domingo, noviembre 05, 2006

La vida pública de las palabras


Antonio, vamos a llamarlo así, ha empezado este curso 1º de Primaria. Es decir, acaba de cumplir seis años. Según su maestra de Infantil, es un niño cariñoso, despierto, alegre y, cómo no, inquieto, en toda la acepción de la palabra.
Su tutora está hecha polvo porque Antonio es el niño más machacado de todo su grupo. El otro día recibió, en el transcurso de la mañana, cinco castigos. Por malo. El profesorado que comparte docencia con su tutora (inglés, música, E. F., religión y asturiano), ha decidido ponerle la etiqueta y ya, a estas alturas de curso, cuando aún no se han cumplido los dos meses desde el comienzo de la actividad escolar, no hay día en que Antonio no reciba varias reprimendas y sus correspondientes castigos, por malo. Las maestras y los maestros lo saben. Su grupo lo sabe. Su padre y su madre no tardarán en saberlo, si es que no lo saben ya. Él lo sabe. Es malo.
Los niños malos todo, todo, lo hacen mal. A los niños malos se les riñe, se les vocifera, se les castiga. A los niños malos se les aparta. Los niños malos sólo merecen castigos. A los niños malos no se les quiere.

12 comentarios:

Ripley dijo...

Uf, tema espinoso ese...supongo que siempre hay que analizar por qué ese niño es "malo",¿lo es realmente?Es un tema que da para un más que amplío debate creo yo

Mármara dijo...

Pues sí, Ripley, sí, éste es un tema que debería suscitar un gran debate entre el profesorado.
Partiendo de la base de que una criatura de seis años NO PUEDE ser mala, lo que cabría preguntarse es qué le pasa a ese niño para que intente llamar la atención de esa manera, antes de demonizarlo, colgarle la etiqueta y condenarlo para los restos.
Porque, si alguien no lo remedia, este niño será uno de tantos que pasa su escolaridad cargando con una etiqueta perniciosa y cuando llegue a la adolescencia lo más probable es que se convierta en lo que no desearíamos que se convirtiera, un adolescente rebelde, intratable y, casi con seguridad, violento.

Marcela dijo...

Qué difícil el tema y qué tremendas son las etiquetas en la vida, pero sobre todo en la enseñanza. Cuando yo era peque, era una de esas niñas malas y me echaban de clase y me mandaban que fuera al aula de mi madre (que era maestra de infantil en el mismo cole), aquello era doble castigo para mí: echarme de clase y tener que aguantar la bronca de mi madre.
Además, por ser hija de maestra, me aguantaban menos, jajjaaaa.
Luego en el insti, ya cuando me echaban no iba a clase de mi madre; aprendí a jugar al billar, al ping-pong, al futbolín...todo en los billares de enfrente del insti; qué buen ambiente para una adolescente, qué buenas medidas disciplinarias, sí señor.
En fin, que luego me hice profe yo creo que por compensar y no caer en lo que cayeron conmigo.

Mármara dijo...

Yo también me hice profe para intentar que quienes pasaran por mis aulas no sufrieran lo mismo que yo. Desde luego, no lo he conseguido siempre, aunque sí que lo he intentado, y mucho.
No sé tú, pero a mí me han quedado secuelas, y eso que considero que he tenido mucha suerte, pero no todo el mundo que ha sufrido maltrato por parte del profesorado la ha tenido. Desgraciadamente, en mi propia familia, tengo varios ejemplos con los que podría ilustrar las consecuencias de este maltrato que siempre se justifica, del que nunca se habla.

yo, la peor de todas dijo...

los niños malos son los rebeldes que encuentran en su camino a penosos y convencionales docentes que ejercen su labor de policias sociales: la de enderezar a los futuros elementos subversivos que molestan y se salen de la "normalidad". Opino lo mismo que tú Mármara, yo también sufro secuelas (dedicado a mi profesora de lengua catalana y a mi profesor de lengua castellana a los que envío a tomar viento; lo que no entiendo es como después de las secuelas me dio por la filología jajajjaja)

Marcela dijo...

Jajajajjaa, eso fue una venganza, la peor.
No puede haber peor venganza hacia un profe de esos odiosos que encontrarte al cabo de los años como colega, qué placeeeeeer.
Y si no que se lo digan al mío de lengua castellana de COU, ajajjaaa.

chusbg dijo...

Quizás los profes deberían ser como los toreros, que les sale el toro de 500 kilos a una gran velocidad, dando bandazos con los cuernos para todas las partes y tienen que pararle, fijarle y después torearle, todo con un trapo de color. No me gustan los toros pero es que es una cosa parecida a la que tenían que hacer los profes para que después se pueda rematar la faena de la enseñanza de una persona, es muy difícil, pero hay que intentarlo, no sólo poner etiquetas y actuar según la etiqueta puesta. Pero yo era buenuco y también sufro secuelas, lo malo es que no hice como vosotras y me aburrí desgraciadamente mucho antes.
Un saludo

Marcela dijo...

Pero, cuidado, que yo sufro unas secuelas enormes de muy buenos y buenas profes que tuve, no nos olvidemos de que hay de todo como en botica, que no es un colectivo uniforme ni deforme que mete miedo a las criaturas.

Mármara dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Marcela. Cómo será que yo, en 6º de bachiller (si seré revieja) iba para química y terminé haciéndome maestra y licenciándome en Hª del Arte, gracias a una profe estupenda. Ahora bien, me encantaría encontrarme con ma Mérè Eugenia, de las RR MM Ursulinas de Jesús, así en plan colega, le iba a decir un par de cositas, o tres.
Lo de la comparación con los toros ha estado bien, Chus, porque es tal cual. Sobre todo por lo de pararse, fijar y luego, haciendo gala de toda la maestría, conseguir que vayan por donde tú quieras.
Efectivamente, La Peor, "los caminos del Señor son inescrutables". ¿Será rebeldía, o pelín de masoquismo? Me inclino por lo primero, por lo que me toca.

paula dijo...

el otro día mi amiga victoria comentaba que ahora ya nadie es malo, que detrás de toda maldad hay una justificación de pasado difícil o traumas varios; la maldad seguramente existe aunque no sé si se halla en niños de 6 años, de todos modos nada más libre de conciencia que un niño... en fin, todo un debate...

Mármara dijo...

No sé si se podrá decir que alguien es malo, en toda la extensión de la palabra, o no. Yo, que me tengo por buena persona, a veces soy mala, conmigo misma, con mis peludos, con las personas de mi entorno...
Lo que sí tengo claro es que tras un comportamiento de los que ahora se han dado en llamar "disruptivos", siempre hay una criatura desgraciada, o maltratada, o menospreciada, o ignorada...; alguien que está pidiendo a gritos que le digan algo, aunque sólo sea para insultarlo, que el resto sepa que está ahí y que es importante, aunque sólo sea para recibir un castigo. Tenga seis o dieciséis años. Luego, algunas personas, cuando llegan a la edad adulta sin haber sido capaces de "colocar" su infancia y su adolescencia, maltratan, o se maltratan, e incluso llegan a matar, o a dejarse matar.

julia dijo...

puta, me ha llegado hondo esto, porque tengo un niño "malo" muy cerca. Rebelde, respondón, desobediente, enojado, tenso, impaciente, es Emiliano, mi sobrino adorado...y cuando veo a mi hermana lidiar con eso no sé...no sé....lo queremos tanto, y no queremos que sufra!!

 
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