En el verano del 2004 volví al Reino Unido después de veinticuatro años (llega un momento en la vida en el que, verdaderamente, veinte años no es nada). Entre mis planes, tres objetivos prioritarios para Londres, a saber, dos puntos,
-Volver al British.
-Conocer la Tate Modern.
(El puente de Foster desde la terraza de la cafetería de la Tate Modern)
-Ir a Stonehenge.
No tuve problema para cumplir mis dos primeros objetivos, pero para el tercero, en el que me empeñé como suelo hacerlo cuando deseo, verdaderamente, algo, me encontré con alguna reticencia que otra. Tal es así, que la noche antes, en una cena a la que nos invitó una amiga irlandesa de mi amigo irlandés (del Norte), S. comentó que, al día siguiente, íbamos a viajar a Salisbury porque yo tenía mucho empeño en visitar Stonehenge, y hubo quien preguntó, con sincera extrañeza, a qué se debía mi desmedido interés por conocer aquel montón de piedras. Ya tengo dicho, en este foro, que mis conocimientos del inglés son muy, pero que muy, rudimentarios, sin embargo logré hilar esta respuesta:
-Because I'm history teacher, bacause I love very much the human history and because I want to be there.
Todo seguidito, con gran decisión, a la par que contundencia, y una pronunciación tan aceptable como para que todo el mundo me entendiera, y como para que mis amigos, un irlandés, un asturiano y un porteño, los tres residentes en la capital de le Güayán Uní (de puán) se plegaran a mis deseos, ya, sin rechistar.
No pude acercarme al círculo mágico ni tocar las piedras. Tuve que conformarme con rodearlo y contemplarlo desde la lejanía, sin embargo, eso no restó un ápice la emoción que sentí al verme allí, después de tantos, tantísimos, años de espera.Ayer, durante el paseo matinal de Tiza y Bilbo, el relato de Clara Sánchez, en la sección Viajes con suspense, de EPS, El santuario del sol, me recordó las emociones que viví, hace cuatro años, en Stonehenge. Y, sobre todo, me devolvió una sensación que había perdido: -No te preocupes por la rodilla -le dijo Opra-, se te curará en cuanto creas ciegamente que se te va a curar.
A Umma sólo se le ocurrió murmurar:
-Creer ciegamente.
Sí, se puede creer ciegamente. Sí, se puede tener el convencimiento pleno de que es posible conseguir todo aquello que realmente deseas. Se consigue. Lo sé porque me ha pasado muchas veces. Cuando deseas algo, verdaderamente, el Universo entero conspira para que lo consigas (El Alquimista, Paulo Coelho).
Ahora que lo pienso, quizás mi problema resida en que no tengo claro qué es lo que, verdaderamente, deseo. Quizás.