martes, enero 24, 2006

La vida mágica de las palabras


Ella no es mi conciencia ni mi espejo, mi teoría ni mi sueño. Tampoco es un proyecto ni una espera ni un complemento ni una historia acabada o una historia inservible. Tiene ojos y cuerpo y una vida funcionando al margen de la mía, que funciona al margen de la suya. No es una utopía ni una metáfora. Bebe, come, duerme, llora, sufre, goza, juzga y, a veces, hasta se muestra insoportablemente indigna.
Lo prodigioso es que todo eso, todo eso, es capaz de hacerlo conmigo. No es mi conciencia ni mi espejo. Es mi amiga.
(Ella. Maruja Torres)

8 comentarios:

Valentina dijo...

¡Uf! es un texto precioso. No le sobra ni una palabrita.
¡Hay que ver que bien los escoges, wapa!

Mármara dijo...

Muchas gracias, Valentina (seas quien seas). El trocito que he elegido es el final de un largo y fantástico artículo que publicó Maruja hace diez, o más, años en "El País", y que suscribo al cien por cien.

Roma dijo...

Sólo añadiría una cosa más a ese "es mi amiga". Añadiría: Soy su amiga.

Mármara, ¿sabes si ese artículo se puede encontrar en la hemeroteca digital del diario? Lo buscaré de todas formas, por si acaso doy con él en la red.

Mármara dijo...

Buena puntualización, Roma.
No sé si podrás encontrar el artículo en la hemeroteca, porque tiene muchísimo años. Como lo tengo colgado en el corcho, está amarillento, pero voy a intentar escanearlo y aplicarle el OCR, a ver si puedo, y te lo paso (si no funciona, lo copio)

Roma dijo...

Eres magnífica!!

Mármara dijo...

Gracias :)

Roma dijo...

Gracias Mármara Magnífica por pasarme el artículo de Maruja. No es tan largo como dices y es muy bueno, ¿Por qué no lo cuelgas en esta tu bitácora?

Mármara dijo...

De nada, Roma, de nada, fía.
Mira, no lo cuelgo entero porque me parece demasiado largo. A mí, personalmente, no me gusta encontrarme con testamentos en las bitácoras ajenas, me desanima leerlos, es más, cuando me encuentro con textos que ocupan la pantalla completa, o más, no los leo, directamente; entonces, pienso que a todo el mundo le pasa, más o menos, lo mismo.
Pero si a alguien le apetece tenerlo, con pedírmelo, arreglado.

 
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