El jueves, después de hacer encaje de bolillos para sincronizar las agendas, sobre todo la de Marcela, que desde que se me dedica a dar charlas por todas y cada una de los bonitas ciudades de la geografía española, y se me codea con el alto comisionado de la ONU y popes en general, no hay quién la pille, conseguimos materializar una cena cien veces pospuesta, la susodicha, la mi M y yo.
Ya sé que me está bien de decirlo, y por eso lo digo, pero las traté como a dos reinas, porque según llegaron se sentaron en el sofá a dar la lengua y me mandaron a la cocina (sí, sí, con todo el descaro, ¡Hala, Marmarita, tú a lo tuyo, que venimos muertas de fame!) a pelearme con los fogones. Di tú que como tengo cocina americana no me perdí ripio de la conversación, y hasta pude intercalar un par de palabras, o tres, que sino me hubiera sentido como una de aquellas que protagonizaban "Arriba y abajo". Ellas, de arriba, yo, de abajo.

(Para que os vayáis haciendo una idea del aspecto que tendrá el platillo la próxima vez)
Una pena que con tanta fame, tantas prisas por hincarle el diente a las viandas y tanta risa no haya dado tiempo a hacer el reportaje gráfico del evento, porque la mesa me quedó monísima, a la par que elegante (que la pongo con mucho gusto, yo, la mesa) y el platín de spaghetti nero con gulas es de lo más fotogénico, pero no se puede estar a todo, guapinas.
Comprenderéis que no puedo permitirme revelar los detalles de las varias y variadas conversaciones que desarrollamos desde las ocho y media de la noche hasta la una de la mañana, entre otras cosas porque, y no podía ser de otra manera, le dimos un buen repaso al mundobolloblog (sí, queridas amigas, sí, también vosotras fuistéis protagonistas), a la nuestra Consejería y a quien se nos puso por delante, ahora bien, desde aquí os lo digo, hubo momentos en los que me dolía la barriga de reírme. Concretamente, cuando nos dio por comentar este tema, del que prometo hacer un post próximanente.

Si no te quieres matar, las normas has de interiorizar.
Sólo hubo un sucedío que nos produjo un cierto desasosiego, sobre todo a Marcela, aunque ello, oyes, no fue óbice ni cortapisa para que, entre parrafada y parrafada, carcajada y carcajada, diera buena cuenta de su ración: que se me olvidó retirar las guindillas antes de mezclar los spaghetti con las gulas y nos pasamos media cena con el alma en vigo hasta que las localicé,
todas en mi plato, y pudimos rebañar, tranquilamente, hasta la última migaja, mojar el pan (descongelado en mi tostador nuevo, que daba la impresión de que estaba recién hecho, si será bueno, aparte de mono, el mi tostador), y hasta hacer bocadillinos de ajo, aprovechando la (jodía) circunstancia de que ninguna de las tres nos veríamos en la obligación de morrear con nadie, aquella noche.
Y, menos mal que elegí un menú facilín, de esos que se resuelven en un verbo.
Ensalada, con piñones y nueces, maceradas en aceite de oliva virgen, aceto balsámico y miel
Ensalada, con piñones y nueces, maceradas en aceite de oliva virgen, aceto balsámico y miel
Spaghetti al nero di sepia con gula (del Norte)
Compota de manzana asturiana a la reducción de brandy con canela en rama
Lambrusco
Agua (Vichy catalá)
Café (descafeinado)

(Para que os vayáis haciendo una idea del aspecto que tendrá el platillo la próxima vez)
Una pena que con tanta fame, tantas prisas por hincarle el diente a las viandas y tanta risa no haya dado tiempo a hacer el reportaje gráfico del evento, porque la mesa me quedó monísima, a la par que elegante (que la pongo con mucho gusto, yo, la mesa) y el platín de spaghetti nero con gulas es de lo más fotogénico, pero no se puede estar a todo, guapinas.
Comprenderéis que no puedo permitirme revelar los detalles de las varias y variadas conversaciones que desarrollamos desde las ocho y media de la noche hasta la una de la mañana, entre otras cosas porque, y no podía ser de otra manera, le dimos un buen repaso al mundobolloblog (sí, queridas amigas, sí, también vosotras fuistéis protagonistas), a la nuestra Consejería y a quien se nos puso por delante, ahora bien, desde aquí os lo digo, hubo momentos en los que me dolía la barriga de reírme. Concretamente, cuando nos dio por comentar este tema, del que prometo hacer un post próximanente.

Si no te quieres matar, las normas has de interiorizar.
Sólo hubo un sucedío que nos produjo un cierto desasosiego, sobre todo a Marcela, aunque ello, oyes, no fue óbice ni cortapisa para que, entre parrafada y parrafada, carcajada y carcajada, diera buena cuenta de su ración: que se me olvidó retirar las guindillas antes de mezclar los spaghetti con las gulas y nos pasamos media cena con el alma en vigo hasta que las localicé,

todas en mi plato, y pudimos rebañar, tranquilamente, hasta la última migaja, mojar el pan (descongelado en mi tostador nuevo, que daba la impresión de que estaba recién hecho, si será bueno, aparte de mono, el mi tostador), y hasta hacer bocadillinos de ajo, aprovechando la (jodía) circunstancia de que ninguna de las tres nos veríamos en la obligación de morrear con nadie, aquella noche.