miércoles, julio 01, 2009

La vida satisfactoria de los acontecimientos

Queridas amigas, dos puntos, espero que al recibo del presente (post) os encontréis bien de salud, vosotras y vuestras familias respectivas. Yo bastante recuperada de los últimos achaques (g. a D.), aunque no del todo, como me gustaría, pero, vamos, mucho mejor que en jornadas pretéritas. El tiempo, por aquí, en sus marcas, dos puntos, ora sale el sol, ora se cubre el cielo, ora caen chuzos de punta, con el consiguiente acompañamiento de aparato eléctrico, o sin él, ora despeja, ora cae la niebla, ora te asfixias, ora te pelas de frío, ora mecaguentoloquesemenea.com, y así sucesivamente.
Por mis partes, deciros que me encuentro (casi) altamente satisfecha con el desarrollo de los últimos acontecimientos acaecidos en mi acontecer.
Un solo hecho, o acontecimiento, empaña la satisfacción que me embarga estos días: la mi M nos ha vuelto a palizar en el "Trofeo Interbalnearios 2009". No es que pretendiera llevármelo por tercera ocasión consecutiva, a pesar de que este año las toledanas tuvieron a bien adquirir para la ocasión un trofeo de los de verdad, guapo, guapo que te cagas, es que he tenido una suerte negra. Y contra eso no hay quién luche. ¡Qué caprichoso es el azahar, leches! Porque, si dijéramos que pierdo a las cartas, pero luego ligo como una posesa (por aquello de que desafortunada en el juego...), bueno, oyes, pues que se lleve, la mi M, o la mi R, o la mi AC, o la mi T, todos los trofeos, de aquí a la jubilación, pero no. Es que, encima de perder, NO LIGO. Bueno, no pierdo siempre, que según llegué del Balneario jugué la partidita dominguera de canasta con mi madre (83) y mi tita del alma (99) y las masacré. Pero me late que esas victorias no cuentan.
Eso sí, pasar, lo pasamos de miedo (de bien, quiero decir, no de susto). Nos dieron unos masajes del coponazo (bendito), comimos que pa qué, PA QUÉ, dormí una siesta memorable bajo este sauce, paseamos por el campo, nos reímos... Y, sobre todo, nos dio una alegría muy, muy, grande (inmensa) volver a estar juntas, dos años después de la última vez. Desde aquí lo digo, dos puntos ¡qué no nos vuelva a faltar!

(Vistas desde la habitación. Silencio total.TOTAL)

(El Balneario desde la lontananza. Como se puede comprobar en este gráfico, en medio de la nada)


(Paseo al atardecer)

(Bucólicas compañeras de paseo)

(El sauce de mis entretelas siesteras)
Y ya, por fin, para completar este halagüeño panorama: he cambiado de móvil, he encargado la ventana del baño, que la tenía hecha una llaceria* y, lo más importante, después de pensármelo unos cuantos años, me he decidido y voy a cambiar de coche. Me lo entregan (D. m.) la semana que viene. No quepo en mí del gozo. NO QUEPO. ¡NO QUE-PO! Vamos, que no quepo en mí, del gozo.


(Además de ser ideal, para mi gusto, tiene un nombre muy asturiano: Cascai**)
Sepáis que lo del coche lo he hecho un poquito (sólo un poquito) también por vosotras, por las que váis a venir a vernos, a la mi Marcelilla y a mí, este verano. Para poder ir todas juntinas y llevaros como a reinas a conocer los maravillosos parajes de la geografía asturiana, para que nos puedan acompañar Bilbo y Tiza, si es menester, y, a mayores, no tengáis que llenaros los modelazos de pelos.

Y ya con esto, me despido.
Vuestra, que lo es,
Mármara

*Llaceria (del bable). Destrozo total.
**Cascai (del bable cascar).tr. Romper (con la pana)

viernes, junio 26, 2009

La vida nostálgica de los recuerdos


Corría el año 1978 cuando empezó a emitirse en España Los Ángeles de Charlie. Por aquella época, y teniendo en cuenta que siempre he sido un poco lenta, a la par que inconsciente, pa mis cosas, no tenía ni remota idea de que mi tendencia sexual era la que era. Vamos, que ni lo sospechaba. Es más, tenía un novio formal, y fornido, con el que hacía esquí de travesía, por las bonitas y agrestes montañas de la cordillera asturiana, tallaba madera, corría en madreñes po les caleyes* y me aprendía el nombre de las flores y los pájaros en latín, por ejemplo.
Sin embargo, ¡oh, sin embargo!, aunque no fuera consciente, a mí me gustaban las mujeres. Vamos, que, ya de aquella, y muchísimo antes, me enamoraba perdidamente (igualico, igualico, que ahora) de las heroinas televisivas, y literarias. Quizás el despiste se debiera a que también me enamoraba perdidamente de los héroes televisivos, un suponer el capitán Lee, de Viaje al fondo del mar (¡si es que soy muy vieja, leches!), que no de los literarios.
(El morenazo de la derecha ye el Capitan Lee de mis entretelas juveniles)
¿Debí sospechar de mi auténtica identidad sexual cuando, en vez de enamorarme del Sandokán de la serie televisiva, me sentía fuertemente atraída por su rubia partenaire, que cuando aparecía en pantalla me hacían los ojos chirivitas? ¿Debí plantearme que lo mío no eran los paisanos cuando me llevé el disgusto de mi vida el día que dejaron de emitir Los vengadores y me arrebataron, para siempre, a Emma Peel? ¿Debí ser consciente de lo que se fraguaba en mi interior cuando mi personaje favorito de El club del Pino Solitario, de Malcolm Saville, era Peter (Petronella Sterling), en vez del apuesto David?
(Diana Riggs caracterizada de Emma Peel, maminina, maminina)
Debí, sí, debí. Pero como ya tengo dicho que siempre he sido muy lentuca, a la par de inconsciente pa mis cosas, pues tuvieron que pasar tres años, desde el estreno de Los Ángeles de Charlie en TVE para que me diera por enterada de que lo mío eran, habían sido, y serán, foreveranever, las mujeres y me enamorara, también perdidamente, de MJ, la primera mujer con la que me acosté, un par de meses antes de cumplir los 27.
Porque, por supuesto, yo fui una de las que se enamoró perdidamente del personaje de Farra Fawcett (aunque ni me acuerde de su nombre en la serie).
Se ha muerto, Farra Fawcett. Con ella se muere un símbolo y una época, aunque lo que tiene ser una estrella del celuloide televisivo es que ella, su cuerpazo de escándalo y su cabellera rubia permaneceran, para siempre, en mi retinas y en mi biografía.
PD: También se ha muerto Michael Jackson, pero, a pesar de los pesares, para mí no fue lo mismo.
*Caleyes. Del bable. Caminos de tierra estrechos e intrincados, por lo general, habida cuenta de la climatología asturiana, llenos de barro. Y piedras.

viernes, junio 19, 2009

La vida exasperante de la comunicación

—Si desea modificar su borrador, marque 2.
Marco el dos.
—Buenos días, aquí la Agencia Triutaria. La atiende Nieves Equis, ¿qué deseaba?
¡Coño, y yo que pensé que estaba llamando a mi madre!
—Buenos días, Nieves, (una cuatro quesos, unas alitas de pollo y una ensalada Waldorf), modificar mi borrador, gracias.
—¿Qué modificaciones desea incluir?
—La cuota sindical y una ONG que no me han puesto.
—¿Qué tanto por ciento desea que le apliquemos a esa ONG?
—Lo que corresponda, Nieves. Tengo otras ONGs, por favor inclúyala en el mismo apartado.
—Es que no todas las ONGs tienen la misma deducción…
—Llevo incluyéndola cuatro años en ese apartado, Nieves, póngala ahí, por favor.
—Le repito que no todas…
—Y yo le digo que tengo estas otras (se las leo) y que siempre la pongo ahí. En el borrador que me han enviado constan en el apartado “Donaciones y aportaciones a patrimonios protegidos de personas desfavorecidas”.
—¡Ah!, es que, entonces estamos hablando de aportaciones a patrimonios, que no es lo mismo que donaciones.
—Mis ONGs están en ese apartado, Nieves, ni me he inventado yo el apartado ni las he puesto en él, el borrador me lo han enviado ustedes.
—Si se la pongo y no es ahí donde tiene que estar, nos arriesgamos a una inspección fiscal.
—Arriésguese, Nieves.
—No, no soy yo la que me arriesgo, la que se arriesga es usted.
—Me arriesgo Nieves, me arriesgo. Llevo incluyéndola cuatro años y nunca me han inspeccionado.
—Dígame su DNI

—Sí, veo aquí sus ONGs. Entonces, ¿desea que le incluya aquí la ONG que le falta?
—Sí, Nieves, inclúyala (por sus güevos, inclúyala ya,¡hostia!).
—Dígame el nombre y el nº de expediente de la ONG que le falta.
—El número no lo tengo aquí, pero imagino que como está registrada, en cuanto usted ponga el nombre le aparecerá el número. También consta en mis datos bancarios, que tienen ustedes en su poder (y la talla de mi ajustador, si me descuido).
—Entonces, ¿desea que le ponga aquí el importe de la ONG?
—¡JODER, PÓNGALA AHÍ, CON LAS OTRAS, NIEVES! ¿DÓNDE COÑO LA QUIERE PONER, ENTONCES? Vamos, que me tienen que tocar a mí todas las…

—Como no todas las ONGs tienen la misma deducción fiscal...
—EN ESE APARTADO, NIEVES, PÓNGALA EN ESE APARTADO.
—Observo que tiene usted un valor catastral de su vivienda habitual… del que resulta una deducción fiscal de…
—No es mi vivienda habitual… (le explico).
—Entonces he de quitarle el rendimento…
—¿Estamos hablando de un rendimiento de 0.10 euros, Nieves?
—Efectivamente.
—Quítelo, Nieves, quítelo.
Diecisiete minutos después, los nervios destrozados, la mala hostia reconcentrada, la cabeza como un bombo, las cervicales al jerez de la fronteira, sudando como un pollo y cagándome en todo lo que se menea:
—Le sale a devolver equis euros. Dígame el número de cuenta en el que quiere que se le ingrese la devolución. Tiene usted que ser la titular.
—(¡Ah!, ¿que no me vale la cuenta de la mi vecina?) Un momento, no se retire (me faltó ponerle, a todo volumen, un temita de ACDC, para amenizarle la espera. ¿Seré torpe?)
Luego, va y me dice la mi M que si no aproveché para desahogarme, que las operarias telefónicas están ahí para eso y que bien tonta que fui; que como sólo las contratan para eso, si echa media hora conmigo, es media hora que se ahorra de atender otras llamadas y otras complicaciones.
También me dice la mi M que me nota muy nerviosa, esta temporada.
Menos mal que hace un rato ha venido el hijoputacabróndeloscojones que me hizo la obra de casa y ya me desquité con él, a voz en grito. Pero ésa es otra historia.
Estoy más relajadita, sí. Voy a ver si como y me echo una siesta para celebrarlo.

martes, junio 16, 2009

La vida oportunista de las enfermedades



No, no os habéis equivocado de blog, es que he tenido que mangarle a la mi Marcela el su dibujín porque refleja, con bastante exactitud, mi estado físico, y mental.
Resumiendo, que es gerundio, he cascado. Por sinsustancia. Por mema. Por pasarme de la ralla conmigo misma, meterme en más de lo que puedo gestionar con un mínimo de garantías y, sobre todo, por dejar que un vulgar resfriado se me convirtiera en una sinusitis, por no curarlo en su momento.
Pero, ¡basta de quejas! Que llevo un curso que más que otra cosa parezco una plañidera. Me doy una cascancia que más no me puedo dar, oyes.
En fin, que como estoy mala, pues me he dado permiso para DESCANSAR. Descansar significa leer sin medida, tirarme en el sofá, mando en ristre, y consumir televisión, en directo y enlatada.
Y como el Universo, a pesar de mis tonterías, suele ser generoso conmigo, me ha regalado esto:



¡Sí, queridas, sí! El domingo, que sólo me levanté del sofá para cumplir con mis obligaciones familiares, me tragué Flashdance, que no la había vuelto a ver desde que la estrenaron allá por 1983.
¡Ay, ay, y ay, qué monada, esta versión juvenil de lamiBette! Pero ¡si me resopla igual, y todo, que cuando se encontró a lasuTina boracha perdía en el sofá de su casa (TLW 5x05)! Los mismos ojos como platos en la misma carina de corderina degollada. La misma bondad infinita (que se va a confesar porque se acostó con ÉL, y llora a moco tendido, y todo, del pesar que le produce haber pecado contra el sexto, pero que es que está TAN enamorada que no ha podido de vencer a la tentación). La misma inocencia (¿qué me decís de cuando se lleva al muchacho a casa y se pone la supermegaultrafamosísima camiseta desbocada y se me quita el ajustador delante de él, como si nada, y por poco se le salen los ojos de las órbitas, al muchacho, y a mí?). Y, ¡qué sexy, vestida de soldadora! Icono de feminismo de los 80, la veo, yo, a la soldadora.
¡Ay! Es retrotraerme a la peli y dar en suspirar como una fata.
Eso sí, los andares de pato me los ha adquirido con los años, que en Flashdance no me los tenía.

jueves, junio 04, 2009

La vida abducidora, o abducidiente, de las palabras

Bueno, vale, pues sí, lo confieso: por fin he caído. Y no tien mal que parecer, oyes.
Tenía los dos libros en casa, que me los había prestado una compañera de curro, en uno de los montoncitos que orlan la mesa de mi estudio, pensando que ya llegaría el verano, con sus jornadas playeras, sus tardes al sol (bajo la sombrilla), su dolce far niente, su despreocupado discurrir del tiempo, sus noches eternas, en fin, lo que se dice uno de esos momentos del año de un hacer lo que le salga a una de sus fondos reservados sin la preocupación inherente a la actividad laboral, sin reloj ni despertador, propicios para entregarse a la lectura compulsiva sin remordimientos. O sea, que ya me los leería, los tres, uno detrás de otro, cuando no tuviera la cabeza como una hormigonera.

Pero, héteme aquí, que el viernes, va la mi M y me dice que si no hay nada interesante en la cartelera de esta ciudad diminuta de provincias, y que si me importaría mucho adelantar acontecimientos y ver "Los hombres que no amaban a las mujeres".
Conste que como me había leído el reportaje sobre la prota en "El País" había empezado con la primera entrega, pero se me atravesaron "El viaje del elefante" y "La vida secreta de las abejas", y, oyes, que no me pude de resistir y abandoné el best-seller, aún a sabiendas de que nos estrenaban la peli. Peor pa mí.
Total, que fue llegar a casa, el viernes, después del cine, y lanzarme como una posesa sobre "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina". Y como coincidió que, ya el jueves, me había pillado un trancazo del quince y no me quedaron más güevos que pasar el fin de semana, y el lunes, en el sofá con la manta, pues que me lo liquidé.
Vale, ya sé que las más puristas diréis que si es una novela policiaca como tantas, que si no es literatura, y que si tal y que si pascual, pero yo digo que a mí me ha fascinado, que me ha tenido atrapada, o abducida, los cinco días que me ha durado (y eso, porque el finde y el lunes tuve unos eventos familiares que me hicieron levantarme del sofá, gramos de paracetamol mediante, y porque no tuve más remedio que trabajar el martes, a pesar de que el trancazo aún estaba en su nivel trece, que sino me lo hubiera cepillado en dos), y que ayer llamé a mi librero para que me reserve el tercero y hacerme con él el mismísimo día 18, que cae en jueves.

Otrosí digo: ¡Me he enamorado de Lisbeth Salander!

miércoles, mayo 27, 2009

La vida contraproducente de la práctica docente

Llevo un mes de periplo, por los bonitos pueblos de la geografía asturiana, visitando centros educativos. Ora en la montaña, ora en la costa, ora en los barrios, ora en el centro de las ciudades. Es una de las partes que más me gusta de mi trabajo actual. Oyes, que lo disfruto que más no lo puedo de disfrutar. Uno, por lo que aprendo, otro por lo que charlo (que es que a mí me gusta mucho eso de dar la parpayuela*), y otro más por lo que veo, u observo.
Ayer, por ejemplo, vi, por primera vez en mi vida esta flor.

Es la flor de la planta del cabalacín, que da dos flores: la masculina, que se muere rápido, y la femenina, que tiene como tallo al calabacín. La vi en un huerto escolar. Diz la mi M que los huertos escolares no tienen sentido (pedagógico). Yo, ignorante, pensaba que sí, pero ella, que sabe mucho, mucho, de pedagogía dice que no, y me ha dado tales argumentos que he tenido que terminar por darle la razón.
He visto muchas cosas estupendas en los centros que he visitado. Y otras que me han puesto os vellos como escarpias, que me han devuelto a los momentos más oscuros de mi infancia, los que pasé en el colegio de las RR MM Ursulinas de Jesús. Y otras, las peores, que, como me díjeron ayer, en un Seminario de los que he cordinado este curso, me ponen en al borde del ictus.
Las cosas estupendas las difundo de un cole a otro y las pongo en mis blogs profesionales (cinco, gestiono, aparte de este) para que sirvan de ejemplo e inspiración a quienes creen y trabajan en pro de la verdadera Educación.
Las otras me hacen sentir vergüenza de mi profesión.
Esta mañana, por ejemplo, estuve en el cole de un barrio de la periferia. Un barrio desfavorecido, con familias desfavorecidas (paro, desestructuración familair...). Entré, con el profe de EF, en un aula de 3º de Primaria. Veintiún criaturas de ocho y nueve años, sentaditas en fila, separadas unas de otras (para que no hablen, para que no den la lata), haciendo fichas aburridas (fotocopias en blanco y negro), reiterativas, sin sentido (pedagógico). Junto a la mesa de la maestra, una niña se afanaba en copiar doscientas veces (¡doscientas!) "No volveré a mentir". En la última fila, un niño repetía jugada con "No debo jugar al balón dentro del colegio".
(Aula de 2º de EP en el mismo centro)
Es en esos momentos, y otros similares, cuando me gustaría hacer como la directora del cole de Matilda, agarrar a la maestra, o al maestro, por los pelos y lanzarlo por la ventana. O sugerirle, como diz la mi Marcela, que ponga una mercería y deje de joder a criaturas indefensas.
Como no puedo hacer ni una cosa ni la otra he firmado este manifiesto, al que me adhiero al cien por cien: el manifiesto "No es verdad". Porque, verdaderamente, otra escuela es necesaria y posible.
Si os fiáis de mi criterio (pedagógico), si me queréis un poquito, por favor, firmarlo.
*Parpayuela (del bable). 1.Charlar, dar la lengua (hasta por los codos).

domingo, mayo 24, 2009

La vida. Y la muerte.

El viernes participé en mi primer funeral laíco que hubo de celebrarse, por esas paradojas de la vida, en la capilla del tanatorio, único lugar en el que pudimos reunirnos a despedir a CM.
Y cuando digo que participé, es porque YL, ex, socia y amiga del alma de CM, organizadora del homenaje, me pidió que leyera algo para ella en recuerdo del nexo que nos ha unido a las tres, desde entonces: una casa, que yo dejaba por motivos familiares, y en la que ellas comenzaron su vida en común. Fue la casa en la que viví el luto a causa del amor perdido de la Güendi de mi "Esperaré por ti...", cuando se fue, no a por tabaco, como hace la gente normal, sino a por unas papelas de jaco (de esto me enteré mucho después) y no volvió. Era una casa estupenda, en la que yo fui un poquitín desgraciada y ellas muy felices.
Leí un cuentecito de Ana Mª Matute, "El niño al que se le murió el amigo", y un fragmento de "Primavera con una esquina rota", de Benedetti. También compartí el recuerdo que tenía de ella.
Hacía muchos años que no veía a CM, con quien mantuve un corto affaire a mediados de los '80, justo después de sufrir el abandono de Güendi. Es más, me enteré de su enfermedad, hace un año y pico, en el fotolog de una bloguera, que colgó una instantánea suya en el hospital, junto a YL, poco depués de que le hicieran la intervención quirúrgica en la que le extirparon el (maldito) tumor. Supe de su recuperación a través de amistades comunes. Y así me enteré, también, hace un par de semanas, de que el tumor había metastizado y que le daban un mes, o dos de vida.


El jueves pasado, volvía de una visita a un colegio cuando, de repente, mientras contemplaba la imagen de la cúpula de Niemeyer, a la que no puedo dejar de mirar en cuanto se me pone a tiro, y cantando, yo misma, a voz en grito, el Et misericordiam, del Magníficat de Willcocks (que ya asociaré, para siempre, a ella) se me vino a la cabeza la imagen de CM, la última que tenía, la que colgó en su fotolog la joven bloguera. En ella aparecía CM en la cama del hospital con su sonrisa de siempre. Se reía mucho, CM. Tenía una sonrisa preciosa. Y cantaba, constantemente. Mal, porque no había quien reconociera la canción si no te sabías la letra, pero cantaba, contantemente, ya digo. Era una mujer alegre, CM. Alegría que mantuvo hasta el final, según me han contado amigas comunes.
Bueno, pues, volvía de visitar ese centro con el enfurruñamiento que me ha acompañado esta última temporada (enfurruñamiento, mala leche reconcentrada, aderezada con unas cuantas dosis de victimismo..., en fin, con esa tontería propia de quienes, en ciertos momentos de la vida, damos en hacer everestses de granillos de arena), cuando se me vino a la cabeza la imagen de una CM con su sonrisa de siempre en la cama del hospital. Y sentí, literal, cómo se me caía el velo de la soberbia y la tontería. Y recuperé una parte de mi humor.
Más tarde, mientras comía, me llamó MF, mi ex por excelencia, para decirme que CM se había muerto aquella misma mañana.

sábado, mayo 09, 2009

La vida poética de las palabras y los atardeceres

De vez en cuando, mi vecina de abajo, que hace tiempo, ya, cumplió los setenta, me deja un sobre en el buzón con alguna de sus poesías.

A veces me las escribe en esos papelitos que regalan algunas marcas comerciales para coger los recados telefónicos. Otras emplea un folio, que aprovecha al máximo, colocando sus poesías en vertical y en horizontal, con letra grande, o menuda, para no desperdiciar ni un cachito del papel.

Hacía tiempo que no me regalaba ninguna. El martes, que me la encontré en el portal, lo comentamos. Ella, que si se había acordado de mí y del tiempo que hacía que no me escribía nada. Yo, que si, fíjate qué casualidad, había pensado en ello, un día de estos, de atrás, y en lo que las echaba en falta. Ella, que si fíjate qué conexión tenemos.

Y debemos tenerla, porque, si algo tienen las poesías de mi vecina, es que suelen darme en el clavo anímico, y circunstancial. Como si se introdujera en mis sueños y los leyera, aprovechando que nuestos dormitorios están uno sobre el otro.

Ayer, por fin, volvió a dejarme el sobre en el buzón.
Como tiene la costumbre de fechar sus poesías supe que, aunque hiciera casi un año que no me las regalaba, no había dejado de colarse en mis sueños.


Pasó como un huracán
iluminando mi vida
con reflejos de cristal.
Pasó como un huracán.
Y una mañana soleada,
se alejó de mí.
Como si nada.
16.08.08


Si consigo hallarte
antes de marchar,
viviré contigo
el tiempo que quede,
felices y en paz.
15.01.09

Esta mañana
mis miedos están guardados
en el fondo de un baúl,
cerrados con siete llaves,
de esperaza y de salud.
Mis miedos están ocultos,
nunca saldrán a la luz.



08.05.09

viernes, mayo 01, 2009

La vida obsesiva de las ocupaciones laborales

Ante las insistentes llamadas de atención de algunas de mis amables lectoras (cuya preocupación y desvelos agradezco en lo infinito), y en comprendiendo que este no actualizar, este no cumplir con la palabra dada de hacer un comentario exhaustivo de la mi serie favorita de todos los tiempos (excepto la de la mi Bones), pueda resultar desconcertante, o quizás extraño, me veo en la obligación de hacer la siguiente declaración, dos puntos (Yunaited Quindon, chu poins; le Guayán Uní, de puan),
Como he dado en suplir la ausencia de amanta con una dedicación exhaustiva* (a la par que obsesiva) a desarrollar con ahínco** lo que es la faceta profesional de mi existencia y no me queda tiempo ni ánimo ni humor ni fuerzas ni energías para otra cosa que no sea convertirme en la ATD (Acompañante Tésnica Decente) más famosa y dicharachera de todos los tiempos (aprovechando que la mi Marcelilla se me está dedicando a otros menesteres), pues que, de momentín, lo único que puedo contaros sobre "L" es ello, oyes:
L. 1. f. Decimotercera letra del abecedario español, y duodécima del orden latino internacional, que representa un fonema consonántico lateral y alveolar. Su nombre es ele.
Ele. interj. U. para manifestar asentimiento a algo o alguien. U. t. en sent. irón.
Hay que se joder, oyes, hay que se joder, pero ye así. Hostia.
*Exhaustivo,va.1. adj. Que agota o apura por completo.
**Ahínco.1. m. Eficacia, empeño o diligencia grande con que se hace o solicita algo.

miércoles, abril 15, 2009

La vida contrapuesta de las tareas ecolares

Casi iba a decidirme a empezar a masacrar los capítulos de L, cuando se cruzó en mi camino un sucedío que he de proceder a comentar.
Este medio día volvía de mi habitual paseo, y de paso de hacer la compra en un súper cercano, con este par de almas peludas que tengo por compañeras de vida, cuando mis ojos repararon en un objeto abandonado en el suelo: un cuadernito, doblado, pisoteado y sucio. A pesar de ir bien cargadita con un par de bolsas, no pude por menos que agacharme a recogerlo y examinarlo detenidamente allí mismo.
Se mezclaron, en mí, dos emociones: la ternura y la tristeza. Ternura, porque me devolvió a los tiempos de mi, ya, lejana, aunque muy presente, infancia, en los que me había esforzado por completar, casi siempre con escaso éxito, la tarea de cada una de esas páginas, casi las mismas. Tristeza (y desánimo, y desasosiego...), porque di en pensar que, para ciertas cosas, los tiempos no han cambiado.
Y ¡una mala leche! ¡Joder, qué mala leche, hostia! Vamos, que vine todo el camino jurando en arameo y cagándome en las muelas de la persona que obliga a este chavalín a pasar por semejante trance. Y en las de las que me obligaron a mí a pasar por él, las RR MM Ursulinas de Jesús (que el mismo Jesús las confunda para siempre jamás y las haga arder en el fuego eterno) de los cojones.
Y no digo más, porque me enciendo, egén, y no ye plan a les hores que son, que luego me desvelo y la lío (parda).
Ahora bien, aquí dejo las muestras contrapuestas a las que hace referencia el título de esta entrada para que cada cual opine lo que mejor le parezca.

A ver, qué yo me entere: ¿quién cojones tiene un pan y a qué leches viene lo de oe, oe, oe? Obsérvese, a mayores, la efectividad del ejercicio en la segunda línea de la jodía frase.
El autor de esta instantánea tiene cinco años. Salió al patio de su colegio con una cámara fotográfica, que tenía que compartir con los otros tres miembros de su equipo. Decidió, por consenso, el orden de utilización del artilugio. Escogió lo que más le gustaba. Lo fotografió. Comentó, con su maestra y con el resto del grupo, el porqué de su elección y le puso un título a su obra: "Suelo en otoño".
Fotógrafa (obsérvese el estilazo) inmortalizada por una de sus maestras en el acto de fotografiar su rincón favorito. Título: "Soleado"
Autor: Hugo. Edad: 5 años. Título: "Troncos del castaño"

jueves, abril 09, 2009

La vida gloriosa de los periodos vacacionales

Es llegar las vacaciones, oyes, y parece que lo que se impone es agarrar la maleta, subirte al coche, al barco, o al avión y huir.

Yo, en sin embargo, cuando me llegan estas fechas, se me apodera (o me abduce, para ser más propia) ET y en lo únido que pienso es en "Mi caaaaaaassssssssssssssssssssa".
Mi casa, mi casina, yo solina (Tiza y Bilbo no cuentan), a lo que me pida el cuerpo en cada momento, sin tener que rendir cuentas al reloj, acostándome y levantándome a la hora que me apetezca, viendo las pelis que me perdí durante el curso, tirándome en el sofá a dormir la siesta, mientras devoro por enésima vez un capítulo de la mi Bones (que pongo a grabar para cuando me despierte), yendo a Xagó a cualquier hora y sin tiempo, pegándome al ordenador como una posesa... Es decir, yo misma, conmigo misma (y con este par de almas peludas), a mi puta bola. ¿Se puede pedir más?
Bueno, sí, se podría, a qué negarlo.
Un suponer, si tuviera, o tuviese, una amanta, pues la invitaría un par de días, o tres, a pasear por Xagó, a cenar marisquito por ahí, regado con la buena sidra del país, que me sube la libido, que más no me la puede subir (es por ello, oyes, que he dejado de consumirla), a ir al cine y meternos mano, aprovechando la escasez de público, a desayunar en la cama, a echarnos la siesta, no en el sofá, precisamente... En fin, a esas cosas que se hacen cuando se invita a las amantas a la casa de una.

Pero, que como se me da la circunstancia, oyes, tampoco voy a amargarme la existencia pensando en lo que podría ser y no es, así que, yo, a lo mío.
Hoy, por ejemplo, me he tirado dos horas y media en Xagó, después de hacerme unas risas por el Messenger con dos de mis blogueras favoritas, Prófuga y la mi Grand Canion (of Colorado).
Al contrario de lo que pronosticaba alguna agorera (de la parte ésa del este peninsular), tuvimos un mediodía espléndido. No sólo no ha llovido, si no que, por momentos, hasta salió un poco el sol, y todo. La única pena que pasé es no haberme llevado el bañador. Me hubiera dado un buen chapuzón, como Bilbo.

Y luego, que la naturaleza asturiana está que se sale, oiga. Y como muestra, valgan estos tres ejemplos que he captado, hoy mismo, para mi colección.

Lotus corniculatus (Zapatitos de la Virgen)

Echium vulgare (Viborera)

Taraxacum officinale, fruto (Diente de León)

miércoles, abril 01, 2009

La vida coincidente de los aniversarios


Ayer me enteré de que esta dama y yo coincidimos en la celebración de nuestro aniversario.
A ella la inauguraron un 31 de marzo de hace 120 años.
Yo llegué al mundo hace unos cuantos menos, pero unos cuantos, ya, e inauguré lo que, con el tiempo, llegó a convertirse en una numerosa y variopinta familia.

(La familia al completo. Villamanín 1963)
Fue día de celebración, ayer, para la Torre Eiffel y para mí. A ella le han regalado una capa de pintura de color cobre. Yo me regalé a mí misma un atardecer en Xagó, entre otras fruslerías de ese tipo.




El Universo, siempre tan generoso conmigo, me obsequió con una puesta de sol memorable, que tuve a bien acompañar con una banda sonora elegida para la ocasión:
Adagio para cuerdas de Samuel Barber; Dueto de las flores, de la ópera Lakme, de Leo Delibes, interpretado por María Callas y Teresa Berganza, y como colofón una piececita coral, A peine défigurée de Francis Poulenc, que ensayé, pero nunca llegué a interpretar, cuando pertenecía al Coro Universitario de Oviedo, y de la que guardo un especial recuerdo.

Quizás debería haber incluido en esta banda sonora conmemorativa el Gracias a la vida,de Mercedes Sosa, pero ya di yo las gracias, varias veces, mientras paseaba por mi playa, con Bilbo y Tiza, por todo lo que me ha dado la vida durante estos cincuenta y cuatro años, y por lo que me seguirá dando.

sábado, marzo 28, 2009

La vida irremedible de los finales



Avilés, 2009. Una talludita lesbiana, adicta a la única, inimitable e inigualable serie sobre el mundo lésbico jamás filmada, se dispone a presenciar el último y definitivo capitulo. No las tiene todas consigo. Le han llegado rumores sobre ese momento, sobre ese capítulo (final), sobre las circunstancias que han rodeado el Día D, incluso sobre el modelo que luce lasuBette en una cierta circunstancia aún ignota. Hay quien le ha anticipado que el final no es bueno. No le sorprende, los siete capítulos precedentes la han decepcionado, la han dejado en un sinvivir (que vive sin vivir en ella, y muere, porque no muere).
Se prepara anímicamente. Ha esperado mucho tiempo este (¿mágico?) momento. Se tumba en su sofá, cajetilla de cigarrillos cerca, la manta eléctrica, con la que alivia los dolores de su maltrecha espalda, situada estrátégicamente entre las cervicales y las lumbares, los mandos del cutre DVD y la tele a mano. La manta eléctrica no funciona, se ha jodido definitivamente. Mal presagio.
En el exterior, las otrora temperaturas primaverales se han trocado, again, en frío invernal (ye lo que tien la metereología asturiana, variable y voluble ande las haya, que amenaza, a estas alturas de la primavera, con teñir las cumbres de blanco, again).

Some times llueve a cántaros. Some times graniza. Some times los negros nubarrones que proceden del nordés, vuelan hacia el sudés y se abren claros en los que luce, some times too, el tímido sol norteño. Temperatura, 9 grados centígrados; humedad relativa del aire, 90 por ciento; vientos suaves del nordés; nubes y claros; estado de la mar, marejada.
Contenida la emoción, la vista fija en la pantalla, sin concederse apenas un parpadeo, la lesbiana talludita observa las escenas que se suceden sin transición hacia la irremediable caída del telón. Fuma. Se hace un ovillo bajo la manta (a cuadros), presa de un nerviosismo in crescendo. Lee los subtítulos a toda velocidad, mientras procura no perder ni ripio de las imágenes. Antes de que pueda darse cuenta, los cincuenta y pico minutos han llegado a su fin.
Desconcertada, a la par que perpleja, se pregunta: ¿Pero, esto qué é lo que é?
(To be continued...)

martes, marzo 17, 2009

La vida enrevesada de la existencia (humana)

Se me ha complicado, un poquito la existencia. Oyes, son cosas que pasan cuando se da en existir. Que, de no existir, ni te complicas ni nada. Ye lo que tien, lo de existir.
Bueno, cómo será lo que se me ha complicado la existencia que no he encontrado momento ni para ver los cuatro últimos capítulos de L. ¿Se puede decir más? No, no se puede.
Vamos, que desde que volví de Madrid de la mINIQUEDADA bloguera, allá por el 22 de febrero, ha sido un no parar. Y lo que te rondaré, morena, porque tengo tanto atraso en el curro que como no me ponga las pilas me dan las uvas y sigo sin resolver.
Y por si fuera poco, a la suma de las complicaciones vitales con las que no pienso daros la tabarra, pues que he estado de obras en casa. Nada, oyes, una fruslería. Pintar el pasillo, el baño, la salita, las ventanas (que las tengo de castaño) y el techo de la cocina, y poner una tarima de esas de imitación a la madera en el pasillo y la salita que suman, en total, 16 m2.
El (jodío) operario inoperante entró en mi casa el viernes, día 20 de febrero, y salió el domingo, día 15 de marzo. Eso sí, sin rematar faena, porque aún ha de volver este fin de semana, que pensaba quedarme, yo, tan pichi, en mi casa a organizarla (y, de paso, a devorar los cuatro capitulillos de L a mis anchas el sábado por la tarde), a terminar lo que dejó a medias, después de considerar (el muy capullo), que iba a irse de rositas y cobrar el portante total de la obra.
(Si, en vez del jodío y casposo operario inoperante hubiera contratado a una operasia similar a la de la foto, ni me hubiera quejado, oyes)
Total, que así estoy, cargadita de trabajo y con la casa manga por hombro.
Menos mal que, gracias a que la primavera ya ha llegado a "El Corte Inglés", el panorama se me va despejando (ya puedo comer en la mesa de comer, ver la tele desde el sillón y, ¡loado sea el Señor, loado sea su Santo Nombre!, acceder a la cama sin tener que sortear obstáculos varios, aunque sigo teniendo que coger los platos y cubiertos en el dormitorio) y, en breve, volveré a estar con todas ustedes vosotras, al menos, al 50%.
Eso sí, de que termine, el (jodío) operario inoperante y pueda poner cada cosa en su sitio, la casa me va a quedar como pa un casting. Algo es algo

jueves, febrero 12, 2009

La vida nostálgica de las emociones

Mi güelito José empezó a trabajar a los 12 años en la "Tornillera del Nalón". Todos los días cogía el Vasco (ferrocarril Vasco-Asturiano) a las seis de la mañana y se iba a La Felguera a ganarse el jornal como un paisano.
Sin embargo, cuando se trataba de asistir a las representaciones de Ópera que daban en el Corral de Comedias de El Fontán, no lo dejaban ir solo, porque le quedaba lejos de casa, y su madre, mi bisabuela, obligaba a mi tía F., la mayor de sus hermanas, a acompañarlo para vigilar que no le pasara nada al chiquillo.
Cuando era pequeña y comía fatal, mi güelito me cantaba mientras mi madre intentaba embutirme el biberón. A los cinco años me llevó a mi primer concierto, en la sesión matinal del Campoamor. A los doce mi madre me hizo socia de la Sociedad Filarmónica Ovetense, y allá nos íbamos, los tres, a escuchar lo que nos echaran.
(Aquí ya comía un poco mejor, como se puede apreciar en los papinos)
Cuando mi padre se repuso de las heridas de guerra, abandonada, ya, su ilusión por ser arquitecto, empezó a trabajar como locutor de Radio Asturias. Retransmitía las óperas desde el Campoamor y tenía un programa semanal, cuyos guiones conservamos, en el que comentaba piezas y conciertos de música clásica.
(Mi padre, en una caricatura que le hizo uno de sus amigos, cuando fue a matricularse a Madrid, en 1935)
Mi madre lo conoció en esa época y junto con otras cosas, compartieron su mutuo amor por la música. Una vez casados, mi madre acompañaba a mi padre a las emisiones de su programa, hasta que se quedó embarazada de mí, que soy la primogénita. Entonces, mi padre le regaló una radio de galena, para que lo escuchara mientras esperaba que volviera a casa.
(Mi padre, recien casado, en el Teatro Campoamor)
Con semejante historial, no es extraño que la música haya llenado muchos, muchísimos espacios de mi vida. Y los sigue, y los seguirá llenando.
Los ha llenado estos días, que he estado de baja por agotamiento puro y duro, y, como consecuencia, porque la espalda se me ha puesto como una tabla de planchar, tanto, que ni siquiera mi masajista alternativa ha conseguido ponerle cara. Pero he de volver al tajo, y tengo mucho, muchísimo, tajo, en perspectiva.
Una de las óperas favoritas de mi padre era Tosca, incluso le puso ese nombre a una de nuestras perras.
Con E lucevan le stelle, más conocida como Adios a la vida, una de las arias predilectas de mi madre, me despido de vosotras, temporalmente, hasta que consiga encauzar la montaña de trabajo que tengo pendiente.


Ci vediamo dopo, caras.

lunes, febrero 09, 2009

La vida referencial de las series televisivas

Leo en el artículo La generación sin armario, que publicó EPS de este domingo, que Macarena, Maca, Fernández, pediatra de Hospital Central, la teleserie decana de la casa, es un icono para ciertas (¡ciertas!) chicas españolas.

(Los referentes de las nativas digitales santificando su unión)
Es más, dice Rocío, 21 años, estudiante de Ingeniería de Obras Públicas que:"Gracias a la historia de amor entre Maca y Esther vi que es posible amar a otras mujeres, casarse, ser madre con otra, tener éxito y respeto social. Que esto es natural y bonito, que no eres un bicho raro ni tienes que sufrir por ello".
Rocío21, incluso lleva a sus parejas a las reuniones familiares. "Soy de relaciones largas", dice.

(Marta 22, autora de Vidas de Cristal Helado: "Tenemos libertad por la lucha de los mayores. Pero yo soy diferente. No he sufrido esa amargura. Vivo con naturalidad y alegría".)
O sea, estas muchacha, Marta y Silvia, y ciertas chicas españolas, que también pertenecen a la generación de nativos/as digitales, han tenido en Maca y Esther sus referentes. En Maca y Esther, en Diana (7 Vidas), en Lynsay Lohan, en Jodie Foster y, por supuesto, en Bette y Tina, que sé de muy buena tinta que las nativas digitales manejan como nadie el YouTube y la Mulita y devoran la mi serie favorita de todos los tiempos con las mismas ansias que yo.
(Silvia y Neus, 23 años, pasean sin complejos su amor por las calles de Ontinyent)
Y yo, ya, no sé si meter muchacha o ponerme a servir. En no estando dispuesta a normalizarme como Dios y Rouco mandan; en no buscando el éxito y el respeto social por el mero hecho de ser lesbiana, en no pretendiendo copiar y repetir esquemas obsoletos, ¿qué me queda, a mi (provecta) edad? Volver, directamente, a mi closet, y encerrarme en él a cal y canto, en plan reivindicativo, a seguir sufriendo mis amarguras, con la antinaturalidad y tristeza que me corresponden por ser mayor.
Porque si de lo que se trata es de salir del armario para repetir los esquemas de generaciones precedentes y formar esa familia ideal (familia feliz, familia PRYCA) a la que también aspiran Silvia y Neus, casi que mejor lo dejamos como estábamos. Si de lo que se trata es de aportar referentes en los que se preconiza que las lesbianas hemos de repetir modelos trasnochados para que se nos acepte socialmente, apaga y vámonos.
Sería mejor, mucho mejor, que nuestras jóvenes lesbianas tuvieran como referentes a mujeres de una pieza, lesbianas o no, como por ejemplo: María Moliner, Maruja Mallo, Clara Campoamor, Rita Levi, Selma Lagerlof, Hester Stanhope, Fátima Mernissi, Johanna Sigurdardottir, y tantas y tantas otras.
O, ya, si queremos fijarnos en algún referente de serial, mucho mejor Bette y Jodie, antes del juramento de fidelidad a los valores propios del sacrosanto matrimonio heterosexual.

Desde aquí te lo digo, Marcelilla, ¡cuánto trabajo nos queda, hijamiademivida, cuánto trabajo nos queda!

jueves, febrero 05, 2009

¡Eleeeeee, eleeeeeee y eleeeeeee!

Por un momento, durante el visionado de la primera escena del primer capítulo de la sexta temporada de L, tuve la sensación de vivir un déjà vu, de haber vuelto a un pasado en el que, durante semanas y semanas, capítulos y capítulos, una pregunta martilleaba machacona las mentes de quienes vivíamos pendientes de la resolución del enigma más enigma de todos los tiempos (televisivos): ¿Quién mató a Laura Palmer?

Pero no, no se trataba de un remake de Twin Peaks, la malograda (por el absurdo final) serie de mi admiradísimo David Lynch. Lo que, efectivamente, estaba viendo era L, MI L (word). Y la muerta no era Laura Palmer, si no la inefable Jenny Schecter.

Una cosa es segura, a Jenny no la ha asesinado El Enano, aunque tampoco quedó claro que asesinara a Laura Palmer.
Qué, ¿quién mató a Jennifer Schecter? Sinceramente, queridas, me importa un bledo.
Lo que a mí me trae hablando sola es, a saber, dos puntos,
a) El modeleo y estilismo, en general, de lamiBette. Que cuando la vi de semejante guisa, farolillos aderezados con volantes (¡tan españoles!) me dije: ¡la han vestido para mí! O sssea, la estilista se ha enterado de nuestra quedada del verano pasado en Mitadelcamino, Sin farolillos, que la titulamos, y nos está dedicando el vestuario.

Di tú que este otro modelín aleopardado también tiene lo suyo, ¿eh?

¿Y el peinado? Ya lo he leído en no sé qué blog: Volumen, ¡no!, pero me insisten y me insisten en la melena aleonada (las leopardas no tienen melena) ¿Y esa boquita pintada? ¿Y esas uñas, rojo pasión, a juego con las de las uñas de los pies? Que no se las he visto, pero me juego lo que sea a que me las lleva pintadas del mismo color. Con un par.
(LamiBette luciendo gesto feroz, acorde con el modeleo)
b) Andaba, yo, intrigada con el asuntillo de cómo me iban a tratar a lamiBette esta temporada, si la iban a dejar disfrutar en paz de su sacrosanto matrimonio, si le iban a ir bien las cosas en el curro, si se iba a embarazar... Y, sobre todo, ¿cómo se las iban a arreglar las guionistas para mostrarnos una relación exenta de drama. Bueno, pues, a la vista de los acntecimientos, me temo lo peor. Es decir, me late que le va a tocar de sufrir y de sufrir, capítulo tras capítulo. Y sino, a las pruebas me remito.

Estuve en un tris de darme al llanto (y de meterme en la pantalla a consolarla) al verla así, hecha polvo, los ojos anegados, el gesto contrito, después de volver con la niñina de Urgencias (y encima ni eran las de la Maca de Ohne, las Urgencias), que ella, lamiBette, es de culta que más no puede, pero no me sabe manejar un termómetro digital y, donde ponía 37.5º, leyó 40º y creyó que Angie se les moría, y por poco le da un pasmo de la angustia. Y, ya, de la que llegan a casa, tranquilinas porque la niñina sólo tiene un catarro, va y se le cae encima la losa de la culpabilidad (que qué culpa tendrá, ella, de estar como un queso y de que todas -yo la primera- quieran coger con ella) y no sabe ni qué hacer para que lasuTina no le tenga en cuenta ese pasado (que para mí quisera yo) de crápula y piense que se la va a volver a pegar con la primera que llegue.
Y, a mayores, parece ser que Jodie ha vuelto en plan vengativo. No sé si soportaré tanto sufrimiento. Egein.
 
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