
El caso es que, esta semana asistí a un Seminario de Coeducación en el que, sin hablar directamente de ello, se tocó el tema.
¿Por qué te interesa la coeducación?, era la pregunta a responder en la presentación de participantes.
-Porque soy mujer, madre, esposa y maestra, y estoy convencida de que le corresponde a la escuela hacer lo posible por romper estereotipos.
-Porque quiero aprender sobre mí misma y los condicionantes que me hacen actuar como lo hago, la mayoría de las veces sin darme cuenta.
-Porque tengo una hija pequeña y quiero intentar ahorrarle lo que yo he sufrido por culpa de mi educación.
-Porque necesito entender y entenderme.
Luego hablamos del enfoque que pretendemos darle este curso, el quinto. Y decidimos que vamos a centrarnos en las emociones, en la educación afectivo-sexual.
Vamos avanzado, con calma, pero avanzado, sin embargo las y los adolescentes de hoy siguen reproduciendo los mismos estereotipos que nosotras, que ya peinamos canas, algunas. ¿Cómo es posible?
Porque hemos enfocado la Coeducación hacia la parte visible (el lenguaje, el reparto de tareas, la presencia de la mujer en la vida pública, la lucha contra la violencia de género...), pero nos olvidamos de lo más complicado, la forma en la que los estereotipos de género influyen en la construcción de la personalidad.
Es necesario cambiar el currículum oculto, modificar las pautas del inconsciente y tomar conciencia de qué partes de lo que tengo grabado a sangre y fuego son realmente mías, o aprendidas. Que diría Morgana, separar el grano de la paja.
Qué difícil se nos antoja. Durante toda nuestra vida hemos construido nuestra personalidad en base a los roles impuestos por la sociedad patriarcal.
La mayoría de las mujeres nos hemos visto abocadas a relaciones en las que primaban luchas de poder que nos desgastaban hasta la extenuación. Hemos sufrido abusos. Nos hemos resignado. Hemos intentado cambiar a nuestra pareja para que se ajustase al cliché preconcebido. Hemos fracasado y hemos vuelto a intentarlo con otra pareja, para terminar cayendo en las mismas trampas. Y cuando nos llegó el momento de decir ¡basta!, algunas, elegimos la soledad, ante la imposibilidad de construir relaciones emocionalmente sanas, que no perfectas. Otras no supieron cómo salir. Ni saben.
Hay quien no comprende como una mujer puede llegar al extremo de ser maltratada durante años y continuar con su pareja y, lo que es peor, morir a sus manos.
Cuando te propones salir de un rol emocional, ¿qué haces? Te quedas en el vacio, no tienes dónde meterte, y eso da mucho miedo, tanto, que prefieres quedarte donde estás antes que enfrentarte a la incertidumbre, a la nada, a lo desconocido. Salir de un patrón emocional precisa construir uno nuevo, dijo sabiamente mi compañera.
La infancia y la adolescencia aún están a tiempo de construir su personalidad al resguardo de la construcción de género que tanto daño ha hecho a unas y a otros. Es nuestra tarea facilitárselo.