miércoles, febrero 02, 2011

Lip Service,

o las resultas de mi estancia en Glasgou, este finde, de la mano de la mi Marcela.
Tengo que lo confesar a la bendita pública: me he vuelto a enamorar perdidamente. No, que no cunda el pánico, el objeto sexual de mis desvelos no ye de carne y hueso. Bueno, sí, de poca carne y mucho hueso, es, la muchacha, en la vida real, pero el enamoramiento, no podía ser de otra manera, maldita sea, ye virtual. Vamos, que me he enamorado del personaje. Personaje al que acompaña, a qué negarlo, un físico.
Este físico:
Sí, lo sé, demasiado delgada, demasiado joven para mí, que podría ser su madre, demasiado enloquecida, demasiado atormentada, demasiado de todo, pero ye lo que tien en asunto de los enamoramientos virtuales, oyes, que te puedes enamorar de quien te dé la gana, que no corres peligro alguno. Además, después de ver este bonito video, subido a YouTube por bopradar, a quien he de quedar agradecida para los restos, comprenderéis que no he podido resistirme.
Ahora bien, desde aquí os lo digo, además de enamorada hasta los tuétanos, estoy deprimida, pero deprimida, lo que se dice deprimida. Vamos, hundida en la miseria.
Y, es que, aquí lamiFrankie, protagonista de la serie lésbica Lip Service*, es un retrato fidedigno de las que han sido los grandes, y pequeños, amores de mi vida, que, a qué negarlo, tan bien he retratado en
la mi novela por entregas, que terminaré de corregir un año de estos, al objeto de que podáis leerla en papel, que lo de leer en pantalla es un rollazo de tomo y lomo.
Y es que, claro, cuando una llega a una edad, provecta, y a unas circunstancias vitales acordes con la edad y la condición, y comprueba que aún podría perder la cabeza por alguien como ella, aunque sea virtualmente, y no tan virtualmente, se le caen, a una, todos, absolutamente todos, los palos del sombrajo.
PD: Las que no la hayáis visto, ya os estáis poniendo a descargarla de Series Yonkis, antes de que la Ley Sinde nos haga la pascua, que voy a empezar a darle caña, a la seire y a los personajes, y no quiero que me echéis en cara que os la reviento.
*Producida y emitida por la cadena pública británica BBC. Eso sí que es una cadena pública.

domingo, enero 30, 2011

No me esperar...


toy pa Glasgou (con Marcela).

martes, enero 18, 2011

La vida mágica de las palabras

Por mucho que diga el mi Edu que leer, lo que se dice leer, hay que leer en el sillón lector, u orejero, yo soy de las que he leído, y lee, en cualquier sitio, como se puede apreciar en este gráfico y en este otro.

A los 5 años, devorando uno de los tebeos que mi padre nos compraba cada domingo.

A los seis años, detrás del orejero, o sillón lector.
Ahora bien, mi lugar favorito, sin lugar a dudas, ha sido, y es, la cama. Desde que me alcanza la memoria, me recuerdo leyendo en ella. Quizás porque, durante los primeros años de la infancia, antes de empezar al colegio, y luego los sábados y los domingos, mi añorada tía E. me llevaba el desayuno (café con leche y rebanadas de pan con mantequilla), en una bandeja de patas, y me dejaba leer hasta que me cansaba; quizás porque como la televisión llegó a mi vida cuando ya me había hecho adicta, de aquella, no encontraba mayor placer que ponerme la cena en una bandeja y meterme en la cama a devorar las Torres de Malory, los cursos en Santa Clara, las aventuras del Club del Pino Solitario, Celia, Huckleberry Finn, Monsieur Poirot, los viajes a la luna, al centro de la tierra o el fondo del mar, las biografías de Josltomer, Cordera, Miguel Strogoff, Oliver Twist, Cyrano, y todo ese largo, larguísimo etcétera de personajes que me han acompañado desde que me enganché.
Pero hacía mucho, muchísimo tiempo, que no volvía a la cama, después de desayunar, o me preparaba la bandeja con la cena, y me instalaba en la cama a babear. Ni siquiera con “El viaje del elefante”, o “Caín”, que leí por la calle, durante mis paseos perrunos.

Lo que más me alegra es que haya sido ella, precisamente ella, la que me haya ayudado a recuperar una de mis costumbres favoritas de todos los tiempos.

domingo, enero 09, 2011

La vida reveladora de las señales (del Universo)

Viernes, 7 de enero de 2011. En mi barrio, que no en el de la mi M —según me cuenta cuando hablamos un poco más tarde—, ha amanecido un día esplendoroso, después de ni sé cuántas jornadas grises, lluviosas y desapacibles.
Una buena ocasión para trasplantar mi maranta, que me la he encontrado agonizante, a la vuelta de mis vacaciones en casa de la madre que me parió.
Cuando salgo a la terraza en busca del saquito de tierra, mis ojos reparan en una escena aterradora: un abejorro, intenta zafarse de la tela que Ella, Laraña, ha tejido entre una de las macetas y el alfeizar. A, escasos, cinco centímetros, la astuta y hábil tejedora, avanza directa hacia su presa, dispuesta a rematar la faena. En una décima de segundo, la que separa a la víctima de su fin inminente, cojo las tijeras, abandonadas, allá por el mes de octubre, al otro lado de la maceta, después de la última poda de la tomatera que albergaba, y me apresuro a cortar los hilos de la mortal trampa.
Mientras, Ella, Laraña, paralizada un instante por la sorpresa, se apresura a refugiarse en su guarida, él alza el vuelo a velocidades de vértigo. En su desesperada huida, no repara en la ventana lateral de la terraza (a pesar de que no es que esté guarro el cristal, no, es que parece haber inventado, él solito, el conceto), contra la que se estrella. Sin embargo, haciendo caso omiso del dolor que, con seguridad, le ha infringido la colisión, en una maniobra digna del más experto de los pilotos, rectifica la trayectoria, realiza un vuelo paralelo al obstáculo y se pierde en el azul infinito.
Moraleja: Por desesperada que sea la situación, siempre habrá una mano amiga dispuesta a ayudarte a levantar, otra vez, el vuelo.

jueves, enero 06, 2011

La vida imaginativa de las mañanas ociosas

Si creíais que iba a ser la única fumadora que no se manifestara, o manifestase al respecto, es que no me conocéis lo más mínimo.
Vamos a ver, para empezar, que quede claro que estoy completamente de acuerdo con la susodicha ley. Gracias a ella, las cafeterías y restaurantes volverán a llenarse de criaturas correteando entre las mesas, sin exponer sus tiernos pulmones al humo asesino, bien sea acompañadas por mamá y papá, papá y papá, mamá y mamá, güelito, o güelita; las mamás de la asociación Pro-amamantar, podrán dar el pecho a sus criaturas en cualquier garito, a cualquier hora, sin poner en peligro la salud de su lactante, para regocijo de toda la concurrencia.

Ahora bien, desde aquí os lo digo, a esta, como a todas las leyes progresistas e innovadoras, le falta la consiguiente partida presupuestaria para desarrollarse en toda su magnitud.
Por ejemplo, para volver a levantar, en cada Plaza Mayor de todos los pueblos y ciudades de este Reino, un rollo (ignífugo, of course) en el que amarrar a quienes se empecinen en continuar atentando contra la salud pública con los malos humos de sus cigarrillos, a fin de que se sometan al merecido escarnio público.

De contar con fondos suficientes podría, a mayores, complementarse con una pira (ignífuga e incruenta, of course) en la efectuar unos buenos tratamientos de choque, a base del humo procedente de la quema de residuos sólidos urbanos (RSU), de procedencia orgánica, con lo también se contribuiría a la eliminación de estos residuos.
Lo de la pira tendría una ventaja añadida. Se podría contratar a todos los tenores sobrantes de los espectáculos musicales que no van a poder representarse a causa de la crisis, para que amenizaran el evento con la interpretación de la celebradísima aria de Il Trovatore, de Verdi, Di quella pira (Di quella pira l'orrendo foco…), con lo que, a mayores, se fomentaría, entre la juventud, el amor por la ópera.




Bueno vale, podrían alternar los tenores con las sopranos, que interpretarían, por ejemplo, el O mio babbino caro, de Puccini (que no tiene nada que ver, pero que me gusta a mí).


Desde aquí, en esta mañana de Reyes, gris, lluviosa y desapacible, os animo a que aportéis vuestras propias ideas, que me comprometo a enviar a Leire Pajín.

miércoles, enero 05, 2011

La vida compensatoria de las carencias

Como ya comenté el año pasado por estas mismas fechas, hace varios (años) que mi familia dejó de celebrar la que ha sido mi festividad favorita de todos los tiempos: la de los Reyes Magos,
“Yo prefiero regalarme a mí mismo lo que me apetezca”, argumentó mi hermano nº 4, causante principal de la ruptura de tan señalada tradición familiar.
Ya, pero es que mí, concretamente, me hace mucha más ilusión regalar y que me regalen. Pues te jodes, como Herodes, debieron pensar él, y el otro, el nº 2, que se apresuró a secundar la moción, contribuyendo, así, a que la baraja se rompiera, definitivamente. Porque, vamos a ver, yo puedo regalarme lo que me salga del mismísimo arco del triunfo en cualquier momento del año, pero, las cosas como sean, no tiene ni punto de comparación, el tema.
Pues, no disfrutaba, yo, ni nada, ejerciendo de Reina Maga, saliendo a comprar los regalos de mi invisible, incluido el obligado regalo chorras, eligiendo, entre los de su lista los que pensaba que le harían más ilusión; no disfrutaba, yo, ni nada, cuando abría sus paquetes y comprobaba que había dado en el clavo; no disfrutaba, yo, ni nada, cuando desenvolvía los míos y me encontraba, además de lo que había pedido, una o dos pijaducas, de esas que te hacen sentir que quien te regala te conoce tan bien que acierta hasta en eso, en una pijada insustancial. No disfrutaba, yo, ni nada, con el momento en el que, después de desayunar el chocolate, que hacía mi madre, acompañado por el consabido roscón, abríamos, por riguroso orden de edad, nuestros regalos; con las explicaciones detalladas de mi hermano nº 2 a cada uno de los regalos elegidos para su invisible, con los comentarios de unos y otras.
Desde aquel año aciago, hace cinco, ya, no he tenido ni un solo regalo de Reyes. Pero éste, mira tú lo que son las cosas, he decidido regalarme un par de cosillas, coincidiendo con esta fecha. Hasta ahora me había negado a autoregalarme, pero, como dice un amigo mío, "Obligada te veas".
Y como yo soy de las que, como dice una que yo conozco (que ni es amiga y, ya, gracias a los cielos, no es ná), "Cuando frego, frego", no he reparado y me he regalado, a saber, dos puntos, este sofá (pendiente de que la mi M me ayude a escoger el color de la tela), diseñado por Bruno Branssi para Sancal, en el que voy a dormir unas siestas de campeonato, sin que mis cervicales sufran ni un pirrisquitín, que el que tengo ahora me las tiene masacradas.

(Aquí, otras perspectivas del mi sofá nuevo)
Y un par de sillas como estas, del reputado diseñador inglés Jasper Morison, que harán muchísimo más cómodas, a la par que confortables, las horas que nos tiramos, la mi M y yo, dándole al naipe y a la letra, y que vamos a inaugurar el mismísimo día de Reyes con una timba comilfó.

(Aquí, mis sillucas nuevas ambientadas)
También me he comprado unos zapatinos de golf, que más que capricho eran una necesidad, pero que los añado al lote porque me da la gana.
¡Ah! Y el que sea feo que haga los recaos de noche de Reyes.

viernes, diciembre 31, 2010

Al 2010, GRACIAS, sobre todo, sobre todo, porque el susto que nos dio elmicuñao, que más que cuñado es un hermano más, no sólo porque mi hermana y él lleven juntos más de media vida (empezaron siendo adolescentes) y porque sea amigo de mi hermano nº 2 desde que tenían 12 años, si no porque es una de las mejores personas que conozco, sólo se quedó en eso, en un susto. Gordo, pero susto.
Gracias por las personas a las que quiero y me quieren.
Gracias por los paseos por Xagó, por los baños y las siestas bajo la sombrilla en el mi pedreo, por los mandalas después de desayunar, por las siestas bajo la manta, por la calefacción en los días gélidos del invierno, por las tardes de los viernes, por las noches de cine, por las partidas de golf, por mi vuelta a las aulas, por las sonrisas, y las lágrimas (que este año que se acaba sólo han sido de emoción, y no de tristeza); por Tiza y Bilbo; por lo que he aprendido, y seguiré aprendiendo; por las celebraciones familiares...
Gracias por el regalo de cada uno de sus 365 días.
Al 2011, que nos sea propicio, que nos ahorre los sustos y que, cuando toque hacer balance, también pueda darle las gracias. Por mí y por toda mi familia, por mis amistades y, cómo no por mis blogueras favoritas.

miércoles, diciembre 29, 2010

La vida efectiva de las prohibiciones

Durante las últimas tres semanas del primer trimestre de este curso, mi instituto vivió una orgía de expulsiones, en rigurosa aplicación del Plan de Convivencia (PdC):
-1falta leve=pedazo bronca amonestación verbal.
-2 faltas leves=2 recreos en el Aula de Castigo Convivencia (+ la bronca consiguiente).
-3 faltas leves=3 recreos en el Aula de Castigo Convivencia (+ la bronca consiguiente).
-8 faltas leves=1 falta grave=8 recreos=3 días de expulsión (+ la bronca consiguiente).
Ejemplo de falta grave: mirar por la ventana durante la clase de Actividades de Estudio (AES), mientras el profe estaba a su bola con el portátil. Bronca+3 días de expulsión.


Si os digo la verdad, me parece correcta, la aplicación del PdC de mi instituto. Uno de los objetivos de los centros educativos es preparar a su alumnado para integrarse en la sociedad. Sociedad, la nuestra, que funciona a golpe de prohibiciones y sanciones (punitivas).
Luego resulta la DGT descubre que de las 285 personas que participaron en un curso de sensibilización, obligatorio para quienes han perdido todos sus puntos, un 90%, aparte de reconocer sus errores y arrepentirse, no han vuelto a cometer infracciones.
¡Hostia, acabo de caer! Los cienes y cienes de euros de las multas sirven para pagar los cursillos de sensibilización. Pero es que llevamos decenas de muertes por tráfico, este año, y otras tantas el pasado, y el otro, y el que viene... Ya, pero si no ponemos multas no tenemos pelas para los cursillos de sensibilización. Es lo que hay.

Resulta, también, que más del 50% de quienes perdieron sus puntos y causaron accidentes con resultado de muerte iban pasados de copas.
Ya, pero fumar es mucho más peligroso para la salud pública, por eso hay que prohibirlo y, a mayores, convertir a quienes fuman en apestados sociales y hacerles pagar su vicio con impuestos suplementarios para cubrir los estragos que hacen en su propia salud y en la ajena .


¡Coño!, ahora que caigo. La orgía de expulsiones se concretó en 11, 9 varones y 2 chicas. De los 9 chicos, 3 tienen padres alcohólicos, 2 drogadictos, otro no tiene padre y otro padre lleva 10, de los 13 años de vida de su hijo, en la cárcel.


Sí, pero fumar perjudica gravemente la salud. Además, el alcohol, como los toros, forma parte de nuestro acervo cultural.

jueves, diciembre 23, 2010

La vida afortunada de la existencia

Después de cinco años, cinco, de hacer encaje de bolillos con moscosos y canosos para montarme unas vacaciones docentes (según los parámetros vigentes en mi profesión); después de cinco años, cinco, de coordinarme con el resto del equipo para evitar que la sede se quedara vacía en unos días en los que no nos visitaban ni las arañas; después de cinco años, cinco, de contemplar los caretos del jefe por hacer uso, que no abuso, de mis derechos y no regalarle a la administración ni uno solo de los días de descanso que me correspondían por mi edad provecta y condición de funcionaria pública; después de cinco años, cinco, de tonterías y estupideces varias, hoy veintitrés de diciembre de 2010, doy por inauguradas mis vacaciones docentes.
Circunstancia que voy a celebrar como se merece, es decir, regalándome un día ET+sofá+mi caaaaasssa, aprovechando que la lluvia pertinaz y el frío invernal me van a impedir salir a otra cosa que no sean los paseos preceptivos con mis amores peludos.

Y como soy de las que disfrutan con la Navidad, a pesar de todos los pesares, aquí os dejo una bolina que no es una de las ciento seis de mi colección, pero como si lo fuera, a modo de felicitación,



y os conmino y animo a que entonéis conmigo, aunque solo (cómo me cuesta no ponerle el acento) sea el estribillo de mi villancico favorito.
¡Hala, todas conmigo!





Güi güich yu a Meri Crismas, güi güich yu a Meri Crismas, güi güisch yu a Meri Crismas an a Japi Niú Yir
PD: He puesto tanta foto y tanto perifollo para quitar de la pantalla la cara de Bardem, que es que no la puedo ni ver, oyes.

miércoles, diciembre 08, 2010


domingo, diciembre 05, 2010

La vida relativa de los concetos

Entro el el blog Controladores aéreos y otras hierbas, a sugerencia de Mam, en su respuesta al post de Morgana.
Cinco mil dos (5002) comentarios a la entrada "A ver si nos entendemos", tiene la rapaza controladora y mártir. Por supuesto, le dejo mi comentario, que no logro publicar, no sé por qué, aunque imagino que será porque no da abasto. Por cierto, no consigo entender como puede mantener un blog con tal calibre de comentarios, a los que responde puntualmente, con semejante ritmo de trabajo (tropecientas horas al mes, a turnos MTN, sin vacaciones, ni fines de semana, ni permisos para ver a su madre enferma, ni para ir al médico, ni nada).
Aspecto de una Torre de Control, pillada en Google
Como no he logrado publicar mi comentario, aquí lo dejo:

Yo también soy una privilegiada. Funcionaria. Maestra en Secundaria. 120 horas de media de curro al mes, en mi centro y alguna más en mi casa. Formación obligatoria gratuita, reuniones de equipos educativos, claustros, reuniones de evaluación, por las tardes, después de las clases.
Formación voluntaria, pagada de mi bolsillo fines de semana y vacaciones. Último encuentro de formación en Reggio Emilia, Semana Santa 2010, 1300 euros (58,8% de mi salario), viaje incluido.
No llego, ni de lejos, a los 30000 euros anuales, después de 33 (treinta y tres) años de servicio.
Para mí no vale aquello de "a igual trabajo, igual salario". El profesorado de Secundaria (con licenciatura+CAP), que no se ha formado específicamente para el trabajo que desempeña, y así nos va (en PISA, por ejemplo, y en los IES a diario, por más ejemplo), cobra un 20% más que yo, simple maestra.
Me han bajado el sueldo un 5%, como contribución a la crisis.
Solo cobre la paga extra completa (paga=sueldo) en TRES ocasiones durante estos 33 años, esta Navidad la veré reducida en un 60% porque lo del 5% tenía carácter retroactivo desde enero y de algún sitio me lo tenían que quitar. No me he quejado, hay gente mucho peor que yo (y mejor, pero...).
Secundé la Huelga General y me descontaron 116 euros. No me quejé, si no trabajo, no cobro.
Me han aumentado las horas de docencia directa y la ratio por aula.
Mis herramientas de trabajo siguen siendo la pizarra, la tiza, los atlas y los mapas murales. Ordenadores, cañones, pizaras digitales, una vez a la semana, si tengo suerte de pillar horario en las Aulas TIC.
Edificante aspecto de un aula de Secundaria, pillada en Google
Soy una privilegiada. Tengo un sueldo digno, un puesto de trabajo fijo y unas vacaciones estupendas, que me dan porque no pueden pagarme a tenor de mi categoría profesional y mi antigüedad.
Soy una privilegiada, me encanta mi trabajo.
Y chantajear a todo un país, mantener 600000 rehenes, provocar pérdidas multimillonarias, tirar la imagen de España por los suelos, con lo que supone el turismo para nuestro PIB, por mucho que os empeñéis, no tiene nombre, ni quien se lo ponga.

lunes, noviembre 29, 2010

La vida contraindicada de las palabras

Tengo que lo decir a la bendita pública: estoy hasta el moñete, o cola de caballo, de los paisanos, en general, y de algunos en particular.
En este caso, de los vecinitos con los que comparto el aparcamiento de mi edificio, que son cuatro hombres, muy hombres, todos ellos.
Resulta que el susodicho aparcamiento tiene cabida para cinco vehículos justo delante del portal, y para otros cinco en el lateral. Todo el mundo prefiere dejarlo delante del portal, entre otras cosas porque, ahora que llegan las heladas, están más protegidos. Pero hay que molestarse en ajustarlos, al objeto de optimizar (que se dice ahora) el espacio, pelín escaso.
Gráfico 1
Pues bien, como se puede apreciar en este gráfico, tres de mis cuatro vecinitos, tienen la jodía costumbre de dejarlo como les sale de la entrepierna, cumpliendo la máxima no escrita para los varones, en general, que dice aquello de: “Quien que llegue detrás, que arree”.
Harta ya de estar harta de tener que colocar el coche como puedo, se me ocurrió sacar unas afotitas para mostrarles el uso que hacen del espacio común. Y esta mañana, que me encontré con dos de ellos, me decidí a comentarles el tema.
¡Ay, amigüitas! ¿Quién me mandó? ¿Cómo me atrevo, yo, mujer, a decirles a ellos, hom-bres, que no aparcan bien? ¿Cómo me atrevo ni a insinuar que hacen un uso poco solidario del espacio común? Si hasta hacen maniobras, y todo, para dejarlo niquelao (como se puede apreciar en este otro gráfico).
Vamos, que fue decir, "Oye, L, qué bien que te veo. Quería comentarte que…" y el chorreo que me cayó fue monumental (de las Ventas), descalificaciones personales incluidas, con el apoyo de C, que llegó en aquel momento y se indignó como si le hubiera mentado a la madre.
C es el de la furgo. L el del coche negro. R, con el que no hablé, ni pienso hablar, porque pa qué, el tercero en discordia, que, en esta ocasión, lo dejó a dos metros de la valla lateral.
Conclusión: Ya lo decía San Pablo (“No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, si no que se mantenga en silencio”), lo que nos toca a las mujeres es callar, que lo que hace el varón está bien hecho, y si no te parece bien, te jodes, como Herodes.

jueves, noviembre 25, 2010

La vida reveladora de las palabras



Hace unos años, tantos como nueve, se me ocurrió mandarle un regalo de cumpleaños a Ana Mª Matute.
Antes de que confesara, no recuerdo la razón, que se había quitado un año, cumplía los mismos que mi madre. Entre eso, y que era una de mis autoras favoritas, le propuse a mi alumnado de 2º de ESO escribir un libro de cuentos, entre todas las clases, y enviárselo. Aceptaron mi propuesta y nos pusimos a ello.
Se trataba de homenajearla reescribiendo “El jorobado”, un cuento de diez líneas incluido en “Los niños tontos”.
Leímos muchos cuentos cortos, desde Monterroso a Quim Monzó, pasando por Rodari, Laura Esquivel… Por supuesto, los suyos. Algún fragmento de “Olvidado Rey Gudú”, de “El polizón del Ulises”, "Sólo un pie descalzo". Investigamos sobre su biografía. Supimos por qué empezó a escribir.
Desmenuzamos “El jorobado”, discutimos sobre él, sobre el significado de las palabras, los recursos literarios, la estructura interna y externa. Lo leímos del derecho y del revés. Cada cual, incluida yo, escribió su cuento, su propia interpretación. Plasmaron en él sus emociones, inquietudes, su visión del mundo. Su propio dolor adolescente.
Guardo en la memoria la cara de satisfacción de J, que sólo aprobó Lengua, aquel curso, a pesar de que repetía, quizás porque se levantaba a las cinco para ayudar, cada día, a su madre, trabajadora de la rula, antes de ir al instituto, cuando me entregó el suyo:
—Profe —me dijo, pensando que le recriminaría la extensión—, no llego a lo de Monterroso, pero casi, ¿eh?


“Era un niño que estaba siempre muy apagado. Su aspecto dejaba mucho que desear, porque nunca salía de la caravana. Su padre no lo dejaba salir porque al tener joroba se avergonzaba de él. Siempre hacía lo mismo para tenerlo contento, le llevaba juguetes y comida cara. Pero lo único que quería el niño era salir al teatro y hacer de guiñol para que los otros niños se rieran con él.”

Con todos los cuentos editamos un volumen que le enviamos, a través de su editorial.
Nunca nos contestó.
Me dio tal coraje su actitud, por la decepción de mi alumnado, por la mía propia, que no volví a leer nada suyo desde entonces.
Hoy, que he leído todo lo que publicó “El País” creo que he entendido el porqué de su silencio. Su segundo marido, el hombre de su vida, su compañero, el que la compensó del horror del primero que “no era malo, era peor”, se murió el mismo día de su cumpleaños. Normal que no quisiera celebrar ese día nunca más. Qué lástima que este dato se me hubiera pasado entonces, con todo lo que leí sobre ella. Qué lástima que no hubiéramos tenido la oportunidad de enviarselo con motivo del "Premio Cervantes"*, que deberían haberle concedido en aquella época, justo después de la publicación de "Olvidado Rey Gudú", tras veinte años de silencio. Seguro que nos hubiera contestado.

*Por cierto, ¡ya era hora, leches, ya era hora!

lunes, noviembre 15, 2010

La vida indecente de la realidad docente


S. corría en karts. Se le daba bien, tenía futuro. Ganó varios premios. También era un niño tranquilo, responsable y estudioso, al que las competiciones no le impedían presentar las tareas escolares en tiempo y forma.
Un buen día, el mundo de S. se vino abajo. Su madre, harta ya de estar harta, denunció a su marido. Se separaron, orden de alejamiento por medio. S. pasó a depender de sus abuelos maternos, su madre trabaja fuera de casa y no puede atenderlo.
S. tiene trece años y es un firme candidato a inquilino permanente del “Aula de convivencia”, vergonzante eufemismo para último invento de los institutos en el que aislar a los indeseables, vagos y maleantes que pueblan nuestras aulas. A estas alturas de curso, ya ha sido expulsado durante tres días por acumulación de amonestaciones (llegar tarde, no sacar la libreta, olvidarse la agenda, no hacer los deberes, fumar en el recinto...).
M. tiene trece años. Repite 1º de ESO. Es una niña violenta, a la que le cuesta muy poco trabajo levantar la mano, o lanzar una silla a quien le “vacile”. No hace los deberes. No estudia. No atiende en clase. Está a su bola. M. convivió con su hermana mayor, que tiene veintiséis, para ayudarla con su numerosa prole, mientras su marido entraba y salía de la cárcel, y la preñaba en cada salida, hasta hacerle ocho hijos. Hijos que, previo paso por las consiguientes instituciones, acaban de dar en adopción.
—Se los llevan todo, profe, todos, porque dicen que mi hermana no los puede atender —me dijo un día, que me la encontré llorando en el pasillo.
M lo va a suspender todo, esta evaluación. Si no fuera porque le ha caído en suerte una Tutora magnífica, M, también estaría condenada a ser inquilina permanente de la susodicha “Aula de convivencia”.
S y M son dos de los múltiples casos cuyas historias hielan la sangre. Hay más, muchas más.
Pero la preocupación de los equipos docentes sólo es una: no hacen los deberes. Y como no hacen los deberes, ni tienen hábitos de estudio y trabajo, y sus familias son de lo peorcito (“Este instituto debería llamarse Correccional de X, en vez de IES de X” —me comentó hace poco la orientadora), y “les importa un rábano la educación de sus hijos” (e hijas, añado), saldrán de esta institución pública, sostenida con dinero público, cuyo objetivo es minimizar las diferencias sociales, sin los cimientos de un futuro al que tienen derecho.

lunes, noviembre 01, 2010

La vida recurrente de los misterios culinarios

Resulta que las cecé o-¡oh!, que diría el ínclito Urdaci (sí, sí, emperatriz, ayer me tragué, tumbada en la seshlón, “Felipe y Letizia”) de la Enseñanza de Murcia, contrataron a la mi Marcelilla para que diera una sesión en un curso sobre lo suyo y, por supuestísimo, me ofrecía a acompañarla.
A mí, es nombrarme Murcia y salir disparada. Uno, porque es el lugar de residencia de mi amiga del alma y la niñez, y aprovecho la mínima oportunidad para disfrutar de su compañía, y de la de las amistades que tengo allí y, dos porque ahora, a mayores, también me permite reencontrarme con el mi Cañón del Colorado, alias Calvin.
Como es de suponer, nos instalamos en casa de la mi amiga y su esposo que, desde aquí lo digo, aparte de ser una de las personas más generosas que conozco, maneja la barbacoa con la maestría de un profesional. Y luego, ¡lo recoge todo y lo deja como los chorros!

Después de pasar el trámite de la charla de la mi Marcelilla, que estuvo en un tris de morir de éxito, para variar, y del madrugón (no van y le ponen la sesión a las 09:00), que fue de órdago, porque nos habíamos acostado a las 03:30 a. m., nos fuimos para casa, dispuestas a degustar el soberbio menú con el que nos iba a obsequiar el Rey de la Barbacoa, gamba roja y chuletitas de cabrito, a nosotras tres, Calvin, Marcelilla y yo, y otras seis personas más, en total once.
La comida discurría en un ambiente festivo, a la par que distendido, cuando, de pronto, surgió, de nuevo, el misterioso asunto de la tortilla de merluza, que ya, hace dos años, en situación similar, a punto estuvo de crear un cisma entre mis amistades murcianas. De nuevo volvieron a cruzarse las acusaciones, en un intento infructuoso por averiguar quien había sido la afortunada que se la había trincado, con la mi amiga del alma y la niñez, y yo. De nuevo se alzaron las voces acusadoras, esta vez contra Y., que hasta admitió haber sido ella, agobiada por las presionas a las que la sometió C., en un intento de hacerle confesar lo inconfesable. De nuevo se abrieron las viejas heridas, que estuvieron a punto de infectarse cuando Calvin, inconsciente de las consecuencias de su declaración, dijo:
—Yo también la he probado.
—¡Túúúúúúúú! —exclamaron varias voces al unísono, dirigiéndome, al tiempo, miradas cargadas de reproche.
—Es que hice 1300 kms para probarla… —se justificó Calvin.
—Yo, ni tengo la receta —se quejó A.— Nadie ha sido capaz de darme la dirección del blog…
—Pues a mí todavía no me la ha hecho —terció Marcelilla.
Sus palabras tuvieron el efecto de un bálsamo (¡Ah!, bueno, oyes, si Marcela, que también es íntima, no la ha probado…), y pudimos seguir mordisqueando las chuletitas de cabrito, y poniéndonos ciegas con los postres, sin que la sangre llegara al río (Segura).
Hasta nos fuimos a cenar, y todo, previa siesta reparadora, como si nada hubiera ocurrido.
Nuestra estancia en la capital murciana concluyó felizmente, tras una larga noche, en la que la mi Marcelilla volvió a solazarse con un gin-tonic, como la anterior, aderezado con los limones del limonero de la mi amiga, y un desayuno de lujo, que nos tomamos en el porche, a 29,8 ºC, antes de volver a nuestras latitudes, donde nos esperaban 8ºC y una lluvia pertinaz.
Eso sí, ayer, no me quedó por más que hacerle a la mi Marcelilla la tortilla de merluza que acompañamos, en esta ocasión, con unas gulas (del Norte), unos tomates de mi propia cosecha y un exquisito Ribera del Duero.
Ahora bien, desde aquí os lo digo, queridas Y, A y C, de este verano (D. m.) no pasa que os haga la tortillina para nuestra Cena de Chicas. ¡Ea!
PD: A.,
aquí te dejo la receta, para que vayas practicando.

lunes, octubre 18, 2010

La vida endémica de la actividad académica



Bueno, pues nada, oyes, ya estoy de nuevo, desde hace un mes, disfrutando de la vida escolar, o académica.
Hace un par de semanas, lo que es a principios de los corrientes (tres, cuatro, ocho, segundo piso,ascensor) asistí a mis primeras reuniones de Equipos Docentes, también conocidas como RED. Tutor de 1º de ESO, único varón del grupo. Departamento de Matemáticas.
“Imagino que ya habréis disfrutado de la magnífica experiencia del aula áurea”. Aula en la que, de veinte, catorce han repetido algún curso, bien en Primaria, bien en Secundaria. Alumnado de etnia gitana, cuatro; alumnado extranjero (from Brasil, República Dominicana, Ecuador y Rumania), cinco; alumnado de NNEE, dos. De etnia.
En este, como en el resto de los grupos, el mayor delito, y argumento educativo, es: No hacen los deberes. No tienen hábitos de estudio y trabajo.
Medidas pedagógicas: Llama a la madre.
El guión de la reunión también incluye el apartado “Evolución global del grupo” y que, grupo tras grupo, de los seis que me tuve que tragar, consistió en: Fulanita es un desastre, Menganito es un vago y un maleante, Citanito no tiene luces, A Perenganita, si pensara tanto en los estudios como en arreglarse, igual le iba mejor.
En un momento de la “Evolución global del grupo” de la cuarta reunión, concretamente, la del Aula Áurea, después de haber llenado mi libreta de anotaciones y dibujitos, y haberme mordido la lengua hasta hacerme sangre:
—Fulanita: es más corta que las mangas de un chaleco —afirma, el citado tutor— y, encima, NO HACE LOS DEBERES. Entre eso y que viene de la República Dominicana, ya podemos imaginar lo que va a dar de sí.
—Pues —digo yo, harta, ya de estar harta—, esta mañana nos estuvo contando un montón de cosas sobre Cristóbal Colón.
La cara de mi compañero docente, de habitual circunspecta, a la par que malhumorada, se iluminó con el mismo destello que imagino iluminó el rostro de Arquímedes antes de pronunciar su famosísimo ¡Eureka!, imprimiendo a sus palabras un tono de rabia no contenida:
—¡Ja, eso es porque le interesa!
Al día siguiente, Fulanita, cuando hablábamos de los movimientos de la Tierra, y les comentaba aquello de que, en la Antigüedad, se pensaba que era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra, levantó la mano y dijo:
—Eso es la teoría geocéntrica, profe.
No pienso decírselo a su tutor, no vaya a ser que le extirpe el interés a golpe de tedio.

miércoles, septiembre 29, 2010

La vida personal de las palabras


Sí, me he puesto en huelga. Lo dudé mucho, es cierto, pero al final me decidí, sobre todo porque me produce un asco infinito que al gobierno socialista, al que yo he votado, le traiga al pairo la Educación Pública y se la esté cargando a golpe de recortes. Recortes en personal que suponen, no sólo la supresión de puestos de trabajo, si no la sobrecarga horaria para el resto, que afecta directamente a la calidad educativa y a la atención necesaria a los segmentos más desfavorecidos de nuestra sociedad; en recursos materiales para los centros; en proyectos educativos a los que se les corta la subvención de raíz sin mediar explicación; en etapas fundamentales, como la Educación 0-3, que han arrojado a los pies de los caballos; en la implantación del Plan Bolonia, que si se descuidan, ni ponen en práctica; en la Formación de Profesorado; en las ayudas a las familias con escasos recursos materiales; en I+D+I. Etcétera, etcétera, etcétera.
Para compensar este aciago día, Alson me ha concedido este premio, que ya he recogido y por el que, desde aquí, le doy las gracias.

sábado, septiembre 25, 2010

La vida soporífera de los fotogramas

Desde aquí os lo digo, no se os ocurra gastaros los dineros en esta horripenda, pretenciosa, aburrida, manida, insustancial y absurda "película".
Con deciros que la escena en la que él, que se esconde de los asesinos suecos que se lo quieren cargar en un pueblo italiano al pie de las montañas, se va a una casa putas y mientras la que le toca en suerte (que luego, va y se enamora de ella, pero que la historia acaba fatal, porque él es un frío asesino a sueldo, o sicario, o sea, malo, y los malos, aunque intenten redimirse por amor a una prostituta que, en realidad es una buena chica que no tuvo más remedio que meterse a puta por culpa de los avatares de esta vida cruel, no pueden porque han de pagar por sus maldades) se va desnudando, a mayores, sin pizca de gracia, la canción que suena es "La Bámbola", interpretada por la mismísima Patty Bravo. Más no os puedo decir.
¡Ah, sí! Él muere.

domingo, septiembre 19, 2010

La vida enigmática de los sueños

Esta noche me fui a Corea del Sur con mi madre, a ver a mi hermano pequeño, que estaba trabajando allí.
Mi madre, como siempre, llenó su maleta con cantidad de cosas que no necesitaría, puesto que, el nuestro, sería un viaje de ida y vuelta.
—¿Para qué quieres tantas cosas, si volvemos mañana? —le pregunté, consciente de que sería yo quien tuviera que cargar con su maleta, y con la mía.
Luego pensé que, ya que íbamos, mejor nos quedábamos un par de días.
El hotel que nos había buscado mi hermana era galáctico —mi hermana tiene una agencia de viajes y siempre consigue hoteles estupendos—. Escaleras mecánicas por doquier, ascensores acristalados, aluminio, neón… La tarjeta no sólo abría la puerta de la habitación, si no que servía para todo, tal y como nos explicó la recepcionista, que hablaba un castellano fluido.
—España está de moda —nos explicó, ante mi extrañeza—. Aquí, en Corea del Sur, a todo el mundo le encanta lo español.
Nos dirigimos al ascensor. Mi madre, encantada con la novedad, metió la tarjeta en una ranura. Al instante, lo que nos había parecido la puerta del ascensor se iluminó para mostrarnos una completísima selección bebidas.
—Ya que estamos —dijo mi madre— voy a sacarme un refresco.
Y hasta aquí puedo contar, porque me desperté, comprobé que eran las once menos veinte y me tiré de la cama. Tenía la intención de hacer un montón de cosas, antes de ir a jugar al golf con la mi Marcela. No hice casi nada. Me importó un bledo. Al fin y al cabo, ya había ido hasta Corea, del Sur.
He interpretado este sueño en relación con mi vuelta a las aulas. Lo que aún no tengo claro del todo es su significado.

miércoles, septiembre 08, 2010

La vida mágica de los fotogramas, y las palabras

Ni sé, ni me importa, lo que opinan los gurús de la crítica cinematográfica, esos que ponen a Sofía Coppola o Isabel Coixet de vuelta y media —sospecho que porque son mujeres—, sobre esta película.

Sé que me conmovió la relación que establece ese cincuentón casi analfabeto, que interpreta Gérard Depardieu, con la anciana con la que se encuentra en el parque, Gisèle Casadesus, con la conductora de autobús de la que se enamora, Sophie Guillemin, con el resto de personajes que pueblan la historia.
Sé que, una vez más, en el momento justo —justo cuando voy a reincorporarme al aula después de cinco años de ausencia—, una película pone en imágenes —ésas que, según
Pilar Aguilar, "penetran, para lo bueno y para lo malo, en el núcleo duro de nuestras emociones sin pasar por el filtro de la razón"— lo que he leído y escuchado tantas veces, la última hace una semana a Francesco Tonucci, alias Frato, para que lo tenga presente, para que no se me olvide.
Pero, sobre todo, sé que disfruté cada uno de los minutos de su metraje; que salí del cine con una sonrisa en el alma.
 
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