sábado, noviembre 11, 2006

La vida olvidada de las palabras


(Claudio durmiendo plácidamente en su mata de hortensias)
Ayer recuperé a Claudio. Hacía varios años que no lo veía, que ni siquiera me acordaba de él.
Claudio nació en los años ochenta, coincidiendo con uno de mis enamoramientos. Durante el tiempo que viví en pareja, Claudio permaneció olvidado en una de las carpetas en las que guardo los proyectos que rara vez se hacen realidad. Lo recuperé cuando me separé y tomó la forma de un cuento infantil, que escribí al mismo tiempo que mi alumnado de entonces, en una secuencia didáctica que programé para desarrollar los textos narrativos. Escribimos un cuento, lo ilustramos, lo editamos y lo encuadernamos con el objeto de regalárselo a alguien de nuestro entorno. La copia que conservo es el segundo de los ejemplares de mi particular edición limitada.
De las estanterías de mi casa, pasó a las de una de mis amigas, y allí permaneció hasta ayer, que lo necesité para mostrar, en un curso sobre competencias lingüísticas, a un grupo de profesoras y profesores, que es posible enganchar a nuestro alumnado a la lectura y la escritura, si les damos una razón para ello, si lo que les proponemos tiene una finalidad ligada a la vida-vida.
Algunos de los cuentos que escribimos sirvieron de regalo para niñas y niños que hacían su primera comunión, o que cumplían años, por aquel entonces. Hubo quien decidió quedárselo y conservarlo.
Como ya se sabe que no hay casualidades en esta vida, cuando salí a pasear con Bilbo y Tiza, esta mañana, me encontré a una de las alumnas que estaban conmigo aquel curso. Se ha casado y tiene una niña de dos años, que irá a nuestro colegio en cuanto cumpla los tres. ¿Te acuerdas del cuento que escribimos cuando estábamos en 7º?- me dijo-. Pues, por poco me lo destroza, este trasto, el otro día.Si no llego a tiempo, lo descuartiza. Es de mala... -y añadió bajito- Se parece a su padre.

10 comentarios:

Ripley dijo...

Yo me acuerdo perfectamente de por qué empecé a leer, o quizás por quién. Tenía una profesora de lengua y literatura en el colegio que amaba profundamente la lectura y yo recuerdo que me enganchó su forma de contarnos las cosas, cómo nos enseñó a leer los libros y todas las historias q nos contaba. Yo aprendí a amar la lectura y siempre postulo eso, hay que disfrutar con lo que se lee. Me encanta tu método pedagógico, seguro que habrás creado algun monstruo devora libros como yo. un beso

Mármara dijo...

Pues sí, Ripley, sí, quizás no tantos como me gustaría, pero hay algún que otro monstruo devora libros por ahí. Y licenciaturas en Historia e Hª del Arte. Y profes...
Aunque he de decirte que el método no es mío, sino herencia directa de las tesis de Piaget que se han desarrollado a través del constructivismo.
Porque, mira, transmitir, lo que se dice transmitir conocimientos, no está a nuestro alcance. Sí lo está transmitir la pasión por el conocimiento, por la lectura, por lo que hacemos. Eso sí que cala. Eso sí que da frutos.
Feliz domingo. Besinos.

Ripley dijo...

Como odiaba a ese señor!! Soy filóloga pero de la rama de literatura, la linguística nunca me ha gustado especialmente y aplicada a la psicología, uf! Si que es cierto q Marcela dijo q vendría con su cajita a Bilbao; el próximo año la engaño y nos vamos a una feria de coleccionismo en Zaragoza,asi llena más la cajita, jjaja.

Mármara dijo...

Pues tiene sus cosas buenas, el hombre, sobre todo si te las dan masticadas.
Lo de la feria del coleccionismo me parece buena idea. A ver que opina doña Marcela.

Marcela dijo...

Aquí la menda, todo lo que sea viajar le va al pelo; con caja, sin ella, como sea, pero viajar, viajar y viajar.
Y ahora a dormir que acabo de llegar de Madrid y ya estoy mayor para tanto coche.

SoL LuNaR dijo...

Luz

chusbg dijo...

"Sí lo está transmitir la pasión por el conocimiento, por la lectura, por lo que hacemos. Eso sí que cala. Eso sí que da frutos". Me ha gustado mucho esto que dices, y lo claro que lo tienes.

Y me ha hecho un poco de gracia, esa otra frase con la que terminas, es genial,"Es de mala...-y añadió bajito. Se parece a su padre".

Un saludo

Mármara dijo...

Sí que lo tengo claro, Chus. Muy claro, desde siempre. Lo sé por mí misma. No recuerdo que nadie me haya transmitido sus conocimientos, aunque sí tengo presente quien me espoleó, quien me motivó para que yo decidiera aprender. Y también tengo claro que sólo se aprende lo que se desea aprender: el conocimiento está en la mente de quien lo construye. Así que parece lógico que nuestra misión como docentes sea despertar el interés por el aprendizaje y acompañar a nuestro alumnado por esa senda.
A mí tembién me hizo gracia es comentario de mi ex alumna (me lo dijo bajito porque su marido estaba a dos pasos). Que es cierto que, cuando estuvo conmigo, era una bendita, aunque sus sobrinas, a quienes también di clase, no se parecían a ella en nada.

Jesús Miramón dijo...

Yo, como Ripley, también sé quién me contagió su amor por la literatura. Fue el Padre Villa, un sacerdote dominico del colegio donde cursé la EGB. Le apasionaba la poesía y nos recitaba poemas de Machado, que era su favorito. Pocas veces en mi vida he escuchado leer versos tan bien. Con él, a la tierna edad de once o doce años, conocimos a Manrique, a Espronceda, a Quevedo. Era un magnífico profesor porque amaba la materia que enseñaba. En séptimo, un año antes de terminar el ciclo, fue trasladado a Valencia, una verdadera desgracia para todos sus alumnos (pero a mí ya me había contagiado). Han pasado más de treinta años y todavía le recuerdo, dejó una huella duradera en mí. Tengo la impresión de que tú, Mármara, eres de su estirpe. Un abrazo.

Mármara dijo...

Gracias Jesús. Verdaderamente he sido (y espero seguir siéndolo)una maestra entusiasta. Y sí, creo que he conseguido, al menos, contagiar mi pasión por lo que hago.

 
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