lo digo, no se os ocurra gastaros los dineros en esta horripenda, pretenciosa, aburrida, manida, insustancial y absurda "película".
Con deciros que la escena en la que él, que se esconde de los asesinos suecos que se lo quieren cargar en un pueblo italiano al pie de las montañas, se va a una casa putas y mientras la que le toca en suerte (que luego, va y se enamora de ella, pero que la historia acaba fatal, porque él es un frío asesino a sueldo, o sicario, o sea, malo, y los malos, aunque intenten redimirse por amor a una prostituta que, en realidad es una buena chica que no tuvo más remedio que meterse a puta por culpa de los avatares de esta vida cruel, no pueden porque han de pagar por sus maldades) se va desnudando, a mayores, sin pizca de gracia, la canción que suena es "La Bámbola", interpretada por la mismísima Patty Bravo. Más no os puedo decir.
¡Ah, sí! Él muere.

domingo, septiembre 19, 2010

La vida enigmática de los sueños

Esta noche me fui a Corea del Sur con mi madre, a ver a mi hermano pequeño, que estaba trabajando allí.
Mi madre, como siempre, llenó su maleta con cantidad de cosas que no necesitaría, puesto que, el nuestro, sería un viaje de ida y vuelta.
—¿Para qué quieres tantas cosas, si volvemos mañana? —le pregunté, consciente de que sería yo quien tuviera que cargar con su maleta, y con la mía.
Luego pensé que, ya que íbamos, mejor nos quedábamos un par de días.
El hotel que nos había buscado mi hermana era galáctico —mi hermana tiene una agencia de viajes y siempre consigue hoteles estupendos—. Escaleras mecánicas por doquier, ascensores acristalados, aluminio, neón… La tarjeta no sólo abría la puerta de la habitación, si no que servía para todo, tal y como nos explicó la recepcionista, que hablaba un castellano fluido.
—España está de moda —nos explicó, ante mi extrañeza—. Aquí, en Corea del Sur, a todo el mundo le encanta lo español.
Nos dirigimos al ascensor. Mi madre, encantada con la novedad, metió la tarjeta en una ranura. Al instante, lo que nos había parecido la puerta del ascensor se iluminó para mostrarnos una completísima selección bebidas.
—Ya que estamos —dijo mi madre— voy a sacarme un refresco.
Y hasta aquí puedo contar, porque me desperté, comprobé que eran las once menos veinte y me tiré de la cama. Tenía la intención de hacer un montón de cosas, antes de ir a jugar al golf con la mi Marcela. No hice casi nada. Me importó un bledo. Al fin y al cabo, ya había ido hasta Corea, del Sur.
He interpretado este sueño en relación con mi vuelta a las aulas. Lo que aún no tengo claro del todo es su significado.

miércoles, septiembre 08, 2010

La vida mágica de los fotogramas, y las palabras

Ni sé, ni me importa, lo que opinan los gurús de la crítica cinematográfica, esos que ponen a Sofía Coppola o Isabel Coixet de vuelta y media —sospecho que porque son mujeres—, sobre esta película.

Sé que me conmovió la relación que establece ese cincuentón casi analfabeto, que interpreta Gérard Depardieu, con la anciana con la que se encuentra en el parque, Gisèle Casadesus, con la conductora de autobús de la que se enamora, Sophie Guillemin, con el resto de personajes que pueblan la historia.
Sé que, una vez más, en el momento justo —justo cuando voy a reincorporarme al aula después de cinco años de ausencia—, una película pone en imágenes —ésas que, según
Pilar Aguilar, "penetran, para lo bueno y para lo malo, en el núcleo duro de nuestras emociones sin pasar por el filtro de la razón"— lo que he leído y escuchado tantas veces, la última hace una semana a Francesco Tonucci, alias Frato, para que lo tenga presente, para que no se me olvide.
Pero, sobre todo, sé que disfruté cada uno de los minutos de su metraje; que salí del cine con una sonrisa en el alma.

sábado, agosto 21, 2010

La vida interrumpida de las palabras

Marcho de casa.
No es que me chale, la idea, pero no me queda otra. Tengo una madre anciana que, ni puede, ni quiere estar sola, y me toca acompañarla esta semana en el pueblo costero donde pasa el mes de agosto.
Así que, allá me voy, desde mañana hasta el próximo domingo, con mis libros, mi novelita, mis libretinas, mis mandalas, mis lápices de colores, mis palos de golf, mi cámara y mis perros.
Es por ello, que no os visitaré, ni comentaré, ni actualizaré, ni nada de nada que tenga que ver con este aparatejo. Eso, si no me resisto a la tentación y me lanzo a Media Markt, el lunes mismo, mientras la dejo en la playa con mi tía, a hacerme con el notebook, que sueño con él desde que usé el de Frabisa, cuando estuve en Coruña a principios de este mes. Pero como aún no lo sé, pues me despido de vosotras hasta la vuelta.
Eso sí, no sufráis por mí, que pienso aprovechar a tope la semanita.
Bien aquí, con la mi Marcela y lamirmana:
La Llorea Golf Clab. Salida del hoyo 10
Bien aquí:
Vista de la mar serena desde mi terracina particular al Cantábrico.
Bien en ambos, que los días tienen muchas horas y dan para mucho.
Ci vediamo, caras.

martes, agosto 17, 2010

La vida germinativa de los momentos estivales


El taxi barcelonés, con la Sagrada Familia incrustada en el techo, contribución de Blau y su Drac a mi, ya, espectacular colección.
El otro día, cuando iba hacia Coruña, a disfrutar de un finde en compañía de Frabisa, Blau y su Drac, cómodamente instalada, como corresponde a una señora mayor, en un asiento individual del ALSA Supra, di en sacar la mi libretina y ponerme a trabajar en el primer capítulo de la novelita que estoy revisando.
De repente, a la altura de Tapia de Casariego, en cuyo campo de golf perdí mi swing, hace tres años, a causa, entre otras cosas, del impacto que me produjo una de las compañeras de partida, que me dejó completa y absolutamente kaos, quizás para compensarme de tamaña pérdida, ¡zas!, va y me brota, tal que los hombres del bancal en "Amanece que no es poco", un personaje con el que no contaba. Un personaje sólido, a la par que contundente, que, sin mediar intención alguna por mi parte, me llevó por unos derroteros que no me hubiera atrevido a imaginar en estado de excitación mental.
El hombre del bancal
Como sería, que agarré un calentón de tal calibre, que me vi en la necesidad de cerrar la libretina, beber media botella de agua de un sorbo y hacer unos ejercicios de relajación, so pena de ponerme en evidencia o, en su defecto, encerrarme en el claustrofóbico cubículo que tienen por baño estos autobuses, a solventar.
Ya en casa de Frabisa, arrellanada en uno de sus sillones lectores, con el notebook de la mi amiga sobre las piernas, mientras escuchaba la interpretación de Jackeline du Pré en el YouTube, de la pieza musical que inspiró el capítulo y la escenita de marras, tuve una seria conversación con mi protagonista y, entre las dos, pusimos al nuevo personaje en su sitio, aunque, eso sí, convinimos en darle el espacio que merece su determinación por formar parte de la historia.
Días después, ya en casina, compruebo que, por fin, después de varias semanas de cuidados y desvelos, me ha brotado un tomate. Este tomate.
En este momento ya han brotado otros, igual de minúsculos, igual de prometedores, pero la contemplación de aquel primer fruto, me emocionó tanto que no pude por menos de dar unos cuantos botes de alegría e inmortalizar el acontecimiento en esta instantánea.
Yo, que soy tanto de señales exotéricas, he interpretado, éste y otros brotes que se están sucediendo en mi bancal particular, como un feliz augurio.
Sea como sea, éste está siendo un verano muy, pero que muy fructífero.
Continuará...

lunes, agosto 09, 2010

La vida torticera de las acepciones



En “La tienda de las palabras” (Jesús Marchamalo, Siruela 2002), había una tienda en la que, como su propio nombre indicaba, se compraban y vendían palabras usadas, antiguas, curiosas.
Muchas de las personas de mi entorno —incluso yo misma, antes de comprobar, en mí, su efecto devastador— darían hasta su plato de lentejas por poseer una palabra, y todo lo que significa.
He observado en quienes la poseen, en quienes la buscan con desesperación, en quienes la tuvieron y la perdieron, el mismo grado de ansiedad. Cada cual por un motivo diferente, pero el mismo grado.
Quienes la tuvieron y la perdieron, suelen empeñarse en recuperarla, cueste lo que cueste, no importa cómo, ni en qué condiciones, llegando a conformarse con la acepción paupérrima, con tal de tener, aunque sea un reflejo.
Quienes la buscan, bien porque no la hayan tenido nunca, bien porque la tuvieron y la perdieron, convierten su vida en una cruzada similar a la del Santo Grial. Malvenden posesiones, sacrifican el sueño, la salud, y hasta los ideales, en búsquedas cuyo resultado suele ser catastrófico.
Quienes la tienen… ¡Ah, quienes la tienen!
Un pequeño porcentaje la disfruta, al menos durante los primeros momentos, o años. Otro, porcentaje, bastante más amplio, la enmarca a todo lujo y alcanfor, para que presida el salón de su casa, donde todo el mundo pueda verla. Otro la exhibe a la bendita pública en múltiples y variadas manifestaciones, pero la guarda, cuando nadie observa. Otro la mantiene a buen recaudo, no vaya a ser que se le antoje a alguien y se la arrebate.
Casi todas las personas que conozco, y aún estoy por encontrar a alguien que constituya la excepción que confirme la regla (aunque la mayoría de quienes la poseen tengan el convencimiento de ser esa excepción), añade una
acepción más a las que incluye el incompleto y sesgado DRAE.
Es esa acepción la que no estoy dispuesta a volver a incluir en mi diccionario particular. Es por ello que, la tuve —varias veces—, la perdí, o la tiré por el sumidero, y ya no la quiero.
GOLF: Ganar, no vamos a ganar, pero hemos hecho un torneo muy digno, hemos cumplido con el hándicap, lo pasamos muy requetebién y, lo que es mejor, hemos visto que nos complementamos a la perfección y el sábado jugamos en Llanes. ¡Que tiemblen!

jueves, agosto 05, 2010

La vida hipócrita de las palabras

Debería de estar haciendo el correntío de cosas que tengo pendientes, sobre todo teniendo en cuenta que esta tarde, con un día de adelanto sobre la fecha prevista, llega a esta Villa, después de cinco largos años, mi amiga del alma y la niñez, acompañada por su marido y he de recibirlos como la ocasión requiere; que quiero ir a comprar unos palos de golf, porque la mi Marcela y yo participamos en nuestro primer torneo de parejas y los que tengo, después de probar los suyos, como que no, pero sin el como, y he de hacerme a ellos, para lo cual, una vez que los tenga en la mano, nos vamos a Las Caldas Golf Clab a estrenarlos; que tengo que llevar el coche a que me lo laven, porque ya lo pide a alaridos; etc.

La mi amiga del alma y la niñez cuando cumplió seis años
Pero, es que, he abierto el correo y me he encontrado con esto:
Se va, el muy &#@#&*, después de haber practicado durante este último año, la estrategia de la tierra, no quemada, calcinada.
Se va, después de haber desmantelado la Consejería de Educación; después de habernos entregado a los pies de los caballos, para que se carguen el trabajo y los derechos de un colectivo tradicionalmente despreciado por la sociedad.
Se va, sin haberse enterado de que yo no soy su estimado amigo, y, a mayores, me agradece la colaboración que pude haberle dado. ¡Aj, qué asco!
Es por ello por lo que no puedo resistirme a gritar a la bendita pública:
¡TANTA GLORIA LLEVES COMO DESCANSO DEJAS, SO INDESEABLE!
¡Hala!, ya me he quedado más tranquilita.

jueves, julio 29, 2010

La vida confusa de los concetos


Yo también quiero mi best-seller, si termino de escribir, claro.
Al hilo del post de Tantaria, La trabajera de ligar, que ya pasa de los cien comentarios, del desternillante de Jirafas en gerundio, Salvando muebles, que le valió un bollogossip extra de Farala, de la lectura de la primera novela de la trilogía de Libertad Morán, A por todas, que me prestó la mi Marcela, y de las zambullidas que me estoy pegando en mi propia memoria, al rescatar una novelita que empecé a escribir, y no terminé, para variar, hace doce o trece años (aún tengo la mitad de los capítulos en WordPerfect*), he llegado a la conclusión de que el término “normal”, o se ha desvirtuado, o hay un confusionismo muy grande sobre su significado, o cada cual tiene su propio conceto. Y ahí sí que la hemos jodido.
La que suscribe a punto de zambillirse en los recovecos de su memoria
Lo que yo quiero es una mujer normal, afirma la totalidad de las bolloblogueras solteras que voy conociendo, las bolleras a secas, y la del correntío de bollitos y petisuis que describe Libertad Morán en su mencionado éxito editorial.
Un suponer, Tantaria, no concibe ni un revolcón a lo forestal con alguien que no utilice adecuadamente las tildes (ortográficas, no me vayáis a pensar mal, que ya os voy conociendo, cacho perras).
Si, hasta Marta Sánchez cantaba aquello de soy una mujer normal, a lo que añadía, una rosa blanca de metal (que ye lo más normal del mundo, y no tien mal que parecer), para concluir en que estaba ¡Desesperada! La pobre.


Estoy convencida de que el quid de la cuestión radica en que cada cual tenemos nuestro propio conceto de normalidad, lo que justificaría, no sólo la desesperación de Marta Sánchez, si no la de cienes y cienes de bollosingles, yo la primera, que para eso soy la mayor, que autojustifican su soltería con aquello de que es que no encuentro ninguna normal, oyes.
Entonces, desde aquí os emplazo a que vayáis rascándoos las neuronas y defináis vuestra propia normalidad, a ver si de una puta vez llegamos a un acuerdo y, a mayores, yo encuentro una amante normal (novia, lo que se dice novia, no quiero) con la que proceder al desarrollo exhaustivo mi propio conceto**, y el de la presunta, of course.
*Procesador de textos de la Suite de Corel, caída en desgracia por culpa de don Gates.
**Que si no he iniciado mi, cien veces, anunciado casting es porque ni yo misma tengo claro el conceto.

domingo, julio 25, 2010

La vida agotadora de los eventos veraniegos

Tengo, por qué no decirlo, una pandilla petarda. Un grupo de seres humanos que conocí en los ochenta, cuando aún no había salido del armario, a pesar de que media ciudad —la media ciudad gay, por supuesto— hacía apuestas sobre mi opción sexual, con el que me reúno un par, o tres, de veces al año.
El viernes pasado, uno de los miembros de esta pandilla, tuvo la gentileza de organizar una cena en su casita de campo (todo ideal, corazón, todo ideal) en la que reunió a una decena de miembros del susodicho grupo.
Mi anfitrión en el ejercicio de sus funciones
Me resultan entrañables, estos encuentros, sin embargo, me preparo para ellos cual gladiadora espacial, haciendo acopio de escudos protectores, ya sea contra armas láser, ya contra aguijones radioactivos. No ha habido ni una sola vez, sobre todo desde que, hace varios años, di en retirarme del mundanal, que no haya tenido que utilizar mi arsenal defensivo al completo.
El viernes no fue una excepción. Si algo tiene en común este grupín, en general, con honrosísimas excepciones, son unos intereses sempiternos y concretos, por este orden:
— Cuánto tienes
— Cuánto follas
— Cuánto viajas
— Cuánto te drogas
Así que llego vestida para la ocasión (también se mira mucho el modeleo) y mi batería de escudos, dispuesta a repeler las andanadas:
— Sí, puedo permitirme el lujo de, por ejemplo, dilapidar unas decenas de euros en el bingo, no sé si tantos como tú te gastas en cocaína.
— No, no tengo novia. Sí, sigo sin follar desde la última vez que nos vimos.
— He estado aquí, allí y en este otro sitio desde que nos vimos la última vez.
— ¿Coca? ¿Chocolate? No gracias, me quité en el 92.
Mi ex, su actual y la mi Váyolet* intercambiando opiniones sobre el corte de pelo de Bimba Bosé
Este viernes me resultó especialmente intenso. Entre la cantidad de caipirinha que ingerí (aún me dura la resaca), que preparó la actual de mi ex (con alguna sí que me llevo, Libertad Morán), una encantadora girl from Sao Paulo, que las prepara de escándalo, es un escándalo, el tercer grado al que me sometió uno al que hacía años que no veía, empeñado en rescatar del olvido alguno de los episodios más truculentos (sí, tengo más de uno) de mi biografía sentimental, en plan anda mamá, cuéntame otra vez ese cuento, pero hija, si ya te lo sabes de memoria, es igual me gusta mucho que me lo cuentes, y el relato pormenorizado de las aventuras y desventuras de un maricón en Ipanema (contextualizando), La Habana y los cuartos oscuros de los antros locales, volví a mi casa exhausta.
Un día de estos voy y me lo cargo, al kaos
Menos mal que una tiene sus recursos, incluida la paz de mi hogar y el caos de mi estudio. También mi terracita al Cantábrico, a la que me marcho en este instante con mis santos.
Bilbo y Tiza en nuestra terracina marinera
*Véase "La mi novela por entregas"

jueves, julio 22, 2010

La vida inspiadora de los fotogramas

El otro día, estudiando con la mi Marcelilla la técnica del approach en un libro de Severiano Ballesteros, "Golf natural" que hacía ni sé el tiempo que no repasaba, me encontré, después de no sé cuántos años de búsqueda infructuosa por todas las carpetas de mis escritos, tres paginitas que había perpetrado hace casi treinta años. Un horror, por qué no decirlo, las páginitas, pero, ¡oh, pero!, contenían una frase de Juan Gil-Albert, que refleja como ninguna, mi vínculo con la escritura:

Escribimos por llenar el vacío de unos hechos irrealizables,
por transgredir los límites de la existencia.


Don Juan Gil-Albert, que era, también, un poquitito gay
El día en el que, fiel a mis propósitos de hacer lo que me salga de la fañagüeta, dediqué el tiempo que me dio la gana a indagar sobre la trayectoria profesional de Stana Katic, alias lamiBeckett, y me encontré su participación en Feast of love, mi cerebro hizo clic y me transportó a una novelita que escribí hace quince años y que, como el resto, dormía el sueño eterno en el disco duro de mi ordenador. La Jenny de Feast of love era el vivo, vivísimo, retrato de la Alejandra de "Suite para cello", título provisional que le di, entonces, a la susodicha novelita.
No sé si os pasa, a las que escribís, pero yo tengo que ponerle cara a los personajes de mis novelas y, claro, las escojo entre lo que tengo a mano. Durante algún tiempo, Alejandra tuvo el aspecto de Jenny que, lo que son las cosas, se parecía bastantito al que tenía una de mis amantes el primer día que la vi y no pude por menos que enamorarme perdidamente de ella en ese mismo instante, pero no tenía cara. No la ha tenido hasta que volví a ver LA escena.
La primera vez que vi a I. tenía el mismo largo de melena que J y llevaba una cazadora de una universidad americana, no recuerdo cuál, ¿sería la de Wisconsin? A I. la conocí cinco años después de escribir la novelita en cuestión. Aclaro.
Entre una cosa, la frase de Gil-Albert que aparece en la primera página de “Los arcángeles: parábola”, obra de 1981 que devoré en los momentos previos a mi salida del armario, y otra, la inspiradora visión de la escena que protagonizan Jenny & Katherine, Stana & Selma (Selma Blair, otro de mis grandes amores del celuloide), en Feast of love, mi imaginación, bloqueada por estos años de estrés permanente, se desató.

En verdad, en verdad os digo que, a veces, a una no le dan los ojos.
Rescaté las cien páginas de mi novelita de la copia de seguridad de mi primer ordenador, un Pentium 120, que he ido trasportando de un disco duro a otro, y me he puesto a escribir. Más bien a corregir, reestructurar, suprimir o aumentar, según las necesidades de aquel texto con el que, como he hecho siempre, desde que me alcanza la memoria, he intentado llenar el vacío de unos hechos irrealizables y también, por qué no, transgredir los límites de una existencia que, por temporadas, se me antoja carente de emoción.
Y en ésas ando, escribiendo como una posesa, más contenta que unas castañuelas. Cómo será, que esta mañana he realizado las tareas propias del hogar, bailando (ni recuerdo el tiempo que no lo hacía) “Oh very young”, de Cat Stevens, con el espíritu de morning has broken, like the first morning.

Amanecer otoñal desde la terracina de mi casa

Estoy que me salgo.
Thank you so much, Juan, Seve & Stana. Y también, cómo no, a la mi Marcelilla, que tanto me ha machacado el cerebro para que me ponga a escribir de una puta vez, entre hoyo y hoyo.

sábado, julio 17, 2010

La vida sorpresiva de los fotogramas

Es oficial: estoy de vacaciones. Aún me quedan algunos flecos, es cierto, que liquidaré, perdón por la ordinariez, cuando me salga de la fañagüeta, de aquí al día 30, pero ESTOY DE VACACIONES.

(Aspecto de mi lugar de trabajo, arreglado para la ocasión)
Y como estoy de vacaciones y, a mayores, cuando llegue septiembre y todo sea maravilloso no tendré que volver a ese puesto de trabajo del que estoy hasta la punta de la caipirinha que tantas satisfacciones y quebraderos de cabeza me ha proporcionado, he decidido celebrarlo como me salga de la fañagüeta (habéis de perdonarme de nuevo, pero es que siento una querencia especial por esta palabra procedente del bable, que no creo necesario traducir, oyes, pero si alguna no la adivina por el contexto que me lo diga).
(Green del hoyo 3)
Para empezar, ayer me fui con la mi Marcelilla a Las Caldas Golf Clab, a meternos 18 hoyos entre pecho y espalda. Luego echamos unas partidillas al Scrabble (me había pedido públicamente la revancha y una es muy seria para según qué cosas), 2-1 a su favor, quedamos ayer, y después me tumbé en mi sofá, manta eléctrica en las cervicales mediante, al objeto de fijar en mi retina las secuencias en las que aparece la mi Beckett repasar el último capítulo de Castle.
(¡Maminina, maminina!)
Esta mañana, después de desayunar opíparamente, fiel a mi actitud de hacer lo que me salga de la fañagüeta en cada momento, me lancé al ordenador a empaparme de la actividad profesional de Stana Katic, más conocida como la mi Beckett, y, ¡oh sorpresa!, me he encontrado con esto*.

Desde aquí os lo digo: aún me tiemblan las piernas, circunstancia que he de arreglar inmediatli, si no quiero que la mi Marcelilla y lamirmana me den un monumental repaso en la partidita de golf que vamos a jugar esta tarde.
Ya me había impactado en su momento, cuando vi la peli que, por cierto, es estupenda, a la par que edificante, y muy recomendable. Pero, claro, descubrir a la mi Beckett en semejantes circunstancias me ha dejado completamente y absolutamente kaos.
Voy a zamparme unas andariquinas y una ensalada de pasta a ver si consigo quitarme de la cabeza la escenita recomponerme para afrontar con dignidad la partida de esta tarde. Aunque, si he de ser sincera, me temo lo peor.
*Dedico esta secuencia al mi Cañón del Colorado con motivo de su cumple: no te has de preocupar, beibi, como podrás comprobar por este bonito post, el avance del calendario es inexorable, sus efectos sobre la anatomía, a veces, devastadores, pero la mente, ¡oh, la mente!, permanece impertérrita. La mía, concretamente, anclada en la adolescencia, así que no desesperes, bombón.

sábado, julio 10, 2010

La vida agradecida de las palabras

Ya sé que estaréis pensando que soy una desaboría, que con todas las palabras tan ideales que me habéis dedicado a raíz de mi post anterior no he encontrado ni un minutín para responderos ni para devolveros la visita a vuestros blogs.
Tenéis razón. Bueno, un poquitín de razón.
El caso es que, tener, voy teniendo un poco más de tiempo. Como el trabajo que he desarrollado durante estos cinco últimos cursos ya me tira del aire y, a mayores, fruto de mi mala cabeza las tensiones laborales se me ha revuelto la hernia discal y estoy yendo a rehabilitación, porque tengo la espalda plagadita de contracturas, tal que un cocido madrileño de garbanzos gigantes, como los de Gulliver en el país de los ídem, pero no he pedido la baja porque, total, pal tiempo que me queda en ese convento no me merez la pena y, oyes, con el trimestrito que he tenido, que tal pareciera que me pagaran el mismo sueldo que al director de la Agencia F, que me cae estupendo y todo, Álex Grijelmo, pero que para mí quisiera yo sus retribuciones, me estoy tomando las cosas con más calma y dedicándome a otros menesteres, a saber, dos puntos,
-Jugar al golf con la mi Marcelilla todo lo que puedo.

Subida al tee del 8 en Las Caldas

-Pasarme cinco días, cinco, en un balneario, a todo lujo y alcanfor con la mi M, a fin de reponernos, ambas, del trajín de este jodío curso y, de paso,

La mi M en la habitación del hotel del Balneario
aprovechar para hacer un recorrido turístico y cultural por la zona.

El mi S. Martín de Frómista de mis entretelas
Luego, por qué no decirlo, es que como estoy tan hartita de ordenador, pues, que no lo enciendo, en mi casa. Y, claro, si no lo enciendo, mal voy a responder a vuestros cariñosos, a la par que jocosos, comentarios, a actualizar ni a visitaros.
Ahora bien, desde aquí os lo digo, la auténtica y verdadera causa por la que estoy alejada de esta panalla, es porque el tiempo que me queda libre se lo dedico a ella.

La mi Becket (¿no ye una monada?)
Sí, queridas amigas, amables lectoras, público en general, la tele ha vuelto a regalarme (¡Loada sea la Señora, loado sea su Santo Nombre!) un personaje de ficción con el que alimentar mis fantasías erótico festivas de transición al celibato total (XXXVIII): la inspectora de homicidios Kate Becket, de la serie Castle. Serie que desprecié en su día por el tema del hartazgo de los protagonismos masculinos, pero que, ¡oh sorpresa!, resulta que un día, haciendo zapping durante la publicidad de otra serie, cuyo nombre se me ha borrado de la memoria a causa del impacto visual, voy y, ¡zas!, me encuentro con ELLA. Y prendeme, oyes, pren-de-me. Así que, aquí estoy, prendada y con la gran suerte de que como la pillé a más de la mitad de la segunda temporada, y me están reponiendo la primera, téngolo casi todo por ver, y contemplar. A esto lo llamo yo tener suerte en esta vida.
¡Hala, guapinas!, voy a hacer las tareas propias de mi condición, que he quedado con lamirmana y la mi Marcelilla para hacer dieciocho hoyos, dieciocho, a primera hora de la tarde.
Japi güi ken, beibis.

sábado, junio 19, 2010

La vida cansina de las propias mismiedades

Así, a lo tonto lo bailo, resulta que llevo casi tres meses sin tocar este blog.
¿Por qué?, os preguntaréis.
¿Porque me he cansado de este mundo bloguero, que tantas satisfacciones, risas, empujones y estupendos ratucos de ocio me ha proporcionado? No.
¿Por qué me he enamorado de una mujer de carne y hueso, que me tiene sorbido el sexo seso y no me queda ni un instante para sentarme ante el teclado, a causa de que tengo otras teclas más estimulantes que tocar? No, cagunmimanto, no. Ojalá, pero no.
¿Por qué se me ha acabado la cuerda y no tengo nada que contar? Pues va a ser que tampoco, oyes.
Lo que me ha pasado esta temporada es que he llegado a la cota máxima del hartazgo, con sus correspondientes daños colaterales: desánimo, inapetencia, aburrición, cascancia...
Sí, queridas amigas, amables lectoras, público en general, estoy tan harta que más no lo puedo estar.
Harta, por qué no decirlo, de mí misma. De mi misma y mis propias mismiedades.
Podría parapetarme tras la idea de que mi hartazgo se debe a la estulticia generalizada que me rodea (que es mucha), pero no, que esté harta y disminuida en mis facultades no significa que haya perdido el norte.

Lo que me jode es que la estulticia, la grisura, la estrechez de miras, la mezquindad que me rodea me hayan afectado como lo han hecho. Lo que me jode es haberme dejado arrebatar el humor.
Lo que me jode, ¡hostia, cómo me jode!, es haberme dejado comer el hato.
Pero como todo tiene un límite en esta vida y, a mayores, mis propias mismiedades son mías y de mi solita depende mantenerlas a ralla, hasta aquí hemos llegado, mis mismiedades y yo.
Y quien no esté conforme, que se ponga, o no, que a mi me trae al pairo.
Y la que sea fea, que haga los recaos de noche.

sábado, abril 10, 2010

La vida conmovedora de los fotogramas


La crítica, como siempre, dirá lo que quiera de esta película, basada en un hecho real, por cierto. De hecho, ya lo ha dicho, como pude comprobar ayer, cuando llegué del cine y me lancé, cual posesa, a la Internet a leer todo lo que pude sobre ella.
Lo que yo digo es que la única pena que tengo es no haber podido averiguar, aún, quién toca ESE violín.
Y luego, ya, para quienes penséis lo que estáis pensando: pues sí, oyes, SÍÍÍÍÍÍ.
(Si no váis a ver la peli, habéis de ver el trailer y me decís. Mejor la peli, of course, beibis)
PD: Mientras escribo este post escucho la versión del Concierto para violín y orquesta en Re mayor, op. 35, de Tchaikovsky que grabó, en 1977, la Filarmónica de Berlín, bajo la dirección de Ferdinand Leitner y David Oistrach al violín. Sí, en vinilo.
PD2: Calvin, fía, mira a ver si vas a ver la peli y averiguas quién toca el violín. En su defecto, cualquier versión que se aproxime a la de la peli, estará bien.

sábado, marzo 20, 2010

jueves, marzo 04, 2010

La vida gloriosa de las decisiones

Tengo que lo decir aquí, a la bendita pública, estoy que no quepo en mí del gozo.
Resulta que, como ya explicó la mi
Marcelilla en el su blog, he retomado mi deporte favorito de los últimos tiempos.
Harta ya de estar harta de pasarme los domingos en el sofá de casa de mi santa madre, ora sentada, portátil sobre las piernas, ora tumbada cuan larga soy, mantita a cuadros mediante, roncando como Pepe Pótamo, decidí volver al golf, deporte que fui abandonando progresivamente desde hace casi tres años, a causa de la pérdida irremediable de mi magnífico, a la par que efectivo, swing, en un momento en el que, por fin, comenzaba a bajar hándicap. Semejante y desastrosa vicisitud me abocó a una profunda crisis golfística y, cansada de dar rabazos por los campos, me instalé en el sofá de mi madre los sábados y domingos invernales. A pudrirme.
Pero como llega un momento, en la vida de toda persona humana, en el que, o bien rompes con la inercia del tedio, o bien te destroza ella a ti, decidí poner coto a mis propios desmanes y hacer caso a lamirmana, que llevaba dándome la brasa año y medio para que diera unas clases, a fin de recuperar el swing perdido. Iba a lanzarme sola al estrellato cuando se me iluminó el bombillo y le sugerí a la mi Marcelilla que acompañara a probar suerte a ver si, de paso, dejaba de destrozarme las camisas con el rimel, cuando se apoyaba en mi hombro a llorar sus males de amores.
Aceptó.
El martes dimos la primera clase. Ella de iniciación, yo a lo de la recherche du swing perdu. Y, muy bien, oyes, muy bien. Ella, muy bien, yo, no pienso hacer declaraciones. Pero terminamos muy contentinas, ambas, cada cual por sus propias razones.
Ayer, miércoles, a eso de las dos y pico, que estaba, yo, disponiéndome a cerrar el chiringo para venir a comer, cuando me suena el móvil.
—¿A qué no sabes de dónde vengo?
No me lo podía creer. No daba crédito.
—¡Ah zorra! (desde el cariño)
—Dos cubos de bolas (cincuenta) me acabo de ventilar. Y no veas lo bien que me salieron. Marmarita, creo (vivan los eufemismos) que me estoy enganchando
Así que, esta tarde, nada más salir de trabajar, allá nos fuimos, las dos, a poner en práctica las enseñanzas de nuestro profe.
(La que suscribe, cuando le sacaba virutas a la madera 5 de calle)
Desde aquí los digo, soy consciente de que recuperar mi magnífico, a la par que efectivo, swing no va a ser tarea fácil y de que, como me descuide, la mi Marcelilla me va a dar sopas con honda.
Pero estoy encantada de la vida. Uno, porque he conseguido romper mi propia inercia y, dos, porque como enganchar se enganche vamos a ganar todos los trofeos por parejas que se jueguen en cualesquiera de los campos de Asturias, y parte del extranjero. Y sino, al tiempo.

sábado, febrero 27, 2010

La vida equívoca de las críticas cinematográficas

Hacía muchos viernes que no compraba El País. En realidad, llevaba sin comprarlo desde que sus responsables tuvieron a bien regalarnos aquella primera estúpida portada, del primer EPS del año, en la que se veía a Natalia Verbeke semidesnuda en una cama, en ese tipo de actitud que tanto gusta al género masculino. Portada que, a mayores, compensaron (para que no nos quejemos) con una contraportada del diario en la que aparecía el torso desnudo de un muchacho anunciando no sé qué colonia.
Que ya está una harta, oiga.
Pero ayer, lo compré (el libro que estoy leyendo es demasiado gordo para manejarlo en la calle, mientras paseo con mi par de almas peludas) y, cómo no, me dirigí a la sección de las críticas de cine.
Ataco, con fruición, la que nos ofrece Javier Ocaña de An education, que titula La universidad de la vida. El primer párrafo me atrapa. Es más, me emociona. Don Ocaña me ha dado en todo el ojo; veo reflejadas en sus palabras mis propias ideas sobre el tema: [...] "Se nos va el tiempo en palabrería disfrazada de terminología técnica, en subterfugios conceptuales..., en inamovibles programaciones. Y se olvida la base: la motivación".

Cuando llego al momento en el que califica a Lone Scherfig como “una narradora poderosa” y, a mayores, no sólo no desguaza a la novelista Lynn Barber, en cuya biografía se basa la historia, si no que la pone por las nubes, ya, NODO y crédito, y hasta decido que voy a convencer a la mi M para que vayamos a verla, la echen donde la echen (Oviedo o Gijón, porque en Avilés ya sé yo que no va a ser).
Pero, ¡oh, pero! Llego al último párrafo y el castillo de naipes que había ido construyendo se me cae sin necesidad de ciclogénesis alguna.
¿Cómo he podido ser TAN ingenua? ¿Cómo he podido creerme que ESE hombre podía apreciar el trabajo de, no una, sino DOS mujeres, así, por las buenas?
Adiós a su certera visión de la educación; adiós a sus loas sobre la novelista y la directora; adiós a su apoyo sobre la forma en la que la pelçicula trata el papel de la mujer en el hogar,y fuera de él. Adiós, arrivederci, adieu, good bye Lenin, sayonara beibi:
[…] "An education puede desconcertar a una parte del público por las veladas intenciones de esa especie de pigmalión que dobla la edad a la joven, y que acaba ejerciendo de mentor, compañero, amante, hermano mayor y profesor de la existencia".
¿Así que era eso, eh? ¡Cagun mi máquina!
Hace poco, un querido amigo me dijo que encontraba mis reflexiones sobre este tema del machismo pelín neuróticas, que mi razón producía monstruos machistas, que mejor me lo hacía mirar.
Será eso, oyes, será eso.
Fuimos a ver Precious. Y me enamoré de Miss Rain (que no de Paula Patton). Y deseé, por un momento, que al llegar a casa alguien me recibiera de la misma manera que la reciben a ella; que alguien me apoyara, como la apoyan a ella; que alguien me mirara como la miran a ella; que...
Sobre el resto de las sensaciones y emociones que me produjo la película no voy a hacer declaraciones.

sábado, febrero 06, 2010

La vida misteriosa de las conexiones neuronales

Desde aquí lo digo, y lo confieso: no veo los documentales de La2*, y no tien mal que parecer. Soy consumidora de series (Bones, Perdidos, House, Vaya semanita y, este año, de nuevo GH) y de Informativos.
Pero, ¡oh, pero!, esta mañana, mientras desayunaba, vi el programa nº 32 de Redes, que trata de la misteriosa vida de las conexiones neuronales, o sinapsis, y de la energía que gasta el cerebro en su funcionamiento.
(Neuronas cerebrales en plena y enloquecida sinapsis mientras te dedicas a pensar en las musarañas)
El hombre al que entrevistaba Punset, ha comprobado que el cerebro gasta el 20% de la energía (glucosa) que consume nuestro cuerpo al completo.
¿Cómo? ¿Haciendo sudokus, crucigramas, o resolviendo intrincados problemas matemáticos? No. Resulta que, cuando más consume es cuando dejamos la mente en blanco, cuando nos entregamos a ensoñaciones varias, cuando se nos va la santa al cielo, momentos, estos, que el cerebro aprovecha para crear nuevas sinapsis.
Parece ser que estos estados propician que el hipocampo, que es el que maneja nuestros recuerdos (memoria), se ponga en contacto con la corteza pre-frontal, encargada de nuestros planes de futuro, y, entre las dos, producen unas asociaciones que nos permiten anticipar futuras acciones, sobre la base de informaciones que hemos almacenado, pero de las que no somos conscientes. Semejante trabajazo tira de la glucosa a todo tirar y, a mayores, aprovecha los datos almacenados para crear nuevas realidades, asaz beneficiosas para nuestros intereses.
(Unos de mis rinconcillos favoritos para lo del dolce far niente)
De todo ello he deducido que, ahora que me he puesto en plan de liberarme de esos kilos de más, que desvirtúan mi silueta, y que he acumulado haciendo trabajar mi cerebro como una mula de carga, cuanto más tiempo dedique al dolce far niente, cuantos más mandalas pinte, cuantas más horas emplee en pensar en las musarañas, más glucosa consumiré, o, lo que es lo mismo, más adelgazaré.
¿No es ideal, el descubrimiento?

*Dato que aporto para las posibles candidatas que den en presentarse al casting que abriré en breve.

miércoles, enero 13, 2010

La vida gratificante de las actividades profesionales

Tengo que lo decir, aquí, a la bendita pública: esta tarde, la mi Marcela y yo, sobre todo la mi Marcela, hemos triunfado. Si llamamos triunfar a dar toda la trascendencia que estaba en nuestras manos a un tema de capital importancia para nosotras.
Sí, amables lectoras, queridas amigas blogueras, hemos triunfado y, a mayores, la hemos montado. Y bien montada. Porque nos apeteció, porque nos dio la gana, porque nosotras (y vosotras, mujeres del mundo mundial) lo valemos, y, sobre todo, porque podemos.
El caso fue que esta tarde inauguramos, a bombo y platillo, dos actividades de Educación para la Igualdad (un curso, que imparte la mi Marcela, y un Seminario que coordino yo), con una conferencia de la mi Marcela: Análisis del sexismo en los materiales de aula y los medios de comunicación.
Y como el tema lo vale (como nosotras), que ya está bien, ¡leches!, de tanta invisibilidad, de tanto menosprecio, de tanta ignorancia, de tantas aviesas intenciones, de tanta minusvalorización y tanta mala educación en todo lo que atañe al mundo femenino, y de tanta violencia contra las mujeres, quisimos darle la relevancia que se merece e invitamos a las autoridades, para dar más realce, aún, al evento. Y llamamos a la prensa, para que se hiciera eco de ello.
Oyes, y vinieron, las autoridades y la prensa. No todas las autoridades, porque la Directora del Instituto Asturiano de la Mujer agarró uno de esos virus malignos que andan circulando por ahí y está postrada, la pobre, pero sí que estuvo la Alcaldesa de Avilés, a la que acompañó la Concejala de la Mujer.
(La que suscribe, junto a la Alcaldesa y la Concejala de la Mujer)
Fantástica, la Concejala. Regia, como siempre, nuestra Alcaldesa que, desde aquí lo digo, es un pedazo de persona, de mujer y de regidora. Regia, cercana, afable y, lo que también es importante, transmitiendo la importancia que tiene la educación para acabar con la lacra del sexismo brutal que azota ésta, nuestra sociedad, trasnochadamente machista y patriarcal, aún.
Y la mi Marcela dio una ponencia brillante, a la par que certera, con su gracejo, desparpajo y buen hacer habitual, que no solo arrancó carcajadas al nutrido auditorio, sino que, como es habitual en ella, abrió ojos, y mentes, y sembró la semilla de la conciencia crítica que tanta falta hace en este mundo, en general, y en nuestra profesión, en particular.
(La mi Marcela en un momento de su intervención estelar. ¿Qué digo estelar? INTERESTELAR)
Desde aquí te lo digo, Marcela mía, yes oro molido, fía. Y no tien mal que parecer.
PD: Aprovecho esta oportunidad para deciros que ésta, y otras actividades no tan gratificantes, aunque necesarias para mi trabajo, son las que me apartan de mi ventana, y de las vuestras, y que es por ello, oyes, que no me prodigo más, ni en vuetros blogs ni en el mío. Pero... la vida es así, que no la he inventado yo. Ahora bien, en cuanto tenga un ratín libre, allá voy.
 
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