sábado, noviembre 22, 2008

La vida variopinta de los fotogramas

Como diría uno de mis más queridos amigos, esta semana se les ha hecho el culo gaseosa a mis críticos favoritos de El País. Qué satisfacción, qué emoción, qué pedazos de panegíricos a la épica masculina, por partida doble.

No sólo es que hayamos recuperado la grandeza del western con Appaloosa, sino que hemos hecho una deconstrucción (ya se sabe: las que cocinan son cocineras y los que cocinan restauradores) del personaje de Bond, James Bond, en Quantum of solace.
Oyes, que yo no digo que no sean dos magníficos filmes, cada uno en su estilo, ¿eh? Ed Harris es uno de mis actores favoritos y, mira, hasta le tengo una cierta envidiuca, aunque sólo sea porque, el hombre, ha sido capaz de materializar las fantasías infantiles de cuando jugaba con el Fuerte Comansi, escribiendo, produciendo e interpretando su propia peli de Oeste.

De Bond, James Bond, fui ferviente seguidora, sobre todo en la época de mi admirado Sean Connery. Y luego, oyes, que salen unas rapazas cañón*, y eso siempre es de agradecer, aunque les hagan pasar las de Caín, a las rapazas buenas, y te las pongan de florero y objeto sexual, o sean más perversas, las rapazas malas, que la bruja de Blancanieves, sin la consabida berruga y con unos cuerpazos de escándalo. Cuerpazos que incitan al pecado, o a las fantasías sexuales de la más diversa índole.
Bien, pues no pienso ver ninguna de las dos.
Ni siquiera para comprobar en qué consiste el lirismo secreto de un pistolero fiel y generoso hasta el dolor y cómo se resiste, a las trampas sentimentales, lo único para lo que su rocoso corazón no estaba preparado. Trampas que, parece ser, le pone Reneé Zellweger.
Ni siquiera para ver en qué consiste el vaciado de un icono y su relleno con los nuevos parámetros que exige el héroe del s XXI, encarnado en la figura de Jason Bourne.
La que sí vimos el viernes fue Cenizas en el cielo. No sé qué habrá dicho la crítica, pero lo que yo digo es que ésa sí es épica humana, hu-ma-na; ése sí que es lirismo; ése sí es un trato digno a las personas; ésa sí que es emoción de la buena, de la que te llega al alma, de la que te reconcilia con el género humano.
(Asturias, Patria querida, Asturias de mis amores)
Lo más probable es que no triunfe ni en los Goya y que su taquilla no le llegue a las suelas de las botas de los pistoleros o a las tapas de los tacones del bellezón que acompaña a James en esta entrega. Por eso me permito haceros una petición: Si me (os) queréis, verla.
* Baggesen, observa que el apelativo Cañón del Colorado lo reservo, única y exclusivamente, para ti.

sábado, noviembre 15, 2008

La vida hilarante de las cenas con las amigas

El jueves, después de hacer encaje de bolillos para sincronizar las agendas, sobre todo la de Marcela, que desde que se me dedica a dar charlas por todas y cada una de los bonitas ciudades de la geografía española, y se me codea con el alto comisionado de la ONU y popes en general, no hay quién la pille, conseguimos materializar una cena cien veces pospuesta, la susodicha, la mi M y yo.
Ya sé que me está bien de decirlo, y por eso lo digo, pero las traté como a dos reinas, porque según llegaron se sentaron en el sofá a dar la lengua y me mandaron a la cocina (sí, sí, con todo el descaro, ¡Hala, Marmarita, tú a lo tuyo, que venimos muertas de fame!) a pelearme con los fogones. Di tú que como tengo cocina americana no me perdí ripio de la conversación, y hasta pude intercalar un par de palabras, o tres, que sino me hubiera sentido como una de aquellas que protagonizaban "Arriba y abajo". Ellas, de arriba, yo, de abajo.
Y, menos mal que elegí un menú facilín, de esos que se resuelven en un verbo.

Ensalada, con piñones y nueces, maceradas en aceite de oliva virgen, aceto balsámico y miel
Spaghetti al nero di sepia con gula (del Norte)
Compota de manzana asturiana a la reducción de brandy con canela en rama
Lambrusco
Agua (Vichy catalá)
Café (descafeinado)


(Para que os vayáis haciendo una idea del aspecto que tendrá el platillo la próxima vez)
Una pena que con tanta fame, tantas prisas por hincarle el diente a las viandas y tanta risa no haya dado tiempo a hacer el reportaje gráfico del evento, porque la mesa me quedó monísima, a la par que elegante (que la pongo con mucho gusto, yo, la mesa) y el platín de spaghetti nero con gulas es de lo más fotogénico, pero no se puede estar a todo, guapinas.
Comprenderéis que no puedo permitirme revelar los detalles de las varias y variadas conversaciones que desarrollamos desde las ocho y media de la noche hasta la una de la mañana, entre otras cosas porque, y no podía ser de otra manera, le dimos un buen repaso al mundobolloblog (sí, queridas amigas, sí, también vosotras fuistéis protagonistas), a la nuestra Consejería y a quien se nos puso por delante, ahora bien, desde aquí os lo digo, hubo momentos en los que me dolía la barriga de reírme. Concretamente, cuando nos dio por comentar este tema, del que prometo hacer un post próximanente.

Si no te quieres matar, las normas has de interiorizar.
Sólo hubo un sucedío que nos produjo un cierto desasosiego, sobre todo a Marcela, aunque ello, oyes, no fue óbice ni cortapisa para que, entre parrafada y parrafada, carcajada y carcajada, diera buena cuenta de su ración: que se me olvidó retirar las guindillas antes de mezclar los spaghetti con las gulas y nos pasamos media cena con el alma en vigo hasta que las localicé,
todas en mi plato, y pudimos rebañar, tranquilamente, hasta la última migaja, mojar el pan (descongelado en mi tostador nuevo, que daba la impresión de que estaba recién hecho, si será bueno, aparte de mono, el mi tostador), y hasta hacer bocadillinos de ajo, aprovechando la (jodía) circunstancia de que ninguna de las tres nos veríamos en la obligación de morrear con nadie, aquella noche.

martes, noviembre 11, 2008

La vida gratificante de los caprichos

Estoy que lo vierto. Llevo una temporada que me ha dado por regalarme de todo. Unas cosas porque las necesito y otras porque me apetece, sin más.
Que si una tarde en el Balneario, que si un concierto de Gardiner, que si unos ratucos de lectura, en medio de la vorágine laboral, que si un paseo por Xagó a media tarde, que si un baño de sales, que si unas castañas cocidas para cenar, que si este libro que llevaba un año queriendo comprarme y que no me decidía, vete tú a saber por qué.

(Más que un libro, esto es una joya. Las fotos, de Vilaboy, los comentarios de Justo Ureña, Cronista Oficial de la Villa y pozo sin fondo)
Esto, en la sección "darme gusto al cuerpo, y a la mente".
Y luego, pues también me ha dado por regalarme objetos, o cosas. Habida cuenta de que soy de carácter más bien austero, no es este un capítulo en el que me prodigue. Vamos, que me compro, casi, exclusivamente lo que necesito, así que el hecho de comprarme cosas lo encuentro extraordinario, que no vulgar.
Por ejemplo. Hace dieciséis años y medio, cuando me vine a vivir a Avilés, mi madre me regaló un tostador. Tostador que empezó a agonizar a principios de este año, cuando se le rompió la pieza de bajar las tostadas. Pensé en cambiarlo, pero luego comprobé que si utilizaba un destornillador a modo de palanca podía arreglarme. Y me arreglé, hasta la semana pasada me dio por empujar las rebanadas a mano, y, claro, se me desconchinfló. Ayer, ni coja ni perezosa, subí a "El Corte Inglés" y me compré éste.

(Los había más baratos, sí, pero las pijas es lo que tenemos, que nos pirriamos por el diseño)
Al bajar el viejo de la nevera, que es donde lo tengo instalado, para poner el nuevo, no pude evitar echarle un vistazo para ver si averiguaba cuál era la avería. Y lo averigué. Y lo arreglé, yo solita, porque lo único que le pasaba es que se había salido una pieza de una ranura, pieza que volví a encajar en un santiamén. Estuve en un tris de volver a instalarlo, meter el nuevo en su caja y devolverlo. Pero, ¡quia!, me contuve a mí misma y me dije: Marmarita, ya está bien de cutrerías, tía, te quedas con el tostador, que es monísimo, a la par de práctico. Lo único que vas a devolver es el destornillador a la caja de herramientas, que es donde tiene que estar.
Y, ya que había hecho el esfuerzo de subir hasta allí, no pude por menos que comprarme esto:


Oyes, que la tengo enterita bajada, capítulo a capítulo, con la mulita, pero me dio igual. Y, es más, me dio lo mismo.
Llegué del paseo nocturno y me metí dos capítulos en canal, como si los estuviera viendo por primera vez. ¡Qué definicíón! ¡Qué calidad de imagen, y de subtítulos! Porque yo, nada de versiones dobladas, ¿eh?, la voz de mis chicas, sobre todo la de la mi Bette, que me pone que más no me puede poner, la voz y la mi Bette al completo, tengo que oírla.


(Lo malo es que ahora, con la revisualización, me va a apetecer echarme una amante. Una amante, mitad lamiBette, pero más estilosuca en el vestir (que en esta temporada me la pusieron como de los Cristos) y menos mística, mitad Jodie, pero que hable, porque con el porrón de curro que tengo, como para buscar tiempo para hacer un cursillín sobre lenguaje de signos)
Sólo falta que me saquen la 5ª temporada en Navidad para que mi gozo sea completo y pueda dedicarme a repasar, again, la serie completa antes de que empiece la 6ª.

sábado, noviembre 08, 2008

La vida impactante de los fotogramas

Llevo un número aceptable de películas, este curso. Incluso me he permitido el lujo de repetir Mamma mía, que me encantó y que volveré a ver cuando la saquen en deuvedé y se la regale a mi madre, que es fan (total) de ABBA y la disfrutó como hacía tiempo que no disfrutaba, mi madre, en el cine. La última vez que fui con ella se me durmió en la butaca por culpa de Buenas noches y buena suerte, que sólo a mí se me ocurre llevar a una madre como la mía a ver semejante ladrillo. Sí, buena lo será, no lo niego, pero ladrillo también.
Como tenemos comentado, las mías y yo, cuando se va mucho al cine no siempre se acierta, así que hemos visto de todo, esta temporada (y en temporadas precedentes), incluso alguna que otra inconfesable. Que no es que me quiera justificar, no, pero que cuando se vive en una pequeñísima ciudad de provincias, a la que no llegan todos esos estrenos que nos ponen los dientes largos cuando nos las anticipan en los informativos, o leemos las críticas de Carlos Boyero y sus secuaces en El País, a veces te ves en la tesitura de elegir entre lo malo y lo peor.
No ha sido el caso de esta semana. Cuando repasamos la cartelera, como hacemos cada viernes, M dijo muy resuelta: Esta la quiero ver. Y no hubo más discusión. De normal consensuamos, pero cuando una de las tres dice eso de esta la quiero ver, siempre dentro de un orden, claro, que no nos obligamos (casi nunca) a ver películas que sabemos que una de nosotras no vería ni por un gochu, no hay más que hablar.
Nos pasó hace quince días, a M y a mí (T no estaba, aquel viernes), que llegamos al cine pensando en ver El patio de mi cárcel y luego resultó que nos la habían cambiado a horario de tarde. Escrutamos la cartelera, de uno de los dos grandes centros comerciales de Oviedo, ¿eh?, no de Avilés, que tiene más delito, y no nos decidíamos porque el panorama era desolador. Como M sabe lo mucho que me resisto a ver cierto tipo de películas y a mí me consta lo que no le gusta ver a ella, allí estábamos las dos, estudiando los carteles y desechando una tras otra, hasta que M dijo: Yo la del Che la voy ver, no sé sí ahora, pero la voy a ver. Y la vimos, y se lo agradecí en el alma, porque no estaba muy convencida, yo.
(Sigue leyendo tranquila, M, que lo del viernes pasado no lo voy a mentar).
Bueno, pues ayer vimos Sólo quiero caminar, que tenía mucho empeño M, T no tenía opinión formada y yo no lo tenía nada claro, por aquello de que las pelis duras y violentas, por muy buenas que sean, siempre me dan un poco de reparo (si exceptuamos las de los hermanos Coen, que ya sabemos todas cómo son y pasamos en quinta).
¿Algún pero? Sí, sí tiene peros, pero que cada cual se busque el suyo.

Eso sí, decir que nuestras actrices son la hostia. Concretamente Ariadna Gil, está descomunal en su papel (y ella misma, consigo misma, como un queso) y no me quedó por más que enamorarme (perdidamente) de su personaje. Pero ninguna de las otras tres se queda a la zaga. En especial Pilar López de Ayala.

domingo, noviembre 02, 2008

La vida reveladora de las imágenes


Hace una semana,

Tiza, M, Bilbo (por este orden) y yo (cámara en mano), disfrutamos del último atardecer otoñal en Xagó, antes del cambio horario.
(Frente desplazándose desde el nordés al surés)
Luego llegó EL frente y, desde entonces, la lluvia nos ha permitido disfrutar del calor y la tranquilidad del hogar.
("Robada" en un aula de 1º de Primaria)
Entre chaparrón y chaparrón, visito centros y me apropio, con y sin permiso, de algunas imágenes.
(Les costó decidirse, pero las chicas también trabajaron en el huerto, como se puede apreciar en este gráfico)
Este domingo, mientras contemplo la lluvia a través de los cristales, me da por buscar entre mis recuerdos.
(El rincón del "Arte")
(Al torno)
(2º de EP)

(J y P escriben la parte del inventario que les ha correspondido)

(A le dicta al maestro su borrador)
No ha dejado de llover durante toda la mañana. He esperado a ver si escampaba, pero va a ser que no tiene trazas, así que me voy a la calle con Bilbo y Tiza a dar nuestro paseo matinal, antes de que nos cierren el kiosko y me quede sin El País.

sábado, octubre 25, 2008

La vida vomitiva de la realidad (educativa)

He pasado la semana en un puritito vómito (negro).
El lunes, de buena mañana, tuve unas palabras (gruesas) con un compañero a causa de nuestras diferencias de criterio sobre el proyecto de un centro (público), al que (a mayores) han concedido un premio nacional, por dedicar sus esfuerzos, energías y presupuesto (público) a una absurda, inútil, burda, retrógrada y mezquina actividad sobre Educación Vial. Que, desde aquí lo digo, debería desaparecer de los centros sostenidos con dinero público, junto con los Desayunos Saludables de los cojones, la Puta Pirámide, o Rueda, de los alimentos, la jodida Higiene Buco-dental y las redacciones de mierda sobre las vacaciones, por ejemplo.

El martes, destacado en la página oficial de la Consejería de Educación y Ciencia de ésta, mi Comunidad Autónoma, abanderada (nacional) del uso, y empleo, de las TIC en educación y de la innovación educativa, con siete convocatorias interinstitucionales, siete, a sus espaldas de Educación y Promoción de la Salud, me encontré con esto, como ejemplo de buena práctica educativa.
El miércoles, M me envió un cuento sobre la Osa Rosa (alumna de Educación Infantil en el cole del Bosque, donde sólo hay osos), que es una osita mala y retorcida de cojones, que se niega a trabajar, y su seño la castiga sin salir al recreo y sus compañeros ositos la rechazan porque es mala y les habla cuando ellos, que sí que son buenos, están haciendo las fichas, y su madre se avergüenza de ella, etcétera, cuyo autor ha tenido los güevos de mandarlo como muestra de una colección completa de cuentos, todos del mismo jaez, para que los centros la compren y la utilicen para Educar en Valores.
Ayer, jueves, mi compañera Japy me cuenta que un colegio-guetto (alumnado inmigrante, de etnia gitana y viviendas sociales) ha solicitado al Secretariado Gitano un taller de Técnicas de Estudio para Educación Infantil, porque la maestra de Infantil está desesperada (la pobre) porque no hace carrera de su clase (ocho criaturas, ocho, en total).
Y ya, para rematar la semanita, esta mañana, me encuentro con esta noticia de portada en los principales periódicos regionales.

(Y la maestra, oyes, tan contenta, con sus fichitas del otoño, todas igualitas, sus gomets, sus platidecores, sus letras mayúsculas para colorear, atendiendo a la diversidad, fomentando la creatividad y la autonomía personal, contribuyendo a la adquisición de las competencias básicas con un currículo innovador, a la par que novedoso...)

Menos mal que hemos tenido el grandísimo acierto de escoger esta peli para nuestra sesión cinematográfica de los viernes noche.

Menos mal que tengo a Daniel Pennac para sacarme del vómito y del astío, para recordarme que otra Educación es posible.
Menos mal que hay maestras, como mi M, que sí creen en la Educación, que sí innovan, que sí se plantean el por qué y el para qué de lo que hacen, día a día, en sus aulas.
Menos mal que mañana es sábado y, a las doce en punto, estaré celebrando, con el maravilloso personal de la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés, en la que he pasado algunos de los mejores momentos de mi vida, y los que pasaré (D. m.), sus 25 años de existencia.
Menos mal que, después de treinta años, treinta, de profesión, todavía soy capaz de ilusionarme y seguir luchando por la Educación en la que creo.

miércoles, octubre 15, 2008

La vida mágica de los acontecimientos

Descubrí a sir Johh Eliot Gardiner gracias a mis hermanos musicólogos, siempre atentos a las novedades del panorama musical, de la música clásica, se entiende, y pelín quisquillosos (o puristas) en lo que a interpretaciones se refiere.
Sin embargo, la primera vez que escuché el Réquiem de Mozart. interpretado por los English Baroque Soloists y el Coro Monteverdi comprendí que tenía que darle la razón a mi hermano L.: ni siquiera la de Claudio Abbado, que goza de su beneplácito (y del mío), podía compararse a la de sir John.
(El garabato de la derecha es el autógrafo de sir John, que tuve los güevos de pedirle)
Desde entonces, la música de este estirado y peculiar director ha sido una constante en mi vida. Me ha acompañado en mis momentos de soledad (hasta ahora, sólo he podido compartir esta bonita afición con una de mis novias), en algunos paseos por Xagó, mientras pinto mis mandalas o medito, cuando me meto a remojo en la bañera... En fin, que me ha acompañado y, sobre todo, me ha hecho disfrutar lo que no está en los escritos.
Así que, cuando, a principios de año, me enteré de que sería él quien inaugurara la Temporada de Conciertos del Auditorio de Oviedo supe que, esta vez, no me lo perdería.
Y no me lo perdí, gracias a que mi madre se pasó más de una hora en la cola, hasta que llegó mi hermano L. y compró las entradas para casi toda la familia

Fueron dos horas de éxtasis total, de disfrute puro y duro. Dos horas en las que sólo existió la música de Beethoven, Gabrieli, Bach, Schütz y Brahms. Un auténtico regalo para los oídos.
Y para el alma.

viernes, octubre 10, 2008


¡¡¡¡¡Feliz puente!!!!!
Que empiezo a celebrar esta misma tarde, dentro de un ratito, ya, con este evento ME-MO-RA-BLE.

sábado, octubre 04, 2008

El extraño caso de la (maldita) tortilla de merluza

Siendo, como soy, de natural cumplidor y, a la par, solícito, no me quedó por menos que disponerme a satisfacer las demandas de mis fieles seguidoras y, a la vez, intentar tender un puente, o liana, que acercara los extremos del abismo, abiertos a causa de la (maldita) tortilla merluza.
Ingredientes (para cuatro personas)

1/2 kilo de merluza (de la parte del lomo), del pinchu, del Cantábrico.
2 cebollas (1 pequeña y 1 grande)
8 huevos de aldea
Aceite de oliva virgen
Sal gorda y sal fina.

Elaboración

Seleccionar el lomo (el resto, de la merluza, puede consumirse al gusto, bien a la plancha, bien a la marinera...) y cocerlo, junto con la cabeza, añadiendo al agua de cocción un buen chorro de aceite de oliva y la cebolla pequeña, partida en trozos. Salar al gusto con la sal gorda.

Separar y desmenuzar el lomo.
Extraer de la cabeza las partes blandas.

Colar y reservar el caldo para futuros destinos culinarios (próximamente en esta pantalla, amigas). Congelar.

Pochar la cebolla hasta que quede transparente.

Mezclar la merluza con la cebolla y el huevo, batido a conciencia. Salar al gusto con la sal fina.


Cuajar la mezcla en la sartén, procurando dejar una cara más blanda que la otra.

Doblar la tortilla al ponerla en el plato.
Acompañar con ensalada o salsa de tomate (preferiblemente murciano) casera.

Aviso: De consumirse a la hora de la cena, esperar un tiempo prudencial (dos horas, o así) antes de quedarse dormida como un cesto, para evitar una mala digestión y los consiguientes trastornos derivados de ésta: malestar general, insomnio, diarrea, vómitos, dos días a dieta rigurosa, repugnancia hacia la tortilla, en general, y hacia la de merluza, en particular, maldecir (hasta en arameo) la propia glotonería, etcétera.

viernes, septiembre 26, 2008

La vida convulsa de las palabras,

o El extraño caso de la tortilla de merluza.
Cuando Japi nos mostró, durante el vuelo Ranón-Barajas, de las 7.30 am, la portada de su Cuaderno de Viaje, en el que pensaba dar cumplida cuenta de los acontecimientos, a nivel trabajo y a nivel lúdico, que se produjeran durante nuestra estancia otoñal en el Sur, nunca sospechó que tendría que recoger en él momentos de tan intenso dramatismo.
Ni siquiera la propia anfitriona (que dio en organizar una comida multitudinaria, al objeto de celebrar mi inesperada, y extraordinaria, presencia en tierras murcianas), que servía, con su natural gracejo y elegancia, un exquisito arroz a la murciana (al que habían precedido, a modo de aperitivo, también genuinamente murciano, unas huevas de mújol, acompañadas por almendras fritas, aceitunas aliñás y empanadillas de carne), imaginaba que, en plena sobremesa, se desataría la tormenta.
En realidad, caer, cayeron cuatro gotas. Lo gordo fue por la noche, que llovió a cántaros y que, durante más de una hora, los rayos y los relámpagos llegaron a eclipsar, y a enmarcar, los fuegos artificiales de las fiestas de El Cabezo. Pero ésa es otra tormenta, otra historia.
La verdadera y auténtica tormenta (de sentimientos) se desató cuando, al retrotraernos a pitanzas precedentes, enmarcadas en lo que hemos dado en denominar, eufemísticamente, Cena de Chicas del Verano, a nuestra anfitriona se le ocurrió alabar las excelencias de la tortilla de merluza made in Mármara.
—¿Tortilla de merluza? —preguntó C, imprimiendo a su voz un tono de sorpresa y reproche.
—¿De qué tortilla de merluza estamos hablando? —quisieron saber, al unísono, A y Y.
Se hizo un silencio sobrecogedor. Mi M (mi amiga del alma y la niñez) y yo nos miramos de soslayo.
—Yo nunca he probado esa tortilla —aseguró A.
—Ni yo —afirmó Y.
—A ver, que yo me entere —inquirió C—, ¿a quién le habéis hecho esa tortilla? Y, lo que es peor, ¿con quién os la habéis comido? Porque está claro que con nosotras no. ¿Es que hay “otras”?
De nada sirvieron nuestras explicaciones, nuestros intentos de identificar evento y fecha, nuestros esfuerzos por asegurar que esas “otras” no existían, que jamás de los jamases se nos ocurriría cocinar para alguien que no fueran ellas, nuestras amigas del alma (murciana), nuestras chicas, no ya de oro, de platino.
La tensión llegó a cortarse con un cuchillo (jamonero). Y, A y C se unieron en un coro de reproches y reprobaciones. Los hombres, que hasta entonces habían participado en las conversaciones con total naturalidad, se mantuvieron al margen, en silencio, mientras aprovechaban para dar buena cuenta de la tarta de manzana, al estilo alemán (en honor a J), las trufas y los gin-tónic. Japi, mientras tanto, registraba cada detalle, cual sagaz reportera amarillista.
—Nunca pensé que llegaría a decir esto —aseguró C—, pero este asunto ha abierto una brecha en nuestra amistad.
—Una brecha profunda —remató Y.
—Al menos —terció A— dadnos la receta, para que podamos resarcirnos de semejante afrenta.
—¡Ni hablar! —M, que, de normal, es de carácter afable y conciliador, saltó como si la hubieran pinchado — Ya que no os acordáis de la tortilla de mi Marmarita, tendréis que esperar a la Cena de Chicas (eufemismo, sí, eufemismo) del verano que viene.
—NODO y crédito —dijo A, en el colmo de la indignación—. Que le hayáis hecho la tortilla a otras, pase, pero que nos neguéis la receta, lo encuentro de una crueldad intolerable.
—Esto no es una brecha, no, —concluyó C—, acabáis de abrir un abismo.
Ni que decir tiene que el resto de la tarde se vio salpicada por continuas referencias al caso. Un simple comentario, sobre los temas más dispares, servía como disculpa para ahondar en la brecha. Cómo sería, que hasta el inocente tema de Mecano, La Fiesta, que sonaba de fondo en Kiss FM, levantó ampollas.
—No me mentes ese tema, no me le mentes —me pidió C, cuando me permití rememorar la bonita coreografía que habíamos realizado en la Fiesta de Cumpleaños de M, nuestra anfitriona, años atrás (aquella Fiesta en la que acabamos, casi todas, bañándonos en bolas a la luz de la luna) .

Al despedirnos, A me susurró al oído, ¿De verdad no me vas a dar la receta? Me encogí de hombros, miré a M, que nos observaba atenta, bajo el farolillo del porche delantero, y sonreí. Jamás traicionaré a M, pero sé que, en mi conciencia, pesará como una losa el secreto de la mi receta. Hasta la próxima Cena de Chicas, por lo menos.

¿Lograrán nuestras heroínas superar la brecha producida por el Extraño caso de la tortilla de merluza (made in Mármara)? ¿Conseguirán tender puentes que acerquen, o aproximen, los extremos del abismo?
El tiempo, y la tortilla de merluza, lo dirán.
(A mis chicas de platino, a nuestras cenas de verano, a esta comida, fuera de temporada, y a la Región de Murcia, que nos ha (re)unido, y seguirá (re)uniéndonos en muchas más Cenas de Chicas del Verano, D. m.)
(Y a la mi tortilla -de lomos- de merluza, ¡leches!)
 
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